04 octubre, 2006

MI QUERIDO, MI VIEJO, MI AMIGO...

Seguimos con más parásitos. Ahora, tras las pulgas, los tricocéfalos (Trichuris trichiura), unos minúsculos gusanitos redondeados, cuyo tamaño de adulto no es mucho más que el de un hilo, que vive en los intestinos, en donde se apaña para poner sus huevos de manera que salgan con las heces, donde se desarrollan e infectan después a otros individuos. Así vive.
Su registro arqueológico tenía hasta hace poco una antigüedad máxima que no parecía sobrepasar el Neolítico. Sin embargo, en los últimos años, y por todo el mundo, se han hallado huevos o restos suyos datables en el Paleolítico final. Tal como pasó con las pulgas, lo más seguro es que los tricocéfalos pasaran a los seres humanos a través de animales no domesticados, en un momento muy antiguo.
Un ejemplo de estos hallazgos es el efectuado en Gales (Reino Unido), con una datación de hacia el 5000 aC aproximadamente. Antes, los restos europeos más antiguos estaban en Holanda, con una antigüedad de hacia el 3500 aC. Uno de los europeos de entonces que lo portaron fue Ötzi, el llamado hombre de los hielos, descubierto en un casi perfecto estado de momificación por congelamiento en el año 1991 en un glaciar de los Alpes italianos, donde murió hacia el 3300 aC.
Este gusanito está acreditado así mismo en Sudáfrica, donde se han podido identificar sus restos más antiguos hacia el 8000 aC, o en el propio continente americano, donde en Brasil hay restos datados hacia el 6000 aC. También se han hallado sus trazas entre los indios pueblo de Arizona (EEUU) o en el norte de Chile, mostrando su gran difusión no sólo en el tiempo, sino también en el espacio.
Sus dataciones más antiguas, pues, están en África, pero las fechas que nos proporciona América son similares. Estos animales, por tanto, no llegaron al Nuevo Mundo tras el descubrimiento, sino muchísimo antes. En realidad, hemos compartido muchas cosas desde siempre, aunque por desgracia pocas que sean realmente de agradecer.
¿Y cómo llegaron a América? Para algunos, no pudo ser por Bering, dado que estos parásitos no son amantes del frío y necesitan temperaturas cálidas en el suelo para desarrollarse entre las heces. Según dichos autores, la fría Beringia glacial no debía ser el lugar adecuado.
Pero no hay certezas. Ante la dificultad de pensar que pudiera haber existido una vía alternativa más cálida por mar muy al sur de la de Bering hace mucho más de 10000 años mediante barcos (cuyo uso no se descarta por Bering, pero sí a medida que bajamos de paralelo) por el Pacífico o por el Atlántico —de lo que no hay pruebas—, seguramente es más racional deducir que probablemente también el tricocéfalo se lo montó de alguna manera para cruzar por Bering en el intestino de los primeros americanos. En todo caso, el mero sugerir es más fácil que el demostrar.
Y es que el largo período que duró Würm II (11000 años, que finalizaron hacia el 12000 aC) o las glaciaciones anteriores, seguro que dio para todo. Incluso para intercambiar parásitos, en un primer intento de la naturaleza de demostrarnos que, nos guste o no, somos sólo una única especie humana, más allá del color de nuestra piel o del tipo de nuestra cultura o ideas.

Alfonso López Borgoñoz

(A publicar en Tecnociencia núm. 7, noviembre 2006)

MALAS PULGAS

Hace un mes hablábamos, en general, de los malditos parásitos en la antigüedad.

La pulga humana (Pulex irritans), surgió probablemente en el Nuevo Mundo en algún momento indeterminado, como fruto evolutivo de una de las especies de pulgas que abundaban por aquellas tierras. No hay certeza sobre el último animal sobre el que se ‘alojó’ y la transmitió a los humanos. Antes se creía que habían sido los pecaríes (en cualquiera de sus tres especies), pero actualmente la hipótesis más seguida es la que las liga a las cobayas o conejillos de indias (Cavia porcellus).
En cualquier caso, tras llegar al hombre (quizás por la zona andina o amazónica), desde allí se desplazó por toda América sobre sus hospedadores de dos patas, pudiendo posteriormente cruzar el estrecho de Bering en dirección a Asia y viajar desde allí hasta África y Europa. Es tan bonito conocer mundo, debió pensar.
Si la pulga es americana, y se encuentra en Europa antes de Colón, tuvo que pasar en algún momento anterior al final de la glaciación de Wurm por el llamado puente de Beringia, que se supone unió Alaska y Siberia en dos momentos, el primero entre el 34000 aC y el 30000 aC y el segundo desde el 24000 aC hasta el 17000 aC (aunque es posible que lo hiciera bastante antes, ya que restos —aún bajo discusión— como los de Cerro Toluquilla —México— o Monteverde —Chile—, parecen quizás mostrar restos de hombres en América de hace más de 30000 años).
Ello haría remontar al Paleolítico Superior el momento en que la pulga empezó a usarnos como residencia y por tanto, mucho antes del Neolítico, como se creía, por ser ésta la época de la domesticación en gran cantidad de los animales, cuando la interacción entre hombres y pecaríes (o cobazas) fue tan próxima que hacía pensar que había facilitado el salto de las pulgas de una especie a otra.
Y, como hemos dicho, tras llegar a Asia ya nada las detuvo hasta alcanzar los confines de la Tierra, habiéndose hallado rastros de las mismas en excavaciones medievales por toda Europa, e incluso en Groenlandia, a donde debieron llegar con los vikingos. Luego, con Colón, volvieron a América otra vez.
Los restos más antiguos en el Viejo Mundo son, de momento, los que se han podido documentar en la antigua ciudad de los artesanos de Tell-el-Amarna (Egipto), durante los reinados de los míticos faraones Ajenatón, Smenjare y Tutanjamón (c. 1350 – 1323 aC).
En las excavaciones llevadas a cabo allí en los últimos años se han encontrado 39 especímenes de pulgas humanas. Incluso en una de ellas se ha encontrado la bacteria de la peste bubónica (Yersinia pestis), por lo que se cree que esta enfermedad tal vez surgiera aquí, entre las ratas del Nilo (y no entre las ratas negras, originarias de la India, que también conocemos con el nombre más prosaico de ratas de cloaca) a mediados del segundo milenio antes de nuestra era. La vida no debía ser muy cómoda en aquel barrio, además de las pulgas, los arqueólogos se han encontrado abundantes restos de chinches y moscas.
Y es que en Egipto, probablemente, hubo bastantes más cosas que el fascinante mundo de sus faraones y pirámides para la gran mayoría de sus habitantes.

La próxima entrega, será sobre los tricocéfalos, animal poco vistoso dónde los haya.

Alfonso López Borgoñoz
(A publicar en Tecnociencia núm. 6, sección 'Pretérito Imperfecto', octubre 2006)

POR SUPUESTO, MÁS PRESUPUESTO

Todos los premios Nóbel de ciencias de este año, todos, son científicos estadounidenses. En todos los campos. No sé si están en declive ante las modernas políticas europeas de investigación, fruto de múltiples y sesudas reuniones de expertos por todo nuestro continente, así como de viajes de estudio a países lejanos, pero, sin duda, no lo parece.

Mientras se acumulan declaraciones de las más altas instituciones del Parlamento Europeo y de cada Estado parte sobre la necesidad de apoyar los procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+I) y mientras los principales líderes de cada país siguen hablando de grandes aumentos en sus inversiones en estos campos, nuestras universidades siguen descendiendo peldaños en el escalafón de la productividad científica mundial (o manteniéndose en el puesto ganado hace años gracias a la inercia de equipos fecundos).

Ello no se debe sólo al auge de otras universidades del mundo (aunque también lo sea), sino que la pérdida de competitividad nace del hecho de que en la mayor parte de Europa muchos de los que realmente sostienen el avance del conocimiento, que son los científicos de base -los que no sólo lucubran sino que llevan a cabo todo el control de la experimentación de la forma más óptima posible-, deben emigrar en búsqueda de una mejor perspectiva profesional. Hay dinero a veces para el número uno, pero se precisa también para el dos, el tres, el cuatro, ... la buena ciencia se hace en equipo. Y luego una industria que apoye.

Y, esta vez, los ganadores del Nóbel no han sido autores de otros países que se hayan nacionalizado estadounidenses, sino que es gente nacida y formada allí, con equipos, eso sí, llenos de europeos o de personas de otros continentes.

Cuando hablamos de ciencia, nos podemos plantear todas las posibilidades sobre cómo mejorarla, pero en ellas aparecerá siempre la palabra “dinero” (eso sí, bien distribuido). Los recortes y la imaginación no dan buenos resultados.

En España, pese al anuncio de la ministra de Educación y Ciencia de que el Gobierno aumentará en un 30% la cantidad destinada a I+D+I en los presupuestos del 2007 y que, por fin, se separará el gasto que se destina a investigación militar de la civil (para dejar de maquillar/esconder unas cifras por lo general patéticas), deberemos ver como queda ello realmente tras la aprobación de los mismos (y, sobre todo, tras su ejecución), y comprobar si avanzamos hacia la meta de alcanzar el dedicar el 2% de nuestro PIB a la ciencia en el 2010. El estar ahora en un magro 1,1%, hace que desconfiemos un tanto, pero bueno será dar un margen de confianza a nuestros gestores públicos para ver si esta vez sí.


Alfonso López Borgoñoz
(Publicado en
Astronomía, Editorial, noviembre 2006 )

MALDITOS PARÁSITOS...

La guerra contra nuestros congéneres ha sido constante a lo largo de la historia. Es innegable. Sin embargo, hay otro grave conflicto con el que hemos debido convivir desde nuestros inicios. Es el que nos ha enfrentado con nuestros parásitos naturales.
Lucha milenaria, mucha gente ha temido sus plagas y las enfermedades a ellas asociadas mucho más que a ninguna tropa enemiga. Es por esa razón que Lenin, en 1919, con un ejército rojo lleno de problemas por el tifus, hizo su famosa declaración: "O los piojos derrotan al socialismo o el socialismo derrota a los piojos".
En la antigüedad, su importancia y extensión fue también grande, probablemente más. Pero el saber acerca de ellos se complica a medida que nos adentramos en el pasado. No es fácil hacer un estudio arqueológico de estos ‘bichitos’ basándose en las pruebas físicas directas o indirectas (biomarcadores) que de ellos nos han llegado durante (o después de en el caso de los coprolitos, que son restos fosilizados de heces) su paso por nuestros antepasados.
Pero, pese a todo, es muy importante llevar a cabo esta labor, dado que el conocimiento de su existencia nos puede proporcionar una información abundante sobre muchas cosas, como hábitos alimentarios de la persona infectada, medio en el que vivía, sus desplazamientos, etc.
Gracias a muchos trabajos recientes nos hemos podido ir acercando mejor a los orígenes de la relación de los seres humanos con, por ejemplo, las pulgas o con diferentes tipos de gusanos intestinales. Y, así, descubrir su posible relación con los primeros pobladores de América.
Siempre se había pensado que muchos de estos pequeños seres habían pasado a los seres humanos a partir de los inicios del Neolítico, como consecuencia del mayor contacto que implicaba el proceso de domesticación de los animales y la convivencia que ello suponía entre nuestra especie y otras en un espacio muy próximo, lo cual facilitaba el que en un momento u otro surgieran las condiciones necesarias para el tránsito entre especies —en ambos sentidos— de los parásitos.
Pero tal vez esta suposición, como tantas otras, no sea correcta en muchos casos, dado que nuevas pruebas demuestran que muy posiblemente ya en el Paleolítico Superior, debido al ir y venir de humanos por el puente de tierra que unió varias veces Alaska y Siberia en los últimos cien mil años (y, en cualquier caso, antes del fin del periodo glacial conocido como Würm II, que es cuando se cree se abrió el estrecho por última vez), pudo haberse iniciado la relación con muchos de los principales parásitos que hoy conocemos. Y es que el haberlos datado a ambos lados del Atlántico antes de 1492 dC o de los viajes vikingos tiene eso, que obliga a tirar hacia atrás las cronologías.
Lo veremos en las próximas entregas, con la ayuda de pulgas y tricocéfalos.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Tecnociencia núm. 5, Sección 'Pretérito Imperfecto', septiembre 2006)

31 agosto, 2006

¿RESPUESTAS?

Malas preguntas obtienen malas respuestas, aunque haya grandes especialistas entre quienes plantean las cuestiones y entre quienes las contestan. Lo malo es que a veces a las preguntas buenas también les pasa lo mismo. No sé si todo ello es un consuelo. Seguramente, no.

El pasado mes compartía algunos sencillos interrogantes. De dos de ellos tuvimos la respuesta justo a finales de agosto.

La pregunta de Hawking sobre ¿cómo puede la especie humana sobrevivir los próximos cien años?, recibió de su propia mano la que creemos una mala respuesta, que se resumía en ‘ir al espacio’. Si el problema de fondo es nuestra supuesta incapacidad actual para eliminar la pobreza y el hambre, sin cargarnos el medio ambiente o a otros habitantes del planeta, ir al espacio no arregla, sino que amplia el problema. Pensemos en que el descubrimiento de América o la expansión por África o Asia no acabó con las penurias de la mayor parte de los europeos (ni con las de allí tampoco). Lo de ahora sería un más de lo mismo, pero cósmico. Pero es bueno seguir dándole vueltas. Aún nos quedan noventa y nueve años y nueve meses (desde la fecha en que se planteó la pregunta) que pueden ser muy duros —aunque el ozono parezca que se va recuperando— para encontrar una solución que lo sea de verdad...

Sobre la pregunta que debía contestarse por la UAI, ¿qué es un planeta?, hemos tenido así mismo una mala respuesta, con una definición indefinida y que, además, sólo sirve para el Sistema Solar. Así, seguimos sin saber bien lo que es un planeta, con la complicación añadida de que ahora tampoco sabemos lo que es un planeta enano (sólo que Plutón y 2003UB313 lo son, lo cual no es mucho) y con la duda de si podemos llamar planetas a los exoplanetas sin que nadie nos golpee con una regla en los dedos. Un lío. Por todo ello, para nuestra mala pregunta ¿Se habrá lanzado la sonda New Horizons a un planeta y llegara a un asteroide, sin cambiar de objetivo?, la respuesta es sí y no, ya que si bien no llegará a un planeta, tampoco lo hará a un asteroide, sino a esa cosa intermedia ahora inventada gracias al ingenio definidor de los especialistas.

Sin duda, la solución de la UAI no lo es, a ningún efecto. Lo mejor hubiera sido dejarlo todo para su próximo congreso, en el 2009, en búsqueda de un mayor consenso y pericia definitoria. Pero las cosas son como son y a los melancólicos amantes de Plutón como planeta, sólo les queda de momento —como a los directivos de la Juventus— recurrir a la justicia ordinaria para tratar de recuperar la categoría.

Y es que, en el fondo, quizás lo más aconsejable sea continuar haciendo lo que me decía mi profesor al estudiar el cuerpo humano en ciencias naturales a inicios de los años setenta. Mejor no hacer tantas preguntas.

Alfonso López Borgoñoz

[A publicar en Astronomía, en Octubre de 2006)

06 agosto, 2006

MANIFIESTO
'POR UNA SANIDAD QUE PROTEJA NUESTRA SALUD SÓLO MEDIANTE TERAPIAS DE EFICACIA COMPROBADA'

El Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya publicó el pasado 17 de julio de 2006 un Proyecto de Decreto por el cual se iniciaba el camino para la regulación del ejercicio de unas determinadas terapias, dada la voluntad explícita del Gobierno de la Generalitat de reconocer y regular su ejercicio como actividades orientadas al fomento y protección de la salud y el bienestar de las personas.

Entre las mismas estaban la acupuntura y otras terapias orientales afines (como la moxibustión, el tuina y el chi-kung), unas terapias llamadas naturistas (como la naturopatía y la naturopatía con criterio homeopático), diversas terapias llamadas manuales (como la kinesiologia, la osteopatía y el shiatsu) y diferentes técnicas llamadas manuales (como la reflexología podal, el drenaje linfático, los quiromasajes, la diafreoterapia, la espinología y la liberación holística de estrés con tecnicas de kinesiologia—).

La cuestión es que estando de acuerdo en la necesidad de proteger la salud de las personas, así como de fomentar su salud y bienestar (como no podía ser de otra manera) los abajo firmantes no estamos de acuerdo en el método ahora empleado para ello, que es dando entrada a estas “terapias” cuya eficacia jamás ha sido demostrada y especialmente cuando ello debe servir, tal como se indica literalmente en el proyecto de decreto, para iniciar un preocupante —por poco regulado en los aspectos concretos de comprobación de eficacia—, proceso de reconocimiento de la utilización de otras terapias diferentes de las de la medicina que el decreto llama “convencional” o “alopática” (y que es la que se utiliza en la sanidad pública, la que se enseña en las universidades y la que se estudia y trabaja en los laboratorios de investigación más avanzados), dada la creencia del legislador —no fundamentada en el texto en ningún caso— de que la sinergia de ambas producirá una mejora del bienestar de las personas.

Lo que nos preocupa a nosotros, y creemos que también debiera ser lo único que debiera importar a las autoridades sanitarias, en realidad, es el hecho que hay terapias o tratamientos cuya eficacia ha sido comprobada (reiteradamente) y otras cuya eficacia no lo ha sido (también reiteradamente), pudiéndose decir de ellas en muchos casos que se ha demostrado su falta de eficacia. No importa si son convencionales, alopáticas o de ningún tipo. ¿Está probado que curan? ¿Y en qué dosis? ¿Y con cuales contraindicaciones?

Si cualquier terapia se demuestra que cura, sea la que sea, será incorporada de forma rápida por la medicina en nuestros hospitales. Y ello, tal como se viene haciendo desde hace mucho tiempo gracias al duro y riguroso trabajo de hombres y mujeres amantes de las mejoras reales en la calidad de vida de sus semejantes, con la mente siempre abierta para la aceptación de las mejores prácticas según éstas les eran indicadas por sus estudios, sin importar su país de procedencia ni de trabajo, ni su cultura, ni su religión, ni sus preferencias sexuales, ni su filosofía ni sus creencias políticas.

Es por todo ello, y porque:

A) La base de las terapias llamadas naturales que son objeto de este proyecto de decreto contradicen las de la física, la química, la biología, la farmacología, la medicina, etc., tal como no se ha podido refutar que éstas funcionan y tal como se va demostrando experimentalmente continuamente.
B) Tampoco su práctica ha demostrado jamás eficacia cuando se han hecho ensayos clínicos controlados serios, como se puede comprobar por todos los publicados.
C) Suponen un riesgo para la salud pública el validar por la autoridad sanitaria tratamientos inadecuados e ineficaces a patologías concretas, especialmente cuando las mismas se aplican por personal sin los conocimientos sanitarios adecuados y sin que se hayan estudiado sus contraindicaciones,
D) No existe en el proyecto de decreto un mecanismo de validación objetivo previo de las terapias llamadas ‘naturales’ que aquí se regulan (y de las futuras), más allá de la opinión de los miembros de diversas comisiones.

Que SOLICITAMOS que:

NO se proceda a la aprobación del presente proyecto de decreto por el que se regulan las condiciones para el ejercicio de determinadas terapias naturales, como mínimo, hasta que:
  1. Se presente públicamente a la comunidad científica y a la ciudadanía, por la comisión encargada de su redacción, los ensayos clínicos, investigaciones científicas rigurosas o las mínimas pruebas necesarias que acrediten que las terapias naturales que se pretende reconocer son eficaces, precisándose que las mismas tengan un nivel de evidencia igual al exigido a las terapias que en el texto del presente proyecto se denominan como convencionales, alopáticas u oficiales. El estudio de las mismas permitirá que la comunidad científica pueda ejercer de forma responsable su labor técnica de control de las decisiones políticas mediante la crítica de los ensayos e investigaciones aportadas.
  2. Se proceda a la creación, en lo que respecta a la aprobación de terapias o productos curativos, de un mecanismo de aprobación riguroso y lo más objetivo posible sobre la base de ensayos clínicos controlados que sigan los protocolos que se deben seguir para otras terapias o productos farmacológicos, tal como se acepta en la comunidad científica internacional.
  3. Se redacte, en lo que respecta en concreto a las personas que tendrán la autorización para ejercer dichas terapias, una regulación tal que permita establecer de forma clara las contraindicaciones de cada una de estas terapias, las dosis eficaces de sus aplicaciones y acreditar que en ningún caso podrán perjudicar la salud pública, ya sea por la acción de la propia terapia, como por la omisión del uso de terapias ‘oficiales’ (demostradamente más eficaces) al optar el paciente por otras terapias. No basta sólo con prohibir que los prácticos prohíban medicamentos recetados desde la sanidad pública.
  4. Se avale de forma científica la eficacia y seguridad de los tratamientos que se pretende regular y legitimar, al mismo nivel que los de la medicina llamada ‘oficial’, para poder garantizar siempre a los enfermos las mejores opciones disponibles para su curación.
En el caso hipotético de que fuera imposible atender la solicitud de no aprobar el decreto hasta que se cumplan las condiciones antes citadas:
  • a) Que se modifique el proyecto de decreto, y en el mismo se trate únicamente del mecanismo mediante el cual se puedan llegar a aprobar las diferentes formas de terapia del tipo que sea.
  • b) Que sea posible discutir de forma pública y abierta por la comunidad científica dicho mecanismo de comprobación en sí a partir del borrador que se redacte, para que no pase como ahora, que se tratan de regular terapias sin haber pasado por ningún mecanismo de control previo de su eficacia real (lo que contradice el espíritu del artículo 2.2 del propio proyecto de decreto).
  • c) Que una vez superadas las pruebas de eficacia aprobadas en dicho mecanismo, se regule la práctica de las que las hayan superado, sin que se aprueben de manera previa terapias ni técnicas que no hayan pasado por dicho control.
En el segundo caso hipotético de que también fuera imposible atender las solicitudes a), b) y c) (y no porque estemos de acuerdo en ningún caso con dicha imposibilidad, sino sólo para rebajar el impacto del decreto):
  • d) Rogaríamos que al menos se tomaran las medidas necesarias para minimizar el impacto negativo del proyecto de decreto, como, por ejemplo:
    • d.1) Impidiendo que los centros terapéuticos cuya acción se base en las terapias ‘naturales’ descritas en este decreto (u otras) usen ningún tipo de distintivo del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya (ni de ninguno otro) en su publicidad, en su puerta, en su papelería, que pueda inducir al error de la ciudadanía, tal como los que ahora se pretenden aprobar (art. 16, por ejemplo), haciéndoles creer que la Generalitat avala la eficacia de las terapias que allí se hacen. No se debería poder poner el logo ni sello del Departamento de Salud ni de la Generalitat en ningún caso (deben ser prácticas reguladas como mucho, pero no avaladas ni recomendadas). Recordemos que tampoco los abogados ponen en sus puertas el sello y logotipo del Departamento de Justicia de la Generalitat.
    • d.2) En toda su publicidad e impresos debería aparecer una clara advertencia de que estas prácticas están reguladas por la Generalitat, pero su eficacia no está reconocida ni avalada por la misma, y que las autoridades sanitarias recomiendan el uso de la medicina llamada ‘oficial’ para el tratamiento de cualquier problema relacionado con la salud.
    • d.3) Hacer campañas publicitarias recomendando el uso sólo de las terapias científicas acreditadas aceptadas en la sanidad pública.
  • e) En cualquier caso, se deberá proceder de forma urgente a definir exactamente los mecanismos científico-técnicos de evaluación y aprobación de las nuevas terapias que en el futuro se quieran regular y se deberán aplicar las mismos también a las terapias llamadas ‘naturales’ en este decreto antes de su aprobación, para unificar criterios y verificar la calidad de las mismas de cara a la salud pública.

Castelldefels, 3 de agosto de 2006

ARP-SOCIEDAD PARA EL AVANCE DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

(Versión 6 de agosto de 2006)

[El presente manifiesto es un resumen de las Alegaciones presentadas al proyecto de decreto indicado ante el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya el 8 de agosto de 2006, con el Nº 0336E/146.030/2006].

[Se ha cerrado con fecha 31 de diciembre de 2006 la recepción de firmas para suscribir este manifiesto, comprueba los nombres de los que sí llegaron a tiempo en el listado de firmas que incluyo en este enlace]

18 julio, 2006

PREGUNTAS VERANIEGAS

Septiembre es, pese a haber estado trabajando durante todo el verano, el mes del retorno al mundo real, desde ese aire de tiempo prestado que siempre se respira en el estío. Época de calores, cenas pesadas e insomnios y, por ello, de preguntas ociosas, sin una respuesta necesaria...

Así, a mediados de julio, Stephen Hawking lanzaba por Internet una pregunta ‘¿Cómo puede la especie humana sobrevivir los próximos cien años?’. En el mismo espacio de la red había otras cuestiones similares sobre cómo acabar con la pobreza o salvar el medio ambiente, formuladas por Al Gore (antiguo vicepresidente de los EEUU) o Bono (el de U2, claro). ¿Será la mejora del conocimiento científico y la aplicación solidaria de sus beneficios la respuesta a todas ellas?

Curiosamente, esos temas se plantean en Yahoo! Answers, producto de una empresa que recientemente había entregado —sin mucho problema— datos al gobierno chino sobre los mensajes enviados desde su servicio de correo por, entre otros, Shi Tao, un periodista que había criticado al partido comunista de su país, nimio motivo por el que fue encarcelado. ¿Estará entre las respuestas de este servicio alguna que explique a Shi Tao qué es lo que hizo tan mal como para merecer eso?

También tuvimos en julio un nuevo vuelo del Discovery, lanzado días antes con algo de nervios debido a la detección de pequeños desperfectos. Sigue emocionando su despegue y aterrizaje. Sigue fascinando su utilidad. Sigue horrorizando su coste. Pasan los años, pasan los debates y los transbordadores espaciales siguen volando, por suerte. El primer vuelo del Discovery data de 1984 y el del Columbia es anterior, de 1981, hace ya veinticinco años. Curiosamente, veinticinco años antes del despegue del Columbia quedaba uno aún para el lanzamiento del Sputnik, en 1957. Mucho tiempo, pues.

¿Será un buen resumen de los primeros cincuenta años de la astronáutica decir que entre 1957 y 1981 pasamos del Sputnik al Columbia, es decir, de un satélite rudimentario a las primeras lanzaderas, y entre 1981 y 2006 pasamos del Columbia al Discovery, es decir de las primeras lanzaderas a las primeras lanzaderas?

Así mismo, a finales de agosto, en Praga, una comisión especial de la Unión Astronómica Internacional debía contestar a la pregunta ¿qué es un planeta?. Se ha hecho necesaria una correcta definición, más precisa, tras los descubrimientos en los últimos diez años de numerosos planetas extrasolares y de enormes objetos más allá de Neptuno de tamaños —en algunos casos— superiores a Plutón.

Se ignora aún, mientras esto escribo, cuál será el veredicto de los estudiosos. Tras tantos años queriendo llegar al último planeta del Sistema Solar, sería una pena que éste dejara de serlo justo ahora, cuando le acabamos de enviar un sofisticado ingenio espacial... ¿Se habrá lanzado la sonda New Horizons a un planeta y llegara a un asteroide, sin cambiar de objetivo?

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado como 'Editorial' en Astronomía, pág. 5, septiembre 2006)

01 junio, 2006

NO SOMOS INMUNES...

El mundo de la ciencia, como todo bajo la Luna, es corruptible. Eso ya lo sabían los antiguos griegos, que buscaban un éter ideal, no corrompible, más allá de nuestro satélite. Vamos avanzando y, esa esencia incorruptible, como cualquier horizonte, se aleja a cada paso que damos. ¿Existirá?

En el último año, el mundo de la ciencia se ha visto sacudido por algunos escándalos, como los de, por ejemplo, Chen Jin, que a mediados de mayo fue calificado como despreciable por su universidad en China, tras haberse descubierto que había presentado como propios unos veloces microprocesadores copiados. Otro caso es el del surcoreano Hwang Woo Suk, que en agosto pasado anunciaba que su equipo había sido el primero en clonar un perro y en diciembre se hacía evidente que sus artículos se basaban en datos falsificados.

Sin embargo, a veces la corrupción no estriba en lo que se anuncia, sino en lo que se decide que se debe decir. Así, vimos en abril como la NASA establecía una nueva política de relación con los medios de comunicación para buscar una mayor transparencia y objetividad política, y tratar de atajar la injerencia de los delegados gubernamentales. No hace mucho, uno de ellos había tratado de acallar a un investigador crítico con la política medioambientalista del gobierno de los EEUU al hablar sobre el cambio climático.

Hay también escándalos aparentemente menores, que afectan a denegaciones de ayudas o trabajo, o a silenciar resultados por amiguismo o conveniencia y no por su falta de calidad. Seguramente, son los más importantes, ya que afectan a más gente así como merman y pervierten mucho más la calidad de la investigación, no sólo por impedir avances, sino por hacerla más dócil y maleable, y menos crítica. En el fondo, la velocidad da igual, lo que importa es la seguridad y fiabilidad.

La ciencia dócil, incapaz de alzar su voz ante la autoridad, sus propios errores o los de otros, no es ciencia en realidad, sino pseudociencia, lo que genera la desconfianza de todos..

Nuestra revista trata del Cosmos, pero sin duda la ética de la investigación y de la aplicación crítica del método científico es la única salvaguarda que podemos tener todos para seguir asombrándonos con los resultados de las investigaciones que vamos presentando mes a mes, con la certeza de que no sólo son maravillas, sino que además es la mejor verdad que tenemos.

Es por eso que, tras oír las últimas declaraciones sobre míticos (quizás por fin reales) aumentos futuros de presupuestos para la ciencia en España, es bueno recordar que un sistema bien alimentado es menos vulnerable a la corrupción (económica o ética). Y que con eso no sólo ganan los científicos, sino todos.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Astronomía, página 3, julio y agosto 2006)

01 mayo, 2006

¿EL OFICIO MÁS VIEJO DEL MUNDO?

A fines de 2005 se hacía público el hallazgo en el yacimiento de Tell Hamoukar (Siria) de los vestigios de una batalla que tuvo lugar hacia el 3500 aC. No fue una mera escaramuza, sino que una serie de tropas, formadas probablemente por centenares de hombres llegados desde la lejana zona de Uruk —sur de Mesopotamia—, sitiaron y tomaron dicha ciudad.

Área excavada en Tell Hamoukar, correspondiente al Calcolítico tardío, hacia el 3500 a.n.e.,
cuando se data la invasión de la ciudad. (Universidad de Chicago)


La misión requirió una gran labor de coordinación, así como el transporte de muchas municiones y armamento (se han hallado más de 1300 proyectiles de piedra). Y no sólo eso, un notable esfuerzo para alimentar a los combatientes. La triste forma de resolver el conflicto es, en sí, un indicio del desarrollo social y económico de las poblaciones que se vieron inmersas en él.

Balas de honda halladas en Tell Hamoukar. (Universidad de Chicago)

Para hacernos una idea de ello, nos deberemos trasladar a otra época. El historiador M. C. Bishop realizó un breve estudio sobre lo que significaba dar de comer durante una campaña militar a dos legiones romanas (formadas entre ambas por unos 12.000 hombres y unos dos mil caballos). Cada día se distribuía en grano 1,5 kg por cada soldado, así como unos 5 kg de cereales por animal. Ello implicaba unas 18 Tm diarias para los legionarios y 10 Tm diarias para los caballos.

Normalmente, pues, todos y cada uno de los días, los encargados de dar de comer a los legionarios debían obtener un mínimo de 28 Tm de comida y distribuirla de forma eficiente, lo cual debía ser especialmente complicado en según qué territorio.

Sólo el planificar las misiones de modo que se asegurara el sustento mediante un enjambre de carros que debían transportar y almacenar los consumibles durante días ya debía representar un gran trabajo. Mucha gente y mucho poder. También mucha comida.

Por arqueología experimental se sabe que se podía producir de media en la época unas 2 Tm de grano por hectárea y año. Es decir, las legiones se podían comer diariamente, como langostas —o, peor, como humanos que eran— la producción anual de 14 hectáreas (unos 14 campos de fútbol más o menos). Y eso, reitero, cada día (lunes, martes, miércoles...).

En seis meses, una campaña normal, podían llegar a consumir 2.548 ha. El coste para la población civil no era sólo la violencia de la guerra, sino el hambre para años, al quedarse sin reservas, ya que el aprovisionamiento de tropas propias o ajenas se hacía a diario, sobre el terreno, dado que la velocidad y dificultades del transporte no permitía llevar comida desde muy lejos.

Por eso quemar los campos en tiempo de guerra era tan normal. Mejor quemados que dando de comer a los que te iban a violar. Por ello también, cuando las tropas romanas pasaban el invierno en suelo extranjero, se dividían los seis meses entre diferentes acuartelamientos dispersos, aunque no en exceso.

¿Qué debe implicar ahora el aprovisionamiento diario de soldados extranjeros en Irak? ¿Qué implicó en Tell Hamoukar?

Alfonso López Borgoñoz

(A publicar en Tecnociencia nº 4, junio 2006, en la sección 'Pretérito Imperfecto')

CASI DE REPENTE, LLEGA EL VERANO

Vuelve el verano. En realidad, como bien sabemos, es el de siempre. Y, sin embargo, también es nuevo, como cualquier observador sabe apreciar. Para unos es una gran época para ver el cielo, ya que llegan las vacaciones. Para otros, en cambio, no es buena, precisamente por lo mismo.

Días largos y noches cortas... Quizás el mejor tiempo para mirar el cielo a simple vista o mediante unos prismáticos, o para enseñar a otros a leer y conocer el cielo, y que también empiecen a amarlo como nosotros.

Época de contradicciones —como todas, seguramente—, pero de eso está llena la vida del aficionado a la contemplación del Cosmos. En estos momentos, cuando tenemos ingenios no tripulados orbitando (o yendo a) cinco de los nueve planetas que estudiamos de pequeños en la escuela, para algunos —ajenos a nuestros gustos— resulta poco comprensible que sigamos agudizando la vista para captar algunos de los ínfimos detalles de los grandes cuerpos del Sistema Solar visibles mediante nuestros ojos o con el uso de nuestros telescopios.

Es verdad. Pese a ser éstos últimos cada vez más complejos, poco pueden hacer normalmente para competir con las imágenes que nos llegan en la actualidad, por ejemplo, de Saturno, de sus anillos y de sus enigmáticos satélites, de una belleza tal que algunos de los que los contemplaron primero por telescopio —tras haberlos identificado correctamente—, como Huygens o Cassini, poco podían llegar a imaginar, pero que sí podemos apreciar nosotros gracias a la misión que lleva con justicia el nombre de ambos sabios. Ni siquiera sé, en el momento de escribir estas líneas, hasta qué punto será visible para nosotros el cometa 73P/ Schwassmann-Wachmann 3, que tan próximo estará en mayo.

Sin embargo, ¿cómo describir la satisfacción que se siente tras la contemplación directa de una débil variación en la atmósfera del planeta anillado o, incluso, del débil punto de luz de un sencillo asteroide?

Quizás muchos de los ojos que amaron el año pasado el cielo del verano ya no estén este próximo 21 de junio para ver como el día parece que se alarga de una forma definitiva (hasta el día siguiente, cuando empiece a menguar), pero habrá, sin ninguna duda y quizás de nuestra mano, nuevos ojos ilusionados que se alzarán por primera vez desde cualquier ribazo en la montaña, hacia lo alto de la negra y corta noche de estío, cumpliendo con el viejo pacto, siempre satisfecho desde hace como mínimo cien mil años, entre nuestra joven especie y el Universo, por el cual nosotros, leves y frágiles como la última brasa de una hoguera, le amamos y él nos aguarda, en su casi insondable lejanía, con su fría y abrumadora indiferencia.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Astronomía, junio de 2006)

16 abril, 2006

NUEVOS MAPAS DE LOS SATÉLITES DE SATURNO

Las delicadas sombras de sus anillos y las lunas heladas hacen del sistema de Saturno un lugar de una gran belleza.
(NASA/JPL/Space Science Institute)


La misión Cassini-Huygens, nacida de una feliz iniciativa de cooperación entre la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Italiana, nos sigue aportando unos resultados brillantes, que nos permiten aproximarnos un poco más al complejo mundo de la geología e historia de las fascinantes lunas de Saturno, situado a una distancia media de nuestra estrella de 1.429.400.000 km.

Las imágenes que nos envía la sonda Cassini nos proporcionan solamente un atisbo leve de lo que debe ser la experiencia real de estar allí, cerca de Saturno. Tetis (a la derecha, de 1.071 kilómetros de diámetro) y Mimas (cerca del centro, de 397 kilómetros de diámetro máximo) se captan aquí contra la atmósfera turbulenta del planeta. (NASA/JPL/Space Science Institute)

Precisamente, entre otros muchos, uno de los logros conseguidos entre diciembre del 2005 y enero de este año por el equipo científico estadounidense que dirige la misión ha sido la de haber obtenido una serie de mapas globales digitales de algunos de sus satélites más grandes y conocidos, como son Titán, Jápeto, Dione, Encélado, Mimas, Febe, Tetis y Rea, tras haber trabajado durante meses con las imágenes enviadas por los diferentes instrumentos de la sonda Cassini-Huygens (con el refuerzo en las zonas poco claras de las imágenes obtenidas hace veinte años por la Voyager).

Para poder conseguir mapas en dos dimensiones de mundos más o menos esféricos (como son los satélites mayores del segundo planeta por tamaño del Sistema Solar, tras Júpiter), se ha tratado de conseguir que todos fueran proyecciones equidistantes, hechos obviamente a diferentes escalas. Las distancias en los polos resultan deformadas en este tipo de proyección.

Excepto en el caso de Titán, se indican los radios medios de los satélites usados para la proyección de los mapas, ya que la escasa esfericidad de alguno de ellos, tal como se ve en la tabla adjunta, hace que sea necesario hacer explícito este dato para mejor entender la imagen. Así mismo, los diámetros que se indican son máximos, y no siempre coinciden exactamente con el doble de los radios medios usados.


Entre los mapas llevados a cabo y difundidos hasta ahora sólo faltaría el de Hiperión para tener los de todos los satélites descubiertos antes de que las primeras sondas espaciales rusas y estadounidenses se lanzaran al espacio. Seguramente, la poca claridad de las imágenes conseguidas de muchas de las partes de esta luna lo han impedido.

El descubrimiento de Hiperión, de 280 km de diámetro máximo, tuvo lugar en el año 1848, habiendo sido atribuido a los estadounidenses W. y G. Bond, sí como al inglés W. Lassell. Es el único de los satélites de Saturno que se conocían antes del inicio de la investigación espacial que no tiene un mapa de su superficie similar a los que aquí mostramos. El resto de lunas que se conocían antes de 1959 son Mimas, Encélado, Tetis, Dione, Rea, Titán, Jápeto y Febe. Desde entonces, se han descubierto 41 satélites más orbitando al quinto planeta del Sistema Solar. (NASA/JPL/Space Science Institute)


Las operaciones necesarias para llevar a cabo la captación de las imágenes que están en la base de este trabajo se llevaron a cabo desde el Instituto de Ciencia Espacial (
Space Science Institute), ubicado en la ciudad estadounidense de Boulder (Colorado), mientras que la gestión de la misión ha correspondido al Jet Propulsion Laboratory (JPL, Laboratorio de Propulsión a Chorro), ubicado en Pasadena, que lo hace por encargo del equipo científico de la sonda de la NASA. El módulo orbital de Cassini, así como las dos cámaras que lleva a bordo, también fueron diseñadas, desarrolladas y ensambladas en el JPL.

Es posible obtener una versión a mejor resolución de todas las imágenes haciendo
click sobre ellas.


TITÁN

(NASA/JPL/University of Arizona)


Mapa global infrarrojo de Titán, conseguido mediante el tratamiento de las imágenes obtenidas en sus dos últimos sobrevuelos del 26 de diciembre de 2005 y del 15 de enero de 2006 por el espectrómetro visual e infrarrojo de la sonda Cassini-Huygens. Éste fue el primero de los satélites de Saturno en ser descubierto, acontecimiento que sucedió el 25 de marzo de 1555 de la mano del astrónomo holandés Christiaan Huygens, a cuya memoria se dedicó la pequeña sonda que impactó contra su superficie el 14 de enero de 2005. Es, sin duda, el satélite más grande de Saturno —con 5.150 km de diámetro—, y el segundo mayor del Sistema Solar tras Ganimedes (Júpiter). Su diámetro es superior al de planetas como Mercurio y Plutón. Tiene una atmósfera extraordinariamente densa, que impide casi por completo ver nada de su superficie, por lo que es necesario el tratar de visualizar su suelo mediante cámaras infrarrojas. Esta atmósfera fue descubierta hace un siglo ya por el español Comas Solà, aunque muchos atribuyan el hallazgo a otro astrónomo holandés también muy conocido, Gerard P. Kuiper.

Cambios en la superficie de Titán. (NASA/JPL/University of Arizona)


JÁPETO

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Jápeto fue descubierto por Giovanni Cassini el 25 de octubre de 1671, desde el Observatorio de París (Francia), del que era director. Más de tres siglos después, los datos obtenidos mediante los sobrevuelos de una sonda que lleva el nombre del astrónomo originario de Italia, ha permitido crear este mapa (con la ayuda de imágenes guardadas desde el sobrevuelo de la Voyager, veinte años antes). Tras Titán y Rea, es la tercera luna por su tamaño del sistema saturniano, y mide unos 1.468 km de diámetro. El mapa está hecho a una escala de 641 metros por píxel. Algunas de las zonas que se ven en el mapa, fueron captadas por la Cassini gracias a la luz reflejada desde Saturno. El radio medio de Jápeto usado para la proyección de este mapa es de 735 kilómetros y su resolución es de 20 píxeles por grado.

Jápeto, visto por la Cassini. (NASA/JPL/Space Science Institute)


DIONE

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Descubierto también por Cassini, este hallazgo tuvo lugar el 21 de marzo de 1684. Dione tiene dos satélites troyanos llamados Helena y Pollux —o Polideuces— (descubierto recientemente por la misión Cassini/Huygens) que orbitan a la misma distancia orbital de Saturno que Dione, pero 60º delante o detrás (Helena esta en el Punto de Lagrange 4 —L4— y Polideuces en el L5). El mapa está hecho a una escala de 977 metros por píxel. El radio medio de Dione usado es de 560 kilómetros y la resolución del mapa es de 10 píxeles por grado. Este mapa fue creado utilizando datos de sobrevuelos de las sondas Cassini, así como también de la Voyager.

Ubicación de los cinco puntos de Lagrange del sistema formado por Saturno y Dione, con sus dos satélites troyanos —Helena y Polideuces—, situados a 60 grados por delante y por detrás de Dione, acompañándolo en su misma órbita. (Modificado por autor, sobre original NASA)


Dione y Saturno. (NASA/JPL/Space Science Institute)


ENCÉLADO

(NASA/JPL/Space Science Institute)

Descubierto por el astrónomo inglés, de origen alemán, William Herschel —descubridor así mismo de Urano— el 17 de septiembre de 1789. Su tamaño no es muy grande, con un diámetro de sólo 498,8 km. Este mapa también se ha creado gracias a los datos de las sondas Cassini y Voyager, y está hecho a una escala de 110 metros por píxel. El radio medio de Encélado usado para la proyección de este mapa fue de 252 kilómetros y su resolución fue de 40 píxeles por grado.


Encélado. (NASA/JPL/Space Science Institute)



MIMAS

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Mapa de Mimas, satélite de Saturno de 397 km de diámetro. Fue descubierto por William Herschel también el 17 de septiembre de 1789, conjuntamente con Encélado. El plano digital se ha obtenido gracias a los datos de Cassini y Voyager, y está hecho a una escala de 434 metros por píxel. El radio medio de Mimas usado para la proyección de este mapa es de 199 kilómetros y su resolución es de 8 píxeles por grado.

Mimas. (NASA/JPL/Space Science Institute)


FEBE

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Febe fue descubierta por el astrónomo estadounidense William Pickeringhace en 1898. Este mapa digital global de Febe se creó usando datos obtenidos durante el paso muy cercano de la sonda Cassini sobre la pequeña luna en el mes de junio del 2004. Es el más grande y conocido entre los llamados satélites irregulares, que a su vez constituye el grupo más numeroso entre las lunas que orbitan al planeta anillado —el resto consiste en cuerpos más pequeños (de pocos kilómetros de diámetro) que orbitan a grandes distancias de Saturno—. A su vez, este grupo se puede dividir aún más, y así se pueden constituir familias tales como el grupo Inuit, el Norse y el Gallic. El presente mapa está hecho a una escala de 233 metros por píxel. El radio medio de Febe usado para la proyección de este mapa es de 107 kilómetros, y su resolución es de 8 píxeles por grado.

Febe, captada por la sonda Cassini en el mes de junio de 2004, muestra en la imagen los nombres asignados provisionalmente a sus 24 cráteres por la Unión Astronómica Internacional. (NASA/JPL/Space Science Institute)



TETIS

(NASA/JPL/Space Science Institute)

Giovanni Cassini descubrió también esta pequeña luna, y ello sucedió el 21 de marzo de 1684. Este mapa de Tetis, con un diámetro de 1.071 km, se creó también, como la mayor parte de los anteriores, usando datos obtenidos durante los sobrevuelos de las sondas Cassini y Voyager. Tetis tiene también —como Dione— dos satélites troyanos llamados Telesto y Calipso (Telesto ocupa el lugar L4 y Calipso el L5, ambos a 60º asimismo por delante y por detrás de Tetis). El mapa que presentamos es también una proyección equidistante y está hecho a una escala de 293 metros por píxel. El radio medio de Tetis usado para la proyección de este mapa es de 536 kilómetros y su resolución es de 32 píxeles por grado.

Tetis, visto por la Cassini. (NASA/JPL/Space Science Institute)


Características superficiales y variaciones de color de Telesto (de sólo 24 km de ancho), el satélite troyano de Tetis. La superficie lisa de esta luna sugiere que está cubierta con una capa de polvo fino y materiales congelados. (NASA/JPL/Space Science Institute)


REA

(NASA/JPL/Space Science Institute)

Descubierta por Cassini el 23 de diciembre de 1672, es el segundo satélite en tamaño de Saturno (con 1.528 km de diámetro), tras el gigantesco Titán. Este mapa digital global de Rea se creó usando datos obtenidos durante un sobrevuelo de la sonda Cassini, con un refuerzo de los captados también por la sonda Voyager en su histórico periplo hacia los confines de nuestro Sistema Solar. El mapa está hecho a una escala de 667 metros por píxel. El radio medio de Rea usado para la proyección de este mapa es de 764 kilómetros y su resolución es de 20 píxeles por grado.

Rea. (NASA/JPL/Space Science Institute)

(publicado en la revistas española 'Astronomía', en el mes de noviembre del año 2006)

15 abril, 2006

¿ESPECIE? ¿QUÉ ESPECIE?

La definición exacta de especie ha sido siempre un problema al hablar sobre el proceso de hominización. Ante las dificultades para encontrar una propuesta válida, que abarque al resto de seres vivientes (especialmente los extintos), tal vez continúe siendo útil lo que escribía Darwin sobre que ‘cada naturalista sabe más o menos lo que quiere decir cuando habla de especie’...

Ernest Mayr describía a las especies como ‘grupos de poblaciones naturales que se entrecruzan y se encuentran aislados reproductivamente de otros grupos parecidos’. Su concepto se basaría en la posibilidad de intercambio genético entre seres vivos. Serían de la misma especie los que se comprobara que se pueden reproducir y tener descendencia viable. Sin embargo, pese a ser la definición más usada, no es muy útil para el estudio de fósiles, dada la imposibilidad de comprobar sus posibilidades reales de entrecruzarse.

Sin duda, es fundamental contar con un concepto preciso que goce de una aceptación amplia cuando se habla de especies —y de sus características— para poder entender en su justa medida las discusiones sobre la posición de cada resto de homínido hallado en el árbol de la evolución humana.

No hay una solución fácil, dados los restos fragmentarios y únicos que nos proporcionan las excavaciones y lo escaso aún de nuestro saber. Cuando se dice que dos fósiles pertenecen a especies diferentes se quiere significar que seguramente sus poblaciones no se podían reproducir entre ellas, lo cual indica un salto evolutivo de cierta importancia. Pero eso siempre es una suposición (más o menos fundamentada).

Pese a los intentos de superar problemas, éstos continúan existiendo y así es notoria la influencia de factores no estrictamente científicos en la identificación de restos y en su valoración, pese a tratar de objetivizarse cada descripción, como bien señala José Mª Bermúdez de Castro en Atapuerca, perdidos en la colina.

Así, coexisten especialistas que parecen tener un deseo ‘obsesivo’ por encontrar al homínido más viejo y los que parecen aspirar sólo a simplificar y clarificar nuestro linaje fósil, aunque ello les haga reconocer que ‘su’ hueso no pertenece a una especie especial, sino que quizás sólo sea una variedad de otra ya definida antes. Dadas las escasas ayudas públicas y cómo se valora el ‘éxito’, a la caza fortuita de un resto único se le suele dar más importancia que a la correcta documentación de un hallazgo.

¿Se podían cruzar los neandertales con nuestros primeros antepasados? ¿Hasta qué punto eran —o no— una especie diferente? Las investigaciones sobre su ADN les separa mucho de nosotros, pero no de forma absolutamente concluyente, aunque ya se descarta que haya restos de Homo neanderthalensis en nuestra estructura genética fruto de un cruce. Recordemos que no hace mucho se hablaba del hallazgo de restos que parecían resultado de la mezcla de neandertales con humanos modernos. Tampoco se conoce bien la relación de los neandertales con los heidelbergensis que les precedieron, ni los restos de éstos últimos con los del Homo antecesor. En definitiva, ¿cuáles de todas tal vez fueron sólo variedades locales de la misma especie? Como siempre en ciencia, continuará...

Alfonso López Borgoñoz

(A publicar en Tecnociencia nº 3, mayo 2006, en la sección 'Pretérito Imperfecto')

20 AÑOS QUIZÁS NO SEA NADA, PERO 60 SON MUCHOS

Ejercicio sencillo de estadística depresiva. Para matemáticos aficionados. Mi esperanza de vida es de unos ochenta años. Ello implica que moriré hacia el 2040. Mi hija, nacida en el 2001, tal vez tenga una esperanza de vida cuando le llegue el momento de unos 100 años (tal vez no). Eso implica que estaré unos 60 años sin verla, sin acariciarla, sin consolarla.

La eternidad no me parece mucho, dado que estaremos muertos.

Pero esos 60 años perdidos se me hacen muy cuesta arriba, aunque no los vea.

04 abril, 2006

TEXTO DE INTRODUCCIÓN A LA XII ASAMBLEA DE AMNISTÍA INTERNACIONAL CATALUNYA, CELEBRADA EL 1 DE ABRIL DE 2006 EN SABADELL
-en castellano al final-

(VERSIÓN EN CATALÁN)

En un recent treball sobre els menors soldats en els conflictes armats anomenats de baixa intensitat (que són els que més morts i danys causen a l’actualitat), fet per la ‘Coalición Española para Acabar con la Utilización de Niños Soldados’, de la qual forma part Amnistia Internacional, es diu que una de les causes del seu freqüent ús per milícies de tota mena, és que són individualment prescindibles. Individualment prescindibles.

Després del seu reclutament, a partir dels vuit anys d'edat a vegades, poden servir per diferents finalitats, com detectar mines al caminar per terrenys dubtosos, com a mitjà de càrrega, com objectes sexuals pels seus companys de més edat... encara que també per a la guerra, evidentment.

Curiosament, la seva importància està en el fet que manquen d'ella. Importen perquè no importen. Són necessaris perquè no ho son. La seva extremada vulnerabilitat sorgeix de que sembla que ningú creu que tinguin cap dret. La seva mort física o moral no sembla rellevant per als seus superiors o pels governs on actuen.

Però, i per a la resta del món?

Al final de la pel·lícula ‘El Hundimiento’, i en un fragment extret d’un documental gravat al 2002, Traudl Junge, secretària d'Adolf Hitler en els últims anys del seu mandat, deia que en la seva joventut no s'havia assabentat del que estava passant al seu país i que per això durant molt temps no s'havia sentit responsable de la seva col·laboració amb el dictador alemany.

Un dia, no obstant això, a Munic, va veure la tomba d'una noia de la seva edat, Sophie Scholl, afusellada en el 1943 —als 22 anys d’edat— pels nazis (juntament amb altres joves) després d'haver estat detinguda per pertànyer a un grup d’activistes anomenats ‘La Rosa Blanca’ i per repartir fulletons de denúncia contra el règim nacionalsocialista a la Universitat de Munic, completament pressa per les milícies del brutal règim imperant a l’Alemanya d’inicis dels anys quaranta del passat segle.

Junge llavors es va adonar, segons ella mateixa reconeixia, que segur que sí que va tenir alguna oportunitat de saber el que passava... i que no era tan difícil tenir el coratge per a sentir la veu de la seva consciència i reconèixer que s’havia equivocat.

Sens dubte, és possible i normal que no sapiguem moltes coses.

Molta gent no sap encara (i no ho fan per negacionisme) que va passar amb molts dels detinguts a la guerra civil espanyola, ni saben que passa a Ciudad Juàrez (Mèxic), ni a Guatemala, ni a moltes parts del món i ni tan sols saben de la violència que es pateix a casa de la seva veïna.

A vegades, és difícil arribar a adonar-se de gairebé res...

Però, no obstant això, no és honrat defensar que no puguem arribar a saber, si realment volem saber.

Ni tampoc que no puguem intentar actuar, de cap manera, contra la injustícia. Ni amb una carta. Una sola.

Els homes i dones que formem part d'Amnistia Internacional sí que sabem, sens dubte, que aquestes nenes i aquests nens soldat són especialment imprescindibles, com els defensors de drets humans —com la Sophie Scholl i tants d’altres—, com totes les víctimes de la violència, de la tortura, de les detencions per delictes d'opinió, com la vida dels comdemnats a mort a qualsevol lloc del món.

Com imprescindibles sabem que són els drets humans sobre els quals s'assenta la nostra labor i com també coneixem fins a quin punt és imprescindible el nostre esforç continu en la seva defensa.

I no ho fem perquè sigui fàcil, ni còmode, sinó perquè és el correcte.

A aquesta dotzena Assemblea General d’Amnistia Internacional de Catalunya d’avui, a Sabadell, tractarem de parlar, un any més, de la tasca que hem realitzat entre tots i totes al llarg del 2005 -ja sigui amb la nostra ajuda econòmica, amb el nostre activisme o amb l'esforç professional-.

  • En una lluita per la dignitat, no només de les víctimes, sinó també essencialment de la nostra pròpia.
  • En una treball per conèixer i trencar el vel de la foscor que tracta d’amagar en la impunitat les violacions de drets humans en tot el món,
  • I en un esforç per la divulgació del que hem conegut —solidaris, contents i actius—, tractant d’evitar sempre que el millor de nosaltres es perdi inútilment en la ignorància, entre el dolor i la desesperança.
Alfonso López Borgoñoz
President
Amnistia Internacional Catalunya

(VERSIÓN EN CASTELLANO)

En un reciente trabajo sobre los menores soldados en los conflictos armados llamados de baja intensidad (que son los que más muertos y daños causan en la actualidad), hecho por la ‘Coalición Española para Acabar con la Utilización de Niños Soldados', de la cual forma parte Amnistía Internacional, se díce que una de las causas de su frecuente uso por milicias de todo tipo es que son individualmente prescindibles. Individualmente prescindibles.
Después de su reclutamiento, a partir de los ocho años de edad a veces, ellos y ellas pueden servir para diferentes finalidades, como detectar minas al caminar por terrenos dudosos, como medio de carga, como objetos sexuales para sus compañeros de más edad... aunque también para la guerra, evidentemente.
Curiosamente, su importancia radica en que carecen de ella. Importan porque no importan. Son necesarios porque no lo son. Su extremada vulnerabilidad surge de que parece ser que nadie cree en serio que tengan ningún derecho. Su muerte física o moral no parece relevante para sus superiores o para los gobiernos donde actúan.
Pero, ¿y para el resto del mundo?
Al final de la película ‘El Hundimiento', y en un fragmento extraído de un documental grabado en el año 2002, Traudl Junge, secretaria de Adolf Hitler en los últimos años de su mandato, decía que en su juventud no se había enterado de lo que estaba pasando a su país y que por ello durante mucho tiempo no se había sentido responsable de su colaboración con el dictador alemán.
Un día, sin embargo, en Múnich, vio la tumba de una chica de su edad, Sophie Scholl, fusilada en el año 1943 —a los 22 años de edad— por los nazis (junto con otros jóvenes) después de haber sido detenida por pertenecer a un grupo de activistas llamados ‘La Rosa Blanca' y por repartir folletos de denuncia contra el régimen nacionalsocialista en la Universidad de la capital bávara, completamente tomada por las milicias del brutal régimen imperante en la Alemania de inicios de los años cuarenta del pasado siglo.
Junge entonces se dio cuenta, según ella misma reconocía, de que seguro que sí tuvo alguna oportunidad de saber lo que pasaba... y que no era tan difícil tener el coraje para sentir la voz de su conciencia y reconocer que se había equivocado.
Sin duda, es posible y normal que no sepamos muchas cosas.
Mucha gente no sabe aún (y no lo hacen por negacionismo) que pasó con muchos de los detenidos en la guerra civil española, ni saben que pasa en Ciudad Juàrez (México), ni en Guatemala, ni en muchas partes del mundo y ni tan solo saben de la violencia que sufre su propia vecina en su casa.
A veces, es difícil llegar a darse cuenta de casi nada...
Pero, sin embargo, no es honrado defender que no podamos llegar a saber, si realmente queremos saber.
Ni tampoco que no podamos intentar actuar, de ninguna manera, contra la injusticia. Ni con una carta. Una sola.
Los hombres y mujeres que formamos parte de Amnistía Internacional sí que sabemos, sin duda, que estas niñas y estos niños soldado son especialmente imprescindibles, como lo son los defensores de derechos humanos —como Sophie Scholl y tantos otros—, como todas las víctimas de la violencia, de la tortura, de las detenciones por delitos de opinión, como la vida de los condenados a muerte en cualquier lugar del mundo.
Como imprescindibles sabemos que son los derechos humanos sobre los cuales se asienta nuestra labor y como también conocemos hasta qué punto es imprescindible nuestro esfuerzo continuo en su defensa.
Y no lo hacemos porque sea fácil, ni cómodo, sino porque es lo correcto.
En esta duodécima Asamblea General de Amnistía Internacional de Catalunya de hoy, en Sabadell, trataremos de hablar, un año más, de la tarea que hemos realizado entre todos y todas a lo largo del 2005 -ya sea con nuestra ayuda económica, con nuestro activismo o con el esfuerzo profesional-.
  • En una lucha por la dignidad, no sólo de las víctimas, sino también esencialmente de nuestra propia.
  • En una trabajo para conocer y romper el velo de oscuridad que trata de ocultar en la impunidad las violaciones de derechos humanos en todo el mundo.
  • Y en un esfuerzo por la divulgación de lo que hemos conocido —solidarios, contentos y activos—, tratando de evitar siempre que lo mejor de nosotros y lo mejor de vosotras se pierda inútilmente en la ignorancia, entre el dolor y la desesperanza.
Alfonso López Borgoñoz
Presidente
Amnistía Internacional Catalunya

NO ES CIERTO

Es verdad que no sabemos muchas cosas de las que pasan, pero no es cierto que no podamos llegar a saber ninguna. Es verdad que no podemos actuar siempre, pero no es cierto que no podamos actuar nunca.

LA DIFICULTAD DE ESTAR A LA ÚLTIMA

No fue hace tanto. Al menos, eso es lo que quiero pensar. Recuerdo mi primer libro con muchas fotografías interiores en color. Fue uno de ciencias naturales, a principios de los setenta. Había una foto de algo ocurrido dos o tres años antes. Armstrong, sobre la Luna. También recuerdo mi primer libro serio de astronomía, regalado a fines de los sesenta. Las fotos eran en blanco y negro (y ni siquiera las había de todos los planetas…).

Pese a que la velocidad del cambio en ciencia ya era enorme, ello no llegaba de forma rápida a las aulas ni había una clara percepción de ello por los alumnos. Yo no la tenía, al menos. Tenía una impresión de algo que iba cambiando de forma paulatina. Nada que ver con esa sensación de vértigo que noto cuando colaboro ahora en la preparación de cada nueva revista.

La verdad es que pocas veces me paro a pensar en la complejidad que tiene en la actualidad el trasladar nuestras incertezas (que son tantas) y aquello que sabemos (que es tan poco) a los estudiantes, de forma que los abismos, en vez de asustarles, les motiven, como nos pasa a nosotros.

El ritmo rápido al que se suceden los descubrimientos en el mundo de la ciencia en general —y en el de la astronomía en particular— parece no facilitar su enseñanza. Si uno no es un especialista, puede no tener claro cuál son las mejores hipótesis, las más validadas, cuando se tratan ciertas materias. Incluso puede dar nociones que luego sus alumnos vean en esta misma revista que no son correctas del todo. Y no hablo de conocimientos acerca de temas muy de detalle, sino de básicos. ¿Qué es un planeta? ¿Lo es Plutón? ¿Cuántos tiene el Sistema Solar? ¿Qué lo compone? ¿Cuántos satélites tienen los planetas? ¿Qué es un asteroide o un cometa? ¿Materia oscura? ¿Energía oscura?... si se trata de poner luz, tanta oscuridad puede ser disuasoria.

Si aproximar a los estudiantes aquello que surge de los centros de investigación nunca ha sido sencillo, en momentos de cambio acelerado —como el actual— en toda la ciencia, ello debe ser más complicado... (y lo malo es que por suerte todo será más rápido en un próximo futuro). Yo sólo tuve que aprender el nombre de nueve planetas, ¿cuándo será un buen momento para que se empiecen a conocer los de los planetas extrasolares?

Pero, seamos sinceros, todo ello, bien gestionado y con algo de medios, es más una oportunidad que un problema. La excitación por la renovación constante debe ser siempre un acicate. Que se vea que la fuerza no está en la autoridad ni en la antigüedad de una teoría, sino en lo demostrable, es ciencia pura. Y que se sepa que lo único seguro es que hay que trabajar mucho para dar pasos cortos, tal vez sea lo mejor que nos puede pasar.

Alfonso López Borgoñoz


(publicado en Tribuna de Astronomía y Universo, mayo 2005, como Editorial)

04 marzo, 2006

DERECHO DE COPIA - COPYLEFT

RECONOCIMIENTO PARA USO LIBRE NO COMERCIAL (o incluso comercial) DE ESTOS TEXTOS E IMÁGENES, CITANDO PROCEDENCIA
(ver abajo la licencia específica para el uso de estos textos e imágenes en la Wikipedia)

Usted es libre de:

  • Copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra, siempre que no sea en contextos en los que se difame o injurie de forma consciente, o se haga apología del odio, de la xenofobia, de la violencia o de la discriminación contra ningún tipo de personas o colectivos, de forma que pueda atentar contra sus derechos reconocidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos u otra normas internacionales vigentes que desarrollen la DUDH o el derecho internacional humanitario.
  • Hacer obras derivadas, citando la procedencia (con el dato del año que se especifique), así como el nombre del autor en concreto que se indique. De no haber referencia concreta, se entiende que el autor es Alfonso López Borgoñoz.
  • Hacer, incluso, un uso comercial de los materiales, siempre que el autor de los mismoa haya dado su permiso expreso. Salvo excepciones (realmente excepcionales), incluso en ese caso el uso sería completamente gratuito.
  • Tratar de unirse en la lucha por el reconocimiento pleno del derecho al progreso científico y a su goce (voluntario) en igualdad de condiciones por toda la humanidad, sin muchos cortapisas de derechos de autor -cuando las condiciones económicas de los beneficiarios no le spermitan satisfacer dichos derechos- y por un mundo con todos los derechos (como el de la libertad para acceder a la información), para todos, por igual.

Bajo las condiciones siguientes:

by
Reconocimiento. Debe reconocer los créditos de la obra de la manera que se especifica arriba.
nc
No comercial. No puede utilizar esta obra para fines comerciales, salvo permiso expreso del autor.
  • Al reutilizar o distribuir la obra, tiene que dejar bien claro los términos de la licencia de esta obra.
  • Alguna de estas condiciones puede no aplicarse si se obtiene el permiso del titular originario de los derechos de autor.
  • Si se puede, se ruega avisar...

Los derechos derivados de usos legítimos u otras limitaciones reconocidas por ley no se ven afectados por lo anterior.

Esto es un resumen fácilmente legible del original del texto legal (la licencia completa), realizado por Creative Commons.


LICENCIA ESPECÍFICA PARA EL USO DE ESTOS TEXTOS E IMÁGENES EN LA WIKIPEDIA
La licencia bajo la que se publican todas estas páginas es compatible con la GFDL (versión no oficial en castellano) (versión original en inglés), en el caso de que su uso sea para la Wikipedia, la cual permite disponer del derecho a copiar, modificar y comercializar sus contenidos, sin restricciones adicionales, salvo recomendar (SIN obligar) un enlace a la web de origen y la cita al autor.

EL LUGAR NATURAL

No es que me haya vuelto aristotélico, pero cuando me enteré de la firma del protocolo de incorporación de España al Observatorio Europeo Austral (ESO) el pasado 13 de febrero, fecha que ya quedará algo lejana cuando se publiquen esta líneas, no pude menos que pensar en el viejo sabio de Estágira y como, según él escribía, todos los objetos del Universo tendían a ir hacia su lugar natural, y así los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) padecían una tendencia intrínseca a volverse a unir. Es cierto que Newton dio a todo ello una formulación más adecuada con su conocida ley de la gravedad. Pero para mí, en aquel lunes 13, lo natural era pensar que debíamos haber estado hace muchos años ya en el ESO y lo grave era no haberlo estado antes.

¿Era posible seguir trabajando por la consolidación de un marco europeo para la gestión más eficaz de la investigación, desarrollo e innovación -I+D+I- en nuestro continente desde hace veinte años sin ser miembros activos del ESO? ¿Era posible colaborar con otros consorcios como ESA o el CERN y no hacerlo con el Observatorio Europeo Austral? Sin duda, era una cuestión de tiempo (eso sí, creo que de mucho menos tiempo) el pasar a ser uno más de los países miembros de dicha institución internacional, el decimosegundo en este caso. Era mera naturalidad, de ir a donde debíamos, hacia donde nuestro propio movimiento nos guiaba, si nosotros u otros no hacíamos esfuerzos en contra.

Y no sólo eso, lo que también era natural era que el ESO volviera sus ojos hacia el norte. El problema en la Europa de inicios de los sesenta no era tanto la observación desde el hemisferio norte, donde estaban radicados la mayor parte de los observatorios nacionales de los estados parte del consorcio primigenio, como el disponer de forma conjunta de buenas plataformas observacionales para rastrear el cielo desde el sur. Pero la mejora del instrumental, sus costes y las necesidades en cuanto a la calidad de los cielos ha ido obligando a un replanteamiento de la cuestión y a estudiar una mejor base conjunta para investigar los fenómenos celestes también desde nuestro hemisferio, en la región europea que tuviera las mejores condiciones. Y para eso, sin duda, las Canarias son un marco privilegiado, conjuntamente con el sur de la península ibérica.

Sin duda, el que algo quiere algo le cuesta, pero confío que el coste de la aportación española al ESO se financie con un aumento presupuestario en consonancia con los retornos científicos y tecnológicos de la inversión, y no se detraiga de otros gastos en investigación, cuyas fuentes presupuestarias se vayan a ver mermadas, como ha sucedido frecuentemente en el pasado. El crecimiento en ciencia, debe ser global, para serlo realmente.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en la revista Astronomía, como 'Editorial', en Abril de 2006, pag. 3)

22 febrero, 2006

A LOS DIOSES ROGANDO Y CON EL SÍLEX DANDO...

Los chimpancés están muy cerca evolutivamente de los humanos. En el 2005 se comprobó que compartimos con ellos algo más de un 96% de nuestro ADN y, según parece, nuestras líneas se separaron hace sólo unos siete millones de años. Muy cerca, más de lo que muchos creíamos, de lo que el mismo Darwin imaginaba o de lo que los creacionistas temen.

Así, son capaces de usar palos alargados para comer hormigas o termitas. Es decir, emplean elementos de su entorno (tras seleccionarlos) para mejorar sus posibilidades naturales de actuación. Incluso modifican manualmente estos elementos para hacerlos más precisos, más útiles. Fabrican herramientas.


Chimpancés comiendo hormigas mediante un palito en el Zoo de Barcelona. (A. López)

No somos, pues, la única especie dotada para desarrollar esa habilidad. Dicha capacidad, de hecho, ha sido constante en los homínidos, desde siempre. Pese a que la industria lítica más antigua —hallada en la región de los Afar, en Etiopía— no parece ir mas allá de los 2,8 millones de años de antigüedad, ya se ve en ella signos inequívocos de que los que la crearon ya conocían los rudimentos de las técnicas de talla. Antes debieron haber utensilios perecederos de madera o hueso.

Probablemente, una de las diferencias de los homínidos con respecto a sus antecesores fuera la de ser capaces de ir fabricando mejores herramientas con la ayuda de otros útiles, con el fin predeterminado —y cultural— de optimizar sus prestaciones. Ello les facilitaba luchar contra sus limitaciones naturales. ¿Cuándo fueron capaces de elaborar una teoría al respecto? ¿Cuándo se dio el salto a la creación de la tecnología, entendida como el conjunto de teorías y de técnicas que permiten un mejor aprovechamiento práctico del conocimiento sobre nuestro entorno?

Quizás adquirieron dicha capacidad en algún momento de hace algo más de un millón y medio de años, pero ello no implica que la misma encontrara un marco adecuado e inmediato para su expresión. ¿De que eran capaces las poblaciones de homínidos que surgieron de África en esa época y se extendieron por el mundo? No es una respuesta fácil. Los Homo sapiens, tras muchas decenas de miles años sobre la Tierra, sólo ha sido capaz de alcanzar la Luna hace poco. De habernos extinguido antes, no habrían quedado pruebas físicas de que podíamos hacerlo.

¿Tenían esa capacidad también las poblaciones neolíticas? Sin duda, pero les faltaba el contexto adecuado en el que desarrollarla. ¿Y los neandertales?...

Un caso sorprendente de distancia entre la capacidad que se supone a ciertos homínidos y los restos líticos que encontramos en sus yacimientos es el de las poblaciones que vivieron en Europa hasta hace unos 600.000 años. En esa época aún hallamos restos de una industria sencilla llamada Modo I (o Olduvayense, cuya fabricación no parece que estuviera estandarizada), cuando en África ya usaban el Modo II (o Achelense, con una elaboración más compleja, por fases), que había surgido todo un millón de años antes, con la aparición de los Homo ergaster.

Bifaz achelense, procede de un yacimiento superficial de la provincia de Valladolid, en el valle del Duero. (Comuna de Wikipedia)

No sabemos cuando se desarrolló la capacidad de averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas —lo que el diccionario entiende como conocimiento—, pero ese es un paso necesario para la creación de la verdadera tecnología, como creación cultural humana, capaz de pensar en modelos. Y de esa verdadera tecnología, creo que tenemos la primera prueba pura con el Modo II, aunque el Modo I se acercara. Fueron seguramente estas herramientas las culpables del gran desarrollo de las poblaciones que las usaron en el Paleolítico inferior en África y en el medio en Europa, según Desmond Clark o Eudald Carbonell.

Con el llamado Modo III (o industria Musteriense), de época de los neandertales, se elaboraron ya instrumentos mucho más especializados —y con una cierta complejidad— según cada necesidad. Nada servía para cualquier cosa. Sin duda, eso ya era una auténtica tecnología, en el camino de la actual.

Alfonso López Borgoñoz

(Sección 'Pretérito imperfecto', revista mensual Tecnociencia nº 2, abril 2006)

01 febrero, 2006

YA SE ACERCA...

Un paso más. Nos vamos acercando poco a poco a la respuesta a una vieja pregunta de muchos de los que pertenecemos a nuestra especie, quizás —incluso— la cuestión ya se hubiera planteado anteriormente y se remonte a los tiempos en que las noches estrelladas africanas empezaron a fascinar a los primeros homínidos capaces de emocionarse con ellas. ¿Habrán seres como nosotros viviendo allí fuera?

Desde dioses hasta marcianos malignos, los seres humanos han asociado el más allá de la bóveda celeste, desde siempre, con la solución (o el agravamiento) de todos nuestros problemas, esperanzados y aterrorizados por la magnificencia de la visión del cielo. O, simplemente, curiosos por saber si hay seres semejantes, con otras historias, en otros mundos —o seres diferentes, con historias parecidas—.

Algo más de diez años después del hallazgo del primer planeta extrasolar en 1995, ya somos capaces de detectar planetas unas cinco veces mayores que el nuestro. E incluso somos capaces de detectar cometas en torno a otras estrellas, tal como se publica este mismo mes en las noticias. El siguiente paso será la localización de un planeta tres veces mayor, después dos veces, después uno...

Rafael Rebolo ya nos comentaba recientemente en Astronomía los métodos para encontrar exoplanetas y la importancia de su estudio. Tras leerlo, si era de noche, uno sentía la tentación de salir a la ventana y observar la bóveda celeste, con una mirada interrogativa.

Todo va muy rápido. Parecía que no era sino a mediados de la próxima década que sería posible el ver mundos de tamaños tan ‘minúsculos’ como el del nuestro, pero nos vamos aproximando. ¿Será en este 2006? No creo. Quizás en el 2007 o, mejor, en el 2008. Pero está al caer...

Ya se han encontrado unos 160 planetas en otros sistemas estelares, más bien extraños en su mayoría. Pero algunos de ellos son muy similares a nuestros Júpiter y Saturno. Seguramente, las primeras ‘tierras’ extrasolares serán cuerpos que nos planteen muchas dudas, pero a medida que los descubrimientos avancen, iremos encontrando mellizos cada vez más parecidos. El telón de la respuesta a si la vida es necesaria cuando las condiciones son adecuadas o fruto de un azar que se da pocas veces, y si la inteligencia (cualquiera) es sólo una cuestión de tiempo y mutaciones o una rareza en todo un Universo, está a punto de alzarse. Posiblemente, las primeras respuestas —provisionales, como siempre en ciencia, pero basadas en datos comprobables—, ya las empezaremos a tener a finales del primer cuarto de este siglo. Que viaje. Es de noche. Debo salir a ver el cielo de nuevo.

Y, para acabar el mes, el miércoles 29 de marzo, un nuevo eclipse de Sol, esta vez parcial en la península Ibérica. No será el anular del pasado octubre, pero la mitad de nuestra estrella será tapada por la Luna. Una buena ocasión, de nuevo, para maravillarnos con la naturaleza que nos rodea, más allá de los cada vez más estrechos límites de nuestra atmósfera.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado, algo reducido por espacio, en Astronomía, editorial, pág. 3 Marzo de 2006)