17 mayo, 2009

LAS BRIGADAS INTERNACIONALES EN EL CASTILLO DE CASTELLDEFELS

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18 marzo, 2009

SOBRE NÚMEROS Y EL UNIVERSO. Comparando el Cosmos observable con la vida cotidiana

Nunca ha sido fácil para ningún ser humano el adentrarse en el mundo complejo de las cifras que se suelen dar en el ámbito de la astronomía. Cuando, en ocasiones, doy alguna charla sobre temas relacionados con el Cosmos veo cómo el público asistente acoge con una cierta frialdad los datos que se proporcionan en cuanto a tiempos y distancias, así como a las velocidades.

Esto no es raro. Y no únicamente porque vivimos en una sociedad en la que el mundo de las cifras parece cobrar sólo sentido cuando se habla de economía, sino porque incluso los que nos dedicamos a la divulgación (también, supongo que los astrónomos más renombrados) somos muchas veces incapaces de imaginarnos exactamente qué implica en cuanto a tamaños lo que decimos.

Vivimos en una sociedad que, pese a los avances que se han realizado en el conocimiento y en la tecnología, sigue siendo normalmente anumérica, con un escaso sentido crítico ante las cifras y con un cierto nivel de ignorancia sobre ellas.

¿REALMENTE NOS MOVEMOS?

La primera sorpresa suele surgir cuando se mide la velocidad a la que nos movemos por el Universo. Hay un primer cálculo sencillo, que es el de la velocidad de la rotación terrestre por el ecuador. Ésta es fácil de calcular ya que, en principio, surge de dividir 40.000 km (que es aproximadamente lo que mide el círculo máximo de nuestro planeta) entre 24 horas, que es el tiempo en que tarda en dar una vuelta completa.

Esta sencilla operación nos dice que el movimiento de rotación es de unos 1.669 km/hora o, lo que es igual, unos 464 m/seg. Cada segundo (y, obviamente, todos los días a todas horas), un habitante de la zona media del planeta gira hacia el este cerca de medio kilómetro. Cuando se sienta a descansar cinco minutos en un banco un habitante de Colombia, por ejemplo, se mueve, en realidad, casi 140 km.

La cosa mengua al ir hacia el norte o hacia el sur. Cada paralelo, a medida que nos vamos acercando a los polos, va midiendo menos, por lo que allí la velocidad de giro también es menor.

Si esta velocidad parece elevada, la cosa aún aumenta si calculamos la velocidad a la que la Tierra gira en torno al Sol en su movimiento de traslación. Para hacer el cálculo más sencillo, supondremos que nuestra órbita es redonda y que la distancia media al Sol es de 149,5 millones de kilómetros, lo cual es básicamente correcto.

Después, por la sencilla fórmula 2pr, calcularemos la longitud de dicha órbita, que es una especie de circunferencia. En este caso multiplicaríamos estos 149,5 millones de kilómetros por 6,28, lo que nos da una longitud, aproximada, de 939 millones de kilómetros. Esa distancia es la que nuestro planeta recorre anualmente. Dado que la duración media de un año es de 365,24 días (lo que hace que cada cuatro años debamos añadir un día a los bisiestos para que nos cuadren las cuentas), pasado a horas nos da 8.766 horas. Si dividimos la longitud de la órbita entre dichas horas, nos resulta una velocidad de traslación de 107.118 km/h o, lo que es igual, 29,8 km/seg (también cada segundo del año, todos los años).

Pero éstas, aunque sorprendentes para la mayoría, no son las únicas velocidades que nos afectan, ni las más rápidas. Para acabar podemos señalar la velocidad de giro de nuestro Sistema Solar alrededor del centro galáctico, que es de unos 245 km/seg. ¡Si están sentados, agárrense bien a la silla!

Es decir, vivimos en una especie de centrifugadora que se desplaza a toda velocidad por el espacio. Y hay más movimientos, dado que nuestra galaxia, evidentemente, no está quieta y se dirige hacia un misterioso “gran atractor”, conjuntamente con todo el llamado Grupo Local (nota 1).

¿Y LA LUNA DE LOS POETAS?

La Luna, la tranquila Luna, gira en torno a la Tierra a 1 km/seg y su rotación es de 4,626 m/seg. La relación gravitatoria con nuestro planeta ha conducido a ambas velocidades, las cuales son la causa (o el efecto) de que siempre veamos la misma cara de nuestro satélite.

Viendo esta rapidez, uno intuye que, si no fuera por la inercia, la dificultad de llegar a la Luna estribaría, en primer lugar, en cazarla en vuelo y, dada la velocidad de la Tierra, en volver después a nuestro mundo.

Pero se pueden hacer más consideraciones al respecto. ¿A qué distancia está la Luna? La media es de 380.000 km (lo que implica que a veces está más lejos y a veces más cerca). Pero eso, a algunos, nos dice poco, si no podemos evaluar el dato con algo que esté más en nuestro pequeño mundo diario.

Es como el precio de algunos pisos o la estupidez de algunos colegas, sabemos que es enorme pero es difícil hacerse una idea con precisión si sólo tenemos una cifra. Vale la pena el efectuar alguna comparación.

Para ello, usaremos una esfera, que simulará la Tierra, de un metro de eje (diámetro). En este caso concreto, y de una forma intuitiva, ¿a qué distancia se situaría la Luna? (pensemos, además, que nuestro satélite en este caso tendría un eje de sólo unos 27 cm).

Por lo general la gente la suele ponerla a un par de metros de distancia, lo sumo a tres. Sin embargo, si tenemos en cuenta que el eje de la Tierra mide unos 12.000 km, ello implica que la distancia media entre la Luna y nosotros es de 31,67 veces el eje terrestre, por lo que en realidad, si multiplicamos dicho eje de un metro por 31,67 deberemos situar a la Luna a 31,67 metros de distancia. Y eso es mucho, si nos molestamos en comprobarlo, especialmente si vemos nuestra pequeñita esfera lunar y la algo mayor terrestre (un balón playero muy hinchado).

¿Y el Sol? Bueno, el Sol sería en este caso una enorme circunferencia, que mediría 3,66 veces la distancia media entre la Luna y la Tierra (es decir, 1.390.000 km en el mundo real y 115,9 m en este ejemplo), y estaría situado a cuatrocientas veces la distancia que nos separa de nuestro satélite, lo cual equivale en este caso a situar a nuestro Astro Rey a 12,7 km. Mucho, pues.

Cifras enormes, pero que podemos hacer pequeñas de golpe si nos fijamos en nuestra leve atmósfera, cuya envoltura respirable tiene sólo unos 10 km de altura (no llega, pero la que indico es una distancia fácil de recordar), lo cual es sólo 0,00083333 veces el eje terrestre. Muy poco. Una distancia que es fácil hacerla en un paseo largo.

En nuestro ejemplo anterior, si el eje de la Tierra mide un metro, su atmósfera mediría sólo 0,83 mm. Si la Tierra sólo fuera una enorme naranja de un metro de eje, su piel sería más fina que la de una manzana. Y su superficie igual de lisa (o más).

FACTORES DE ESCALA, TAMAÑOS Y EXPONENTES

John Allen Paulos menciona que un hombre es a un virus como la distancia que hay entre Alfa Centaurus y el propio hombre. Los tamaños son importantes en las cosas (especialmente en ciertos momentos) y, no obstante, muchas veces carecemos de la capacidad de sorprendernos ante las enormidades del Universo.

Un ejemplo claro lo tenemos en los exponentes, para mucha gente, hablar de un 10 exp. 20, 10 exp. 21 o 10 exp. 22, es prácticamente lo mismo. Parece como si la diferencia entre dichas cifras fuera pequeña. Y, sin embargo, no lo es. La diferencia es enorme.

La primera de ellas es sólo la décima parte de la segunda y ésta, a su vez, es sólo la décima parte de la tercera, por lo que se puede deducir, sin dificultad, que la primera es sólo la centésima parte de la tercera o, lo que es lo mismo, se necesitan cien veces un objeto del tamaño de la primera cifra para ocupar el espacio señalado por la tercera. Para muchos esto es obvio matemáticamente, pero es posible que nunca hayan reflexionado en exceso sobre lo que implica en cuanto a proporciones.

Si nos da por medir en metros el Cosmos, vemos que el Sistema Solar (que imaginaremos meramente como la distancia entre el Sol y Plutón (sin contar ni al cinturón de Kuiper ni a la más lejana Nube de Oort) mide unas cuarenta unidades astronómicas, lo que es igual a casi 6 x 10 exp. 12 m (es decir unos 5.982.955.240.000 m).

¿Y cuán grandes suelen ser las galaxias? Ello es más difícil de definir. Si vemos las cifras que se nos dan, vemos que una galaxia como la nuestra mide de diámetro 30 kiloparsecs (kp), lo que es igual a 10 exp. 21 m; la de Andromeda (M 31) mediría 50 kp, o sea 1,5 x 1021 m y la del Triángulo (M 33), algo más pequeña, sólo 2,1 x 10 exp. 20 m. Podemos suponer que las galaxias típicas miden, entonces, de diámetro, entre 10 exp. 20 y algo más de 10 exp. 21 m. Podemos pensar que las diferencias entre unas y otras son pequeñas y, en cambio, lo que en realidad nos indican es que hay galaxias que son la décima parte, o menos, que otras. Es decir que en el interior de las que miden 10 exp. 21 m, cabrían diez de las que miden 10 exp. 20 m.

Una pregunta a los lectores podría ser cuántos sistemas solares como el nuestro cabrían, en línea, en una galaxia del tamaño de 10 exp. 20 m y en una que mida 10 exp. 21 m. En el primer caso, la respuesta sería unos 17 millones y en el segundo, ¡unos 170 millones!. Y, no obstante, cuando volvemos a comparar el radio de 6 x 10 exp. 12 m del Sistema Solar y el diámetro galáctico de 10 exp. 21 m nos siguen sin parecer que sean tan diferentes...

Pero podemos seguir subiendo de tamaño, ampliando la escala. ¿Cuántos metros de diámetro mide el llamado Grupo Local? Se calcula que, aproximadamente, unos 3 millones de años luz, lo cual viene a ser 3 x 10 exp. 23. No es tanto, podemos pensar, si lo comparamos con el tamaño de una galaxia de las grandes, 10 exp. 21 m, y en cambio ¡es una enormidad! Es, sólo en línea recta, unas veinte veces el diámetro de la de Andromeda, unas treinta el de la nuestra y unas trescientas el de la del Triángulo. Y no sólo eso, al ser un volumen, el espacio interior cubierto sería muchísimo más elevado (ver apartado siguiente sobre volúmenes).

Ampliando algo la vista, pasemos a ver el diámetro del Universo observable. Las cifras, claro está, son aún mayores. Pero el cálculo es difícil, los últimos descubrimientos del telescopio espacial han ampliado notablemente nuestro horizonte de visión y parece ser que lo observable debe estar algo por encima de 10 exp. 26, que es más o menos diez mil millones de años luz (hay alguna galaxia que se supone está a unos 13 mil millones de años luz, pero ello no altera significativamente nuestras cifras). La siguiente potencia, 10 exp. 27, nos hablaría de una distancia de más de cien mil millones de años luz. Como se ve, sólo una potencia más (que sigue sin parecer tanto), y ya es una medida completamente imposible según nuestra actual concepción de cómo es el Universo. Cabrían, en línea recta, 1.000.000 de galaxias de las de 10 exp. 20 m.

Un último dato, un núcleo atómico mide 10 exp. -14 m y un átomo entero, unas diez mil veces más 10 exp. -10 m. Esa diferencia no está mal. Si comparamos ahora la primera de dichas medidas, con las del Universo observable, 10 exp. 26, vemos que hay una gran diferencia en la potencia pero, sin embargo, no parece que estemos hablando de dos cosas con unos tamaños tan absolutamente alejados.

VOLÚMENES

Pese a que el volumen también cuenta en todos los niveles, los datos que estamos señalando son lineales normalmente, en base a los diámetros de los objetos.

Como es obvio, si tenemos en cuenta los volúmenes, las cifras se disparan aún más, pero no creemos que valga la pena señalarlos aquí cuando hablamos del Sistema Solar o de galaxias, pero, sin duda, sí hemos de mencionarlos al hablar del Grupo Local o del Universo observable.

Si suponemos a ambos una forma esférica, el Grupo Local tendría un volumen de 2,7 x 10 exp. 68 m3 y el Universo observable de 7,8 x 10 exp. 78 m3 (en el primer caso, la cifra sería de un 1 con 68 ceros detrás y en el segundo caso, serían 78 los ceros que seguirían al 1). Ello implica que en el Universo caben 10.000.000.000 de asociaciones galácticas del tamaño de nuestro Grupo Local. Casi nada.

EL TIEMPO

Las consideraciones en torno al tiempo suelen ser también complicadas. Así, por la experiencia, nos cuesta pensar en un espacio que se dilata y expande (dado que ello no ocurre en el mundo que nos rodea) y, sin embargo, no nos parece causar mayor asombro que el tiempo pase sólo en un sentido, que las causas tengan efecto “algo después”, etc. Parece como si el tiempo se expandiera, si bien, aunque es fácil el que uno pueda desandar sus pasos en el espacio, ello no es posible en el tiempo.

Pero esos pensamientos no son el objeto de este artículo, lo que nos interesa es tratar de comprender qué implican las grandes cantidades de tiempo que han pasado desde el Big Bang, así como lo que aún queda por suceder. A la mayoría, cifras como diez mil millones de años, mil millones de años e incluso cien millones de años, le suenan básicamente igual, a mucho tiempo transcurrido, pero, como veremos hay grandes diferencias a tener muy en cuenta...

Vamos a tratar de ir hacia atrás pensando en algo que nos pueda dar una idea de cambio producido y que, al mismo tiempo, nos sea vagamente familiar. Pese a que el tiempo que nos separa de la construcción de las pirámides es sugerente (algo más de cuatro mil años), hemos de pensar que no es mucho, por lo que no nos sirve. La aparición del hombre actual se produjo en África hace unos treinta mil años. También se nos antoja poco. Sumergiéndonos algo más podemos llegar hasta el surgimiento de los neandertales, esa especie emparentada con la nuestra que, parece ser, se expandió por Europa hace cien mil años. Pero también son excesivamente contemporáneos. ¿Los homínidos de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (Burgos)? Sus restos son de hace 300.000 años, pero no estoy seguro de que dentro de algunos millones de años los futuros paleontólogos sepan diferenciar con claridad sus restos en los museos de los de los conservadores actuales que los guardan.

Quizás el homo antecessor, también hallado en Atapuerca, y con una antigüedad superior a los 800.000, podría ser un buen dato. Probable antepasado de los neandertales y, quizás, de los humanos actuales, entre ellos y nosotros ya parece haber un salto evolutivo importante, pero sigue sin ser excesivo (¡y ello que entre dicho homo y los restos alojados en la Sima de los Huesos hay un mayor lapso temporal que entre estos últimos y nosotros!).

Vayamos más para atrás y lleguemos hasta el momento de la extinción de los dinosaurios, hace unos sesenta millones de años, con unos minúsculos mamíferos esperando su momento, medio agazapados.

Desde entonces, las cosas han cambiado mucho y nada es lo que era, ni las especies animales, ni el clima y ni tan sólo los mapas de la superficie de nuestro planeta (debido al movimiento de las placas tectónicas). Como es lógico, podemos esperar que las mismas variaciones se han de producir en los próximos sesenta millones de años.

Cuando llegue ese momento, y sin contar con la acción humana (nota 2), podríamos volver a tener dinosaurios dominando la Tierra. ¿Qué especies poblarán nuestro planeta en esa época tan lejana? Es inimaginable.

¿Y cómo serán nuestros descendientes? Si seguimos sin contar con nuestra posibilidad de alteración genética, y teniendo en cuenta el ritmo al que han ido surgiendo las especies de antropoides y homínidos en los últimos millones de años, quizás nos separen como mínimo de los seres ¿humanos? que procedan de nosotros unas ciento veinte especies intermedias, unos ciento veinte pasos evolutivos, cada uno con su inteligencia, que creen sus civilizaciones y que den paso a otras especies. Y si controlamos la genética de forma eficiente, ¿a qué nuevas especies humanas no darán paso las mutaciones de ingeniería que nosotros seamos capaces de establecer? Tal vez más de ciento veinte, también. El resultado de todo ello serán unos seres cuya “humanidad” difícilmente seamos capaces de reconocer.

Sesenta millones dan para mucho. Cuando lleguen, no les será fácil hallar nuestros restos, ni diferenciarlos de los que nos han precedido ni de los que nos seguirán. No creo probable que nadie lea ya el Quijote (quizás ni tenga capacidad para entender las sensaciones que emanan de dicho texto), ni sea capaz de emocionarse con la despedida de Héctor en La Ilíada, que a nosotros nos parece tan próxima (pese a narrarnos una historia de hace cerca de tres mil años). Serán más diferentes de nosotros que nosotros lo somos de los chimpancés, de los gibones o de las musarañas. Mucho más.

Sin embargo, cuando llegue ese tiempo futuro, sus científicos, al referirse al fin del mundo, cuando un enorme Sol, creciendo como gigante roja se engulla nuestro planeta, dentro de cinco mil millones de años, también dirán que aún quedan por pasar cinco mil millones de años y, así mismo, dirán que la Tierra nació hace unos 4.500 millones de años, como nosotros.

Es decir, desde la perspectiva de la naturaleza, desde la perspectiva del nacimiento del Universo, del Sistema Solar, de la Tierra o del final de estos cuerpos, esos sesenta millones de años, o el doble, son indiferentes.

Y eso es el tiempo, algo que se desliza rápido, aunque no sepamos bien qué es, y que nos separa del pasado por el telón más inamovible que se pueda jamás llegar a crear.

El tiempo y la vida

Pensemos que el surgimiento de la vida pluricelular en la Tierra aconteció hace sólo unos quinientos o seiscientos millones de años. Sólo. La vida unicelular, que surgió hace unos 3.750 millones de años, vivió tranquila durante más de 3.000 millones de años, hasta que ese subproducto suyo, la vida pluricelular, empezó a desarrollarse. Pero, la verdad, es que ese residuo evolutivo, tan absurdamente complejo, apenas inquieta a las bacterias dado que, pase lo que pase, ellas son, muy posiblemente, las reinas ciegas de la creación.

Nuestro mundo se formó hace unos 4.500 millones de años, lo cual implica que hasta que surgió la vida tal vez pasaron “sólo” ochocientos millones de años. No parece mucho cuando nos movemos en estas cifras, pero, claro, cabe más de trece veces el tiempo que nos separa de los dinosaurios y unas mil veces el que nos separa del homo antecessor.

Tiempo mayúsculo y minúsculo

Los inicios del tiempo y del espacio, con la Gran Explosión, tuvieron lugar en un lapso de tiempo no bien establecido, que está sobre los 12.000 millones de años (aunque pudiera haber sido mucho más o mucho menos, según el criterio de datación que se escoja, variando entre unos diez mil millones y unos quince mil millones, nada menos).

Entonces tuvieron lugar una serie de sucesos muy rápidos, que tampoco describiremos, pero que implican una teoría que empieza sus explicaciones a partir del llamado tiempo de Planck, que es igual a 10 exp. -43 segundos, es decir 0,0000000000000000000000000000000000000000001 segundos. Una fracción de tiempo igual que la que necesitamos para... no se me ocurre ningún ejemplo, por breve que sea, ya que todos son mucho más largos.

LAS MEDIDAS DEL SISTEMA SOLAR

Un ejercicio que siempre resulta divertido es el tratar de hacerse una idea sobre las distancias reales que separan entre sí a los planetas de nuestro Sistema Solar, en base a modelos a escala.

Como todos sabemos, en los mapas se suelen sacrificar siempre las escalas de distancia, con el ánimo de que en ellos quepan todos los planetas. El problema es que esto suele conllevar la creencia en un Sistema Solar mucho más pequeño de lo que en realidad es.

Así, hemos elaborado una serie de tablas que esperamos permita a los lectores el poder establecer, de forma razonable, comparaciones entre los distintos cuerpos mayores que pueblan nuestro sistema.

En la tabla I, lo que hemos hecho ha sido dar el valor de la unidad a la distancia al Sol, diámetro y masa de la Tierra y, sobre esa base, calcular, por comparación, cuáles son las distancias, diámetros y masas del resto de los cuerpos de nuestro sistema.

TABLA I: Distancia, diámetro y masa de diferentes cuerpos del Sistema Solar, contando la distancia Tierra-Sol como 1, así como el diámetro y la masa de la Tierra como 1 también (haga click sobre la tabla para ampliarla).

En la siguiente tabla lo hemos querido complicar un poco más. Y así, hemos tratado de establecer todas las medidas en base a la comparación con el diámetro terrestre. Para ello hemos dividido todos los diámetros y distancias del Sistema Solar por dicha cifra.

TABLA II: En base a la hipótesis de un planeta Tierra de sólo 1 m de diámetro, cálculos de las distancias relativas medias al Sol, diámetros y perímetros de los planetas del Sistema Solar, así como de otros objetos de interés, como el Sol y Ceres. Todos los datos "relativos" son los que sirven para facilitar las comparaciones (haga click sobre la tabla para ampliarla).

Diámetro relativo: diámetro del planeta/diámetro terrestre; Distancia (Dist.) al Sol relativa: distancia al Sol/diámetro terrestre y Longitud ecuador (Long. ecuad.) relativo: long. ecuador/diámetro terrestre.

Complicándolo un poco más, si cabe, podemos calcular lo mismo para los satélites más conocidos del Sistema Solar y así nos surgen los datos que presentamos en la tabla III:

TABLA III: En base a la hipótesis de un planeta Tierra de sólo 1 m de diámetro, cálculos de las distancias relativas medias al planeta al que orbitan, diámetros y longitud de su ecuador de los satélites principales del Sistema Solar. Todos los datos, una vez divididos por el diámetro terrestre, se pueden transformar en metros, para mayor claridad (haga click sobre la tabla para ampliarla).

Diámetro (Diám.) relativo: diámetro del planeta/diámetro terrestre; Distancia al planeta (Dist. plan.) relativa: distancia al planeta/diámetro terrestre y Longitud ecuador (Long. ecuad.) relativo: long. ecuador/diámetro terrestre.

* Los datos sobre Caronte son aún dudosos.

UN DIDÁCTICO SISTEMA SOLAR EN MINIATURA

Para hacer más comprensibles las medidas de las tablas, vale la pena el situarnos con un mapa de nuestro pueblo o ciudad (mejor, de la comarca) y empezar a señalar las distancias en él. No elegiremos ninguna ciudad en concreto, dejando a la imaginación del lector ubicar los diferentes puntos donde corresponda en relación a su medio geográfico cercano.

Así, situaremos mentalmente un monumento esférico que tenga el tamaño del Sol en el centro de alguna plaza mayor. Si el tamaño del diámetro de la Tierra fuera de 1 m (como un especialmente gigantesco balón playero), nuestra estrella sería entonces una enorme esfera de casi 109 m de diámetro (un edificio de más de 35 pisos de altura y la anchura de un campo de fútbol, o mucho más del doble del tamaño de la cúpula de la catedral de San Pedro, en el Vaticano). El ecuador de dicha esfera mediría unos 342 m.

En este caso, Mercurio estaría situado a una distancia de unos 4,54 km y Venus a unos 8,48 km. Sus diámetros serían de 38 y de 95 cm y la longitud de sus ecuadores de 1,20 y de 2,98 m.

La Tierra mediría el metro de diámetro que hemos comentado y se situaría a casi 12 km. Su ecuador, que en condiciones normales mide cerca de 40.000 km, se vería reducido a sólo 3,14 m. La Luna, que en la realidad está a 384.000 km, ahora la tendríamos a poco más de 30 m, con un diámetro de 27 cm y con un ecuador lunar de 0,86 m. Probablemente, a muchos, si miden lo que digo, les sorprenderá el dato de lo pequeño y enormemente lejano que está nuestro satélite. Vale la pena comprobarlo. Para hacernos una idea, sería tener una esfera de 1 m en la calle (nuestro planeta) y encima de una terraza, diez pisos por encima, un balón de fútbol, que sería nuestra Luna.

Marte ya empezaría a alejarse más. Con un diámetro de sólo 0,5 m, la mitad que la Tierra, su ecuador mediría 1,67 m y estaría situado a casi 18 km. Sus minúsculos satélites Fobos y Deimos, con unos diámetros de 2,1 y 0,4 cm, y con unos ecuadores que medirían, respectivamente, sólo 0,07 y 0,025 m, estarían muy próximos al planeta, a 0,74 y 1,84 m, aproximadamente.

El minúsculo asteroide Ceres, que sin embargo es el mayor de su tipo, estaría a 32,4 km, con un diámetro de 7 cm y un ecuador de un cuarto de metro.

Después vendrían los dos planetas gigantes de nuestro sistema, los únicos que se pueden comparar algo (lejanamente) al Sol, Júpiter y Saturno. Estarían separados de nuestra estrella por casi 61 km el primero y por casi 112 el segundo, sus diámetros serían de 11,21 y de 9,45 m y sus ecuadores medirían 35,21 y 29,69 m cada uno.

Los satélites conocidos como “galileanos”, Io, Europa, Ganimedes y Calisto, tendrían en los dos primeros casos un tamaño semejante al de la Luna, siendo algo más grandes los otros dos, cuyo ecuador mediría algo menos de metro y medio (superiores al de Mercurio y Plutón en el caso de Ganimedes). Sus distancias orbitales de Júpiter, respectivamente, serían de 33,05, 52,59, 83,88 y 147,62 m. Sin embargo, la fuerza gravitatoria de este planeta es tal, que su acción se nota en, por ejemplo, su satélite Sinope (que no figura en la tabla), al que con sólo un diámetro de 0,3 cm lo mantendría en una órbita muy elíptica a una distancia media de casi 2 km.

Los cuatros satélites de Saturno que hemos elegido para la comparación son más pequeños que los de Júpiter, excepto en el caso de Titán, el segundo satélite por tamaño del Sistema Solar, que también es mayor que Mercurio o Plutón, y que se hallaría a casi 91 m de Saturno. Los otros, Mimas, Encélado y Rea, están a más 14, 18 y 95 m de Saturno, con unos tamaños que nunca pasarían del cuarto de metro. Febe, a un kilómetro, sería otro pequeño satélite muy alejado del gigante anillado.

Urano y Neptuno son los dos últimos planetas de tipo gaseoso. Su lejanía del Sol ya sería considerable, ya que en el primer caso estaría a 225 km y en el segundo a 352 km. Sus tamaños serían inferiores a los de los dos cuerpos citados antes, ya que quedarían reducidos a 4 y 3,88 m de diámetro y sus ecuadores respectivos medirían 12,59 y 12,20 m.

Tritón, el satélite de Neptuno, sería el único algo grande de entre los satélites de Urano y Neptuno, con un tamaño menor que el de la Luna, y se hallaría situado a casi 28 m de Neptuno, según este modelo. Los pequeños satélites de Urano que hemos seleccionado son Miranda, Titania y Oberón, situados a 10, 34 y 45 m del planeta al que orbitan, y con un diámetro que iría desde 0,04 m, en el primer caso, a 0,12 m en los otros dos.

El último planeta de nuestro sistema, el aún casi desconocido Plutón, estaría ya muy lejos, mucho, a más de 463 km, con un diámetro de tan sólo 18 cm, lo cual nos da un ecuador de algo más de 0,5 m. Su también minúsculo satélite tendría un diámetro de 0,09 m y una longitud en su ecuador poco más de un cuarto de metro. Su pequeña distancia de Plutón, que no ha permitido hasta hace poco el fotografiarlos separados, sería de más de metro y medio.

A partir de aquí la atracción gravitatoria del Sol sólo se ejercería sobre los “nidos” de cometas, es decir, el llamado Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort. El primero estaría a 500 km de media y el segundo a una distancia media de ¡más de 2.000.000 km! (seis veces la distancia que separa en la realidad a la Luna de la Tierra).

Por último, la estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, está a unas 270.491 unidades astronómicas de distancia (unos 4,3 años luz) y, sin embargo, en nuestro modelo a escala, estaría a unos 3.010.808 km de este Sol de casi 109 m de diámetro. ¡Serían como dos campos de fútbol, situados a una distancia similar a la que nos separa de Venus!

A MODO DE EPÍLOGO

Es posible que el lector haya experimentado un cierto vértigo al ver las cifras. Quizás, incluso, haya notado esa rara sensación en su interior que muchos sentimos al contemplar las primeras imágenes sobre cielo profundo que tomó el Telescopio Espacial.

La maravilla de las matemáticas, incluso en un nivel tan sencillo como el que aquí hemos visto, es que nos permiten, si se usan adecuadamente, establecer modelos lógicos (adaptados a la escala del cerebro humano) sobre el Cosmos que nos rodea. Gracias a dichos modelos podemos adentrarnos más fácilmente en el conocimiento de las cosas y, al hacerlo así, apreciarlas de forma más profunda.

Creo que fue Leonardo da Vinci quien escribió que sólo se podía amar de verdad aquello que se conocía. Es por eso que, seguramente, los mejores textos que el hombre pueda llegar a escribir surgirán a medida que vayamos adentrándonos en la lectura racional del libro del Universo.

Alfonso López Borgoñoz

(Versión ampliada del texto publicado en la revista Universo, en el mes de mayo del año 1999)

NOTAS

1. El Grupo Local lo compone una treintena de galaxias, la mayor parte de las cuales se halla alrededor de la nuestra, de la del Triángulo (M 33) y de la de Andromeda (M 31).


01 diciembre, 2008

BUENAS NOCHES Y BUENOS CIELOS

Tras una década escribiendo los editoriales de esta revista, justo desde que Tribuna de Astronomía y Universo se fusionaron, ha llegado el momento de cambiar algo de rumbo. No siempre, tras tantos años, uno sabe bien qué comentar sin repetirse algo. ¡Y si sólo fuera algo...!

Es tiempo de ceder con cariño este espacio a un nuevo autor, con nuevas ideas que puedan encender más y mejor, desde esta primera página, el interés por la astronomía y la astronáutica de los y las que la leen. Especialmente en este 2009, cuando tenemos por delante muchas actividades en conmemoración de nuestra ciencia y cuando estamos a punto de celebrar, en julio, la llegada del hombre a la Luna hace cuarenta años.

Los gravísimos problemas motivados por los bajos presupuestos dedicados por los gobiernos -central o autonómicos-, así como por las empresas, a la educación y a la investigación ya han sido discutidos y es seguro que nos van a lastrar en el futuro. En tiempos de crisis, más que nunca, hay que pensar en que la relación entre conocimiento (científico) y desarrollo está más que demostrada. Y más si queremos que éste último sea sostenible y justo para toda la humanidad.

El avance de las ciencias del espacio continúa dependiendo en exceso del trabajo en aplicaciones concretas más que de nuestros deseos de aprender. Vamos sabiendo cada vez más, es cierto, pero menos de lo que podríamos con otro tipo de planteamientos por parte de los responsables últimos de la industria espacial. Eso sí, tenemos una gran esperanza en lo que vamos a poder contemplar pronto desde ventanas casi mágicas como la que en breve será plenamente operativa en La Palma.

Decíamos en enero de 2001 que creíamos en la belleza e importancia de la exploración del Cosmos, aunque no fuera estrictamente útil, y rememorábamos a Kavafis ‘Si vas a emprender el viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento (...) Ten siempre a Ítaca en la memoria (...). Más no apresures el viaje (...) . Aunque [al llegar] pobre la encuentres, no te engañará Ítaca. Rico en saber y vida, como has vuelto, comprendes ya que significan las Ítacas’.

Marchamos paso a paso. El que algunos gobiernos oculten ya su inversión en investigación espacial para la guerra implica que, al menos, les da vergüenza llamarla por su nombre. Quizás, con el tiempo, les dé vergüenza el gasto en sí. Seamos optimistas, aunque la jactancia con la que algunos publicitan estas inversiones no invite a la alegría.

Recordando a Walt Whitman, he pensado siempre que valía la pena gozar todo lo que pudiera del Universo, mirando todo lo lejos que fuera capaz, tratando de captar el espacio ilimitado que nos rodea. Pese a mis muchos errores y descuidos, me voy contento con el trabajo realizado y con la revista, así como con una enorme confianza en el futuro que le aguarda a la misma y a nuestra afición.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en la revista Astronomía -Tribuna de Astronomía y Universo- en enero de 2005. Mi último editorial en ella)

30 noviembre, 2008

MÁS LEJOS...

Me comentaba en el año 1995, en una carta muy amable, Félix García-Castañer, cuando era director del Centro Europeo de Operaciones Espaciales de la Agencia Espacia Europea, que, si se ponía en relación lo imaginado en la película “2001, Una Odisea en el Espacio” y la realidad de ese año 2001, cuando llegara, “un resultado probable de tal comparación será el que la realidad se ha orientado más a las aplicaciones que a la exploración y colonización del espacio por el hombre”.

He vuelto a releer su carta, y otras, el día antes de enviar este texto, cuando ya el tiempo me apremiaba y debía escribir para este primer número de la revista del año, del siglo y del milenio, momento en que parece que la voz se ha de tornar especialmente grave y pausada, y la mirada lánguida, escrutando un futuro que, como siempre, es demasiado esquivo para poder ser contemplado.

En realidad, volviendo al mítico film, no sé si la película no hablaba ya de un futuro de aplicaciones más que de exploración. Recordemos que el hallazgo del segundo monolito se produce durante una serie de trabajos más o menos rutinarios sobre nuestro satélite y que el último viaje (bueno, el penúltimo) tiene lugar como consecuencia de ese descubrimiento.

Creo que las aplicaciones son necesarias, y que el conseguirlas buenas quizás es más complicado que la exploración en sí misma. Los ingenieros, como me dijo una vez Josep Amat –profesor de la UPC-, no sólo tienen que hacer ciencia de la mejor, sino que además deben hacer que funcione. Obtener cosas realmente útiles tiene tanto de exploración, sin duda, como el conseguir las inútiles.

El problema es que creo que García-Castañer no hablaba tanto de las aplicaciones entendidas como ampliación del conocimiento tecnológico, sino como una rutina mediocre abotargada que todo lo inunda (lo seguro antes que probar suerte con lo desconocido).

Particularmente, sigo viendo la belleza del conocimiento y de la exploración aunque no sean estrictamente útiles. Sin duda, nunca se ha de perder de vista que las cosas tienen un coste y que deben tener un retorno socialmente válido para todos, pero no puedo dejar de recordar ahora los versos de Kavafis en los que dice “Si vas a emprender el viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento (...) Ten siempre a Ítaca en la memoria. Llegar allí es tu meta. Más no apresures el viaje. (...) Ítaca te regaló un hermoso viaje. Sin ella el camino no hubieras emprendido. Mas ninguna otra cosa puede darte. Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca. Rico en saber y vida, como has vuelto, comprendes ya que significan las Ítacas”.

La isla a la que se debe llegar siempre es a la de la aplicación final -desde una perspectiva social-, pero lo hermoso –a escala individual- está en el mismo viaje. Tal vez el emprender esos trayectos inciertos debiera ser nuestro destino, al menos es lo que algunos quisiéramos. Y no es tiempo perdido, ya que sin viajes e ilusiones individuales, quizás no hayan retornos sociales.

Muy posiblemente, la mejor manera que tenga de saludar a este 2001, que tímidamente y sin ruido ya ha llegado, es, como decía en uno de sus discos Lluís Llach, al rememorar él también a Kavafis, el de tratar de ir más lejos, siempre mucho más lejos.

Alfonso López Borgoñoz
(Editorial Tribuna de la Astronomía y Universo, enero 2001, primer número de todo un milenio)

04 noviembre, 2008

SOÑANDO MUNDOS

Acaba el año 2008, y llega en seguida el año de la astronomía... y el cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna...

En diciembre de 2009 se cumplirán cuatrocientos años justos desde que Galileo descubría cuatro nuevos mundos orbitando otro planeta (los satélites de Júpiter) y cuarenta años ya en julio desde que Neil Armstrong pisara el suelo lunar.

Nuevos mundos, nuevas posibilidades. El ansia de conocer otras realidades ha sido constante en el ser humano. La curiosidad, en ocasiones, no fue todo lo positiva que debiera haber sido, pero probablemente también era irrefrenable.

En esa línea, muchos vamos siguiendo, casi nerviosos, los resultados que, cada poco, nos van llegando de las investigaciones sobre otros sistemas solares. ¡Hace sólo poco más de diez años que atisbábamos esos planetas y ya nos parece que los descubrimientos van demasiado poco a poco!

Los avances, que parecen tímidos y reiterativos en ocasiones (otro mundo, otro cinturón de asteroides, otro eclipse lejano –muy lejano-...) son en realidad pasos muy importantes en la consolidación del conocimiento que tenemos sobre los llamados exoplanetas. Minúsculos datos que surgen a veces, de improviso, sirven para afianzar o hace caer pequeñas hipótesis sobre dichos cuerpos, que a veces, obligan a reajustar marcos conceptuales más amplios.

Y todo ello a la espera del siguiente paso, cada vez más cercano, que será el de captar otras tierras y sus atmósferas.

¿Habrá otros mundos como el nuestro? ¿Será la vida necesaria? Los resultados de la búsqueda de la misma en nuestro propio Sistema Solar, sin ir más lejos, son desalentadores. No creo que sea fácil que surja, pero probablemente tampoco que se mantenga a largo plazo. Un planeta cuyas condiciones varíen mucho con el paso del tiempo, una gravedad diferente, una mayor o menor lejanía del Sol (que afecta a la existencia de agua líquida), la falta o exceso de presión atmosférica, la falta –incluso- de ozono y de otros gases que evitan la llegada de radiaciones no deseables desde el espacio (como la ultravioleta), marcan algunas de las limitaciones (hay más) que nos hacen ver que algo tan intrascendente como meramente esperar este próximo fin de año sea casi un milagro y tal vez una rareza cósmica mucho menos frecuente de lo que nos pensamos. La inteligencia debe ser aún menos frecuente. Y la inteligencia bien aprovechada, aún mucho menos.

Como Galileo, hace cuatro siglos, estamos empezando a descubrir nuevos mundos. Tal vez nunca pongamos el pie en ellos, pero, no lo olvidemos, nadie nos podrá quitar el placer de tratar de llegar a conocer su existencia y de haber soñado el pasear por ellos, aprendiendo muchas cosas al desvelar sus secretos.

Alfonso López Borgoñoz

(publicado en la revista Astronomía, en diciembre de 2008)

07 octubre, 2008

SEMANA DE LA CIENCIA 2008

Llega de nuevo, a mediados de noviembre, la Semana de la Ciencia, una conmemoración que, durante unos días, tratará de acercar a la calle la Ciencia y la Tecnología, esas grandes desconocidas para la mayoría, cuyo conocimiento (y aún el mero contacto intelectual) muchos suelen tratar de rehuir ya desde la época escolar.

Y, sin duda, deben volver las actividades a ella asociadas porque, para qué negarlo, la gente (con cargo público o sin) vive mayoritariamente de espaldas a las mismas, aunque ambas estén con nosotros todos los días, desde el teléfono móvil ó los satélites, hasta las medicinas, las nuevas energías o los nuevos materiales, o nuestros propios vehículos.

Casi parece absurdo celebrar algo que está tan presente. ¿Se imagina alguien una semana del coche o de la televisión? No parece que tengan sentido, pese a la crisis, dada su presencia pública constante. Sin embargo, pese a que la investigación goza, junto a sus resultados, de un lugar a nuestro alrededor mucho más continuo e importante, ello no se suele ver ni valorar. Por ello debemos recurrir a apoyarla, festejándola un poco, para recordar su existencia y facilitar la comunicación de sus avances, así como para estimular su recuerdo y preservación, como igual sucede con algunas especies en peligro de extinción o con algunas grandes cuestiones humanitarias. Curioso.

También vale la pena que comentemos los presupuestos públicos del estado para el 2009. La verdad es que, por una vez, alegra el que, pese a la crisis, se vaya a seguir apostando económicamente por la investigación, aunque en menor cuantía de lo que merece (si hubiera más inversión privada, quizás no sería tan completamente imprescindible el aumento sostenido del gasto público en esta materia en España). Por lo que creemos, no se van a recortar los presupuestos dedicados a ella y, así, los fondos para la investigación, desarrollo e innovación civil crecerán un 6,7% con 8.191 millones de euros (cantidad sensiblemente menor al aumento que experimentó en el 2008, en el que se llegó al 17,4%) La crisis finalizará, como todas, y sin duda, será el conocimiento (y nunca su ausencia) el que nos saque, antes o después, de ella.

Por cierto, ¿qué mejor inicio para esta Semana de la Ciencia y para el Año de la Astronomía, que recordar que los principios del telescopio que usó Galileo tal vez fueran un hallazgo de un gerundense llamado Joan Roget a fines del siglo XVI y no de artesanos holandeses? En esta revista veremos como la posibilidad de que el ingenio óptico que revolucionó la astronomía surgiera nuestro país es algo más que una hipótesis incierta al haber datos que la hacen muy probable.

Alfonso López Borgoñoz
(Publicado en la revista Astronomía, página 5, en su editorial de noviembre de 2008)

26 agosto, 2008

EL ESPACIO SIGUE LLAMANDO...

“Se buscan hombres para un viaje peligroso.
Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad.
Peligro constante. No se asegura el retorno con vida.
Honor y reconocimiento si se tiene éxito”
(Texto de Shackleton, buscando tripulación para su expedición a la Antártida)


No es fácil atraer al público al mundo del conocimiento. Sin embargo Shackleton, pese a su desolador anuncio publicado en la prensa británica de hace un siglo, consiguió llenar sin problemas su barco hacia el Polo Austral con un montón de voluntarios.

Escribo este comentario ante la noticia de los miles de inscritos en toda Europa para acceder a una de las cuatro plazas de astronauta que la Agencia Espacial Europea ha sacado a concurso este año. De momento, la primera criba ya la han superado cerca de mil personas. Muchas aún para las vacantes que se ofrecen... Las pruebas, pues, deberán continuar sin bajar el listón.

¡Qué afición tenemos los humanos por enfrentarnos a nuevos retos, aunque en ello nos vaya la vida! La arqueología y la historia nos han legado las proezas de muchos valerosos marinos fenicios, griegos, chinos, portugueses, españoles, franceses e ingleses (y de otros muchos países) que conocían los detalles de su salida pero poca cosa más... Aunque en muchos casos había ansia de oro, no hay duda que los expedicionarios tenían otros medios en su época para conseguir dinero. Partir por mar hacia la nada nunca fue para ninguno de ellos la opción más sencilla...

Cuesta alejarse de la pasión por el Cosmos, aunque se vaya reduciendo el presupuesto que se destina a su exploración. Algo más de cincuenta años después del Sputnik, para muchos el Universo sigue siendo el mismo lugar fascinante al que saben que, pese a todas las dificultades, hay que seguir yendo.

Es por eso que los nuevos intentos, imaginativos y participativos, que nos siguen acercando a la aventura de la conquista del espacio son siempre bienvenidos.

Destaca en ese afán el intento el próximo jueves día 9 de octubre de lanzar un millar de microcohetes por miles de escolares de toda Europa (España incluida, claro), tras haber preparado ellos mismos los pequeños ingenios voladores. La actividad se hace en conmemoración del décimo aniversario de la Comunidad de Ciudades Ariane, una asociación sin ánimo de lucro -que preside el español Juan de Dalmau-, cuyo objetivo consiste en ayudar al desarrollo de las ciudades, como Barcelona o Madrid, que contribuyen a las actividades relacionadas con el cohete Ariane.

No sé si es necesario ni si vale la pena volver a la Luna o ir a Marte, como no sé si vale la pena saltar más alto en las Olimpíadas. Pero sé que, al igual que seguirán cayendo los récords en atletismo, estaremos en ambos mundos vecinos en este siglo, a poco que se pueda...

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Astronomía el 1 de octubre de 2008, como Editorial)

07 julio, 2008

NO HAY PASO PEQUEÑO, SI ES CONSTANTE

La pérdida de estudiantes en las carreras de ciencias y tecnología en toda España en los últimos años empieza a ser un problema. Y posiblemente grave, aunque sus efectos no los notaremos en breve, aunque sí a medio plazo. No es la primera vez que lo comentamos, pero la apertura de cada nuevo curso escolar y la lectura de algunas estadísticas nos lo imponen. Es un goteo lento pero firme, al que no ha frenado mucho la mayor presencia de la mujer en todos los ámbitos de la vida universitaria.

La caída en el número de personas que tratan de estudiar estas materias ha motivado, además, una reducción en la nota que se precisa para acceder a las mismas. Sin duda, ello no implica por fuerza una pérdida de calidad (si el mantener un flujo en los y las que aprueban no obliga al profesorado a bajar el horizonte de conocimientos que se debe requerir al considerar la aptitud de nadie para un título), pero tampoco ayuda a mejorar el nivel.

Así, no parece fácil que la confianza, débil, de la mayor parte de empresas e instituciones públicas en la importancia de invertir en ciencia y tecnología para el desarrollo y la innovación vaya hacia arriba. Si la gente no elige estudiar estos temas, es fácil entender que a la hora de presupuestar inversiones en ello los entes que deciden sean reticentes. La ciencia y la tecnología, su interés, puede que cada vez se vaya viendo más lejano para la mayor parte de los habitantes de España, en todos los ámbitos, pese a vivir en un mundo extraordinariamente tecnificado y científico.

El problema es que ya no va a bastar con el que inventen ellos (o ellas, claro). Cada vez hay menos ellos en todo el mundo, salvo en los llamados países emergentes. El mismo problema de falta de ‘vocaciones’ científicas y tecnológicas en la juventud se da en todos los países desarrollados, incluso en Japón. De entrada, es más fácil, rápido, con menor esfuerzo y menos incierto el ganar más dinero en otros ámbitos.

Por eso, como indicamos en el título de este escrito, no hay paso pequeño, si es constante. Y de ahí que a partir de este mes empecemos en nuestra revista a poner en su portada el logotipo del Año Internacional de la Astronomía 2009, de cuya organización somos miembros de su Nodo Nacional y en la que colaboramos activamente.

Es casi un deber celebrar la ciencia, sus logros, en cada ámbito, así como recordar, mes a mes, cómo hace cuatrocientos años, en momentos mucho más complejos, Galileo, Kepler y muchos otros supieron estar a la altura de las circunstancias, aceptando que lo que podían comprobar era lo que debían defender. No sólo es ciencia, es también política. Y de la buena.

Alfonso López Borgoñoz

(publicado en la revista Astronomía, como editorial, en Septiembre de 2008)

07 junio, 2008

AMNISTÍA INTERNACIONAL. EL PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS

"Sin el trabajo de organizaciones como Amnistía Internacional, el mundo sería un lugar mucho peor"
Francisco Reardon, defensor de los derechos de los presos en Brasil.
"Amnistía Internacional está presente cuando muy poca gente está dispuesta a continuar estando“.
Ray Chioto, periodista de Zimbabwe detenido y torturado.
“Soy consciente de la cantidad de veces que me habéis salvado la vida y habéis hecho posible nuestro trabajo”
Wangari Maathai, Premio Nóbel de la Paz 2004, dirigiéndose a todos los miembros de Amnistía Internacional.

DEMASIADO IMPORTANTE...
En una escena de la película Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?[1], uno de sus personajes, el general estadounidense Ripper, explicaba a un capitán, lo que pensaba sobre el arte de la guerra:
“Mandrake, recuerde lo que dijo Clemenceau sobre que la guerra era demasiado importante para dejarla en manos de los generales. Cuando dijo esto, hace cincuenta años, seguramente tenía razón. Pero hoy en día la guerra también es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. No tienen ni el tiempo, ni los conocimientos ni la inclinación para dedicarse a la estrategia”.
No sé si la frase sobre la guerra es de Clemenceau. De hecho, creo que no. Pero tengo la impresión de que algunas cosas que se enuncian en la frase de Ripper puede que sean ciertas, aunque por motivos diferentes a los suyos y con unas conclusiones que apuntan en un sentido completa y totalmente opuesto.

Sin duda, la guerra es algo demasiado importante para dejarla sólo en manos de los altos mandos del ejército, y también en la de sus mandos bajos. También es demasiado importante para delegarla en manos sólo de arqueólogos, botánicas, bomberos o catadoras de vinos. Y como es evidente, también es lo suficientemente importante como para no dejarla en manos solamente de los políticos y de las políticas.

La guerra es cosa de todos, ya que la acabamos pagando todos, y muy cara.

Pero también la paz (y las condiciones de la misma) es demasiado importante como para dejarla sólo en las manos de ningún colectivo concreto. Es cosa de todos y todas.

Así mismo, también tiene suma importancia el trabajo por la mejora de la base sobre la que se asienta el difícil y complejo entramado jurídico que nos relaciona con los estados y con los gobiernos que los rigen (cualquiera de ellos).

Nos afecta a todos y todas. Son la base de nuestra relación personal con el mundo. Todas esas reglas y cuestiones (y las decisiones sobre ellas) son algo demasiado importante para que decidan sobre las mismas sólo gobiernos, militares o ciclistas, sean del color, religión o tipo que sean.

Y es lógico que nos preocupemos. Los y las que gobiernan, sea cual sea su origen, y desde siempre, no han parecido muchas veces tener —tal como decía Ripper en la frase mencionada— ni el tiempo suficiente, ni los conocimientos adecuados ni la inclinación necesaria para resolver bien todos los problemas que la defensa de unos mínimos derechos básicos implican, ni para sus compatriotas ni, mucho menos, para los habitantes de otros países...

La suma de sus preocupaciones (muy variadas y complicadas) y su sistema de priorización, no siempre ha guardado una relación directa con la defensa de los intereses concretos de una gran mayoría de las personas de todo el mundo, aunque quizás sí en casos concretos de su propio estado.

NO NACEMOS EN UNA COMPLETA DESNUDEZ… (DEL TODO)
Antes de la Declaración Universal de Derechos Humanos los seres humanos nacíamos en total desnudez, sólo con nuestras manos. Básicamente, en la mayor parte de países del mundo, sólo éramos una mera mano de obra para los y las que controlaban el poder. Cada estado regulaba las vidas de sus habitantes según creía pertinente y según la relación de fuerzas que sustentaba al grupo dominante.

Ahora la cosa ha cambiado algo. Aunque de momento levemente, hasta que no funcione de verdad el Tribunal Penal Internacional y sus sanciones se apliquen.

Seguimos naciendo sin ropa, sí, pero cargamos en el momento de la palmadita en la espalda ya con una mochila invisible, tal vez el regalo más grande que las anteriores generaciones nos hayan legado (nunca ha sido más cierta esa frase que se atribuye a Newton acerca de que si vemos más lejos, es porque estamos subidos a hombros de gigantes), ya que nazcamos donde nazcamos, desde el más puro inicio, tenemos una serie de derechos inalienables.

Si alguna vez vienen algunos de esos marcianos malvados de serie B con pinta de escarabajo, ¿qué enseñarles para demostrarles que teníamos algo por lo que ser salvados? ¿la muralla china? ¿las pirámides? ¿nuestros conocimientos sobre mecánica cuántica o sobre la relatividad de Einstein? ¿la teoría darwinista de la evolución? Quizás lo mejor sería la Declaración universal de Derechos Humanos y algunos de los múltiples tratados conexos, con todas sus regulaciones, y que pese a sus múltiples defectos (que se deben pulir) nos tratan de mostrar con una gran parte de nuestra dignidad y cuyo respeto posibilitaría que todos nos pudiéramos sentir seres humanos.

Porque, quizás, eso es lo que nos hace personas en el ámbito social, nuestros derechos.

Como vemos, la correcta mejora de la regulación de estos derechos por todos y todas es algo demasiado importante. El contenido de esa mochila, nos afecta a nosotros y a vosotras, y a nuestros descendientes, ya para siempre.

Si me preguntan que libro me llevaría a una isla desierta, siempre contesto que El Quijote, aunque no se si un manual sobre cómo construir barcos sería más adecuado. Pero si hubiera dudas sobre si realmente estaba habitada o no, llevaría sin duda la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que sus principios, muy probablemente, serían la mejor manera de asentar las bases sobre las que entablar una relación.

UNA VELA EN LA OSCURIDAD
Tal vez fuera por todo ello (y más cosas) que Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional (que lamentablemente falleció hace ahora poco más de un año, el pasado 25 de febrero de 2005), y una larga serie de gente que colaboró con él desde el principio, empezaron a trabajar hace 45 años (en 1961). En realidad, su trabajo había empezado antes, pero en ese año se asentaron las bases de la que creo fue una gran idea.

Vieron, como hemos dicho al principio, que no sólo la guerra, sino también la paz y todos los derechos más básicos y fundamentales contenidos en la carta de los Derechos Humanos, que se había aprobado en las Naciones Unidas hacía sólo 13 años, eran una competencia de todos y cada uno de nosotros, y que esa preocupación era indelegable.

No sólo cuando se ejercía en favor de la propia causa, sino, especialmente, cuando con nuestra débil luz tratábamos de iluminar la vida de nuestros semejantes.

Pero no sólo vieron eso, se apercibieron de que o nos mojábamos todos y todas, o nadie se iba a preocupar mucho porque todo pasara del papel jurídico a nuestras vidas y a las del resto de los seres humanos.

Había que presionar a los gobiernos y a todos y todas los y las que podían violar los enunciados del derecho humanitario de forma constante, e investigar para saber qué estaba pasando. Se precisaba gente que empujara y unos investigadores y unas investigadoras independientes que pudieran llegar hasta la información y transmitirla.

DERECHOS EN LA ENCRUCIJADA
Cabe recordar ahora algo obvio, y es que, como sé que todos sabemos, la lucha por la regulación del poder, contra los antojos de la fuerza, ha sido constante desde los inicios de la humanidad. Lo es incluso en el colegio... La búsqueda de la mayor seguridad jurídica, que es lo que viene determinado por un mundo en el cual el derecho prevalece, ha sido siempre un ideal, que ha guiado a cientos de generaciones.

Así, un antiguo código como el de Hamurabi, o el conocido precepto bíblico del ‘ojo por ojo, diente por diente’, tal vez fueran un avance en su momento, ya que suponían un control de la venganza del poder. Por cada diente, sólo un diente. Por cada ojo, sólo un ojo. No era bueno, pero tal vez fuera mejor que nada (es decir que el o la que más poder tenía, decidiera en cada caso cuantos dientes u ojos).

Aunque ahora no parece ser el tiempo de reivindicarlo, con una guerra indefinida contra un terror indefinido en marcha, el derecho —mejor o peor—, cuando es respetado, es desde hace miles de años la única fuente de seguridad para todos los seres humanos que tratan de huir de la arbitrariedad[2], tal como se recoge en numerosos tratados, como en el artículo 7[3].1 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales “Nadie podrá ser condenado por una acción o una omisión que, en el momento en que haya sido cometida, no constituya una infracción según el derecho nacional o internacional. Igualmente no podrá ser impuesta una pena más grave que la aplicable en el momento en que la infracción haya sido cometida”[4].

También es preciso indicar como los diferentes derechos se han ido arrancando al poder en una dura pugna a lo largo de muchos siglos por gentes de todo el mundo, en la búsqueda de un mínimo de seguridad y dignidad. El paso del concepto de vasallo al de ciudadano, fue muy importante en este contexto, y la luces de la Ilustración ya alumbraron los primeros principios de derechos inalienables de los seres humanos frente a sus estados, a fines del XVIII.

Por último, señalar en este apartado que los derechos humanos son fruto de una lenta elaboración y de una definición más o menos concreta, para la que se precisaba de un consenso amplio entre los y las que los redactaron y los y las que los defendían, y de una aceptación posterior por muchas estados para poder ser utilizables como tales (consensus omniun gentium).

Pensemos que los derechos humanos son Derecho, con mayúsculas, y no principios éticos personales de quien o quienes los sustentan, y por ello discutibles. Tampoco son principios religiosos concretos. Y tienden a tratar de buscar la universalidad, el consenso intercultural, como única manera de extenderlos entre todos los humanos.

Resulta lógico que fuera necesario, para poder luchar por esos derechos, el tratar de definirlos de la forma más certera y más universal. El problema dejó de ser filosófico o religioso, para pasar a ser jurídico.

Un paso muy importante en este avance fue, precisamente, el de los principios enunciados en la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), dado que la misma supuso un importante cambio en la perspectiva internacional del trabajo sobre derechos humanos. Cierto que después cada uno de sus artículos precisaba un ulterior desarrollo normativo posterior, como pasó, por ejemplo, con la tortura. Pero era un primer paso firme a partir del cual seguir avanzando.

Según esa declaración, los seres humanos no solo tenían derecho frente a sus propios estados, sino que los tenían frente a todo simplemente por ser seres humanos, independientemente de donde vivieran o de las circunstancias geográficas o culturales en las que hubieran nacido[5]. Sus derechos fundamentales eran inalienables y eternos.

Tal como señala Michael Ignatieff[6], esta declaración forma parte de una amplia reorganización del orden normativo internacional tras los horrores que se vivieron durante la segunda guerra mundial:
“Antes de la segunda guerra mundial, sólo los Estados eran sujetos del derecho internacional. Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, se otorgó a los derechos de los individuos un reconocimiento jurídico internacional. Por primera vez, a los individuos —fuera cual fuese su raza, religión, género, edad o cualquier otra característica— se les garantizó unos derechos que podían oponer a las leyes estatales injustas o a las costumbres opresivas”
Nuestros derechos, a partir de ese momento, nos eran comunes a todos, y, seguramente, debíamos defenderlos entre todos. No sólo dentro de las fronteras de cada estado, sino también fuera.

La declaración era, sin embargo un pacto entre estados, ¿podrían los estados avanzar en la defensa de estos principios ellos solos?

LOS INICIOS DE AMNISTÍA INTERNACIONAL.
DERECHOS HUMANOS, DERECHOS DE TODOS, EXIGIBLES POR TODOS
Tras aprobarse la Declaración Universal de Derechos Humanos, los avances fueron más o menos rápidos en algunas partes y en algunos temas, y muy lentos en otros. Para mucha gente en los años cincuenta, hacía falta un mecanismo, más allá de los estatales o paraestatales, que permitiera ejercer una presión para que su implantación en todo el mundo se fuera dando a un ritmo aceptable

Y tal vez valga la pena hacer aquí ya un poco de historia, muy breve, sobre los inicios de Amnistía Internacional para entender un poco mejor como esta organización es lo que ha llegado a ser hoy y avanzar un tanto más en entender el porqué del importante papel de las organizaciones no gubernamentales en la defensa de los derechos humanos.

Todo, de hecho, empezó con una campaña a la que se le dio el nombre de “Llamamiento por la Amnistía, 1961” (Appeal for Amnesty, 1961), que fue iniciada por Peter Benenson conjuntamente con Eric Baker y el abogado Louis Blom-Cooper, teóricamente de un año de duración, que se lanzó el 28 de mayo de 1961 mediante un artículo firmado por Benenson titulado The Forgotten Prisoners (Los Presos Olvidados[7]), publicado inicialmente en el periódico británico The Observer[8], que empezaba así:
“Abra el periódico —cualquier día de la semana— y encontrará una noticia sobre cualquier lugar del mundo en el que alguien está encarcelado, está siendo torturado o va a ser ejecutado porque sus opiniones o su religión son inaceptables para su gobierno. Hay varios millones de tales personas en prisión (...). El lector siente una desagradable sensación de impotencia. Pero si estos sentimientos de rechazo que experimentan personas de todo el mundo pudieran unirse en una acción común podría hacerse algo eficaz.”

Después, recordaba los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos en los que se habla de libertad de pensamiento, conciencia y religión, así como a la libertad de opinión y expresión. Señalaba que el problema no era que ese derecho estuviera recogido en una Constitución, sino que se impidiera su ejercicio. Era necesaria la actuación de personas independientes, muchas, todas las posibles, para lograr un real avance en la posibilidad de disfrutar en todo el mundo de esos derechos.

Se definía por primera vez a los llamados prisioneros y prisioneras de conciencia, la base del trabajo de la nueva entidad en aquel momento, como cualquier persona sobre la que se ejerciera un control físico (por encarcelamiento o por otras maneras) por haber expresado (en cualquier forma de palabras o símbolos) cualquier opinión que él honradamente mantuviera y que no abogara o justificara la violencia personal.

Finalmente, el texto acaba con la siguiente frase:
“El éxito de la campaña de amnistía de 1961 depende de cuan rápida y poderosamente sea posible conseguir el apoyo de la opinión pública. También depende de la amplitud de su composición, de que sea internacional en su carácter y políticamente imparcial en su dirección (...). Cuánto se puede conseguir cuando los hombres y mujeres de buena voluntad se unen se pudo ver durante el año mundial de los refugiados. Inevitablemente, la mayor parte de la acción (...) puede ser llevada a cabo sólo por los gobiernos. Pero la experiencia nos enseña que en materias tales como las presentes, los gobiernos están preparados sólo para seguirlas en el caso de que la opinión pública lidere el proceso. La presión de la opinión desde hace cientos de años consiguió la emancipación de los esclavos. Es ahora el momento para que los seres humanos insistamos en pedir la misma libertad para nuestras mentes que para nuestros cuerpos”[9].
El motivo concreto que llevo a Benenson a ello fue su indignación al leer un artículo en el mes de noviembre de 1960[10] por la condena a siete años de prisión —bajo la dictadura de Salazar— de dos estudiantes en Portugal... sólo por haber brindado en favor de la libertad en un café de Lisboa.
“Me empujó a actuar la lectura de un artículo sobre dos estudiantes portugueses que habían sido detenidos y condenados a prisión por brindar por la libertad en un restaurante de Lisboa. El hecho me enfureció tanto en ese momento que subí las escaleras de la iglesia de St Martins-In-The-Fields, tras salir del metro, y entré para ver que se podía hacer para movilizar a la opinión mundial.

Me di cuenta de que los abogados por sí mismos no tenían suficiente poder para influir en el curso de la justicia en los países no democráticos. Era necesario pensar en un grupo más numeroso de personas que aprovechara el entusiasmo de la gente de todo el mundo que estaba deseosa de que existiera un mayor respeto por los derechos humanos.

Hubo un tiempo en que los campos de concentración y los lugares infernales del mundo estaban en la oscuridad. Ahora están iluminados por la luz de la vela de Amnistía Internacional, la vela rodeada de alambre de espino. La primera vez que encendí la vela de Amnistía Internacional, tenía en mente el viejo proverbio chino: «Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad»“[11].

Como consecuencia de ello, y conjuntamente con Baker y Blom-Cooper, pensó que era necesario bombardear con cartas de protesta a la dictadura de Salazar, en las que se mostrara la posición completamente contraria a estos abusos por parte de gentes de todo el mundo, de personas individuales, sin nombres conocidos a escala internacional, independientes...

La pregunta —que se contestó afirmativamente al poco tiempo— era ¿podrían ser los presos de conciencia liberados sólo gracias al poder de cartas sencillas, enviadas de forma masiva? ¿podía una organización no gubernamental, independiente, que defendiera los mismos derechos en todas partes tener una influencia real en las condiciones de vida de gentes de todo el mundo?

Los objetivos que se proponían en su primer momento los tres impulsores del llamamiento por la amnistía eran relativamente sencillos, trabajar imparcialmente por la liberación de las personas encarceladas por sus opiniones, procurarles un juicio justo y público con las debidas garantías, ampliar el derecho de asilo, ayudar a los refugiados políticos a encontrar trabajo e instar la creación de mecanismos internacionales efectivos para garantizar la libertad de opinión.

Pronto, muy pronto, se obtuvieron más de mil muestras de apoyo a la idea de organizar campañas internacionales de protección de los derechos humanos. En sólo doce meses, la incipiente organización ya había enviado delegaciones a cuatro países para vigilar los derechos de los prisioneros y de las prisioneras, se había preocupado de doscientos diez casos y ya había organizado ramas nacionales en siete países diferentes. Diferentes grupos adoptaban presos y presas de conciencia concretos y presionaban por su liberación a los gobiernos.

¿Era ésa, como ya hemos visto al principio, una tarea sólo para los sindicatos, para los partidos políticos, para los gobiernos o las organizaciones gubernamentales? ¿Quién debía asumir la defensa de los presos y presas de conciencia, especialmente de los más olvidados, sin distinciones, en un mundo fuertemente dividido? ¿todos y todas?

Y no se trataba de suplir ni a los poderes civiles ni a los militares, sino sólo la de presionar, de forma conjunta.

Visto lo que se veía, y lo que se ve, en todo el mundo, y tal como venimos defendiendo, estaba claro que los derechos humanos era una materia demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos y las políticos que ejercían sus labores en los gobiernos o en la oposición.

Eran y son demasiado importantes para dejarlos en manos de las mayorías y de las minorías, o de los ejércitos regulares o de los grupos armados. Eran y son demasiado importantes para dejarlos en manos de cualquiera, de otros.

Para Irene Khan, actual secretaria de Amnistía Internacional, Peter Beneson “creía en la capacidad del ciudadano de a pie para generar un cambio extraordinario y con la fundación de Amnistía Internacional nos dio a cada uno de nosotros la oportunidad de hacer que las cosas cambien”. Según ella “en 1961, gracias a la visión de Peter Benenson, nació el activismo en defensa de los derechos humanos. En 2005, nos ha dejado como herencia un movimiento de derechos humanos de alcance mundial que no se extinguirá nunca”.

Esta acción se convertiría, tras una larga historia, en un movimiento de defensa de los derechos humanos de ámbito mundial y, en medio de todo, en una organización de alcance internacional —Amnistía Internacional—, en continua expansión y discusión sobre las bases de su trabajo, que se ha ocupado de varios miles de casos de víctimas de violaciones de derechos humanos y ha servido de estímulo a millones de personas en todo el mundo para defender los derechos humanos.

A MODO DE CONCLUSIÓN (aunque sólo de este texto, no de la lucha...)
Amnistía Internacional tiene el convencimiento que sólo fundamentando actitudes y conductos basadas en el respeto y la solidaridad, mediante la educación, es posible construir un mundo en el cual los derechos humanos sean más respetados.

Tal vez existen derechos indelegables, por más que muchos crean que no sólo se podían, sino que se debían delegar.

En la ceremonia conmemorativa del vigésimo quinto aniversario de Amnistía Internacional, Benenson encendió lo que se ha convertido en el símbolo de la organización, una vela rodeada de alambre de espino, y pronunció estas palabras:
“La vela no arde por nosotros, sino por todos aquellos que no conseguimos sacar de prisión, que fueron abatidos camino de la prisión, que fueron torturados, que fueron secuestrados o víctimas de ‘desaparición’. Para eso es la vela.”
Tal vez una de las mejores cosas que nos ha legado el siglo XX sea ver como la lucha de los no implicados y de las no implicadas ha servido de forma efectiva para mejorar las condiciones de vida de las víctimas de las violaciones de derechos humanos en todo el mundo.

Nosotros debemos impulsar la creación de normas de salvaguarda. Tal vez no ocuparnos del redactado, que debe ser de expertos, pero sí el impulso de aquello que la legislación internacional deba asumir y el control de lo que se escriba.

Siempre ha sido así, el derecho pone límites al poder sin límites, y a los que principalmente nos deben preocupar encauzar esos límites es a las personas normales

Tal vez los derechos humanos no deban ser idolatrados, ya que como todo derecho está y debe estar sujeto a revisión por ciudadanos de todo el mundo en cada momento. Según Isaiah Berlin, sólo puede recabarse un apoyo universal para ellos si su función se limita a proteger y mejorar la capacidad de los individuos para llevar las vidas que desean.

Para acabar volveré de nuevo a la frase de Ripper. Hoy en día la guerra continúa siendo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y de las políticas. Por lo que vemos en la llamada “guerra contra el terror”, sin duda, cada vez es más necesario que se alcen las voces independientes en defensa de los derechos humanos de las personas que, en todo el mundo y en nombre de dicha guerra, se ven privadas de sus derechos más básicos en la búsqueda de una seguridad que muchos millones de personas han perdido del todo por culpa de esa guerra.

Mientras se celebran cumbres sobre terrorismo y se es incapaz de definir lo que es ello, pero se está de acuerdo en emplear toda la fuerza para acabar con no se sabe qué, es preciso cada vez más la unión de todos en la defensa de los principios que emanan e la Declaración Universal de 1948 que aún sigue vigente y de muchos de los principios que en 1961 vieron nacer a Amnistía Internacional.

Según Jonathan Power “Quizá Amnistía Internacional no haya cambiado el mundo todavía, pero tampoco lo ha dejado tal como lo encontró”[12].

Alfonso López Borgoñoz,
Presidente de Amnistia Internacional Catalunya

(Texto de la conferencia pronunciada el 10 de marzo de 2006 en la Universidad de Barcelona en los cursos sobre Derechos Humanos del Institut de Drets Humans de Catalunya)

NOTAS
[1] Extraña traducción del título original del film Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the bomb, dirigida en el año 1964 por Stanley Kubrick,
[2] Ahí está una de las bases del razonamiento crítico de Amnistía Internacional a muchas de las actuales normas que se impulsan en algunos de los países occidentales, rompiendo con una larga tradición, ya que muchas de las nuevas prácticas pueden suponer el acabar con el Estado de derecho y la separación de poderes al asignar determinadas atribuciones fundamentales al ejecutivo. El miedo al terror puede acabar con el derecho. La organización ha expresado su profunda inquietud ante el hecho de que los ejecutivos traten de sortear la función de la policía, las autoridades fiscales y los jueces sin que haya un sistema eficaz de control y equilibrio. “Si no se acusa a las personas de un delito reconocible y se les garantiza íntegramente el derecho a ser juzgadas por un tribunal independiente e imparcial, el acceso sin trabas a todas las pruebas en su contra y el derecho a preparar una defensa completa y eficaz, no se podrá remediar la profunda injusticia y afrenta para los derechos humanos y el Estado de derecho que va a significar la promulgación de la Ley de Prevención del Terrorismo” ha manifestado Amnistía Internacional, en el caso de un proyecto de ley que se iba a aprobar en el Reino Unido.
[3] Cuyo enunciado es ‘No hay pena sin ley’.
[4] Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, de 4 de Noviembre de 1950, revisado en conformidad con el Protocolo n° 11 (Fecha de entrada en vigor 1 de noviembre 1998).
[5] Nada cae de un árbol, y se crea de golpe. Ni siquiera pasó eso con la célebre manzana de Newton y la ley de gravitación universal. De hecho, la existencia de unos valores y derechos mínimos universales se habían predicado desde siempre por diferentes religiones. El problema es que en tanto religiones, en tanto materia de fe, no eran propiamente universales. Tal vez lo primeros pasos en la búsqueda de unos derechos laicos, aceptables por todos (o no), pero sujetos a discusión, los tenemos en todo un movimiento que surge tras la conquista de América, que estudia los derechos de los nativos de las tierras recién descubiertas, que sigue con la Ilustración y las revoluciones burguesas, que continúa con los movimientos abolicionistas de la esclavitud y con los movimientos internacionalistas de trabajadores. En este caso, el paso dado es que es una Declaración Universal, aceptable en principio por todos, sin exclusiones, aunque puesta en práctica por nadie.
[6] M. Ignatieff “Los derechos humanos como política” pág. 31, incluido en M. Ignatieff “Los derechos humanos como política e idolatría”. Traducción de F. Beltrán Adell. Editorial Paidós. Barcelona, 2001.
[7] Los presos olvidados eran ocho, Agostino Neto (que después sería presidente de Angola), el rumano Constantin Noica, el estadounidense Ashton Jones, el sudafricano Patrick Duncan, el griego Tony Abiaticlos, el húngaro Mindszenty, el checoeslovaco Josef Beran, y el español Antonio Amat, un abogado encarcelado por tratar de formar una coalición de partidos democráticos en la España franquista. También se hablaba del caso de Tierno Galván.
[8] Pero no sólo se publicó en este diario. El diario francés Le Monde lo publicó de forma simultánea, y al día siguiente otros diarios lo reprodujeron, como The New York Herald Tribune (EEUU), Die Welt (RFA), Le Journal de Genève (Suiza), Politiken (Dinamarca) y Dagblatt (Suecia), así como posteriormente otros diarios de Holanda, Italia, Sudáfrica, Bélgica, Irlanda y la India. “Incluso en Barcelona, un periódico, asumiendo un riesgo con el régimen de Franco, mencionó su publicación” (pág. 163 de J. Power “Como agua en la piedra. La historia de Amnistía Internacional”. Trad. de F. Chueca. Editorial Debate. Madrid, 2001).
[9] En este artículo fundacional del 28 de mayo de 1961 se citaba el caso de un abogado español, Antonio Amat, que trató de crear una coalición de grupos democráticos y ha estado en prisión sin juicio, desde noviembre de 1958 y se mencionaba el proceso a Tierno Galván, entonces profesor de universidad y posteriormente, en la década de los setenta y principios de los ochenta, Alcalde de Madrid.
[10] J. Power op. cit. pág. 162
[11] Palabras pronunciadas por Peter Benenson en 1994, tomadas del vídeo: Peter Benenson appreciation [En agradecimiento a Peter Benenson]. Amnistía Internacional, 1994.
[12] Entrevista a Jonathan Power publicada en la sección ‘La Contra’, en la contraportada del diario La vanguardia, de 19 de enero de 2002.

03 junio, 2008

OBJETIVO: LA LUNA

El pasado 4 de octubre celebrábamos el quincuagésimo aniversario del lanzamiento del Sputnik. Un mes después, recordábamos a la perrita Laika y su breve experiencia espacial. En enero, le llegaba el turno al primer satélite estadounidense. Ya entonces comentábamos que valía la pena estar atentos, dado que muy a menudo, a partir de entonces, íbamos a poder recordar cada poco un acontecimiento asociado al nacimiento de la carrera espacial, dado lo rápido de su desarrollo en su primera década larga de historia.

Y mientras seguimos de vez en cuando, aunque ciertamente con menor énfasis, los diferentes eventos astronáuticos vividos hace medio siglo en la URSS o en los EEUU, una nueva conmemoración empieza a otearse en el horizonte, y es que estamos sólo a un año del cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Sí, hace de ello cuarenta años, ya.


Se inicia este verano una larga cuenta atrás que, en su momento, se vivió con una enorme intensidad por todos los aficionados al espacio, mientras se iban viendo cada poco los progresos estadounidenses y se pensaba en una hipotética reacción sorpresa procedente de la enigmática URSS.

Ha pasado mucho tiempo (más del que quisiéramos algunos, tal vez) y, sin embargo, muchos continuamos recordando con afecto algunos aspectos de aquella época (no todos, evidentemente), y seguimos viendo con admiración el programa Apolo, que entre el mes de abril de 1968 y el primer paso de Armstrong sobre la Luna el 20 de julio de 1969, pudo enviar al espacio seis misiones históricas como fueron las del Apolo VI (4/IV/1968, sin tripulación, para probar el cohete Saturno V), la del Apolo VII (20/X/1968), la del Apolo VIII (21/XII/1968), la del Apolo IX (3/III/1969), la del Apolo X (18/V/1969) y la del mismo Apolo XI (16/VII/1969). Todo a una velocidad de vértigo, con un hito del programa Apolo cada dos meses y medio, de media.

Como también sabemos, tras algunas pocas misiones más, no se ha vuelto a nuestro satélite. Cada cierto tiempo alguien (en EEUU, Europa o ahora en China) dice que dentro de una década -más o menos- volverá allí. Seguramente algún día eso será cierto.

Ahora tenemos más cercano en nuestro imaginario, quizás, a Marte. Por allí andan en estos momentos la reciente Phoenix Mars Lander y los robots exploradores Spirit y Opportunity. Dichas naves están sobre el planeta rojo para conocerlo mejor, pero también, de alguna manera, para preparar el siguiente paso que es el enviar seres humanos a pisar su superficie.

Quizás ese viaje sea innecesario, peligroso y, como mínimo, incómodo (un viaje muy muy largo, con frío y con carencia de oxígeno, gravedad y presión...). Sin embargo, aunque sé que muchos tal vez no estarán de acuerdo, a la larga, sin duda, deberemos ir allí, aunque parezca estúpido. E incluso espero que eso sea pronto. No es lo mismo ver fotos de una playa que estar en ella…

Alfonso López Borgoñoz


(Editorial Revista Astronomía, julio y agosto 2008)

28 abril, 2008

JUEGOS

La semana pasada quise comprar en mi ciudad un dominó, un juego de damas y uno de oca y parchís. No fue fácil. Juegos raros había muchos, pero los citados no los encontré con facilidad. Por suerte, en un bazar chino, había de todo.

Gracias a ellos (a los bazares chinos), puedo jugar con mi hija a juegos tradicionales de aquí, ya que en las jugueterías españolas, ahora, sólo hay juguetes hechos en China...

31 marzo, 2008

CARGA DOCENTE...

Un buen amigo, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña, me hablaba el otro día de lo curioso que era que al principal trabajo (según creo yo) de un profesor universitario, el enseñar, se le denominara normalmente como ‘carga’ docente.

Esta carga suele ser objeto, además, de debate sobre la cantidad de la misma que debe ‘soportar’ cada miembro del profesorado, dado que se considera que se debe tratar de reducir en aras de que los profesores o profesoras puedan realizar otras tareas, como las de investigación, que son las que realmente cuentan.

En un momento en que, como cada poco (casi cada año), se vuelve a tratar el tema de los cambios en la universidad española, resulta curioso comprobar cómo se va sofisticando más la evaluación del trabajo de investigación, con complicadas discusiones sobre métodos, y, sin embargo, sigue existiendo un vacío enorme en la evaluación de la calidad de la enseñanza (aunque reconocemos que su valoración no es sencilla). Sin embargo, lo peor es el sentimiento de que ello, para muchos, no parece tener mayor importancia...

Si bien la investigación es básica en el desarrollo de cualquier estado, y eso lo seguimos defendiendo sin dudarlo como siempre, no es menos cierto que la mejor formación para nuestros estudiantes no pasa por tener un profesorado sólo con una acreditada solvencia investigadora, que se pasen todo el curso de congreso en congreso (dejando, al carecer lógicamente del don de la ubicuidad, su carga docente a becarios u otros profesores), sino que más bien tiene que ver con sistemas en los que los investigadores trabajan en centros de investigación, según sus méritos, y en los que la posibilidad de enseñar se deje a aquellas personas que puedan acreditar unos méritos mínimos en el conocimiento de la enseñanza, en sí, universitaria y de cada materia en cada uno de sus múltiples apartados de conocimiento.

El problema -no sólo en España-, es la dificultad del acceso a centros de investigación pura -con una retribución digna- especialmente en algunas áreas. Es algo más fácil (pero sólo algo) tratar de ‘quedarse’ en la universidad una vez se han acabado los estudios superiores, tras pasar licenciaturas, postgrados y doctorados, así como años de becas de investigación (no de docencia, claro) entre sus paredes, con una paga muy mala.

Los buenos enseñantes que publican poco, no suelen valorarse en mucho (salvo excepciones), a veces incluso por el alumnado, ya que se suele valorar sólo de forma especial el estar con profesores de prestigio, grado subjetivo que se obtiene por lo general tras una fecunda labor investigadora. Y esa subjetividad nace, claro está, de la posibilidad de ‘medir’ un currículum vitae.

Lo positivo en la actualidad, no sólo aquí, es estudiar con un Premio Nobel, aunque éste no sepa hablar en público ni se aprenda gran cosa con él, y aunque su carga docente sea realmente soportada por un amplio equipo.

Alfonso López Borgoñoz

(publicado en 'Astronomía', como editorial en mayo de 2008)

25 febrero, 2008

SON ELLOS...

Es verdad que me repito. Pero no soy yo el principal contumaz. Son ellos. El aniversario del lanzamiento del Sputnik nos ha servido a muchos para ayudarnos a recordar (por si a alguno se nos había olvidado) la grandeza de una gesta maravillosa que sucedió hace cincuenta años y, también, en algún momento, la indisoluble unión que hay y ha habido siempre entre el desarrollo de la ciencia más avanzada y el de la tecnología de uso militar.

Como ya indicábamos en marzo, al hablar de los temores que para muchos representa el que los iraníes estén desarrollando su programa espacial para un doble uso (de paz y de guerra), los dos grandes progenitores técnicos directos de la carrera espacial, el ucraniano Korolev y el germanoestadounidense Von Braun, dieron sus primeros pasos prácticos en cohetería ideando misiles cuyos objetivos humanos no les eran ajenos en absoluto. De hecho, incluso Von Braun pudo comprobar el éxito de sus lanzamientos contra Londres, el cual fue apreciado incluso por el bando de sus bombardeados, que le dieron importantes cargos tras la guerra para aprovecharse de sus conocimientos.

Ni siquiera España es ajena a este juego. Nuestro gobierno hacía público en julio pasado que uno de los dos primeros satélites íntegramente españoles sería dedicado a su uso por el Ministerio de Defensa. No es que critiquemos la decisión, pero es curioso que la mitad justa del importante esfuerzo se dedique a defensa (y no una quinta o cuarta parte, por ejemplo, lo que hubiera estado más en sintonía con el presupuesto de la investigación militar con respecto a la civil en España).

No es que vivamos entre nubes de algodón, pero nos sigue molestando el comprobar, día a día, el que para todos los gobiernos, de todos los colores, el espacio no es sólo un importante ámbito de trabajo donde ampliar nuestro conocimiento y mejorar la vida de los hombres y mujeres sobre nuestro planeta, sino que, especialmente, es un lugar en el que ir poniendo en práctica diferentes estrategias para el control del mismo y de los que nos movemos bajo él.

Todo lo anterior viene a colación por haber visto en febrero como las autoridades estadounidenses derribaban su satélite espía USA 193, aparentemente fuera de control y con graves riesgos para los seres humanos si el mismo caía sobre la superficie terrestre por efecto de la hidracina que contenían sus depósitos. Para rusos y chinos (y otros), la excusa de su interceptación y destrucción no estaba tan clara. Temían que sólo fuera una prueba muy costosa (de entre 30 y 40 millones de euros) de destrucción de satélites desde tierra.

La verdad es difícil de saber, especialmente cuando sabemos que destrucciones similares ya las han hecho algunas de las potencias que acusan de ello a los EEUU. Ignoramos si la cantidad de hidracina era ahora de verdad más preocupante que en los otros casos de satélites que han ido cayendo (unos 328 en cinco años, según The New York Times), o si el miedo era sólo a que la tecnología cayera en manos rivales o si realmente era un simulacro de guerra de las galaxias...

De momento, muy poca claridad, más miedo y preocupación, y un nuevo montón de escombros inundando el espacio, con los graves riesgos de futuro cercano a ellos asociados. Confiaremos en que la destrucción del satélite haya sido un mal menor, pero se deberían establecer protocolos rígidos a nivel internacional para decidir estas cosas cuando seguro vuelvan a suceder en el futuro. Y hasta entonces, y como deseaba el jefe galo Abraracurcix, sólo nos cabe desear que el cielo no se caiga sobre nuestras cabezas.

Alfonso López Borgoñoz

(versión levemente ampliada del Editorial que se publicó en Astronomía, pág. 5 abril 2008)

China y los Juegos Olímpicos

Entrevista en El Periódico de Cataluna, pag. 45, domingo 24 de febrero de 2008

La situación de los derechos humanos en China, a seis meses del inicio de los Juegos Olímpicos, es vergonzosa.
La represión más brutal, la limpieza ética y étnica, la tortura, la pena de muerte, así como la falta de derechos laborales, sociales y culturales seguirán campando a sus anchas por el país, por los alrededores de la zona olímpica, quizás de forma poco perceptible para los viajeros, tal como ha sucedido durante la construcción de los enclaves deportivos, basados en el sufrimiento y en la violencia sobre los trabajadores y trabajadoras que los han levantado.

Sin duda, habrá una China orgullosa de lo que se ha hecho, pero sin duda también habrá otra que estará esperando de las autoridades de todo el mundo y de los visitantes (deportistas o no) que vayan a la gran nación asiática algo más que buenas palabras para con el gobierno.

Hace falta que todos tratemos de demostrar de forma palpable nuestro rechazo pacífico, sin ningún paliativo, al trato que los gobernates de ese país dan a sus gobernados.

¿Jugarán lo perros también en el más allá?

Se ha muerto Chip, el perro que vivía con mis suegros, casi a los 17 años.

Laura, mi hija de seis año, lo conocía, claro, desde siempre... Se quedó muy apenada y sólo espera que cuando ella vaya a la nube de los hombres muertos, pueda pasar a la nube de los perros muertos y volver a jugar con Chip, aunque sólo sea un esqueleto.

19 febrero, 2008

El País apto para cualquier cosa...

Preocupado por la puesta a la venta de una colección dirigida por Iker Jiménez (y lo que es peor, su promoción con un regalo junto a la edición de "El País" del domingo 27 de enero, ver enlace -aunque no lo recomiendo-), escribí al Defensor del Lector de dicha publicación, José Miguel Larraya Mendia, un mensaje electrónico con una larga queja (aunque no muy bien escrita, todo sea dicho) por tal motivo:

Estimado Sr. Defensor del Lector de El País,

Le escribo en referencia a la colección sobre los programas televisos de Íker Jiménez que su diario ha regalado este domingo y que se distribuye a partir de esta semana, creo, con el mismo.

Desde mi punto de vista, uno de los elementos más importantes para un medio de comunicación es la credibilidad de toda su oferta informativa. De toda, ya que no es fácil para el lector saber en todos los temas cuándo el rigor es de primera clase o cuándo éste no existe.

Es por ello que para el lector sea fundamental el tener confianza en que desde un medio de comunicación se le ofrecen las mejores informaciones que son posibles obtener, y que elo se hace de una forma razonable, sin presentar investigaciones mal hechas o con búsqueda de datos a medias.

No me es positivo -como lector- darme cuenta que lo que se me dice a veces es creíble, a veces es engañoso y a veces sólo se ha comprobado a medias. No tengo 'el algodón que no engaña' que, pasado por encima del diario, me permita tener un buen conocimiento crítico de todo lo que leo. Los errores de Íker Jiménez son bien conocidos en los medios científicos y periodísticos desde hace tiempo, y ello ha sido puesto de relieve en numerosas ocasiones.

No es que sea tan inocente como para pensar en medios de comunicación puros, pero tampoco me conformo con la creencia de que, en el fondo, a éstos -y a los que trabajan en ellos- les es igual patrocinar un tipo de mensajes que otro, y que no les importe hacer pasar como investigación seria lo que es sólo fruto de la ficción.

Y la credibilidad no sólo es buena para un medio de comunicación, sino para cualquier trabajador o empresario. Un objeto vendido como plata en una joyería lo suelo entender como tal (no suelo hacer pruebas para comprobarlo). Si me lo venden por la calle, de entrada no me lo creo. Pero si las joyerías empiezan a vender como plata algunos objetos que no lo son... ¿Me va a tocar hacer pruebas complejas que no domino cada vez que mi triste economía me permita tratar de comprar un regalo de ese noble metal a alguien?

Y eso molesta. Si venden bajo la misma imagen noticias que son verosímiles junto a otras noticias que no lo son en absoluto, se me plantean dudas... el rigor, ¿será siempre el mismo?

Los directivos de los medios de comunicación se deben dar cuenta de que si se pone de moda mentir sobre fantasmas, extraterrestres, godzillas o jugadores de fútbol, su deber será seguir dando -pese a ello- la mejor verdad demostrable y razonable, así como su opinión sobre ello si quieren, de forma lo más diferenciada posible.

Y, si se deja hablar a Íker -ante todo libertad de expresión- ofrecer conjuntamente un reportaje bien documentado sobre sus posibles inexactitudes, ambigüedades y errores.

¿Hasta qué punto es fiable un medio de comunicación (no sus periodistas) cuando apuestan más por la posible venta de un producto que por el rigor en su información?

Si se admiten planteamientos como los de Íker y se les da mucha publicidad y vida (más que a otros periodistas de la misma empresa), ¿hasta qué punto creerse lo que nos digan desde ese medio de comunicación cuando no conocemos al periodista que escribe?

¿Cómo saber dónde sitúan en cada caso en la dirección de ese medio su ánimo de explicar la verdad más probable (por ser la que es sostenida por las mejores pruebas y razonamientos existentes) y no la ficción que más dinero pueda llegar a darles?

¿Hay mentiras buenas y mentiras malas, cuando se dan desde un medio de comunicación que aspira a ser serio?

Muchas gracias por su atención,

Alfonso López Borgoñoz

Castelldefels, 28 de enero de 2008
De forma muy correcta y rápida (al día siguiente, martes, 29 de enero de 2008 12:31) me contestó el propio Defensor del Lector, con el siguiente mensaje:

Estimado lector:

La difusión y venta junto al diario EL PAIS de una colección de programas de Cuarto Milenio que dirige Iker Jiménez y que emite la cadena de televisión Cuatro, que es gestionada por el Grupo Prisa, ha generado su protesta así como la de otros lectores.

Entiendo y comparto sus razones ya que la mayoría de los reportajes de esa colección de programas tendría un difícil encaje en las páginas del diario. De hecho, en sus más de de treinta años de historia la parapsicología, las apariciones o los ovnis han sido ignorados por EL PAIS y cuando han sido abordados se ha hecho siempre con un criterio razonable alejado de cualquier actitud crédula.

La decisión de ofrecer ese coleccionable a los lectores del diario responde, como es obvio, a razones estrictamente comerciales cuya valoración, como se me ha recordado, no forma parte de las competencias del Defensor del Lector de acuerdo con su Estatuto, que acota sus funciones a los contenidos del periódico y a vigilar que el tratamiento de las informaciones sea acorde con las normas éticas y profesionales del periodismo. Siempre será discutible si el diario ve comprometido su prestigio en función de la calidad de los productos que comercializa que cada día son más variados. Pero le aseguro que éste defensor no puede ni quiere entrar a valorar sus prácticas comerciales, ni a garantizar la calidad de esos productos.

Atentamente

José Miguel Larraya

Agradezco la respuesta y la entiendo. Mi crítica no es hacia él. Es un Defensor sólo del Lector y no del Consumidor.

La posición de PRISA queda clara. Es mercadotecnia, no tiene porque ser verdad en absoluto aunque el que la vende la venda como verdad posible y probable (aunque no haya pruebas de ningún tipo a favor y sí millones en contra).

Puede ser cualquier producto milagro si los de mercadotecnia quieren, como esas maravillosas almohadas que lo curan todo o esos productos adelganzantes que se ofrecen por la emisora de radio de la Cadena Ser. No importa el engaño, no importa la mentira.

Sólo es dinero, sólo es negocio, no es un problema para ellos de ética ni de verdad al servicio de la información.

El tema ha sido objeto de muchos escritos de blogs, mucho mejor que aquí, entre los que destacan los publicados por Javier Armentia, en el blog de ARP-APC ("El País de la pseudociencia") y por Luis Alfonso Gámez, en su propio blog ("¿Se puede hacer algo contra la telebasura paranormal?").

05 febrero, 2008

IRÁN SE UNE A LA FAMILIA ESPACIAL

El pasado lunes 4 de febrero, Irán efectuaba con éxito una prueba de un cohete espacial dentro de su programa de preparación del lanzamiento de un satélite de investigación durante el mes de marzo del año que viene. Ambos ingenios, el cohete y el satélite, que se llamará Omid (Esperanza), son fruto de la ingeniería de esta república islámica. No deja de ser curiosa esta capacidad tecnológica en un país en el que las lapidaciones siguen siendo legales.

Pese a todo, el cohete y el proyecto de satélite despertaron una cierta alegría en los que pensamos que en el espacio cabemos todos, de oriente a occidente, especialmente si sirven para ampliar nuestro conocimiento sobre nuestro entorno.


Desgraciadamente, ese sentimiento de vio matizado con una indudable preocupación por el perfil del actual gobierno de ese país. Pero, y es bueno recordarlo, la verdad es que eso también nos pasa con las autoridades de la mayoría de países que tienen cohetes en la actualidad.

Aunque el perfil militar del lanzamiento iraní no es ningún secreto, como tampoco lo es lo que el mismo implica desde una perspectiva geoestratégica en un Medio Oriente convulso, tampoco podemos olvidarnos que no son los primeros (ni serán los últimos) en unir el desarrollo de una industria espacial, con el perfil bélico de algunos de sus gobernantes y con el interés de éstos por la energía nuclear (en este caso para uso pacífico, según han declarado fuentes oficiales de esta misma nación).

Cabe recordar que los principales artífices del programa espacial ruso, como Korolev, adquirieron su experiencia en cohetería gracias al diseño de misiles balísticos intercontinentales en un contexto de guerra fría y desarrollo atómico. Lo mismo cabe decir de los estadounidenses, que el 31 de enero conmemoraron el 50 aniversario del lanzamiento al espacio de su primer satélite -el Explorer I-, y dónde muchos de sus ingenieros, con Von Braun a la cabeza, también habían desarrollado antes cohetes de uso militar. Es difícil tirar la primera piedra, y más cuando ninguna de esas dos potencias (ni la China ni la India), ha renunciado aún ni a bombas atómicas ni a misiles, reactivando cada cierto tiempo proyectos militares en el espacio.

Tal vez lo mejor para el espacio fuera que algunos gobiernos no sean los que son. Pero eso no sólo sería bueno para el Cosmos, sino principalmente para los habitantes de los países que los sufren y que ven como algunos de sus derechos humanos más básicos son violados sistemáticamente, en uno de los casos con unos JJOO de fondo.

Si las autoridades de Irán quieren lanzar satélites de investigación, que éstos bienvenidos sean. Si tienen otras intenciones detrás, ello no será culpa de la ciencia.

Alfonso López Borgoñoz

(publicado en Astronomía pág. 5 marzo de 2008)


04 enero, 2008

2009, AÑO DE LA ASTRONOMÍA

¡Vamos cumpliendo años! Y no sólo de los normales, sino también de los científicos…


Tras haber ‘vivido’ (más o menos) el 2007 como “Año de la Ciencia” (con el 50 aniversario del lanzamiento del Sputnik incluido...) y después de que hayamos podido disfrutar (espero) en Barcelona entre el 18 y 22 de julio próximo del EuroScience Open Forum (ESOF 2008, que probablemente es la más importante reunión bienal europea pensada para debatir y hablar sobre ciencia en general), el pasado 20 de diciembre la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamaba al año 2009 como Año Internacional de la Astronomía por el impulso dado para ello por el gobierno italiano, la Unión Astronómica Internacional y la UNESCO, en conmemoración del cuarto centenario del uso del telescopio con finalidades astronómicas por Galileo Galilei en diciembre de 1609.


Como todos sabemos, tras la publicación en marzo de 1610 de su afamado Sidereus nuncius, los descubrimientos efectuados por el autor nacido en Pisa (Italia) desde dicho mes de diciembre con su perspicillum –nombre que él dio a su telescopio fabricado por el mismo-, ayudaron poderosamente (al igual que otros hallazgos de la misma época) a mover las palancas de uno de los cambios de perspectiva sobre el conocimiento de nuestro Cosmos más importante de todos los tiempos.


Así, Galileo descubrió en esos meses admirables los cuatro principales satélites de Júpiter, las irregularidades en la superficie de la Luna y el hecho de que la Vía Láctea estaba compuesta por muchísimas estrellas... Muy poco más tarde, en julio, lanzaba también sus primeras hipótesis sobre la extraña forma que él creía distinguir en Saturno (nunca llegó a verlo con claridad ni a interpretar correctamente sus anillos), en octubre se admiraba con las manchas solares y en el mes diciembre siguiente se apercibía de las fases de Venus... Todo revolucionario, pero todo al alcance de cualquier observador que quisiera mirar más allá de los dogmas heredados. Y a veces para eso basta sólo con tener los ojos abiertos, y no querer cerrarlos ante la primera contradicción con lo que pensamos.


Por lo que parece, el objetivo del Año de la Astronomía será estimular el interés por esta especialidad y por la ciencia en general, especialmente entre los más jóvenes y, así, se desarrollarán una multitud de actividades tanto a nivel internacional, como nacional y, lo que es más interesante para la mayoría, a nivel local, dada la amplia cantidad de amantes de la contemplación del Universo y de asociaciones astronómicas que hay en muchísimas ciudades de todo el mundo, como pasa en nuestro país. Ya se han puesto en marcha diferentes organizaciones en muchos estados (como en la misma España, www.iaa.es/IYA09), que prepararán y coordinarán los diferentes programas de actos.


A la espera del 2009, y con más calma que Galileo, hemos tenido un bello cambio de año los aficionados con la fácil contemplación de dos cometas, como son el Holmes y el Tuttle, que volvía a vernos tras casi catorce años de ausencia.


Y es que hay amigos, aunque quizás no todos, a los que gusta volver a ver por nuestra casa en Navidad.

Alfonso López Borgoñoz


(Publicado en Astronomía febrero 2008)

05 diciembre, 2007

¿UNA CIENCIA A DOS VELOCIDADES?

El Informe del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (Programme for International Student Assessment, PISA), elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), publicó a inicios de diciembre los resultados y los análisis de unas pruebas que se realizaron en el 2006 para la valoración de los conocimientos en ciencias, matemáticas y lectura de estudiantes de quince años de diferentes partes del mundo. El estudio (hay uno cada tres años) se llevó a cabo entre cientos de miles de escolares de 30 países de la OCDE y de 27 países asociados, todos ellos situados entre los más industrializados.

Según dicho informe, España se sitúa en el puesto 31 de los estados analizados por el nivel de competencia científica de sus alumnos. Los resultados son similares, en lo malo, a los de los informes del 2000 y del 2003. Las variaciones por autonomías demuestran la relación directamente proporcional entre la mayor inversión pública con la mejor capacidad de los estudiantes.

En otros aspectos de la educación no salimos mucho mejor parados, ya que tampoco son amplios los conocimientos de estos mismos alumnos en matemáticas o lectura, siendo el gasto educativo en España inferior al de la media del estudio de la OCDE.

Ello contrasta, sin duda, con un cierto esfuerzo por la búsqueda de la excelencia que, al mismo tiempo, se está tratando de dar desde hace unos años en España, con unas inversiones cada vez mayores (aunque aún insuficientes) en determinados campos de la investigación científica y de la tecnología, tanto desde el gobierno central como desde los autonómicos, mediante la creación de algunas instituciones -que se espera sean punteras- por todo el territorio nacional, a veces en franca competencia entre sí.

Y es curioso que todo ello se produzca además, justamente cuando, como se observa en las matriculaciones de nuestras universidades, cada vez hay menos jóvenes que apuestan por desarrollar carreras científicas o tecnológicas, por preferir dedicarse a actividades que suponen, quizás, un menor esfuerzo intelectual y una mayor retribución económica que, además, se empieza a obtener muchísimo antes.

Tal vez, como ya pasa en muchos países (como los propios EEUU), poco a poco se vaya generando una España de dos velocidades en conocimientos científicos y tecnológicos, con unos recursos que se vayan aumentando para investigación e innovación (lo que está bien) y una educación general que se limite justito a garantizar un conocimiento mínimo y muy local del mundo que nos rodea.

Como señala el informe PISA, en las sociedades científicas y tecnológicas actuales, comprender los conceptos y las teorías científicas fundamentales y tener la habilidad de estructurar y resolver los problemas de todo tipo que éstas sociedades plantean de una forma crítica, tras haber recibido una formación básica adecuada, es más importante que nunca. Puede parecer exagerado, pero posiblemente vaya en ello el futuro de nuestra democracia.

Alfonso López Borgoñoz

15 noviembre, 2007

LA HERENCIA DEL VIENTO

(viene de SEMBRANDO VIENTOS... EL “JUICIO DEL MONO” EN DAYTON, 1925)

En el año 1960, el juicio de Dayton fue llevado al cine en blanco y negro por Stanley Kramer en una película titulada La herencia del viento -tit. orig. Inherit the Wind— (aunque quizás hubiera sido más apropiada la traducción del título que se usó en Sudamérica ‘Heredarás el viento’), protagonizada por Spencer Tracy, en el papel de Henry Drummond (nombre supuesto de Darrow en el film); Fredric March en el papel de Matthew Harrison Brady (nombres supuesto para Bryan); Gene Kelly en el papel del periodista progresista E. K. Hornbeck (nombre que se le dio en la película por H. L. Mencken); Dick York como Bertram T. Cates (nombre supuesto que encubría a Scopes) y Claude Atkins como el reverendo fundamentalista que lleva a los tribunales al profesor Cates.

El título procede del versículo del libro de los Proverbios (11, 29) de la Biblia que dice que “El que perturba su casa, solo heredará el viento, y el insensato, será esclavo del sabio de corazón” (Proverbios 11,29).

El guión, que indirectamente, fue escrito por Nedrick Young (que originalmente lo firmó como Nathan E. Douglas debido a sus problemas para hacerlo con su nombre original por estar incluido en las listas negras elaboradas en Hollywood por la influencia del senador McCarthy) y Harold Jacob Smith, sobre la base de la obra de teatro del mismo nombre de Jerome Lawrence y Robert E. Lee, escrita en 1950 y estrenada en 1955 (Andy Bradbury “Inherit the Wind - It Wasn’t”, en la web Honest Abe’s NLP Emporium http://www.bradburyac.mistral.co.uk/tenness2.html, 17-08-2006).

La pieza teatral había sido escrita originalmente como respuesta a la amenaza que era para la libertad de expresión y pensamiento el furor anticomunista del senador McCarthy y los que con él colaboraron, y hablaba del ambiente de opresión que se vivía en las esferas intelectuales estadounidenses a finales de los años cuarenta e inicios de los cincuenta mediante su recreación en la ciudad de Dayton (Hillsboro, en el film) durante el juicio de Scopes. Gracias a esta obra, cuyos hechos habían pasado una generación antes, Lawrence y Lee pudieron hablar del clima asfixiante que se vivía en los EEUU de su época. En realidad, la interpretación de March, muy histriónica, la hizo tratando de que recordara más a los gestos de McCarthy que a los de Bryan. Nominada a varios óscars, sólo fue premiada de modo especial en el festival de Berlín del año 1960.

La película fue y es, sin duda, un film impactante. Sobre el respeto a los sucesos de Dayton, desde la perspectiva más histórica, en el film y en la obra de teatro fueron cambiados los nombres de personas y lugares, y en muchas escena (quizás demasiadas) hubo algunas exageradas concesiones a la agilidad narrativa y al dramatismo, como hacer de Scopes el novio de la hija del pastor fundamentalista que lo ataca, detener a Scopes durante su clase, quemarlo en efigie, etc. De hecho, Scopes creo que nunca estuvo en la cárcel ni tenía novia, ni le fueron apresar mientras daba clase. Darrow tampoco llegó sólo al pueblo ni Bryan era el estrambótico fundamentalista que se puede ver en la película.

(viene SEMBRANDO VIENTOS... EL “JUICIO DEL MONO” EN DAYTON, 1925)

11 noviembre, 2007

SEMBRANDO VIENTOS... EL “JUICIO DEL MONO” EN DAYTON, 1925

“El hombre se hace civilizado no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar” (H. L. Mencken)

(enlace para ver fotos de los protagonistas del juicio en Dayton y de la ciudad, así como también en este otro enlace, que contiene caricaturas de la época)

El 21 de marzo de 1925 entraba en vigor en Tennessee (EEUU) una normativa, conocida como los Estatutos de Tennessee sobre la Evolución (Tennessee Evolution Statutes), que fueron aún más conocidos con el nombre de la Ley de Butler (Butler Act), dado el apellido del autor de la misma.

La norma, breve, prohibía desde su preámbulo la enseñanza de la teoría de la evolución en todas las universidades y escuelas financiadas total o parcialmente con los fondos públicos de aquel estado sureño, especialmente en lo referente a las explicaciones sobre la procedencia de los seres humanos.

Tennessee no es demasiado grande. De hecho, su superficie viene a ser como la quinta parte de España, con sólo cinco millones y medio en habitantes en la actualidad. Pese a ser uno de los primeros estados que formaron parte de los EEUU (a los que se incorporó rápidamente en 1796), fue también una de las naciones sudistas que en el año 1861 se separaron, formando la Confederación de Estados de América, razón o excusa que sirvió como detonante del inicio allí de su guerra civil. Por suerte para ellos, tras perder el conflicto, pronto volvieron al redil de la Unión tras el conflicto, lo que les hizo que no padecieran algunas de las peores consecuencias del mismo.

Sin embargo, muchos de sus habitantes continuaron teniendo una mentalidad que poco o nada había cambiado desde las posiciones conservadoras, abiertamente racistas y fundamentalistas previas a la contienda. Incluso es posible que muchas de ellas se vieran exacerbadas tras la misma, en un intento de salvaguardar una hipotética identidad propia frente a la de los norteños, más industrial y liberal.

Sin duda, era posible rastrear, al menos en los inicios del pasado siglo XX, y sobre todo en el medio rural, una cierta inquina contra los habitantes de las grandes ciudades del norte, con cuya actitud en general ante la vida se sentían poco identificados.

UNA LEY NO ESTRICTAMENTE ANTIEVOLUCIONISTA, AUNQUE LO PAREZCA...

La ley es un tanto desconcertante en cuanto a sus objetivos reales tal como está expresada (aunque en un primer vistazo no lo parezca) y su lectura apresurada lleva a un cierto equívoco (aunque evidentemente, ese equívoco no afecte a la sustancia de la norma). De hecho, la misma, como tal, se salvó porque, según el más alto tribunal del estado en el que fue dictada, se podía entender de una cierta forma que no la hacía inconstitucional. Ya lo veremos, aunque quizás ahora al inicio no quede claro...

Pese a que en su preámbulo, aprobado en la sexagésimocuarta Asamblea del Estado de Tennessee, dice que se prohíbe la enseñanza de la teoría de la evolución en todos los centros educativos (desde las universidades hasta la primaria) financiados con cargo a fondos públicos, la primera sección de la nueva ley sólo indicaba (eso sí, claramente) que era ilegal “enseñar cualquier teoría que negara la historia de la creación divina del hombre, tal como se enseña en la Biblia, así como enseñar que el hombre procedía de un orden inferior de animales”1.

Según se recogía en su sección segunda, los profesores que la violaran podían ser castigados con una multa de entre 100 y 500 dólares2, lo cual era mucho para un maestro normal de los pasados años veinte. De hecho, lo sería incluso en la actualidad.

La norma, pues, era explícitamente antievolucionista en el preámbulo de la ley, pero no en su articulado, salvo en lo que afectaba al linaje humano, principal objeción de los contrarios a Darwin. Probablemente pretendía ser antidarvinista claramente en todos los sentidos, haciendo especial hincapié en lo concerniente al linaje humano, pero en su literalidad no lo fue, lo cual permitió que, al final de toda la historia del caso de Scopes, como veremos más tarde, el más alto Tribunal del estado no la considerara inconstitucional. Pero de eso ya hablaremos, aunque ahora cueste creer que eso fue así.

La ley se había redactado por la alarma que causaba en un cierto sector de la población de Tennessee, profundamente religioso, el avance de la enseñanza del darvinismo en algunos de los centros educativos de aquel estado. Fue fruto del trabajo de John Washington Butler3 (1875-1952), un terrateniente que poseía grandes plantaciones de maíz y tabaco y que fue miembro —entre 1922 y 1927— de la Cámara de Representantes del estado de Tennessee (que era la Cámara baja de dicho estado, siendo la alta el Senado) por los condados de Macon, Trousdale y Summer, en representación del partido demócrata, tras ganar las correspondientes elecciones.

El punto de vista de Butler sobre la evolución estaba claro. Por lo que él mismo explicaba, había escuchado una vez contar una historia a un predicador en su iglesia acerca de una joven de su comunidad de Tennessee que se había apuntado a un curso de biología en una universidad próxima. Cuando tras acabar el curso regresó a su casa, dijo el predicador, nunca más volvió a ser una cristiana. La teoría de la evolución había destruido su fe en Dios.

¿Podía, pensó Butler, pasarle eso a sus propios hijos? ¿Podía pasarle eso también a los hijos de sus convecinos del condado de Macon? Sin duda, para él era una aberración que los honorables impuestos de unos honrados granjeros temerosos de Dios de su zona sirvieran para que en los institutos o universidades adoctrinaran con una raras teorías —fundamentalmente ateas— a su descendencia y como consecuencia de todo ello todos los infantes se vieran de forma irremediable abocados a las llamas del infierno.

El problema para Butler no era tanto, curiosamente —según indicó casi al final de su corta vida política que tan larga se hizo para muchos—, la enseñanza en sí del darvinismo, que él aceptaba en las escuelas privadas si ello era la que los padres deseaban y eran éstos los que la pagaban de su propio peculio, sino el que con el dinero de todos se financiara la propagación del pensamiento evolucionista darvinista y de las ‘fatales’ consecuencias que ello conllevaba.

Butler se dijo a sí mismo que no, que eso no era posible y que había que hacer algo... y ese algo que debía hacerse fue una de las bases de su programa electoral del año 1922, cuando prometió a sus votantes que si salía elegido, trabajaría para proteger a los escolares de los efectos perniciosos del ateísmo que insuflaba el alma de las teorías darvinistas. Y cumplió su palabra.

Así, en los inicios del año 1925, Butler presentaba la base de sus Tennessee Evolution Statutes para su aprobación. Los mismos habían sido redactados durante la mañana de su cuadragésimo noveno cumpleaños, antes del desayuno, cuando parece ser que se planteó a sí mismo que ya tenía edad para empezar esta lucha. Su acción, y él lo sabía, no era un esfuerzo aislado. Por la misma época, otros estados del sur, hasta quince, tenían también en fase de aprobación otros estatutos muy similares contrarios a la evolución. Incluso en el propio Tennessee se había presentado por otro político una norma similar, más tajante, muy poco antes.

Tras redactarla, la pasó por la secretaría de la Cámara de Representantes el 21 de enero de 19254, para que se iniciaran los pasos legales pertinentes que permitieran su aprobación y posterior aplicación en todo el estado. Dio su primer paso en este sentido cuando, tras estudiarla muy brevemente (no hacía falta casi ni debatirla, en opinión de Butler), el Comité de Educación de la Cámara la recomendaba rápidamente el 23 de enero, dos días después sólo, siendo aprobada el 28 del mismo mes, por 71 votos a favor y 5 en contra por el pleno de la Cámara de representantes.

Al mismo tiempo que se discutía la propuesta de Butler en la cámara baja, en el Comité Judicial del Senado se debatía la otra norma antievolucionista que se había presentado, la cual fue rechazada por unos ajustados 5 votos a 4 el 29 de enero. Tras este esfuerzo llegó a este comité el turno de discutir el texto de Butler, el cual sí fue aprobado por este Comité por 7 votos a 4 el 10 de marzo, pasando a ser discutido en el Senado del estado el 13 de marzo.

Durante el debate, que no se prolongó en exceso, un senador trató de poner en ridículo al proyecto de ley uniéndole una enmienda en la que se leía que también se prohibía que se enseñara que la Tierra giraba alrededor del Sol. Sin demasiada sorpresa, la norma de Butler fue aprobada (y la del senador que la enmendaba, no) por 24 votos a favor y seis en contra, con un senador que se abstuvo.

Ante el avance del proceso de aprobación, los diarios del estado y de todos los EEUU fueron reflejando vivamente la polémica social que ello iba generando. Si bien era posiblemente cierto lo que indicaba Butler sobre el amplio apoyo de los ciudadanos de su estado a la nueva ley, los diferentes medios de comunicación también reflejaron que había muchos que no estaban tan contentos, como se vio después durante los sucesos que tuvieron lugar en torno al llamado ‘Juicio del Mono’, cuya crónica narraremos después.

Sin embargo, es cierto que en todo momento no hubo muchas dudas del amplio apoyo de las ideas del representante demócrata entre sus conciudadanos y votantes, con grandes concentraciones de gente, en general dirigidas por pastores de diferentes iglesias —muchas de ellas impregnadas con un aura mística notablemente retrógrada y fundamentalista—, en las que se defendía a ultranza la norma. Incluso parece ser que el mismo Ku-Kux-Klan realizó algún acto en su defensa.

Por el otro bando también se alzaron voces, pero de una forma más aislada, al menos, en Tennessee.

En cualquier caso, y pese a la críticas desde otros estados o desde instancias algo más progresistas, la nueva norma fue dando todos los pasos necesarios para su puesta en vigor, pese alguna indecisión, ante el temor de muchos políticos —debido a las presiones de grupos antievolucionistas— de perder sus apoyos electorales en sus condados de origen.

De forma cada vez más acelerada, pues, la norma pasó a ser aplicable tras la firma de la misma el 21 de marzo (sólo dos meses después de haber sido presentada para su aprobación) por Austin Peay IV5 (1876-1927), un gobernador del estado que también era del partido demócrata, y que en aquel momento estaba en la mitad de se segundo mandato, tras haber sido elegido para el cargo en los años 1923 y 1924 (y que aún lo sería una tercera vez en 1926).

A Peay, muy popular en Tennessee en aquella época, muchos lo consideraban un hombre medianamente progresista y pudo haber vetado la ley de haberlo querido. Pero, de nuevo, el temor a la pérdida de influencia electoral impidió que este cargo público actuara según lo que podía esperarse de su trayectoria.

Peay, a modo de disculpa, señaló a la prensa tras estampar su signatura que “tras una examen cuidadoso, no puedo encontrar nada de importancia en los libros que ahora se enseñan en nuestras escuelas con las cuales esta normativa interfiera de la manera más leve. Por lo tanto, no pondrá a nuestros profesores en peligro. La ley nunca será aplicada probablemente”.

Sin duda, el gobernador se refería a textos como el de la Biología Cívica, obra escrita por George W. Hunter6, en el que se describía de forma clara y explícita la teoría de la evolución y cuyo uso era obligatorio en las clases de biología de secundaria, según se había aprobado por las autoridades educativas del propio estado de Tennessee.

Aunque ello contradecía abiertamente a los recién aprobados Tennessee Evolution Statutes, Peay debió pensar que políticamente le convenía no vetar una norma, que quizás sólo era algo teórico, cuya aplicación sería casi imposible a causa de los reglamentos educativos vigentes. Debió razonar para sus adentros que, tal vez, si los evolucionistas tenían sus libros y los creacionistas su ley, las cosas se quedarían tranquilas de momento y nada enturbiaría la paz de su estado.

Pero se equivocó (y mucho) a la corta, y los hechos se lo demostraron muy pronto.

Sin darse cuenta, la decisión de aprobar la norma por los poderes públicos del estado de Tennessee fue una de las primeras que permitió que aflorara con la máxima vehemencia por ambas partes (especialmente —y espero no ser parcial— por la religiosa) la enorme disputa que en los EEUU sigue enfrentando (casi siglo y medio después de Darwin) a los creyentes cristianos más reaccionarios y fundamentalistas, que apoyan el pensamiento creacionista, contra la influencia del evolucionismo de tipo darvinista en la mentalidad de los alumnos de secundaria de su país.

Pero no sólo Peay fue débil en la primavera del año veinticinco del siglo pasado. Seguramente el resto de los evolucionistas de Tennessee no supieron bien como hacer llegar su voz a la opinión pública en aquellos tiempos, más allá de divertidas o enfadadas cartas a los diarios.

Quizás no tuvieron tiempo dada la celeridad en la aprobación de la norma... Pero, sin duda, es fácil ver que en los círculos ilustrados también hubo algo del viejo temor académico a mezclarse en debates políticos con gentes sin una especial instrucción, aunque en ello les fuera la base de su libertad de cátedra. Recordemos que el hecho de explicar que los hombres teníamos antepasados comunes con los monos, estaba prohibido también en las universidades públicas...

Así, varias semanas antes de que la nueva norma fuera aprobada, el jefe del Departamento de Zoología de la Universidad de Tennessee ya había rechazado mostrar los libros de texto con los contenidos de su materia a los periodistas, en un intento de evitar polémicas. Ello fue apoyado por el presidente de la misma Universidad, el cual publicó secretamente unas instrucciones oficiosas en las que recomendaba que todos siguieran dicha conducta. Sin duda, los amantes del progreso de la ciencia en aquel estado perdieron una buena ocasión para que su voz fuera oída más allá de los muros de sus aulas. Mejor que hacer frente a la amenaza, rehuir la confrontación, debieron pensar.

Pero el problema no era sólo el del freno al avance del conocimiento, sino que también se ponían en juego otros valores como los de la libertad de expresión, así como el de la defensa del laicismo en las escuelas públicas.

Por suerte para todos, para la defensa de una buena parte de los valores que estaban en juego, ya había sido fundada en el año 1920 en los EEUU —por gentes como Roger Baldwin, Crystal Eastman, Albert DeSilver y otros—, la Unión Americana de Libertades Civiles (American Civil Liberties Union, ACLU), una organización sin ánimo de lucro que pronto alcanzó un sólido prestigio y que en la actualidad cuenta con más de 300.000 asociados en dicho país.

La ACLU, ya desde el primer momento, se dedicó a aportar abogados y ayuda legal cuando vislumbraba en algún caso que las libertades civiles de los ciudadanos de los Estados Unidos podían estar en peligro por alguna norma o actuación del gobierno7, lo cual, sin duda, no era fácil ni barato la gran mayoría de las veces. Pero, pese a todo, la firmeza de sus creencias hacía que trataran de entrar en liza siempre que vieran riesgos en el proceder de alguna autoridad pública.

Es por ello que, tras enterarse de lo que estaba sucediendo en Tennessee, la ACLU empezó enseguida a interesarse por el tema, situándose claramente en contra de la norma de Butler, actitud en la que fue apoyada por la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (American Association for the Advancement of Science, AAAS), editora de la revista Science.

Pese a la miopía de los gobernantes, que parece ser que nunca pensaron que hubiera para tanto (como hemos visto en el caso de Austin Peay), muy poco después, a mediados de un mes de julio especialmente caluroso del año 1925, por diversas razones que trataremos de ir explicando, en la pequeña —y casi desconocida— ciudad de Dayton —que por aquel entonces era sólo una tranquila población de 1.800 habitantes—, se celebró un juicio que tuvo una gran repercusión pública en muchas partes del mundo en aquel momento y que fue conocido como el juicio del mono.

En él se acusó de la práctica ilegal de la enseñanza de la evolución según la teoría de Darwin a un joven profesor, recién licenciado, cuyo nombre pasaría a la historia, casi sin pretenderlo, John Thomas Scopes8.

¿UN PEQUEÑO JUICIO PARA UN HOMBRE, PERO UN GRAN JUICIO PARA TODO UN PAÍS9?

El pase ante la justicia de Scopes10, tal vez pueda parecer a la gente de hoy en día que no tenía mayor importancia, dado que parece un juicio irrelevante a una persona en absoluto conocida en un pueblo aparentemente perdido en el enorme mapa de los EEUU. Pero no fue así.

Desde muchos meses antes de su inicio, gentes de todos los EEUU habían estado siguiendo lo que se estaba aprobando en Tennessee con atención, dándose cuenta de lo que estaba en juego y, poco a poco, los dos bandos enfrentados, los que defendían y atacaban la evolución, fueron juntando fuerzas para tratar de ganarlo.

Incluso se llegaron a enviar reporteros desde la Institución Smithsoniana un mes antes para fotografiar a los protagonistas de los acontecimientos, a medida que éstos se iban sucediendo, e ir captando el ambiente que se iba viviendo en la ciudad.

Por otro lado, la gente sabía que en las universidades era normal enseñar a Darwin en aquel tiempo. Los más importantes profesores de zoología del estado así lo hacían. ¿Porqué el gran juicio sobre este tema recayó sobre los hombros de un profesor recién licenciado, que tal vez, incluso, no había enseñado realmente esa materia en clase?

EL MEJOR MOMENTO PARA ATRAPAR UNA SERPIENTE ES CUANDO COMIENZA A MOVERSE

Y parafraseando a Rafael Sánchez Ferlosio, cuando un arco ya está muy tenso, lo normal es que se dispare su flecha. Así, justo tras ser aprobada, la norma fue rápidamente desafiada por la American Civil Liberties Union, que hizo público que si encontraban un profesor al que no le importara ser acusado de haber violado la nueva norma antidarvinista, financiarían los costes de sus abogados. Ello se hizo mediante una nota en el periódico Chattanooga Daily Times, el más importante diario de la zona, en la que se indicaba “Buscamos un profesor de Tennessee que esté dispuesto a aceptar nuestros servicios para poner a prueba dicha ley ante los tribunales”11. El peligro de que normas similares se estuvieran aprobando en los estados vecinos, fue seguramente lo que hizo que las cosas se precipitaran.

Enterado de ello, un inquieto vecino de Dayton, George Washington Rappleyea, un hombre bajito y nervioso, religioso aunque también partidario de la evolución, empezó a moverse también viendo las oportunidades que podía haber detrás de ese desafío. Por ello, mandó un telegrama nada más leer la noticia a la ACLU para saber si realmente le apoyarían si encontraba al profesor. La rápida respuesta de la organización fue que sin duda lo harían. Neoyorquino de origen, y con 31 años12 en 1925, Rappleyea era ingeniero metalúrgico y gerente de las seis minas que eran gestionadas en la zona de Dayton por la Cumberland Coal and Iron Company.

El 4 de mayo, pues, Rappleyea reunió en el colmado o drugstore de F. E. Robinson (que era a la sazón el presidente entonces del Consejo Escolar municipal) a un grupo de hombres y mujeres de Dayton, procedentes del mundo de los negocios o del derecho, a los que convenció fácilmente del interés que tenía para la ciudad el que el profesor que transgrediera la norma fuera de allí mismo y que se le juzgara en el mismo Dayton. Todos, aunque de forma tácita en algún caso, decidieron que debía aceptarse el reto de la ACLU y hacer algo al respecto.

Tras el acuerdo, Rappleyea convocó inmediatamente a su amigo Scopes, de sólo 24 años de edad, que también era partidario de la evolución, seguramente de un modo más firme13, con el que habló en la misma tienda de Robinson y al que convenció para aceptar a toda prisa el ser imputado, antes de que se les adelantara algún otro profesor de algún otro lugar del estado.

John Thomas Scopes14 (1900-1970) se había graduado en leyes por la Universidad de Kentucky en el año 1924. Tras acabar su carrera universitaria, había encontrado su primer trabajo provisional —durante un año— como entrenador deportivo de fútbol americano en el Instituto de secundaria del condado de Rhea, en Dayton. Su contrato también le permitía actuar como profesor sustituto en álgebra, física y química, y parece ser que también en biología en alguna ocasión, ya que había sustituido durante dos semanas por baja al profesor de dicha materia, Mr. Ferguson.

Rappleyea le dijo “John, hemos estado hablando y yo defiendo que nadie puede enseñar biología sin enseñar la evolución”. Scopes se mostró de acuerdo, mientras cogía de uno de los estantes de la tienda de Robinson un ejemplar del libro Civic Biology (Biología Cívica), escrito una década antes por George William Hunter15, el cual era un libro obligatorio para secundaria, en el que —tal cual ya hemos comentado— se describía de forma clara y explícita la teoría de la evolución y nuestra relación con los primates.

Ya en aquel momento Rappleyea y Scopes comentaron la curiosa circunstancia de que mientras la ley de Butler prohibía específicamente la enseñanza de la teoría de la evolución en todas las escuelas del estado, las autoridades educativas de Tennessee seguían manteniendo el libro de Hunter como manual obligatorio de biología para secundaria. Para ellos, el cumplimiento de la normativa educativa era imposible si se acataba la de Butler y viceversa. Algo que, por otra parte (tal como hemos visto) ya había sido entrevisto por el gobernador Peay y otra mucha gente.

NO TODO ERAN GRANDES IDEALES

Sin embargo, conviene dejar claro en este momento que no fue en ningún caso la defensa de la enseñanza de la evolución la que guió los pasos del grupo (aunque quizás sí la de algunos de los que intervinieron, como, evidentemente, Scopes y muy posiblemente el mismo Rappleyea, que según algunos autores despreciaba la nueva ley), ni la defensa de las libertades civiles en general, dado que como se ve por los acontecimientos que luego tuvieron lugar muy poco después, casi la mitad de los reunidos se presentaron posteriormente como abogados voluntarios para apoyar la acusación contra el pobre Scopes, pese a ser amigos suyos, como era el caso de los hermanos Hicks16.

Lo que guió al grupo fue sólo, según todos los testimonios, el pensar como resucitar a su ciudad. En el ánimo de los congregados en la tienda de Robinson (fueran cuales fueran sus creencias), pesó más que ninguna otra consideración el hecho de que Dayton había perdido la mitad de su población desde finales del siglo XIX (de 3000 a 1800 habitantes en los últimos treinta años) y que ello no era bueno para los intereses de ninguno de sus comerciantes, de sus profesionales ni de sus orgullosos habitantes.

Pero había un pequeño problema, ya que según parece Scopes no recordaba exactamente sí había hablado alguna vez en clase sobre la evolución (aunque lo más probable fuera que no), pese a lo cual contestó a Rappleyea que “si se puede probar que he enseñado la evolución y que puedo servir como demandado, estoy dispuesto a ser acusado en un juicio”. No hubo que hablar mucho más, Scopes no era conocido, era un recién licenciado en otra materia, era sólo un profesor sustituto, quizás ni había dado la materia, pero, dadas las prisas, era lo único que Rappleyea tenía a mano y no lo iba a dejar escapar.

Con su profesor bajo el brazo (creemos que sólo en sentido figurado), Rappleyea mandó un rato después un telegrama a la oficina central de la ACLU en Nueva York indicando que ya tenía un profesor que se prestaba para el desafío a la norma. La organización en favor de las libertades civiles contestó al día siguiente aceptando la propuesta.

LA MÁQUINA EMPIEZA A FUNCIONAR

Es por esa razón que el mismo 5 de mayo se hizo pública la noticia de que el 24 de abril anterior Scopes había enseñado, basándose en el texto de Hunter, los conceptos evolucionistas en una clase de secundaria de su instituto, razón por la cual ese mismo día las autoridades se vieron en la obligación de imputarle por haber contravenido el estatuto de Tennessee contra la evolución. Si vemos las fechas, sólo mes y medio después de entrar en vigor la norma y únicamente tres meses y medio tras su presentación, deduciremos que es ciertamente complicado imaginarse alguna forma mediante la que se pudiera haber hecho que las cosas fueran aún más rápidas.

Tras una primera vista preliminar el 10 de mayo, y tras haber pagado una fianza, Scopes tuvo que presentarse a una primera audiencia el 25 de mayo ante un gran jurado especialmente convocado. Los miembros del mismo tramitaron la acusación y mandaron a éste que se presentara durante la mañana del viernes 10 de julio de 1925 en el Palacio de Justicia del Condado de Rhea, en Dayton, para que se viera el juicio por el delito que supuestamente había cometido. Pese a todas las peripecias judiciales, conviene señalar que no nos consta que Scopes ingresara jamás en prisión ni un momento.

De la enorme expectación que causó el juicio es toda una señal clara el que, según cuentan las crónicas y parece apreciarse por las imágenes que nos han llegado, miles de personas —entre ellas numerosas personalidades— se desplazaran hasta Dayton para ver con sus propios ojos lo que estaba pasando17.

Entre ellos estaban cerca de doscientos periodistas, lo cual —incluso ahora— sería muchísimo, cuyas crónicas eran enviadas por telegrama diariamente a diferentes periódicos situados por toda América, Europa y Australia.

Entre los informadores más destacados estaba Henry Louis Mencken18 (1880-1956), del Baltimore Evening Sun, un librepensador en el mejor de los sentidos (si es que hay alguno malo), que colaboró con su aguda pluma en defensa de Scopes y que atacó con verdadero vigor a la figura de Bryan, el principal abogado de la acusación en su contra. No hemos de olvidar que este periodista y afamado editor fue toda su vida un ácido defensor de la libertad de conciencia y de los derechos civiles, aunque desgraciadamente no debe ocultarse que es posible ver algunos muy desafortunados y no justificables toques racistas en sus escritos. Mencken se opuso en todo momento al puritanismo que se vivía en su época y luchó con su pluma continuamente contra el intransigente fundamentalismo cristiano de los Estados Unidos, hasta el punto que, años más tarde, en 1931, el gobierno de Arkansas aprobó una moción para que se rezara por su alma. Para Mencken “El hombre se hace civilizado no en proporción a su disposición para creer, sino en proporción a su facilidad para dudar”.

Mencken ya tuvo en su momento que escribir acerca de las hipótesis antievolucionistas de los que veían en la naturaleza la mano de Dios “El argumento teológico del diseño, popularizado en los países de habla inglesa por William Paley, no resulta convincente en absoluto. El creador que lo esbozó muestra sólo una inteligencia limitada si la comparamos con la de su supuesta obra maestra, el hombre, y todas sus invenciones [del creador], salvo algunas, son hostiles a la vida en la tierra más que beneficiosas. No hay nada en ellas que sea tan ingenioso, tan simple y tan admirablemente adaptado a sus aplicaciones como la rueda. Paso por alto las invenciones sumamente más complicadas de la era moderna, muchas de ellas enormemente superiores, por ejemplo, al corazón de los mamíferos. Y también paso por alto las contribuciones relativamente ordinarias de este creador en el campo estético, en donde él también ha sido sobrepasado por el hombre, por ejemplo, en la habilidad del diseño, complejidad y belleza de los sonidos de una orquesta. De la irracionalidad y del despilfarro del proceso natural en su conjunto es apenas necesario hablar. Nada hecho por el hombre se asemeja a él aquí, salvo solamente el Gobierno. No es por lo tanto ninguna maravilla que la mayoría abrumadora de hombres, siempre y en todas partes, se haya inclinado por la creencia del origen divino de los gobernantes”19.

Otro invitado de excepción en el juicio fue el mismo Butler, autor de la ley. Acreditado en esta ocasión también como reportero, señaló a la prensa que “nunca pensó que su norma pudiera provocar ningún revuelo. Sólo que sería una ley, y que todo el mundo la acataría y que no se volvería a oír hablar sobre la evolución en Tennessee”.

Y además de todo ello, que no es poco, quizás por primera vez las noticias sobre un juicio se retransmitían diariamente por radio a todos los EEUU gracias a la WGN, la primera emisora de radio inaugurada en Chicago, nacida en 1921 por iniciativa del diario The Chicago Tribune, mediante un acuerdo con Westinghouse Electric y Manufacturing Company’s KYW.

El esfuerzo de retrasmitir el juicio de Dayton no fue barato, según documentación de la propia emisora, ya que el coste del envío de una unidad a Tennessee, casi en la otra punta de los EEUU, fue de unos mil dólares diarios sólo en gasto telefónico. Hasta allí, además, enviaron al que llegaría a ser uno de sus locutores estrella en los años treinta en América del Norte, Quin Ryan, el cual había llegado a la emisora el año anterior, procedente del The Chicago Tribune, y al ingeniero Paul Neal.

La primera vez que vi la película que Stanley Kramer hizo treinta y cinco años más tarde sobre este caso, pensé que el peso que se le daba a la radio en dicha película —especialmente al final del film—, era excesivo, pero parece ser que es cierto que la sala se reordenó alrededor del micrófono de la WGN para facilitar la difusión de los debates a los radioyentes, en una época en que este medio ya era muy seguido en Norteamérica.

Así, todas las partes tuvieron muy presentes en sus intervenciones las posibilidades que les brindaba dicho medio —como en la actualidad lo harían con la televisión o Internet— y, sin duda, ello fue todo un peso para John Raulston, el juez del caso, el cual, seguramente, nunca debió imaginarse que cada uno de los pasos que iba a dar en un juzgado iban a ser “juzgados” a su vez de forma tan amplia por tantísima gente. Parece ser que incluso algunos de los miembros del jurado la escuchaban y, en un momento dado, se les pidió que no lo continuaran haciendo tras pedirles que se retiraran mientras se debatía un punto procedimental20.

DOS GIGANTES FRENTE A FRENTE

La composición básica de las dos partes contendientes, fue pronto decidida. El equipo de la defensa, muy sólido al final, se formó más o menos rápidamente, aunque con algún debate serio previo21, ya que —curiosamente— no se constituyó gracias a la intervención de la American Civil Liberties Union, como hubiera sido el deseo de esta organización, sino solamente tras vencerse sus reticencias hacia Darrow, que sería la ‘estrella’ de la defensa..

El abogado Clarence Seward Darrow (1857–1938) actuó al principio por cuenta propia y de forma gratuita, tras ofrecerse a Scopes de forma desinteresada. Era un abogado agnóstico (aunque quizás ateo sea lo que más correctamente definiría su posición según algunos autores), que era muy conocido por su ingenio y por algunos de los casos que había llevado, los cuales —en algún ocasión— habían tenido una gran repercusión en la prensa.

Recalcamos lo de que actuó a instancia propia en los primero momentos y no por cuenta de la ACLU —como se recoge en muchas fuentes— hasta el cabo de un tiempo, por el temor de la asociación estadounidense a que el proceso no se centrara tanto en la defensa de las libertades civiles como en la lucha contra la religión o contra los valores que ésta defendía.

Para la ACLU, el juicio debía basar la defensa en el ataque a una norma que violaba las libertades civiles, y no les parecía muy relevante en sí el hecho de que la libertad atacada fuera la de la defensa del evolucionismo o antievolucionismo, ni de la religiosidad ni de la antirreligiosidad.

Sin duda, Darrow, nacido a mediados del siglo anterior y que tenía en aquel entonces ya 68 años, atesoraba una larga experiencia procesal a sus espaldas y en diferentes ocasiones anteriores se había mostrado en los juzgados como una especie de cruzado antifundamentalista, como él mismo se describió en sus memorias22.

Otro abogado cuyo nombre no ha sido tan famoso posteriormente en el conjunto de esta historia, pero al que se le deben algunas de las mejores intervenciones según los expertos en defensa de la libertad académica y al que, incluso, respetaba el propio Butler, fue Dudley Field Malone (1882 - 1950), también miembro del partido demócrata, que había sido asistente de Bryan —el principal miembro del equipo de la acusación— cuando éste fue secretario de estado. Fue actor en los últimos años de su vida.

El equipo de la acusación también se formó de forma veloz. Estaba compuesto por muchas personas, entre las que destacaba el fiscal jefe Thomas A. Stewart, los hermanos Sue y Herbert Hicks, Wallace Haggard, J. Gordon McKenzie (que era juez del condado) —además de Ben McKenzie, padre del anterior y abogado retirado—, todos los cuales habían estado en la reunión en la tienda de Robinson (menos Stewart) y, sobre todo, William Jennings Bryan y su hijo, cuya actuación fue destacada así mismo.

Bryan (1860–1925) era un político demócrata muy conocido, que hacía años había sido nombrado candidato a la presidencia de los EEUU por su partido en tres ocasiones diferentes (1896, 1900 y 1908)23 y que, sin duda, había controlado la actuación de dicha formación política a lo largo de todo el cambio de siglo. De él podemos decir que, seguramente, el film de Kramer no le hizo justicia alguna, al caricaturizarlo en exceso, siguiendo la tendencia de la obra de teatro en la que se basaba su película24.

Al fin y al cabo, William Jennings Bryan, pese a ser un populista que siempre trató de presentarse como un defensor de los pobres (sin demandar grandes reformas sociales de fondo), era también un afamado pacifista, favorable así mismo al sufragio de las mujeres, que llegó a ser, tras no poder alcanzar la presidencia, secretario de estado (lo que es equivalente a ministro) bajo el mandato del presidente Woodrow Wilson entre los años 1913 y 1915, dimitiendo en dicho año por no estar de acuerdo con la política que dicho mandatario estaba llevando a cabo.

Cuando el juicio de Dayton, ya hacía tiempo que había finalizado su actividad política al frente del partido. Con 65 años de edad, tres menos que Darrow, su principal oponente, hacía tiempo, desde que abandonó la secretaria de estado, que había decidido dedicarse a la defensa de diferentes causas .

Pese a que siempre había tenido una clara posición antidarvinista, al sospechar que la misma podía socavar la moralidad de la época, conocía la obra de Darwin y no se hizo un activista en contra de las teorías evolucionistas hasta finalizar la primera guerra mundial, cuyos horrores atribuyó al materialismo fruto de teorías ateas como, entre otras, las darvinistas.

Para él, las ideas del naturalista inglés eran la principal amenaza con la que se enfrentaba en su tiempo los EEUU, y era necesaria combatirlas en todos los campos posibles. Como dijo en una cena ofrecida en su honor por un grupo de personas de Dayton unos pocos días antes del juicio, si la evolución ganaba, el cristianismo debería irse (“If evolution wins, Christianity goes!”).

Bryan, que ya era muy conocido por su defensa de los principios bíblicos, se ofreció directamente también de forma desinteresada para actuar para la acusación, aunque es cierto que el 13 de mayo de 1925, el pastor Baptista William Bell Riley y otros líderes de la WFCA (Asociación Mundial de Cristianos Fundamentales, World’s Christian Fundamentals Association), asociación religiosa fundamentalista nacida en el año 1919, que se hallaban reunidos en Memfis, le habían enviado un telegrama para pedirle su intervención en favor de la acusación. En cualquier caso, el 14 de mayo, Sue Hicks, que ya se perfilaba como una de las principales bazas de la acusación (pese a haber estado entre los habitantes de Dayton que se reunieron con Rappleyea), aseguró que era un honor el tener a Bryan a su lado, aceptando complacida su presencia.

El que la defensa estuviera integrada por abogados que casi todos eran de fuera de Tennessee (del ‘norte’ y de ‘grandes ciudades’) y el que la acusación la integraran abogados básicamente de Dayton, salvo el populista Bryan y su hijo, sirvió a una gran parte del público local para sentir de un modo un poco más profundo una cierta animadversión hacia los defensores, como si fueran un grupo de extraños que habían venido a atacar el ‘Tennessee way of life’ y a interferir en las decisiones libres y soberanas de su cámara de representantes.

No parece que un cierto nacionalismo sureño hiciera que nadie resucitara el fantasma de la guerra civil (acontecida sólo poco más de medio siglo antes) y de las causas que la provocaron, pero, sin duda, una pequeña parte del espíritu de dicho conflicto se paseó por las calles plenas de gente, excepto en las horas de máximo calor, de la pequeña Dayton.

Pese a todo, el ánimo en general de mucha gente no implicó en ningún caso que el recibimiento de la defensa fuera tan frío como se muestra en la película de Kramer. Rappleyea fue a buscar a Darrow a la estación acompañado por un grupo de gente, que les siguió durante el trayecto. La defensa no se alojó en el mismo hotel que la acusación, sino que lo hizo en un viejo caserón situado en las afueras, que había estado desocupado desde hacía años y que para algunos tenía fama de ser una ‘casa encantada’25. No parece ser que hubiera mala intención, sino sólo que no era fácil encontrar un alojamiento que permitiera estar y trabajar a la defensa con algo de comodidad y privacidad, en un pueblo atestado. Pese a que la ubicación no era la mejor deseable, Rappleyea les visitaba constantemente, tratándolos con suma cortesía.

COMIENZA EL ESPECTÁCULO...

Como ya hemos indicado antes, el viernes 10 de julio se iniciaba el juicio26 ante el Tribunal del Condado de Rhea en Dayton. Aquel iba a ser el primero de los ocho días laborables que duró el proceso, que como vemos no se extendió demasiado en el tiempo.

Ese día se dedicó a la elección del jurado, sin muchos problemas, pese a observar Darrow que todos eran de la localidad y once de los doce eran conocidos por tener, de alguna manera, posiciones cercanas a las fundamentalistas y un muy escaso conocimiento de las teorías evolucionistas.

Pero en el fondo, es normal. ¿Quién conoce ahora la obra de Darwin? ¿Quién la podía conocer en Dayton? Los miembros del jurado, casi por lógica, si eran de la zona, debían siempre estar más cerca de las posiciones religiosas más creyentes que no de las más abiertas a favor de la evolución.

Tras la elección, hubo un receso hasta el lunes. El fin de semana se multiplicaron las oraciones públicas. Un pastor de la rama norte de la iglesia metodista de la localidad, Howard Byrd, invitó a hablar durante una ceremonia religiosa celebrada en la mañana del domingo al aire libre a Charles Francis Potter, pastor liberal unitario, del que se sabía que estaba próximo a los principios evolucionistas. El público asistente, enfadado por ello, no le permitió que hablara cuando se subió al púlpito. Cuando Byrd, a su vez, trató de hacerlo, tampoco se lo permitieron.

Mientras, en otra iglesia metodista, William Jennings Bryan hacía un discurso ante una multitud exaltada que aplaudía cada una de sus frases. En uno de los asientos estaba John Raulston, el juez que iba a guiar el proceso, con su familia, escuchando atentamente. Por la tarde, nuevo discurso de Bryan en la calle, pronosticando que estaba muy contento de enfrentarse contra los evolucionistas en un juicio, en un duelo a muerte entre ellos y la religión.

El lunes 13 de julio, un público formado por una mil personas —de las cuales trescientas estaban de pie— esperaba el inicio del proceso con una expectación que, sin duda, rebasaba las previsiones más optimistas de Rappleyea y de sus “compinches”. Los alrededores de la sala estaban colmados por oradores religiosos, vendedores de limonada, vendedores de libros apocalípticos contra el evolucionismo, pancartas... Una atmósfera cargada. El show estaba asegurado.

Tras una breve oración, en la que un pastor poco conciliador mostró claramente su posición antidarvinista, se inició formalmente el juicio.

Tras comenzar los debates, rápidamente quedó clara la principal línea de trabajo de la defensa, que era la de hacer ver que la acusación contra Scopes debía ser desechada por violar tanto la Constitución de los EEUU, sobre la base de su primera enmienda, como la de Tennessee. Para los abogados de Scopes, según el Tribunal Supremo de los EEUU: “La ley no sabe de herejías, ni está comprometida con el apoyo de ningún dogma ni de ninguna secta”. Para Darrow y sus compañeros, la nueva ley de Tennessee era, sencillamente, inconstitucional27.

LA PRIMERA ENMIENDA

La primera enmienda de la Constitución de los EEUU, de 1791, indica que: “El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicar ninguna libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, o el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente o para pedir al gobierno la reparación de agravios”28. Esta enmienda fue promulgada ante el temor que algunos estados de la Unión pudiera imponer alguna determinada fe religiosa en las escuelas.

Curiosamente, para luchar por la libertad de religión en todos los estados, se prohibió hablar de teorías religiosas en los centros públicos. Aunque eso durante mucho tiempo sólo fue un papel legal más, sin mayor valor.

Según se puede interpretar de la enmienda (y así lo han hecho los jueces estadounidenses repetidas veces), el primar una teoría religiosa (de la Biblia o de otros libros sagrados) enseñando sus doctrinas en los colegios públicos, equivale a señalar las teorías de dicha religión como oficiales para las autoridades educativas, ya que se enseña sólo una y no todas las demás.

UN JUICIO PARA PERDERLO

Pero la base constitucionalista de la defensa, según la prensa de la época, no pareció impresionar en exceso al juez John Raulston, el cual dejó claro que no iba a tener en cuenta ese argumento para una posible anulación de la acusación que pesaba sobre Scopes.

El juez sólo estaba preocupado, por lo que parece, por la cuestión legal, sobre si Scopes había incumplido la ley o no. El tema constitucional no quiso abordarlo, como tampoco otro de los puntos argumentados por Darrow, el que la ley también estaba en contra el requerimiento educativo del estado de Tennessee que obligaba proteger la ciencia en las escuelas29.

Raulston no pareció durante el juicio que pretendiera que éste fuera más allá de ¿hay una norma? ¿qué dice exactamente? ¿se ha incumplido?... sin aceptar nada que le desviara de ello y sin entrar (y sin permitir que se entrase) en consideraciones acerca de si la evolución era correcta y la ley incorrecta e inconstitucional, y si Darwin y el cristianismo podían ir de la mano.

Sin duda mantuvo una cierta actitud de deferencia hacia Bryan (prueba de ello fue el haber ido a oír su plática el domingo), pero, sin embargo, seguramente actuó guiado, como señalara Winterton C. Curtis —un experto de la defensa al que Raulston no dejó dar su testimonio—, de acuerdo honradamente ‘con sus luces y también con sus prejuicios’, pero sin mala fe.

Pero, pese a ello, los encontronazos entre las partes (y de Darrow con el mismo juez) a lo largo del proceso fueron inevitables. Mucha tensión, mucho público, muchos medios de comunicación, mucho en juego, aparentemente.

Tampoco debió gustar al juez, profundamente creyente, uno de los alegatos de Darrow de ese lunes, que muestran claramente el talante del abogado: “La Biblia no es un libro, sino que está compuesto por sesenta y seis, escritos en un período de cerca de mil años, algunos de ellos muy pronto y otros comparativamente mucho más tarde. Es un libro principalmente sobre religión y moral. No es un libro de ciencia. Nunca lo fue y nunca quiso serlo. Allí no hay nada prescrito que te diga cómo construir una vía de tren o un bote a vapor o cómo hacer nada que haga avanzar a la civilización. No es un manual escolar ni un manual de química. No es lo suficientemente grande(...)”30, continuando después diciendo que muchos de sus principios se habían puesto posteriormente en tela de duda, como el que la Tierra estuviera en el centro el Universo y otros. La ‘ciencia’ de la Biblia, en definitiva, no servía para dar clases en una escuela ni universidad, ya que no era ese su propósito.

Pero ya no sólo era eso, ¿Biblia’ ¿Qué Biblia?, habiendo más de 500 credos cristianos, según Darrow, ¿a cuál seguir?. Como defendería Hays, otro abogado de la defensa que continuó con la misma línea el miércoles siguiente, la propia Biblia católica tiene 80 libros, la protestante 66 y la hebrea 39. ¿Cuáles tienen las correctas enseñanzas sobre Historia natural? Incluso había varias versiones de las principales biblias protestantes. ¿Cuál era la buena? El debate surgió cuando Darrow hizo que el fiscal jefe Thomas A. Stewart, hablara de la versión de la Biblia que usaba, enarbolando Hays en ese momento una diferente.

Sin duda, había tensión. Darrow, al final justo de la sesión, pidió alargarla cinco minutos más para dejar claro que: “Mi cliente está aquí porque campean la ignorancia y el fanatismo, y esa es una combinación poderosamente fuerte... Si se toma hoy la evolución y se hace un crimen enseñarla en las escuelas públicas, mañana puede ser un crimen el hacerlo en las privadas (...). En la siguiente sesión de la legislatura pueden prohibir los libros y los periódicos. Puede poner a un católico contra un protestante y a un protestante contra otro protestante cuando intenta introducir su propia religión en las mentes de los hombres. Si es capaz de hacer una cosa, es capaz de hacer la otra. La ignorancia y el fanatismo están siempre trabajando y necesitan alimentarse (...). Hoy son los profesores de escuelas públicas, mañana los de las privadas. El siguiente los religiosos y sus lecturas, las revistas, los libros, los diarios. Después de algún tiempo, Su Señoría, (...) veremos al hombre contra el hombre y un credo contra otro credo, y mientras ondean las banderas y resuenan los tambores nos encontraremos retrocediendo hasta los días gloriosos del siglo XVI, cuando los fanáticos encendían piras de leña para quemar a los hombres que se atrevían a llevar algún conocimiento e ilustración a la mente humana”31.

En cualquier caso, tras escuchar a la defensa, el juicio se suspendió hasta el día siguiente.

El martes 14 de julio se reanudó la vista con una agria polémica por la práctica del juez, al fin y al cabo cristiano conservador, de comenzar cada sesión con una oración. Para Darrow, dada la plegaria del día anterior y dado que en ese juicio se discutía sobre un posible conflicto entre ciencia y religión, el rezo no parecía adecuado si se hacía en público, aunque no había nada que objetar a los rezos en privado.

Para el fiscal Stewart, por el contrario y como representante del estado, el juicio era sólo por una violación de una norma por un maestro y no había conflicto entre ciencia y religión, por lo que el rezo no le parecía inapropiado. Ese argumento del fiscal, que acabó imponiéndose en la actuación, frenaba las proclamas externas de Bryan (y de otros fundamentalistas), que sí iban en ese camino de enfrentamiento, Sin duda tanto al fiscal, como a Raulston, no les interesaba que la cosa se fuera de quicio, y se empezaran a discutir cuestiones trascendentes que ellos veían muy lejanas a lo que se trataba de ver en la vista. Los hechos del miércoles siguiente, con la negativa a oír a los expertos, iría en ese sentido también.

La propuesta de Darrow también fue rechazada por el juez, dado que los habitantes de Tennessee eran unos buenos cristianos ‘temerosos de Dios’.

También Raulston, por su parte, se enojó de nuevo un poco más tarde, al reanudarse la sesión por la tarde, al saber que algunos medios habían hecho público, antes de hacerlo él mismo, el texto en el que se indicaba que finalmente no apoyaría la moción de la defensa de anular la acusación sobre la base de los argumentos constitucionales, creándose un comité para investigar el tema, tras lo cual acabó la sesión de ese día.

El miércoles 15, tras nuevas objeciones al rezo inicial y descubrirse que la filtración a la prensa de la decisión de Raulston la había hecho un joven periodista, Hutchinson, que había visto a Raulston con el texto de su decisión escrito en un papel, el juez la leyó para hacerla pública oficialmente.

Por la tarde, Malone leyó un excelente discurso para la defensa, en el que trataba de demostrar, entre muchas otras cosas, que la Biblia no era un texto científico y que, al fin y al cabo, la Biblia quedaba siempre por encima de la legislación (por lo que no podía haber contradicción entre ambas), que la evolución era un hecho (los fetos tenían cola al principio de su generación); que la evolución era vital para la agricultura, etc. De nuevo hubo críticas de Stewart por hablarse de la evolución (no era el caso) y por citarse a Bryant. Hays luego habló sobre lo que era la Biblia o las biblias, ya que había muchas versiones de las mismas, tal como hemos indicado antes.

Tras ello, la acusación llamó al estrado a diversos testigos procedentes del Instituto en el que había dado clases Scopes, como diferentes profesores, siete alumnos y a algunos de los miembros del Consejo de Educación. Todos creyeron recordar que, efectivamente, Scopes había hablado sobre evolución (lo cual, como sabemos, era dudoso). Darrow, por su parte, no hizo casi preguntas, pero si señaló con una sonrisa que el propio estado había facilitado a Scopes el libro de Hunter en el que se enseñaba la materia ahora ilegal.

Los abogados de la defensa habían conseguido que diversos expertos fueran hasta Dayton para hablar a favor de las teorías de Darwin, dado que otra de las bases de su trabajo era demostrar que no había necesariamente conflicto entre cristianismo y evolución. Entre los expertos estaba Maynard Metcalf —profesor de zoología en la Universidad John Hopkins—, Kirtley Fletcher Mather —profesor de geología en la Universidad de Harvard —, Winterton C. Curtis —profesor de zoología en la Universidad de Missouri—, Wilbur Nelson —geólogo del Estado de Tennessee— y Fay Cooper Cole —antropólogo de la Universidad de Chicago—.

Darrow llamó declarar entonces a su primer experto, Maynard Metcalf. Este zoólogo tuvo el tiempo justo para efectuar una intervención sobre la evolución que Mencken juzgó que fue magistral y uno de los momentos culminantes del juicio. Pese a todo, el periodista escribió acerca del poder de Bryan sobre las gentes que escuchaban el juicio y que no había que subestimar “la magia que yace bajo sus ojos negros y malignos, y su voz rota pero aún elocuente. Todavía puede remover e inflamar a estos pobres ignorantes como nadie más entre nosotros”.

No era para menos, tras la intervención de Metcalf, se discutió muy duramente acerca del derecho de la defensa a presentar los testimonios de sus expertos, por no ser éstos considerados como pertinentes por la acusación.

Al día siguiente, jueves 16, se discutió todo el día, con larguísimos discursos de una y otra parte, sobre si debían tenerse en cuenta lo que dijeran los expertos. Tras charlas de Stewart o Malone, por la tarde, Bryan leyó un discurso en el que criticaba la teoría evolucionista, especialmente en la parte dedicada al origen de los seres humanos, indicando que de ninguna manera la evolución se podía conciliar con la Biblia.

El viernes 17, y tras la oración, el juez Raulston decretó que no se le permitiría a la defensa presentar testimonios sobre la evolución o sobre la consistencia de ésta con la Biblia, ya que no era eso lo que debía establecer el jurado.

Después de los rifirrafes habidos a lo largo del día anterior y la no aceptación de los expertos, la defensa estaba exasperada. El mismo. Darrow parecía no comprender nada de lo que estaba viendo. Dijo que, pese a todo, iba a dejar que la prensa supiera la opinión de sus expertos, para que la difundieran.

Tras decir el juez que el tribunal siempre trataba de portarse correctamente, Darrow dijo (lo que provocó risas) que él no lo creía y que finalmente trataría de proteger los derechos de su defendido ante otro tribunal. Luego pidió el resto del día para hacer una declaración sobre lo que la defensa entendía del caso, cosa que el tribunal no sabía si podía concederle. Tras ello, Darrow se preguntó porqué cada sugerencia del fiscal o de la acusación se resolvía tras largas discusiones con una pérdida de tiempo para todos y porqué en cambio cada sugerencia de peso de la defensa sobre algo que era perfectamente competente se veía enseguida invalidada. Raulston le dijo a Darrow, “Espero que no intente reprobar al tribunal”, a lo que Darrow contestó: “Bien, Su Señoría tiene derecho a la esperanza...” Raulston rápidamente, le espetó entonces que “Tengo derecho a algo más que eso.”. Raulston estaba visiblemente enojado por este debate.

Bryan preguntó entonces si Darrow no iba a presentar más testigos, a lo que este contestó que no servía para nada, y que se iba a limitar a adjuntar declaraciones de expertos al acta de las sesiones y ordeno un nuevo receso hasta el lunes siguiente.

El lunes ya estaba claro que al juicio no le quedaban muchos días. Ambas partes, en el fondo, querían liquidarlo ya. Pero la cosa empezó fuerte, con Rauslton condenando a Darrow a una multa de 5000 dólares por desacato al tribunal, por las expresiones y chanzas efectuadas contra éste. La multa se ofrecieron a pagarla desde un diario de Chatanooga.

Pero la cosa no avanzaba. De nuevo se discutió hasta la hora de comer sobre cómo se podía aplicar una ley antievolucionista si el libro base de enseñanza en secundaria era pro-evolucionista y sobre que la misma Biblia tenía en el Génesis dos explicaciones diferentes sobre el origen del hombre (Cap. 2 ver. 7 y Cap. 2 ver. 2 a 24).

Por la tarde, Darrow pidió excusas al juez por los sucesos de la tarde del viernes, lamentando sus frases, el cual le tendió la mano y le perdonó, dados sus principios cristianos.

Por la tarde, al poco, hubo un cambio de estrategia en la defensa. Dado que el resto de sus armas no habían servido para conmover mínimamente al juez ni, por lo que parecía, al jurado, Darrow, Malone y Hays y el resto la defensa tuvieron una idea y llamaron a declarar aquella tarde al propio Bryan, su principal contrincante, dados sus enormes conocimientos sobre los textos sagrados, interrogándole sobre su sentido y la edad de la Tierra, en una sesión recogida con bastante libertad por la película de Stanley Kramer, pero que se puede seguir fácilmente en el texto publicado con la trascripción íntegra del juicio.

Si los expertos a favor de la evolución no eran admitidos, ¿lo serían los expertos sobre la Biblia? Tal vez este camino a la inversa podía permitir a la defensa llegar al mismo punto, la de la no contradicción entre el texto sagrado de cristianos y judíos, y la evolución.

UN INTERROGATORIO MUY MITIFICADO, QUE APENAS SIRVIÓ DE NADA32

De hecho, el interrogatorio de Bryan, tal como recogen las imágenes de la época, se celebró fuera de las salas del tribunal, por decisión del juez Raulston —justo tras haber perdonado a Darrow—, debido al extremo y agobiante calor que se padecía en la sala del Tribunal, donde las fotos han recogido abundantes testimonios de unos abogados hablando acompañados por un pay-pay, y con sus camisas medioabiertas.

La sesión se reanudó sobre una plataforma situada enfrente del edificio que albergaba al Tribunal del Condado de Rhea, para acomodar a los pastores de las diferentes creencias cristianas que habían expresado su deseo de orar allí mientras duraran las sesiones del procesamiento de Scopes.

En este caso en concreto, dado que era Bryan el llamado a declarar, la acusación no objetó nada en contra, ya que estaban seguros de que su capacidad dialéctica borraría a la de Darrow. Pero seguramente cometieron un error al aceptar este paso, casi desesperado, de la defensa, ya que son muchos los autores que consideran que este interrogatorio favoreció algo a Scopes, haciendo que al final sólo fuera condenado de una forma muy leve, lo cual era lo mínimo si tenemos en cuenta que no se iba a aceptar por el tribunal el argumento de la inconstitucionalidad de la normativa contraria a la evolución aprobada en Tennessee.

El problema para los fundamentalistas que lo apoyaban radicó en el hecho de que, en realidad, Bryan no era, como algunos de ellos, un simple memo fundamentalista radical (que es también como lo presentan en la película de Kramer), sino un cristiano muy conservador que, pese a serlo, conocía las teorías de Darwin así como otros descubrimientos de la ciencia, y esa diferencia hacía que entendiera y aceptara que no todo en la Biblia debía aceptarse tal cual estaba escrito. Y la habilidad de Darrow fue mostrar eso precisamente, que el principal valedor de los escritos sagrados admitía rápidamente y con convicción que éstos se debían tratar de leer en algunos de sus fragmentos no de un modo literal sino a la luz de la razón. Y no es que engañara a Bryan, sino que Bryan no era eso lo que negaba, ya que, según parece, lo único que él quería, como Butler, era que en los colegios públicos sólo se enseñara la teoría de la creación tal como se defiende en los textos sagrados.

Así, una vez situado Bryan en su silla, Darrow le preguntó si se consideraba un experto en la Biblia, a lo que aquel le contestó que lo era más ahora de mayor que cuando era joven. El abogado de la defensa entonces le interrogó sobre si creía que todo lo escrito en las Sagradas Escrituras se debía interpretar literalmente, a lo que Bryan respondió que todo debía ser aceptado, aunque es evidente que se usaron metáforas, como la de que el hombre era la sal de la tierra.

En este punto, Darrow indicó que cada persona, interpretaba por ello a la Biblia de acuerdo con sus creencias, conocimientos, etc. Tras esta reflexión, el abogado de la defensa continuó preguntando a Bryan, basándose en un artículo del propio acusador particular publicado en el Chicago Tribune en 1923, sobre el tema de Jonás y la ballena, sobre Josué deteniendo el curso del Sol durante una batalla y sobre la Torre de Babel...

Sin mayor problema, por lo que se deduce de las fuentes, Bryan señaló que debía ser verdad que la creación, tal como se describía, en el Génesis tuvo que durar más de los seis días que se indican allí33. Aunque el uso de la palabra día en el Génesis (2.4) se puede interpretar que se refiere a un periodo de tiempo no determinado, y ello era ampliamente aceptado por muchos cristianos en la época del juicio de Dayton, ello iba en favor de la argumentación de Darrow, ya que implicaba que la Biblia debía ser interpretada, y no entendida de forma literal, por lo que no era forzoso que el punto de vista evolucionista estuviera en contra de lo escrito en el Viejo o en el Nuevo Testamento. Todo era cuestión de interpretación.

Para Bryan, la Biblia había sido inspirada por el Sumo Hacedor, pero había usado unas palabras que podían ser comprendidas en el tiempo en que se redactó.

Tras dos horas de debate, Raulston lo cortó y mandó al reanudar la vista durante la mañana del siguiente día, martes 21 de julio de 1925, que toda la sesión de la tarde del día anterior fuera borrada de las actas, por no creer él que fuera procedente. Pero el jurado no podía negar haberlo escuchado y haber sido influenciado por ello.

Pero la cosa no admitía que durara mucho más y ese mismo martes 21 de julio el jurado tomó su decisión en contra de Scopes, tras sólo nueve minutos de deliberaciones, considerándolo culpable según la ley. El juez lo condenó por ello a una multa de cien dólares, que era lo mínimo que se marcaba en la Ley propuesta por Butler. ¿Hay penas leves por el incumplimiento de normas injustas?. En cualquier caso, en un noble gesto, Bryan dijo que él mismo pagaría la multa si Scopes no tenía fondos y ello era necesario.

Preguntado por el juez, tras leerse la sentencia, si tenía algo que decir, Scopes acabó su intervención con las siguientes palabras: “Su señoría, siento que me han condenado por la violación de un estatuto injusto. Continuaré en el futuro, como he hecho en el pasado, oponiéndome a esta ley de cualquier forma que pueda. Cualquier otra acción podría ser una violación de mi ideal sobre la libertad académica; esto es, la de enseñar la verdad tal como se garantiza en nuestra Constitución sobre la libertad personal y religiosa. Pienso que la multa es injusta”34.

Finalmente, como se ve, la última declaración de Scopes fue recogiendo la idea central que había guiado en este caso a la Unión Americana de Libertades Civiles, sobre la libertad académica, y no sobre la consistencia de las tesis darvinistas y/o inconsistencia de las creencias bíblicas. ¿Se sentiría Darrow decepcionado? Aunque ello es difícil saberlo ahora, y aunque es difícil preparar grandes discursos cuando uno es derrotado, la frase de Scopes suena a estudiada, por lo que muy probablemente ya era conocida por la defensa, que le habría dado su visto bueno,

LA PAZ SEA CONTIGO

El pago de la multa impuesta a Scopes no llegó a efectuarse nunca, ya que se recurrió la sentencia por parte de la ACLU y del mismo equipo de defensores. Y el Tribunal Supremo de Tennessee la revocó un año después por un tecnicismo sin importancia35, debido a que, en su opinión, era el jurado y no el juez el que debía haber fijado el importe de la multa (el juez sólo podía hacerlo en el caso de multas con un importe inferior a 50 dólares). Sin embargo, no estimaron en absoluto, como quería la defensa y como ya había desestimado también Raulston, que la ley sobre la que se había basado fuera inconstitucional sobre la base de la Primera Enmienda a la Constitución de los EEUU.

El comentario de los jueces al respecto es interesante, ya que señalan que la ley en realidad no estaba escrita en contra de la evolución, en general, sino sólo en contra de que se enseñara que los seres procedían de un orden ‘inferior’ de animales’ (lo cual era cierto que estaba en contra de la Biblia pero también de muchos otros textos tenidos como sagrados en otras religiones) y eso sólo cuando sucediera en un colegio financiado con fondos públicos. Una lectura atenta y literal de la norma indica eso, hasta cierto punto, ya que el preámbulo de la misma es mucho más amplio. De hecho, para los jueces, había muchos tipos de evolución y muchas teorías que podían ser enseñadas...36. Es por esa razón que tampoco la norma violaba la obligación de proteger la ciencia, ya que la misma sólo estaba en contra de enseñar que el hombre venía del mono.

Pero había más. Según ellos, no se atacaba la primera enmienda por otra razón y era porque, por un lado, no se obligaba a enseñar ningún tipo de teoría en concreto (de tipo religioso o no), sino que sólo se prohibía una en particular, y por otro, dicha prohibición de enseñar un concreto origen humano no iba a favor ni en contra de ninguna religión en concreto, ya que no había ningún colectivo religioso que en su totalidad la rechazara o fuera a favor de ella. Al contrario, según argumentaban los miembros del jurado en su sentencia, la creencia o no en la evolución era motivo de discusión entre los protestantes, católicos y judíos, por lo que su ataque o defensa no beneficiaba de modo especial a nadie.

En un mundo enteramente bíblico, la defensa literal de las teorías de la Biblia descritas en la ley, obra que era común a todos los credos con peso en los EEUU del momento (cristianos y judíos), no se entendió como improcedente y ni se valoró casi. Ninguna religión en particular que se diera en la población de los EEUU, según ellos decían, salía beneficiada.

De hecho, en muchas normas religiosas o civiles se hablaba de que todos éramos iguales como hijos de Dios, por lo que afirmar que los seres humanos eran hijos de Dios no podía ser inconstitucional37. No había problema, pues, según ellos. Como es evidente, no había brahamanistas entre los jueces.

No se revocaba, pues, la decisión del tribunal de Dayton por la cuestión constitucional, sino por otra causa muy menor que no afectaba a la vigencia de la norma cuya aprobación había causado todo. La resolución de la Cámara de Representantes de Tennessee que había propuesto Butler quedaba viva, pues, tras todo el terremoto, aunque no se castigara a nadie por ella.

EN EL FONDO, LA NADA

El juicio ha pasado a los anales judiciales estadounidenses y a la memoria de muchos de los habitantes de este país como uno de los más grandes o controvertidos del siglo XX. Su mitificación, especialmente en lo que respecta al último interrogatorio, era ya posible verlo en las crónicas periodísticas realizadas durante el transcurso del mismo, en algunos de los textos escritos en los años inmediatamente posteriores a los acontecimientos y, sobre todo, en la película de Stanley Kramer.

Los sucedido en Dayton en 1925 fue mucho más lejos de lo soñado nunca por Rappleyea y sus compinches del Drugstore, pese a que los mimbres que tenían entre sus manos no parecían ser capaces de fabricar semejante cesto.

Como historiador, no me ha sido fácil sumergirme en las múltiples declaraciones de los diferentes personajes, siempre apasionados, que participaron en los actos ni en los textos de aquellos que posteriormente han escrito sobre el mismo., Ni siquiera me ha sido posible acceder a toda la bibliografía existente.

No es una labor sencilla tratar de establecer qué pasó para que los lectores decidan por sí mismos su interpretación de lo acontecido en aquel tribunal de Dayton, con una serie de personas pasando más calores y sudores de lo normal por culpa de un bochornoso mes de julio y de una legislación aún más bochornosa.

En cualquier caso, como toda buena historia, ésta tampoco tiene conclusión, y ni siquiera consecuencias realmente reconocibles, ya que nadie ganó en realidad en aquel momento y —por causa de la guerra mundial, el McCartismo y otras cuestiones— el debate quedó vivo, pero soterrado —aunque con algunas importantes escaramuzas que dañaron los derechos y libertades de mucha gente— durante casi los siguientes cuarenta años.

Como quisiera Peay en su momento al firmar la norma y aprobarla, ésta fue vigente, sin aplicarse durante las siguientes cuatro décadas, y los libros evolucionistas continuaron funcionando sin problemas en la mayor parte de escuelas de Tennessee. Pero Peay, que ganó su siguiente elección, no llegó a verlo, ya que murió al poco, en 1927, con sólo 51 años.

Bryan también murió pronto, sólo cinco días después de finalizar el juicio, el 26 de julio, con una muerte tal vez acelerada por el estrés del juicio multiplicado por el calor de la sala.

Como ya hemos indicado, la ley siguió siendo vigente hasta el año 1967, cuando hubo una reclamación ante los tribunales por un profesor despedido (en plena carrera espacial y en medio del miedo a una guerra nuclear) por haberla violado. Temiendo otro fiasco ante los tribunales, los legisladores de Tennessee anularon dicha norma finalmente el 17 de mayo de dicho año38.

Butler, en su último despacho como corresponsal el 21 de julio de 1925, señalaba, tras indicar que la verdad era poderosa y prevalecería, que el debate sobre la evolución era “la controversia de la era” y que el “juicio de Dayton era el principio de una gran batalla entre la infidelidad y el cristianismo”. No se equivocaba esta vez y la polémica sigue viva.

En realidad, pese al entusiasmo que los hechos provocaron por todo el país a mediados de los años veinte, los mismos fueron casi olvidados en el ámbito popular hasta el éxito de la película de Stanley Kramer. De hecho, la mayor parte de la gente asistió a cursos en que ambas teorías, la creacionista y la evolucionista, se estudiaban casi por igual hasta mediados de los sesenta.

La ley sólo parecía tratar de evitar, básicamente, que se dijera en las escuelas públicas que el hombre procedía del mono. Es cierto que sólo era eso, pero no es menos cierto que lo que en realidad pretendía era frenar una hipótesis científica que, de alguna manera, ponía en especial entredicho las enseñanzas de la Biblia y, según los fundamentalistas, nuestra dignidad. ¿En realidad, a imagen y semejanza de quién habíamos sido creados?

Para Benjamín Disraeli, el conocido político inglés, que ya tuvo que lidiar con esta cuestión en el año 1868, si debía elegir entre ángeles y monos, prefería a los monos. El problema es que los hechos y las pruebas, para los creyentes radicales, siguen demostrando con cabezonería que nuestra relación no es con seres supuestamente superiores sino con los chimapnces, y que es ahí donde están nuestras raíces.

Aunque quizás no para el juez o para el fiscal, el juicio fue de la religión fundamentalista contra el darvinismo, tal como la acusación y la defensa plantearon, y tal como lo vivió la mayor parte de la población estadounidense de la época, así como sobre una manera de vivir y tratar de interpretar el mundo, tal como Darrow y Bryan, cada uno desde su lugar, trataron de explicar.

El juicio de Scopes no acabó, en ningún caso, con el debate sobre la evolución, pero en la práctica representó un cierto frenazo a las tentativas legislativas antievolucionistas. De los quince estados que tenían una legislación antievolucionista a punto de ser aprobada en el año 1925, sólo dos (Arkansas y Mississippi) las aprobaron finalmente, restringiendo la enseñanza de la teoría enunciada por Darwin, mientras que en Tennessee la ley de Butler se mantuvo vigente durante cuarenta años más, aunque se aplicó muy pocas veces y sólo en algunos centros educativos de ciudades pequeñas.

NOTAS

1. Ver detalles sobre la ley en la Wikipedia, en inglés, en su artículo sobre la ‘Butler’s Act’, accesible en la dirección http://en.wikipedia.org/wiki/Butler_Act y sobre la misma ley en la página http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/tennstat.htm. La norma ponía textualmente en inglés: Public Acts of the State of Tennessee passed by the Sixty - Fourth General Assembly, 1925 (Chapter No. 27, House Bill No. 185, by Mr. Butler): AN ACT prohibiting the teaching of the Evolution Theory in all the Universities, Normals and all other public schools of Tennessee, which are supported in whole or in part by the public school funds of the State, and to provide penalties for the violations thereof. Section 1. Be it enacted by the General Assembly of the State of Tennessee, That it shall be unlawful for any teacher in any of the Universities, Normals and all other public schools of the State which are supported in whole or in part by the public school funds of the State, to teach any theory that denies the story of the Divine Creation of man as taught in the Bible, and to teach instead that man has descended from a lower order of animals. Section 2. Be it further enacted, That any teacher found guilty of the violation of this Act, Shall be guilty of a misdemeanor and upon conviction, shall be fined not less than One Hundred $ (100.00) Dollars nor more than Five Hundred ($ 500.00) Dollars for each offense. Section 3. Be it further enacted, That this Act take effect from and after its passage, the public welfare requiring it. Passed March 13, 1925, W. F. Barry, Speaker of the House of Representatives and L. D. Hill, Speaker of the Senate. Approved March 21, 1925. Austin Peay, Governor”.
2. Andy Bradbury “How it All Began” The Scopes Monkey Trial, en la web Honest Abe’s NLP Emporium
http://www.bradburyac.mistral.co.uk/tenness4.html#drugcon (18.08.2006).
3. Doug Linder “John Washington Butler” en la web de la University of Missouri-Kansas City (UMKC) School of Law (2004), se puede ver en
http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/SCO_BUT.HTM y Jeanette Keith, Bloomsburg University of Pennsylvania “John Washington Butler 1875-1952” The Tennessee Encyclopedia of History and Cultura. Tennessee Historical Society (1998), edición en Internet de la University of Tennessee Press (2002), accesible en http://tennesseeencyclopedia.net/imagegallery.php?EntryID=B119.
4. Chapter 117, House Bill 198, by Mr. Butler, Public Acts of Tennessee for 1925.
5. Se puede ver una nota biográfica de este gobernador en inglés en “Austin Peay” Wikipedia, http://en.wikipedia.org/wiki/Austin_Peay_IV (18.08.2006).
6. Ese era el nombre habitual con el que se conocía el manual de biología para secundaria A Civic Biology: Presented in Problems escrito por George William Hunter y editado en 1914. Era el manual que se usaba en Tennessee, por recomendación del estado, en los institutos públicos en el año 1925, pese a que su sección sobre la evolución violaba abiertamente la legislación de Butler contra la enseñanza de la evolución. Como era normal en su tiempo, y por un mal entendido darvinismo social, por el que se hablaba de que sólo sobrevivían los más válidos, en el mismo se apoyaban sin dudarlo nociones de eugenesia y supremacistas blancas, claramente racistas, en sintonía con el pensamiento político de una gran parte de la población blanca conservadora estadounidense de la época. [‘Civic Biology’ Wikipedia, en
http://en.wikipedia.org/wiki/Civic_Biology (17.08.2006)].
7. Su misión, desde sus inicios, ha sido básicamente la de “luchar en contra de las violaciones a los derechos civiles en donde sea y cuando sea que ocurran”, tal como indican en su publicidad en castellano. Es recomendable darse una vuelta por la información de la ACLU que aparece en su web (
http://www.aclu.org/), o bien leerse “Acerca de la Union Americana de Libertades Civiles (ACLU)” ACLU (sin fecha), accesible en http://www.aclu.org/immigrants/espanol/index.html (18.08.2006).
8. Nacido el 3 de agosto de 1900, murió el 21 de octubre de 1970, habiendo tenido la oportunidad de poder seguir a lo largo de su vida los avatares en su país de los diversos juicios habidos por la misma cuestión en los EEUU.
9. Además de en las páginas Web que vamos a ir citando, es posible ver muchas fotos curiosas con todos los protagonistas de este libro en los fondos de los archivos de la estadounidense Institución Smithsoniana, captadas durante la celebración del juicio por Watson Davis (1896-1967), editor del Science Service de la Institución Simthsoniana, cuando se dedicó a cubrir el juicio de Dayton como periodista, que han sido recientemente descubiertas por Marcel C. LaFollette, y publicadas en la página web de la Institución, en el apartado “Unpublished Photographs from 1925 Tennessee vs. John Scopes ‘Monkey Trial’ Found in Smithsonian Archives” (2005), accesible en
http://www.siarchives.si.edu/research/scopes.html (18.08.2006).
10. Ver detalles sobre el juicio en
http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/scopes.htm o en http://jurist.law.pitt.edu/trials1.htm, y de la sentencia en http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/day8.htm. Hay un libro sobre este juicio al que no he podido acceder: Larson, Edward J. Summer for the Gods: The Scopes Trial and America’s Continuing Debate Over Science and Religion. Cambridge: Harvard University Press, 1997. pp 89, 107. 11. Curt Sewell “The Scopes ‘Monkey Trial’ vs. Inherit the Wind”, en http://www.rae.org/scopes.html (06.09.2006).
12. Doug Linder “State v. John Scopes (‘The Monkey Trial’)”, en Famous Trials in American History, en
http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/evolut.htm (31.08.2006)
13. Andy Bradbury “Another ‘Trial of the Century’?” The Scopes Monkey Trial, en la web Honest Abe’s NLP Emporium
http://www.bradburyac.mistral.co.uk/tenness1.html, 17-08-2006.
14. ‘John T. Scopes’ Wikipedia en inglés, en
http://en.wikipedia.org/wiki/John_Scopes y ‘Butler’s Act’ Wikipedia en inglés, en http://en.wikipedia.org/wiki/Butler_Act (17-08-2006).
15. Ese era el nombre habitual con el que se conocía el manual de biología para secundaria A Civic Biology: Presented in Problems escrito por George William Hunter y editado en 1914. [‘Civic Biology’ Wikipedia, en
http://en.wikipedia.org/wiki/Civic_Biology (17.08.2006)].
16. Entre las curiosidades de la reunión está el hecho de que en ella intervinieran los hermanos Herbert y Sue Hicks (amigos de Scopes, según Linder), así como Wallace Haggard y J. Gordon McKenzie, todos ellos abogados que luego actuaron como voluntarios a favor de la acusación contra el mismo Scopes. Si tenemos en cuenta que a la reunión fueron primero 9 personas, a las que luego se unió Scopes, vemos que sólo 5 no actuaron contra el profesor del Instituto (Rappelyea, Walter White –Superintendente escolar del condado de Rhea—, W. E. Morgan —un hombre de negocios—, B. M. Wilber —Juez de paz—y el propio Fred Robinson, dueño del negocio.
17. Carol Iannone “The Truth About Inherit the Wind” First Things 70 (Febrero, 1997): 28-33, accesible en la página de Internet
http://www.firstthings.com/ftissues/ft9702/iannone.html (17-08-2006) -interesante texto, pese a partir de un notable sentimiento religioso de la autora-; Andy Bradbury “Another ‘Trial of the Century’?” The Scopes Monkey Trial, en la web Honest Abe’s NLP Emporium http://www.bradburyac.mistral.co.uk/tenness1.html (17-08-2006) y “Unpublished Photographs from 1925 Tennessee vs. John Scopes ‘Monkey Trial’ Found in Smithsonian Archives” (2005), accesible en http://www.siarchives.si.edu/research/scopes.html (18.08.2006).
18. Una biografía: Gore Vidal “H. L. Mencken” Prólogo del libro The Impossible H. L. Mencken, editado por Marion Elizabeth Rodgers (1991), accesible en
http://www.positiveatheism.org/hist/mencken.htm (20.08.2006). Para sus escritos ver “The Monkey Trial: A Reporter’s Account”, en la página web de Doug Linder sobre ‘Tennessee vs. Scopes: The Monkey Trial’ en Famous Trials in America, accesible en http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/menk.htm (20.08.2006) o las páginas dedicadas a sus escritos en la web de positiveatheism.org http://www.positiveatheism.org/tochmenk.htm (20.08.2006). En castellano está el artículo “Mencken” Wikipedia, en http://es.wikipedia.org/wiki/Mencken (20.08-2006).
19. Cita 336 extraída de “H. L. Mencken Quotes”, que a su vez las ha seleccionado de Minority Report, H. L. Mencken’s Notebooks, Knopf, 1956 [accesible en
http://www.lhup.edu/~DSIMANEK/mencken.htm, 30.08.2006 y en http://skepdic.com/news/newsletter2.html].
20. “WGN Radio TimeLine”, en
http://wgngold.com/timeline/1920s1930s.htm (06.08.2006).
21. Con Clarence Seward Darrow, John R. Neal (ACLU), John W. Davies (ACLU), Arthur Garfield Hays y Dudley Field Malone, entre otros. Tanto Darrow como Malone, actuaron por voluntad propia, gratis, pese a una cierta oposición de la ACLU ya que no formaban parte del equipo de activistas de esta organización y temían que la cosa degenerara en un debate sobre temas religiosos y no sobre la violación de las libertades civiles marcadas en la constituión a favor de Scopes. Pese a ello, finalmente, la opinión de Scopes, que deseaba ser defendido por Darrow, prevaleció, siendo el equipo aceptado por la ACLU [Andy Bradbury “How it All Began” The Scopes Monkey Trial, en la web Honest Abe’s NLP Emporium
http://www.bradburyac.mistral.co.uk/tenness4.html, 17-08-2006].
22. The Story of My Life, según se recoge en Andy Bradbury “How it All Began” The Scopes Monkey Trial, en la web Honest Abe’s NLP Emporium
http://www.bradburyac.mistral.co.uk/tenness4.html#drugcon (18.08.2006).
23. Earl Lane “At AAAS Seminar, Long-Lost Photos Shed New Light on Scopes Trial” News Archives. ACLU (22.07.2005), accesible en
http://www.aaas.org/news/releases/2005/0722scopes.shtml (18.08.2006).
24. Probablemente siguiendo a Mencken, que pese a haberlo admirado algo de joven, tras el juicio, escribió de él “Bryan was a vulgar and common man, a cad undiluted. He was ignorant, bigoted, self-seeking, blatant and dishonest. His career brought him into contact with the first men of his time; he preferred the company of rustic ignoramuses. It was hard to believe, watching him at Dayton, that he had traveled, that he had been received in civilized societies, that he had been a high officer of state. He seemed only a poor clod like those around him, deluded by a childish theology, full of an almost pathological hatred of all learning, all human dignity, all beauty, all fine and noble things. He was a peasant come home to the dung-pile. Imagine a gentleman, and you have imagined everything that he was not” [H.L. Mencken “Bryan” The Baltimore Evening Sun, 27 de julio de 1925, accesible en la web
http://www.positiveatheism.org/hist/menck05.htm#SCOPESC (20.08.2006)]. Según Gore Vidal “For Mencken, Bryan is the id —to use Freudian jargon— of American politics: the ignorant, religious, underclass leader whose fateful and dramatic climax came in the trial to determine whether or not we are descended from monkeys” [Gore Vidal “H. L. Mencken” Prólogo del libro The Impossible H. L. Mencken, edited by Marion Elizabeth Rodgers (1991), accesible en http://www.positiveatheism.org/hist/mencken.htm (20.08.2006)]. Para rebatir ese punto de vista ver Carol Iannone “The Truth About Inherit the Wind” First Things 70 (Febrero, 1997): 28-33, accesible en la página de Internet http://www.firstthings.com/ftissues/ft9702/iannone.html (17-08-2006).
25. Winterton C. Curtis “A Defense Expert’s Impressions of the Scopes Trial”, en From D-Days at Dayton: Fundamentalism vs Evolution at Dayton, Tennessee (1956), en
http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/wccurtisaccount.html (20-09-2006) y Robert Silverberg ‘Monos a juicio’, en http://encontrarte.aporrea.org/anuncio.php?art=8852 (20-09-2006), extraído de Un Extraño Juicio: El hombre antes de Adán, de Robert Silverberg. Editorial Diana S. A., México, 1965. Trad. del Inglés René Cárdenas Barrios.
26. Scopes v. State, 152 Tenn. 424, 278 S.W. 57 (Tenn. 1925),
27. Robert Silverberg ‘Monos a juicio’, en
http://encontrarte.aporrea.org/anuncio.php?art=8852 (20-09-2006), extraído de Un Extraño Juicio: El hombre antes de Adán, de Robert Silverberg. Editorial Diana S. A., México, 1965. Trad. del Inglés René Cárdenas Barrios.
28. Ver
http://usinfo.state.gov/usa/infousa/facts/funddocs/billes.htm.
29. David Barton “Evolution and the Law: <
>“, accesible en http://www.wallbuilders.com/resources/search/detail.php?ResourceID=18 (06.09.2006).
30. Frederick C. Foote “The Scopes Monkey Trial Transcript”, edición en PDF, sin fecha, que recoge íntegra la trascripción del juicio tal cual fue publicada en The World’s Greatest Court Trial, National Book Company, Cincinnati, Ohio, 1925 [allí pág. 78].
31.
http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/SCO_BUT.HTM y Robert Silverberg ‘Monos a juicio’, en http://encontrarte.aporrea.org/anuncio.php?art=8852 (20-09-2006), extraído de Un Extraño Juicio: El hombre antes de Adán, de Robert Silverberg. Editorial Diana S. A., México, 1965. Trad. del Inglés René Cárdenas Barrios. “If today you can take a thing like evolution and make it a crime to teach it in the public school, tomorrow you can make it a crime to teach it in the private schools, and the next year you can make it a crime to teach it to the hustings or in the church. At the next session you may ban books and the newspapers. Soon you may set Catholic against Protestant and Protestant against Protestant, and try to foist your own religion upon the minds of men. If you can do one you can do the other. Ignorance and fanaticism is ever busy and needs feeding. Always it is feeding and gloating for more. Today it is the public school teachers,tomorrow the private. The next day the preachers and the lectures, the magazines, the books, the newspapers. After while, your honor, it is the setting of man against man and creed against creed until with flying banners and beating drums we are marching backward to the glorious ages of the sixteenth century when bigots lighted fagots to burn the men who dared to bring any intelligence and enlightenment and culture to the human mind.” En http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/day2.htm.
32. Parece ser que en realidad la cosa fue muy diferente, según se transcribe en el juicio, y así “Bryan agreed to go on the stand to explain his Bible beliefs, on the condition that Darrow would also become a witness to explain his agnostic and evolution beliefs. The judge had also agreed to this condition (transcript, page 284). Darrow did put Bryan through quite an inquisition. When he finished, and it should have been Bryan’s turn to question Darrow, Darrow surprised everyone by suddenly announcing that his client pleaded guilty (abstract, page 306), and requested Judge Raulston to issue a directed verdict of guilty. This automatically stopped the trial. Bryan objected, wanting to question Darrow, but it was too late; Scopes was already guilty -- the trial was over. The jury did not ever retire for deliberation., en Curt Sewell “The Scopes ‘Monkey Trial’ vs. Inherit the Wind”, en
http://www.rae.org/scopes.html (06.09.2006).
33. La trascripción del diálogo entre Darrow y Bryan fue como sigue: Darrow - ¿Cree que la tierra sólo tiene 4000 años de antigüedad?; Bryan - Oh, no; Creo que es mucho más vieja...; Darrow - ¿Cuánto?; Bryan – No sabría decirlo...; Darrow - ¿Sabe si la Biblia misma dice que es más vieja que eso?; Bryan – No creo que la Biblia indique si es más antigua o no; Darrow - ¿Cree que la Tierra fue hecha en seis días?; Bryan – No en seis días de 24 horas.
34. Se pueden ver detalles sobre el juicio en
www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/scopes.htm y de la sentencia en http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/day8.htm.
35. Se puede ver la sentencia íntegra en
http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/statcase.htm. No deja de ser sorprendente la decisión, ya que este mismo tribunal, muy poco antes, a fines de mayo, se había pronunciado ya sobre esta misma ley indicando que “We are not able to see how the prohibition of teaching the theory that man has descended from a lower order of animals gives preference to any religious establishment or mode of worship. So far as we know, there is no religious establishment or organized body that has in its creed or confession of faith any article denying or affirming such a theory.” Scopes v. State 289 S.W. 363, 367 (Tenn. 1927). [‘Butler’s Act’ Wikipedia, en http://en.wikipedia.org/wiki/Butler_Act (17-08-2006).]
36. “This was further confirmed in Justice Chambliss’ concurring opinion in which he pointed out that under the law, several theories of evolution, and even evolution in general, could still be taught: (...) ‘Our laws approve no teaching of the Bible at all in the public schools, but require only that no theory shall be taught which denies that God is the Creator of man—that his origin is not thus to be traced’”, en David Barton “Evolution and the Law: <
>“, accesible en http://www.wallbuilders.com/resources/search/detail.php?ResourceID=18 (06.09.2006).
37. “Because, as Justice Chambliss explained, the law reflected the provisions of...<<>>“, en David Barton “Evolution and the Law: <
>“, accesible en http://www.wallbuilders.com/resources/search/detail.php?ResourceID=18 (06.09.2006).
38. ‘Butler’s Act’ Wikipedia, en
http://en.wikipedia.org/wiki/Butler_Act (17-08-2006). La ley está recogida en http://www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/tennstat.htm, donde se lee “Public Acts of the State of Tennessee passed by the eighty - fifth General Assembly, 1967 (Chapter no. 237, House bill no. 48, by Smith, Galbreath, Bradley), substituted for : Senate Bill no. 46 (By Elam); AN ACT to repeal Section 498 - 1922, Tennessee Code Annotated, prohibiting the teaching of evolution. Be it enacted by the General Assembly of the State of Tennessee: Section 1. Section 49 - 1922, Tennessee Code Annotated, is repealed. Section 2. This Act shall take effect September 1, 1967. Passed : May 13, 1967. James H. Cummings, Speaker of the House of Representatives. Frank C. Gorrell, Speaker of the Senate. Approved : May 17, 1967. Buford Ellington, Governor”.

Alfonso López Borgoñoz

03 noviembre, 2007

AMPLIANDO LA ESTACIÓN ESPACIAL INTERNACIONAL

A mediados del pasado mes de octubre, la Europa política conseguía dar un pequeño paso en su proceso de construcción gracias a un tratado de mínimos en Lisboa, que posiblemente era el mejor que se podía conseguir en estos momentos. Juntos, sí, pero no muy revueltos.

Por suerte, y al mismo tiempo, otros europeos seguían ultimando la preparación conjunta del módulo Columbus de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el nuevo salto que daremos este 6 de diciembre cuando este pequeño laboratorio de ocho metros de largo sea lanzado al espacio, si todo va bien, en el Atlantis desde el Centro Espacial Kennedy (EEUU).

Nacido, como todo en la ESA, de la cooperación entre estados de nuestro continente, este módulo será la piedra angular de nuestra contribución a la Estación Espacial Internacional. Pese a que para muchos sea modesto, dado el potencial de los países que forman dicha agencia, no deja de ser todo un logro dado el escaso presupuesto que seguimos dedicando a estos temas (por lo que parece, cada ciudadano de un estado miembro de la agencia europea paga al año en impuestos para gastos en astronáutica lo mismo que cuesta una entrada de cine, mientras que en los EEUU la inversión por habitante es casi cuatro veces mayor).

Pese a los problemas surgidos con otros proyectos, como el Galileo, es reconfortante contemplar como la cooperación en el uso pacífico no comercial del espacio es cada vez mayor. Incluso el 1 de noviembre pasado la ESA informaba que habían sido un éxito las órdenes transmitidas a la misión lunar china Chang’e-1 desde la estación del INTA de Maspalomas, en la isla de Gran Canaria.

En estos tiempos de recuerdo del Sputnik I y del Explorer I, que se vivieron con tensión en muchos momentos y en medio de una competencia feroz entre estadounidenses y soviéticos (pensemos que los ingenieros que se ocuparon de hacer posibles los primeros cohetes que llevaron dichos satélites al espacio, como Von Braun o Korolyev, habían diseñado antes cohetes para el transporte de cargas explosivas -incluso atómicas- en V-2 o en misiles balísticos intercontinentales), no deja de ser reconfortante el giro que han tenido los acontecimientos.

Aunque los esfuerzos de la ESA y de la Estación Espacial sean mejorables, su modelo de trabajo en común sigue siendo de lo mejor que tenemos, más allá de sus posibles éxitos (que por suerte, pronto serán superados, aunque nunca deberemos olvidar que cada peldaño ayuda a subir el siguiente).

Quizás, los infinitos caminos que parece marca el espacio pasen todos ahora por una misma senda, que es el de la ayuda mutua, al menos en sus usos pacíficos. Como la Antártida y el Ártico, el Cosmos, no debería ser nunca de nadie.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en el editorial de diciembre de 2007 de la revista Astronomía)