19 mayo, 2010

UN LARGO ECLIPSE SOBRE LA ISLA DE PASCUA

El próximo 11 de julio de 2010, hacia las 20,11 h (tiempo universal coordinado —UTC—, las 14,11 h en la hora oficial), será posible ver durante cuatro minutos y cuarenta y un segundos un Eclipse Total de Sol desde Hanga Roa, la capital de la isla de Pascua.

Sus tres mil ochocientos habitantes —aproximadamente— esperan ser visitados por muchísima gente, más de la que habitualmente ya se acerca por ella.

 
Vista desde satélite de la Isla de Pascua (ISS/NASA)


La fase parcial del eclipse empezará a las 18,41 h y acabará a las 21,34 h (UTC) —6 horas menos es la hora oficial—.

El perfil astronómico de la mayoría de los asistentes, supongo que hará que contemplen la isla como lo que es, una maravilla, y no se empecinen en el error que el extravío en la interpretación de sus monumentos ha conducido a muchos escritores desde hace medio siglo.


Otro largo eclipse, en forma de desconocimiento, sigue nublando la visión sobre la historia de este remoto paraje, por culpa de la influencia de autores como von Däniken y su conocida obra Recuerdos del futuro (1), en la que señalaba, entre otras cosas que no eran ciertas, que los antiguos habitantes de esa isla del Pacífico había sido imposible que levantaran ellos solos esas enormes estatuas por todos conocidas, los llamados moais, visibles muchas de ellas ya desde alta mar.

Realmente en la Isla de Pascua hay uchas, muchas estatuas. (Wikipedia)


Y es curioso porque, la isla de Pascua es un buen ejemplo de que a pesar de la ciencia va avanzando resolviendo cosas que desconocemos sobre el pasado, con nuevas miradas y descubrimientos (se vuelven a repasar los datos e hipótesis, se usan nuevas tecnologías y teorías para enfrentarse a los tiempos pretéritos, etc.), los pseudocientíficos siempre se quedan en la primera duda y en la fe ciega en su primera impresión/revelación obtenida sin pruebas racionales, no encontrando nunca nuevos datos que les permita descartar o afianzar sus propias hipótesis.

Los pseudocientíficos siempre se quedan en la primera duda y en la fe ciega en su primera impresión/revelación sin pruebas racionales, nunca buscan nuevos datos que les permita descartar o afianzar sus propias hipótesis. Seis de los quince moais en el Ahu de Tongariki (Wikipedia)


Las mismas preguntas se repiten hasta la saciedad, sin importar en absoluto que las respuestas hayan llovido desde mil campos del saber diferentes. Y es que la lluvia nunca cala si la fe en lo sobrenatural o en lo extraterrestre (no la razón, claro) nos han hecho impermeables. Y eso es una de las cuestiones que más diferencian a los científicos de los que no lo son.



La isla de Pascua, de sólo 163,6 km2, goza de una ubicación especialmente solitaria en la mitad sur del Océano Pacífico (a 27° 9’ de latitud sur y 109° 26’ de longitud oeste). Está situada a unos 1.800 km de la tierra más cercana, la conocida isla de Pitcairn (a la que fueron a parar los famosos amotinados de la Bounty) —que es la distancia que separa Madrid de Ámsterdam, por ejemplo—, a 4.100 km de Tahití y a 3.700 km de la costa continental chilena. Sin duda, tenía todos los números para entrar en el mundo de los aficionados a la creación de misterios insondables...




Tal como señalaba José Luis Calvo Buey, en El Escéptico (2), en su trabajo sobre esta isla publicado en 2003, “cuando los primeros europeos llegaron a la isla de Pascua, vieron que estaba repleta de unas grandes esculturas, los moai. Para aumentar el misterio, la pequeña población, su desconocimiento de los metales, la ausencia de animales de carga y la falta de madera hacían inexplicable la talla y erección de esas estatuas”.



Sergio Sánchez, un escéptico chileno, escribe en una web (3) que “En esa isla de hieráticos gigantes de piedra, de tolomiros, de petroglifos, de leyendas de aku-aku y orejas largas, de tablillas parlantes, en esa isla, digo, es difícil no sentirse tentado por las explicaciones fantásticas... Los moai. ¿Cómo pudieron los nativos pulir la roca con esa maestría? ¿Cómo pudieron transportarlas a los lugares de destino? ¿Cómo, en fin, lograron erguirlas, dejándolas ahí, tan paradas, con sus semi-sonrisas irónicas ante los esfuerzos de los arqueólogos?”



Eso, sin duda, ha estimulado a los amantes de los misterios de todas las épocas. Aunque, en realidad, para ellos de misterio, poco.



Para von Däniken, su construcción se debió sin duda a la presencia de alienígenas. Y ahí se han quedado los para-arqueólogos, sin ver ni leer nada más, anclados en los autores que escribieron hace ya más de cuarenta años. Y eso que ha llovido mucho desde entonces...



¿MIL MOAIS?
Lo primero para empezar es señalar que realmente, en la isla de Rapa Nui hay muchas estatuas, muchas. Según se revela en los datos ofrecidos por el pascuense Museo Antropológico Padre Sebastián Englert (4) el número total sería de 887 (aunque según un trabajo de Liller de 1993, los datos acumulados sugieren que se construyeron más de mil).



De ese total de 887, 288 fueron transportadas a la costa y en un 90% erigidas sobre un ahu, plataformas ceremoniales de piedras pequeñas revestidas por sillares, localizadas en las costas de la isla —lo cual debió ocurrir al final incluso en tiempos históricos, cuando ya se habían dado los primeros contactos con poblaciones europeas aunque éstos no eran continuados—, 397 (la mayoría, un 45%) se quedaron sin acabar en la cantera del Rano Raraku y 92 han aparecido con daños o parecen abandonadas en el camino de transporte hacia un ahu.



De acuerdo a las investigaciones realizadas por Jo Anne Van Tilburg (5), un moai promedio mediría 4,05 m de alto, pesaría 12,5 toneladas y su volumen total sería de 5,96 m3. No obstante esa cifra media, hay verdaderos monstruos, como el llamado El Gigante, que se halla aún en la propia cantera del volcán Rano Raraku y que nunca se levantó. Su altura máxima hubiera sido de unos 21,60 metros y su peso hubiera estado entre las 160 y las 182 toneladas, aproximadamente. El más grande erigido es algo más pequeño, y es el conocido como Paro. Se encuentra en el ahu Te Pito Kura, mide 9,80 m de altura y pesa unas 74,39 toneladas más o menos. Pero los hay mucho más pequeños, como el menor de todos, que se encuentra en Poike y mide unos 1,13 m de altura.



La gran mayoría de las figuras (un 96%) fueron esculpidas en el suelo volcánico que rodea al volcán Rano Raraku, situado en el sudeste de Pascua. Sin embargo, también es posible encontrar un pequeño número de estatuas hechas con otros materiales, como el basalto.



Como vemos por las cifras, menos de un tercio de todos los moai tallados lograron llegar hasta sus respectivas plataformas... en el caso de que éstas fueran el destino final de todos ellos, lo cual ahora es puesto en duda, como ya indicaré.



Y todo eso hace que los estudiosos, serios o menos serios, se hayan hecho muchas preguntas y se las continúen haciendo ¿Porqué se quedaron en las canteras la mayor parte? ¿Por las dificultades del transporte? ¿Por tener fallos? ¿Por falta de tiempo para llevarlos? ¿Por algún otro problema? ¿Serían tallados para quedarse allí directamente por alguna finalidad religiosa desconocida? ¿Quizás agotaron los habitantes de Rapa Nui los recursos necesarios para acabar este enorme trabajo? ¿Cómo las transportaron hasta el lugar en el que fueron halladas? ¿Cómo se les puso encima el llamado pukao (cilindro de escoria rojiza ubicado cual sombrero sobre algunas de las cabezas) y que en algún caso pesa hasta 10 toneladas?



Vale la pena entretenerse algo en las primeras crónicas para tener las primeras respuestas. Así, pese a alguna descripción visual previa imprecisa de marinos españoles de fines del siglo XVII, que la denominaron como isla de David, el primer marino originario del llamado viejo mundo que se ha podido documentar que realmente llego a ella fue el almirante holandés Jacob Roggeveen, que la descubrió oficialmente el domingo 5 de abril de 1722. Fue él quien la bautizó con el nombre de isla de Pascua debido a que en ese día se celebraba la festividad de domingo de Pascua de Resurrección. Para los isleños, la misma se conocía como Te Pito o Te Henúa. Para Roggeveen, según dejó escrito, las estatuas eran representaciones de dioses en un culto solar del que no obtuvo muchos datos. En su opinión, la cual es la primera hipótesis registrada por extranjeros sobre el proceso de fabricación de las mismas, las estatuas se hicieron in situ, moldeando arcilla o algún tipo de barro que lo permitiera.



En 1770, el catalán Manuel de Amat y Junyent, virrey del Perú, temiendo el establecimiento de franceses o ingleses en la isla, envió a reconocerla y tomar posesión de ella al capitán de navío Felipe González de Ahedo y al capitán de fragata Antonio Domonte y Ortiz de Zúñiga.



Otro viajero, como el conocido capitán inglés Cook, en el año 1774 indicó —tras señalar la dificultad de entender la lengua que se hablaba en la isla pese a llevar un traductor polinesio— que “Se podía difícilmente concebir cómo estos isleños, que desconocían completamente cualquier fuerza mecánica, podían haber levantado estas figuras tan grandiosas" (6), así como que eran representaciones funerarias de gente notable.



Según José Luis Calvo Buey ello parece tener su lógica si tenemos en cuenta los restos funerarios hallados en los ahus (o plataformas de piedras pequeñas revestidas por sillares) sobre las que se alzaban la mayor parte de estas estatuas situadas en la zona costera y en el hecho de que a algunas (7) nunca se les pintaron ojos, ni siquiera a las completamente construidas. Según el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, los moai representaban a “los ancestros importantes de cada linaje. Con el paso de los años, su forma se fue estilizando al mismo tiempo que aumentaban progresivamente de tamaño.”

Vista del moai situado en Ahu Tahai, restaurado con ojos de coral por el arqueólogo estadounidense William Mullo. (Bjarte Sorensen, Wikipedia)



Para los estudiosos actuales, los moai acompañaron a los isleños durante cerca de 800 años. Para los estudiosos, se pueden trazar tres fases prehistóricas. La primera sería la del primer poblamiento, entre el 400 y 800 d.C. (poco más de mil años antes de la llegada de los primeros europeos), y cubre desde la llegada de los primeros pobladores polinesios hasta el inicio del desarrollo de su cultura megalítica. Después vendría la fase conocida como Ahu May (entre el 800 d.C. y el año 1680, más o menos), que es la clásica, donde la cultura propia de la isla alcanzó su máximo esplendor al construir los enormes centros ceremoniales y levantar las grandes estatuas, para acabar con la etapa Huri May, de fuerte conflicto social entre linajes, con una ecología en la isla muy degradada por la tala intensiva, en la que surgió el culto al Tangata Manu u hombre-pájaro, y que finalizó con la llegada de los misioneros católicos en 1864.


El derribo de los moai en esta etapa por los propios habitantes de la isla no es del todo seguro, aunque se estima como lo más probable. Lo que sí se sabe es que, por desgracia, las estatuas se cayeron al poco tiempo de su erección en su mayor parte, no habiendo pruebas claras acerca de si fueron derribadas en medio de una revuelta de origen social de un grupo de isleños o si cayeron por causas naturales tales como terremotos.


El problema ecológico indicado antes casi a vuelapluma es muy importante. Desde la antigüedad se ha podido determinar la, por lo general, alterante incidencia del ser humano en el medio, como ha sucedido en la Grecia clásica o en los mismos bosques mediterráneos, en los que el pino ha proliferado debido a que los árboles más aptos para dar madera para barcos fueron talados desde siempre y no siempre se regeneraron los bosques como se debía.


El avance del conocimiento ha permitido saber, mediante el uso de los métodos de trabajo de la palinología (que es una disciplina que estudia el polen, las esporas, etc., que se encuentra en excavaciones arqueológicas), han podido determinar de forma inequívoca la existencia de numerosos árboles en la isla de Pascua en la antigüedad, cuya deforestación (irreversible por la pérdida de tierras que ha supuesto) fue causada posiblemente por el hombre en la misma época de construcción de la mayoría de los moai y que permiten, mientras no salgan nuevas pruebas en sentido contrario, indicar que, posiblemente, el más que probable fin de los árboles en la isla con motivo del transporte y erección de las estatuas.


¿No hay muchos árboles en la isla Pascua? Cierto, no los hay ahora.


LA FABRICACIÓN DE LAS GRANDES ESTATUAS Y SU DESPLAZAMIENTO
El cómo se hicieron los moai, su proceso de fabricación, las técnicas que se usaron, cómo se desplazaron... todo se ha podido ir documentando gracias a los hallazgos arqueológicos por toda la isla, especialmente en las propias canteras situadas en las laderas volcánicas, con muchas estatuas total o parcialmente talladas y, en ellas, las herramientas básicas necesarias para poder tallar los moai.


El afamado aventurero noruego, Thor Heyerdhal, en 1956, hizo una serie de experimentos in situ (y no ninguno de esos extravagantes cálculos mentales de los astroarqueólogos, sin ninguna prueba empírica, donde multiplican millones de personas y decenas de años para las labores más sencillas) y publicó que en un año y con un grupo sólo de seis hombres se podía tallar enterito, de arriba abajo, un moai, lo cual no es mucha gente ni tiempo.


Las rutas de transporte de las estatuas desde sus canteras en el Rano Raraku hasta el sitio donde se hallaron, distantes en algunos casos unos 18 km, tampoco permite hablar de grandes misterios en la actualidad. No parece ser que la levitación o gigantescos ovnis-grúa fueran necesarios, aunque sí el trabajo de mucha gente (aunque no tanta como se ha dicho en algún momento) durante algún tiempo.


Sobre las rutas, que antiguamente se creía limitadas a unas pocas, en un reciente trabajo, publicado en al año 2005 por Carl P. Lipo y Terry L. Hunt en la revista inglesa Antiquity (8), se comprueba —gracias al uso de imágenes en alta resolución obtenidas mediante satélite— la amplitud de la red viaria a lo largo y ancho de la isla de Pascua, mucho más rica de lo imaginado, con un modelo radial de carreteras, que sugieren (tras reconocerse las mismas sobre el terreno) que el traslado de las estatuas se llevó a cabo por grupos independientes, que competían entre ellos, a través de toda la isla, mejor que mediante un sistema de trabajo controlado por un poder centralizado. Estas carreteras, además, no parecieron unir de forma significativa centros habitados sino que, básicamente, parece ser que sirvieron para el transporte de estatuas. Se han hallado siete carreteras principales, cada una de las cuales tal vez sirvió a los intereses de un grupo en concreto, que también las usaba para marcar límites con otros grupos.


Este estudio ha permitido, además, saber las probables carreteras que se usaron en cada caso, así como determinar mejor las distancias recorridas. Estos autores comprobaron (en la zona de las carreteras al sur de Pascua) cómo el tamaño y la variabilidad en el tamaño de las estatuas era menor a medida que aumentaba la distancia entre el lugar dónde se hallan ahora y la cantera donde fueron hechas. Esta distribución, estadísticamente significativa, sugiere (aunque no implica de forma determinante) que su transporte requería una inversión de energía tal que la población (y sus circunstancias) no siempre podían dedicar su esfuerzo a ello, fracasándose más a menudo en los desplazamientos con las mayores estatuas. Mientras que estatuas de un tamaño máximo de 10 metros se pueden hallar a menos de 3 km de distancia, a 5 km la mayor es ya de sólo 9 m, a 7 km la mayor es de 7 m, a 12 km la mayor es de 6 m y a 14 km la mayor es de sólo 5 m (tamaño no despreciable, pero menor que los anteriores).


Con el tamaño, a mayor distancia también mengua la cantidad de las encontradas. A una distancia de 6 km de las canteras se encuentra la mayoría, siendo más limitada la cantidad que se encuentra a una mayor distancia.


Pese a los debates, es cierto que aún no se ha podido determinar con exactitud, dada la pobreza del registro arqueológico en este sentido, así como de las mismas tradiciones orales recordadas por los isleños, el sistema exacto por el que se movieron los moai. Entre otros, hay cinco sistemas que suelen ser los más citados:


a) Thor Heyerdahl (ver nota 2) colocó una de estas estatuas de espaldas sobre un trineo de madera y la arrastró sobre el mismo. El esfuerzo no pareció serle muy gravoso, pese a las 15 toneladas que pesaba la estatua elegida, aunque debe reconocerse que el terreno que recorrió no era especialmente complicado ni la distancia excesivamente larga. Según sus cálculos, para desplazar los moai así bastaban un par de centenares de isleños y algo más de un par de semanas. Esta hipótesis, además, estaba algo respaldada por la tradición isleña.


b) Para el antropólogo estadounidense William Mulloy (9), un autor clásico sobre la isla, según indicó en sus obras de finales de los años sesenta, tal vez el sistema se basaba en la utilización de dos grandes postes unidos en forma de V, atados al cuello del moai, y un trineo curvo en forma de Y para proteger el vientre de la estatua, que yacería boca abajo. Al ir moviéndose los postes hacia adelante y al tirar de las cuerdas, los moai debían poder ser arrastrados aprovechando el balanceo producido por la curvatura del trineo.


c) El ingeniero checo Pavel Pavel (1995) (10) se inspiró en una tradición oral que narra cómo los moai caminaban hasta su lugar de destino. En base a la misma, y como un moai de pie es relativamente estable (dado que su centro de gravedad es bajo dada su amplia base y a tener una cabeza relativamente pequeña), los hizo “caminar” al ir inclinando una de las estatuas pascuenses hacia un costado y luego balancearla hacia delante.


d) Charles Love (1990) (11), un arqueólogo estadounidense, publicó que tras un intento fallido con otro sistema, finalmente colocó el moai sobre un trineo de troncos al que se hizo avanzar subido sobre troncos de madera usadas como ruedas para facilitar su desplazamiento, de tal manera que logró mover un moai a unos 500 metros de distancia en sólo dos minutos.


e) Jo Anne Van Tilburg (1996) (12), la antropóloga estadounidense antes citada de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ha estudiado la isla desde hace mucho tiempo. Ella también cree haber hallado un posible sistema que combina en parte las ideas propuestas por Heyerdahl y Love, y que usa un trineo de troncos sobre el que se recuesta el moai, boca arriba o boca abajo, y se lo hace avanzar sobre troncos de madera como ruedas.



Ladera del Rano Raraku, en la isla de Pascua.
Obviamente, no era necesario para los isleños tener que recurrir a marcianos para mover nada. (Wikipedia)



Tantas técnicas racionales y fácilmente ejecutables por los isleños hace cuatro o diez siglos muestran que, aunque ninguna de ellas hubiera sido jamás realmente usada, no era necesario ni obligatorio para los isleños tener que recurrir a marcianos para mover nada. En la película estadounidense Rapa Nui se puede observar una buena recreación histórica de cómo pudo ser el proceso en su tramo final, de una manera muy bien explicada.



Otra prueba de la humanidad de los artífices fue el hecho del hallazgo de estatuas que posiblemente sufrieron importantes daños durante el transporte a su ubicación definitiva y que fueron dejadas en un lado de los senderos donde se accidentaron. Para chapuzas, los humanos somos únicos.



Tras el transporte, y llegados al ahu, posiblemente el moai se iba levantando poco a poco, muy poco a poco, acumulando progresivamente piedras en su parte frontal para controlar su peso, calzarlo y que no cayera, hasta conseguirse que la estatua quedara en su posición erguida. Esto lo pudo comprobar Thor Heyerdahl en la zona de Anakena, donde levantó uno de unas 30 toneladas con sólo 12 indígenas en 18 días, gracias a esta técnica



La forma de poner el pukao o tocado de cabeza, tampoco está clara, tal vez, se aprovechara la rampa de piedras usada para erguir la estatua. De hecho, hay algunas leyendas que describen tal método, lo cual pone en entredicho las afirmaciones sobre la imposibilidad de ubicar pukao sobre moai que señalan los aficionados a ver extraterrestres por todas partes.



De acuerdo a las tradiciones y a las pruebas disponibles, la talla de los ojos era hecha una vez el moai estaba cerca o en el ahu. De hecho, los hallados aún en la cantera de Rano Raraku y en los senderos no tienen las cavidades que permiten su instalación, mientras que aquellos que estuvieron en un ahu sí las poseen. De esta manera, el tallado de las cavidades debió llevarse a cabo en el moai cuando éste estaba próximo a su ahu, o bien directamente cuando ya estaba de pié.



AÚN HAY QUE SEGUIR TRABAJANDO Y MUCHO
De todos modos, en el caso de la isla de Pascua ciertamente continúan existiendo muchas incógnitas sobre los moai, su significado y el porqué exacto de su ubicación, aunque nada apunta en la dirección de misterios insondables para la mente humana ni de la presencia de alienígenas ni seres de civilizaciones avanzadísimas prehistóricas extinguidas....



Así, el significado concreto de las estatuas no está claro, como es lógico. Los indicios escritos son nulos o casi, y lo que se sabe se deduce de criterios estilísticos básicamente, basados en las observaciones y en los datos recogidos de los indígenas por los antropólogos que han trabajado en la isla, los cuales han producido diferentes interpretaciones, entre las que destacan las que tratan de entenderlos desde una perspectiva simbólica y cosmológica, pese a que estudios llevados a cabo en las dos últimas décadas han llamado la atención sobre las formas fálicas de las estatuas y sobre que quizás también estén asociadas a conceptos míticos de fertilidad o relacionando el mundo de la tierra con el cielo, el mundo material con el espiritual, ...



De todos modos, en el caso de la isla de Pascua continúan existiendo muchas incógnitas sobre los moai, su significado y el porqué exacto de su ubicación. (Wikipedia)



Peroo sin duda hubo una multiplicidad de motivos, como pasa siempre y como menciona Aveni en un trabajo suyo sobre Nazca (13). Seguro que hubo factores que influyeron en la construcción de cada estatua en cada momento en cada situación y por cada grupo. Para otros autores, también se usó como sistema de prestigio entre los diferentes grupos familiares que poblaban la isla, tratando cada nueva estatua en cada período de superar a las hechas por los otros grupos.



En mi opinión, los habitantes de la isla de Pascua como todos los seres de toda la historia actuaban por diferentes motivos, y pese a que la tradición era importante, el cómo la misma era sentida en cada momento y cómo era interpretada en sociedades ágrafas en cada circunstancia por los grupos que tomaban las decisiones de su construcción, en competencia con otros, sin duda influyó de un modo muy, pero que muy difícil de establecer en cada una de ellas.



¿FRONTERAS?
Sin embargo, el análisis espacial ha permitido revalorizar las estatuas conocidas como aisladas, intermedias o ‘en fase de transporte” que son aquellas situadas fuera de la cantera y de la costa y ha servido para poder relacionar de forma significativa estas últimas (aunque no a todas las estatuas de la isla) como indicativas de fronteras.



Hasta hace poco, el interés de los investigadores, centrado en el análisis cosmológico y religioso de las estatuas, no las había tenido en cuenta por lo general, debido a la dificultad en la mayoría de casos de saber si estaban ubicadas en el lugar deseado por los que las realizaron o bien su situación actual responde sólo al sitio donde fueron dejadas mientras las llevaban a otro lugar.



Estudios recientes y por separado, en los últimos años, de autores como Stenvenson o Shepardson, basados en técnicas de análisis espacial han sugerido, en el primer caso, el papel potencial de los mismos ahu en delimitar fronteras territoriales.



Las divisiones territoriales de Stenvenson (2002) (14) se derivan del análisis estadístico de la variación formal en el diseño de los ahu y en nociones preconcebidas sobre división territorial en las islas de Polinesia.



Por su parte, el análisis de Shepardson (2005 y 2006) (15) identifica unas fuertes correlaciones entre un subgrupo de estatuas estudiadas en el interior y las fronteras territoriales ya establecidas históricamente por etnólogas como Katherine Routledge en 191916. Según ello, para este autor, los ejemplos del interior de la isla de Pascua, pese a las imprecisiones en las fronteras, permiten señalar que no es que tuvieran problemas para ser transportadas a la costa sino que sirvieron para delimitar antiguos territorios.



Como vemos, como todos, un tema complejo, que requerirá aún mucho trabajo.



En todo ello, sin duda, no se echa en falta a ningún ser verde con trompetas en vez de orejas para que la cuestión siga siendo apasionante.



Como siempre, sí lo es la búsqueda de la verdad mediante la razón y el trabajo con las mejores pruebas disponibles, sin tener que ir inventándose piezas.



NOTAS
1. Erich von Däniken (1972) Recuerdos del futuro, Plaza y Janés, Barcelona.
2. José Luis Calvo Buey (2002-2003) “La vuelta al mundo en cinco megalitos (IV). Los gigantes ciegos” El Escéptico nº 16, Págs. 62-65. Invierno-Primavera.
3. Sergio Sánchez (2000) “Isla de Pascua: ¿Antiguo aeropuerto extraterrestre?” La nave de los locos (Chile) (visto en la web http://www.lanavedeloslocos.cl/nave2/pascua.html el 10 de mayo de 2010).
4. Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, web en: http://www.museorapanui.cl/.
5. Sobre Jo Anne Van Tilburg y el “Easter Island Statue Project” vale la pena seguir la web http://www.eisp.org/, donde el 10 de mayo de 2010 figuraban enlaces a textos de la autora y del proyecto en sí.
6. Paul Trachtman “The Secrets of Easter Island” Smithsonian magazine, March 2002 (leíso en la web http://www.smithsonianmag.com/arts-culture/Mysterious-Island.html?c=y&page=1#ixzz0cY7yOXVE el 10 de mayo de 2010)
7. Pero sólo a algunas, a otras el mismo Calvo Buey indica que ‘les pintaban los ojos de blanco (con coral) y rojo (con escoria de Puna Pau)” [cráter de escoria roja del que se obtenían también los Pukao o tocados que coronaban los moais]. También, parace ser que en algunos sitios se han encontrado ojos de huesos de tiburón que posiblemente representaron el blanco de los ojos e incluso ‘niñas’ de los ojos hechas de obsidiana.
8. Carl P. Lipo1 y Terry L. Hunt (2005) “Mapping prehistoric statue roads on Easter Island” Antiquity, Vol. 79 Nº 303 Pág. 158–168.
9. William Thomas Mulloy (1970) “Preliminary Report of the Restoration of Ahu Vai Uri Easter Island” Bulletin of the International Fund for Monuments, Nº 2.
10. Pavel Pavel (1995) “Reconstruction of the transportation of the may statues and pukao hats” Rapa Nui Journal, vol. 9, págs. 69-72.
11. Charles Love (1990) “How to make and move an Easter Island statue” en H. M. Esen-Bauer (ed.). State and perspectives of scientific research in Easter Island culture págs. 139-40. Courier Forschungsinstitut Senckenburg. Frankfurt.
12. Jo Anne Van Tilburg (1996) “Mechanics, logistics and economics of transporting Easter Island (Rapa Nui) statues” Rapa Nui Journal, vol. 10 (4), pág. 110-115. Ver también de la misma autora (1999) “Experimental Archaeology on Easter Island: Transporting a Replica Monolithic Sculpture” Looking at Labor: New Archaeological Perspectives.” 64th Annual Meeting of the Society for American Archaeology, 23. Chicago.
13. Anthony F. Aveni (2000) Nasca: Eighth Wonder of the World? British Museum Press.
14. Christopher M. Stevenson (2002) “Territorial divisions on Easter Island in the sixteenth century: evidence from the distribution of ceremonial architecture” Pacific Landscapes: Archaeological Approaches, editado por T. N. Ladefoged y M. W. Graves, págs. 213-230. Easter Island Foundation, Los Osos. Referencias amplias a su trabajo en las obras citadas en nota 15.
15. Britton Leif Shepardson (2005) “The role of Rapa Nui (Easter Island) statuary as territorial boundary markers” Antiquity Vol. 79 Nº 303 Pág. 169–178 y (2006) “Explaining spatial and temporal patterns of energy investment in the prehistoric statuary of Rapa Nui (Easter Island)” Tesis Doctoral Universidad de Hawai (accesible en la web http://www.terevaka.net/dc/Shepardson_2006.pdf el 10 de mayo de 2010).
16. Katherine Routledge (1919) The mystery of Easter Island. Adventures Unlimited Press. Illinois.



Alfonso López Borgoñoz

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