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19 octubre, 2010

CIENCIA EN LA CORTE VISIGODA. EL REY SISEBUTO Y SU PEQUEÑO TRATADO SOBRE ECLIPSES

- Versión ligeramente ampliada del artículo del mismo título publicado en la revista UNIVERSO en “Mirando Atrás”. Universo, Astronomía y Astronáutica nº 18, págs. 64-67.Octubre, 1996. Esa versión fue corergida en un texto posterior, en todo lo que afecta al contexto de la época de Sisebuto y en como pudieron influir en su obra los acontecimientos astronómicos
- Sobre el mismo tema ver otra entrada en este blog*


San Isidoro de Sevilla (560-636)1, además de sus estudios teológicos y filosóficos, también tuvo afición a escribir sobre la naturaleza y sus fenómenos, amparado por un sólido bagaje de conocimientos procedentes de la tradición grecolatina, y así escribió un tratado en prosa titulado De rerum natura (Sobre la naturaleza), en latín, a inicios del siglo VII, a petición del rey Sisebuto, que reinó en la Hispania visigoda entre los años 612 y 621.

Este libro pronto fue conocido en toda Europa, alcanzando una gran difusión, siendo también denominado como Liber Rotarum (Libro de las Ruedas), por las distintas ilustraciones que acompañaban el texto, las cuales tenían esa forma al tratar, normalmente, sobre fenómenos astronómicos. En este escrito se trataba de dar una visión clara y sintética del estado de la cuestión del conocimiento científico en su tiempo, y abarcaba diversas materias dentro de lo que podríamos llamar ciencias naturales, con un especial hincapié en la divulgación de la materia astronómica.

Seguramente Sisebuto no tuvo que insistirle demasiado al obispo sevillano para que escribiera este tratado, ya que Isidoro nunca había hecho ascos al estudio de algunas cuestiones científicas, es más, en algunos de sus libros anteriores ya había dejado caer algunas nociones que indicaban sus conocimientos sobre el mundo natural. Como es normal, y a diferencia de los clásicos, como Lucrecio (de cuya obra más famosa copia el título), la obra de Isidoro está llena de referencias cristianas, y está adaptada a la concepción teológica del autor.

Pero lo que hoy nos interesa no es tanto el estudio de los conceptos astronómicos de Isidoro, sino en una epístola/tratado (la Epistula metrica ad Isidorum de libro rotarum -Samsó, 1992: 27 y 28- o Epistula Sisebuti) que, en verso y también en latín, le contestó el propio rey Sisebuto a San Isidoro, tras recibir el libro cuya redacción había pedido. En esta carta el monarca trató de dar una explicación racional y precisa, sin caer en supersticiones, a los eclipses de Luna, primordialmente, y a los eclipses de Sol. A partir de entonces, el libro de Isidoro y la carta de Sisebuto fueron conocidos de forma conjunta.

Por los datos históricos que conocemos y por los que menciona el texto -así como por algunos hechos que no se mencionan en el mismo-, se puede llegar a suponer que su fecha exacta de redacción fue el año 612, es decir, en el mismo año del inicio del mandato de Sisebuto, según explica el historiador de la ciencia Jacques Fontaine, en el trabajo introductorio a la edición en francés de este volumen (Fontaine, 1960). Probablemente, a finales de agosto o en septiembre de dicho año. Pero, ¿en que circunstancias se escribieron ambos tratados?.

Sisebuto y su tiempo
El rey godo Sisebuto, obtuvo dicho cargo electivamente -entre los nobles- tras el breve, pero intenso, mandato de dos años del rey Gundemaro -que falleció de muerte natural (circunstancia no muy habitual)-. Su reinado significó una cierta consolidación del poder de la monarquía visigoda y de la cultura romanizante, así como representó una especial protección de la religión católica (lo cual incluyó persecuciones de herejes -especialmente arrianos- y de nobles levantiscos, dictándose además durante su mandato una serie de medidas de control de la población judía). Amplió las posesiones de su corona en la península, en detrimento de los bizantinos, y trató de apaciguar una revuelta de vascos y cántabros.

Pese a que como monarca fue un hombre de su tiempo, en un período convulso, tenemos datos fehacientes sobre su notable afición a las ciencias y su conocimiento acerca de la mecánica celeste, según el modelo predominante entonces. Es muy posible que su gusto por la ciencia astronómica procediera de su período de aprendizaje y formación en el monasterio de Agali, cerca de Toledo, donde el estudio de los astros gozó de un gran predicamento entre un cierto número de monjes de esa época, que supieron cultivar esta ciencia rescatando el saber de los "antiguos". Su obra ha sido estudiada y debatida por numerosos especialistas en historia de la ciencia, como el español Julio Samsó; el francés Jacques Fontaine o el norteamericano Stevens.

Génesis de De Rerum natura y de la Epistula Sisebuti
Siempre difícil señalar cuales son las causas directas que motivan la realización de una obra científica. En ocasiones, cuando la misma es impulsada por un poder político, como es este caso, se piensa que el origen de la misma debe relacionarse con los hechos históricos que se vivían en el momento. Así, según Fontaine, el motivo de la petición, y del interés del monarca por la astronomía en ese tiempo, se debió a una serie de acontecimientos astronómicos de cierta relevancia que coincidieron a lo largo de un año y medio sobre el suelo de la península ibérica, y que fueron visibles por toda la población.

Así, en el año 611 hubo un eclipse parcial de Luna y uno total (el 4 de marzo y el 29 de agosto, respectivamente)2. El primero de ellos pasó por la tarde, y no fue posible ver su parcialidad dado que el fin de la misma coincidió con la salida de nuestro satélite, situado en Leo, por el este, a las 18h 15m.

Fue de tipo penumbral principalmente, por lo que dudamos que casi nadie se apercibiera del mismo. Sin duda fue más visto el segundo, total, aunque las horas no parezcan muy indicadas, dado que el inicio de su fase penumbral fue hacia las dos de la madrugada, de la parcialidad hacia las 3h 15m , no empezando la totalidad hasta las 4h 20m (la Luna se puso a las 5h 45m, cuando aún estaba eclipsada en su totalidad). La Luna se hallaba entonces en Aquarius, muy cerca de Saturno.

En el año 612, hubo, además, otros dos eclipses parciales de Luna visibles desde Hispania. El primero tuvo lugar el 22 de febrero, con nuestro satélite en Leo, más o menos cerca de la estrella Regulus, llegando a tapar la sombra de la Tierra, en el momento de su máximo eclipsamiento, hacia las 6h 35m., el 59% de la Luna (la cual se puso hacia las 7 h, con medio satélite aún eclipsado), y el otro el 17 de agosto, con la Luna de nuevo en Aquarius, cuyo máximo del 40% se vió en Toledo hacia las 5h 35m, poco antes de ocultarse nuestro satélite.

A todo eso hemos de sumar que en el mediodía del 2 de agosto del año 612, hubo, además, un eclipse parcial de Sol, en el que se oscureció el 87% de la superficie del astro Rey a su paso por Toledo a las 16h 15m. La línea de la centralidad iba desde la zona de Moscú, pasando por el sur de Italia y Túnez hasta el Sáhara. Como es obvio, fue visto como parcial en toda la península3.

Según el mismo autor francés, Fontaine, todos estos hechos, en una época plena de supersticiones (sólo hay que ver la lucha infatigable de los obispos y prelados cristianos en los inicios de la alta Edad Media contra las herejías y prácticas aún profanas que se seguían dando en los diferentes estados que entonces componían la Europa occidental), produjeron una cierta alerta y un cierto nerviosismo en la población hispana de la época, dado que el notable número de eventos astronómicos en tan poco tiempo, asociados a la llegada de un nuevo rey, no pudo dejar ser visto como algo alarmante, especialmente por los nobles contrarios o por las comunidades de seguidores de prácticas tenidas entonces como heréticas.

Además de eso, ciertos autores ilustrados, entresacaban de la lectura del libro del Apocalipsis la posibilidad de un cercano fin del mundo, que muchos esperaban ya (algunos con menos ganas que otros), y que vendría precedido por grandes señales en el cielo, según el mismo Gregorio Magno había escrito en una carta enviada al rey anglosajón Edilberto en el año 601.

Para Fontaine, sin duda Sisebuto entendió que quizás dicha alarma social le podía costar cara a él. Como hemos comentado antes, eran aquellos tiempos fáciles para el cambio rápido de reyes por la vía más violenta, y cualquier excusa era buena para ello (recordemos que se supone que el mismo Sisebuto, pese a todo, acabó muriendo envenenado -según escribe San Isidoro-, y su sucesor, su hijo de corta edad Recaredo II reinó sólo unos días).

Quizás, por todo ello, se decidió a pedir al hombre más respetado, prestigioso y sabio de su corte, como era Isidoro, que le escribiera un texto en el que se diera cuenta con una explicación lo más racional posible, de aquella serie de fenómenos. El libro, pues, pudo haber sido escrito en contra de los temores de supersticiosos, alentados desde cierta nobleza, y trataba de, buscando en los textos clásicos, dar una explicación a los sucesos que se habían visto.

Otra explicación alternativa
Pese a que esa explicación sobre las causas de la escritura del libro de Isidoro y del pequeño tratado de Sisebuto es posible que sea correcta, no nos lo parece a nosotros. Las razones para dudar son de índole astronómica.

Así, hemos de pensar que desde al año 601 al 610 se habían podido ver numerosos eclipses parciales de Sol y de Luna desde el mismo Toledo. Desde la capital del reino visigodo, se habían podido presenciar un total de seis eclipses parciales de Sol entre dichos años (casi uno por año).
Pese a que el del 26 de octubre del año 607 fue apenas perceptible y sólo cubrió un 3% de la superficie del Sol, el del 12 de agosto del año 603 oscureció el 97% del mismo, pasando la línea de centralidad cerca de Barcelona y por el norte de la península ibérica. Otro muy vistoso debió ser el parcial del 26 de diciembre del año 604, que llegó a tapar el 77% del Sol, y que fue un eclipse anular visible sólo desde el norte de África.

También, como es normal, se pudieron ver desde Toledo, entre los años 601 y 610, unos trece eclipses de Luna más (una media superior a uno por año), todos de tipo penumbral o parcial, como también lo fueron los de los años 611 y 612. E incluso hubo uno total el 16 de julio del año 604, hacia las 21 h.

No podemos creer, pues, que hubiera nada especial en los sucesos astronómicos de los años 611 y 612 que motivaran la redacción de estos trabajos sobre ciencias naturales. Como hemos podido ver, la ocurrencia de los fenómenos no fue superior a lo normal ni en cantidad ni en espectacularidad.

Creemos que la verdadera razón de la redacción de estos dos tratados fue el mero gusto de una época en la que hubo un cierto renacimiento del conocimiento de la tradición grecolatina, y a un rey y una corte medianamente ilustradas, que gustaban de la lectura de estas obras en sus no demasiadas horas de paz, tal como el mismo Sisebuto indica al inicio de su poema, donde no se observan miedos latentes a revueltas sociales.

Aún en el caso de que en su tiempo hubiera habido alguna alarma (tampoco nos extrañaría), dudamos que los alarmados llegaran nunca a leer ni el tratado de Isidoro ni el de Sisebuto, ni que lo que en ellos se expresa fuera comprensible por una población en su amplísima mayoría analfabeta (¿qué proporción de los posibles alarmados se podría calmar con unos textos de las características de los que mencionamos?)

La explicación de los eclipses de Luna y de Sol por Sisebuto
Su explicación se basa en la concepción aristotélica del cosmos. El universo que describe Sisebuto es geocéntrico con una Tierra inmóvil en torno a la cual gira la Luna, el Sol y los demás astros (fijos o errantes). La Luna sería el cuerpo celeste más próximo a nuestro planeta y la misma serviría como frontera entre dos partes diferentes del cosmos, la sublunar (que iría desde nuestro planeta a la Luna), en el cual todo sería corruptible, y la supralunar, en la cual habría un éter incorruptible y eterno, y donde todos los movimientos serían uniformes y en círculos perfectos. Sisebuto, en su explicación, emplea una metáfora para aclarar los conceptos que emplea, y compara el movimiento de los astros por el cielo con una carrera de carros en torno a un punto central inmóvil (la Tierra).

Al principio de sus versos, dirigidos a Isidoro, y a modo de introducción, le dice que le envidia la calma en que transcurre su vida, en comparación con la suya, llena de avatares y de guerras. Después entra en materia y pasa a explicar el porqué pierde en ocasiones la Luna su brillante faz de nieve. Evidentemente, señala, no es debido a las causas supersticiosas que muchas gentes creen. Según él, la Luna, que carece de luz propia (lo cual le permite explicar los eclipses de Luna y también los de Sol) evoluciona en su órbita inviolable, a través del éter, pero hay un determinado momento en la misma en que la Tierra le priva de los rayos del Sol -que se halla en su apogeo- al estar situada su enorme masa en medio. Cuando los rayos de luz solares, que se expanden libres por todo el universo, se encuentran con nuestro planeta, se forma una pirámide (usa este término y no el de cono, que parecería más correcto, como después comentaremos) de sombra por la parte diametralmente opuesta a donde se halla el astro Rey. Al entrar allí la Luna cuando está llena, la luz que refleja empalidece y se apaga, lo cual dura hasta que sale de dicha pirámide de sombra (los demás astros -fijos y errantes- sí tienen luz propia, y además nunca se ven afectados por la pirámide de sombra de la Tierra por lo que no empalidecen ni se eclipsan). Como quiera que según esta explicación a cada plenilunio debería corresponder un eclipse de Luna, Sisebuto nos recuerda que la órbita de la Luna es oblicua, y que sólo en ocasiones su plenilunio es interrumpido por la órbita de la Tierra. Para producirse los eclipses es igual la posición del Sol, no importando que se halle sobre la vertical de nuestro planeta o desde un eje oblicuo.


A los eclipses solares apenas les dedica unas pocas líneas para señalar que la coincidencia entre el curso del Sol y el curso oblicuo de la Luna, hace que la segunda tape al primero, apagando momentáneamente su luz. Un problema surge en su explicación. Si las órbitas son circulares, todos los eclipses serían anulares y nunca totales, dado que el tamaño de la Luna nunca podría tapar todo el disco solar (si la Luna puede ser tapada por la pirámide de la sombra de la Tierra, su tamaño no podría jamás tapar al Sol si las órbitas fueran perfectamente circulares).

De lo que indica en el texto se deducen varias cosas. Por una parte la creencia, al igual que Isidoro, en un mayor tamaño del Sol que de la Tierra (hasta 18 veces), así como un menor tamaño de la Luna. Así mismo nos recuerda (sin dar cifras) la enormidad de la distancia que nos separa del Astro Rey, lo cual es necesario para que la pirámide de la sombra terrestre se alargue hasta llegar a la Luna. No habla de los planetas de forma separada de las estrellas. Los mismos no serían eclipsados al no caer nunca dentro de la sombra de la Tierra.

La no mención de Mercurio ni de Venus, tal vez nos puedan hacer suponer que Sisebuto creía que los mismos se hallaban situados más allá del Sol4, aunque ello es sólo una hipótesis.

¿Creía Sisebuto que la Tierra era redonda?. Aunque la idea de una tierra esférica había sido muy común en la antigüedad clásica, contó con menos favores en el período patrístico cristiano que va desde fines de la antigüedad clásica hasta el inicio del escolasticismo (McCready, 1996: 108), así es posible que el mismo Isidoro -es discutido- creyera en una Tierra en forma de disco plano (Samsó, 1979 y McCready, 1996: 126-127).

Pese a que también hay discusiones, en el caso de Sisebuto su creencia en una tierra esférica, parece desprenderse de la lectura de su texto, según Stevens (1980: 273-274), así como según McCready (1996: 124-125 notas 59 y 60), ya que habla de umbra rotae (sombra redonda) y de globus. El proceso de un eclipse en su conjunto (un Sol que al girar ocasiona siempre una forma igual en la sombra que es cortada por la Luna) también implica una tierra en forma de esfera.

Y todo ello a pesar de que indique que la sombra de la tierra tiene forma de pirámide y no de cono. Ya que hemos de pensar en que el hecho de que la sombra de nuestro planeta tuviera forma de pirámide implicaría una tierra en forma cuadrada, pero el hecho de que los eclipses se puedan producir tanto cuando el Sol está directamente sobre la vertical de la Tierra como cuando son oblicuos, implica que la Tierra debe ser esférica, ya que la forma de la sombra de un cuadrado o de un cubo varían según sea el ángulo de incidencia de los rayos solares sobre dicho cuerpo.

La mejor explicación sobre porqué usa el termino pirámide y no cono se deba al uso no muy preciso de dicho término en su época, tal como la imprecisa definición que de la misma da Isidoro en sus Etimologías.

Pese a su admiración al sabio hispalense, no siguió al pie de la letra sus teorías, y así su creencia en la luminosidad propia de las estrellas y de los planetas contradice a San Isidoro, que pensaba que éstas no tenían luz propia y que eran iluminadas por el Sol, al igual que lo era la Luna.


NOTAS
  1. Isidoro nació probablemente en Cartagena, hacia el año 560, y murió en Sevilla, en el año 636, ciudad de la que había sido obispo desde el año 599. Fue autor de numerosas obras de contenido teológico y algunas profanas, entre ellas destacan, aparte de la obra que hoy comentamos, sus conocidas Etimologías (Originum sive etymologicarum libri viginti), o su Historia de Regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum, en la que nos habla acerca de los sucesos más relevantes ocurridos bajo el mandato godo en Hispania hasta la fecha de su redacción. Su trabajo representó un notable esfuerzo de difundir en su época el saber grecorromano, eso sí, sin descuidar el punto de vista profundamente cristiano que impregnaba su obra.
  2. Y no dos totales como indica Fontaine (1960, pág. 4).
  3. Fontaine dice que la centralidad pasó por el norte de la península, probablemente confunde este paso con un eclipse anterior del que hablaremos luego (Fontaine, 1960: 4).
  4. Una hipótesis similar fue mantenida también por algunos autores árabes del siglo X y XI. 
Bibliografía
  • Fontaine, Jacques (Ed.) "Isidore de Séville Traité de la nature suivi de l'Épitre en vers du roi Sisebut à Isidore". Biblioteque de l'École des Hautes Études Hispaniques. Fascicule XXVIII. Bordeaux, Feret, 1960.
  • Lindsay, W. M. (Ed.), "Isidori Hispalensis Episcopi Etymologiarum sive Originum libri XX", 2 vols. Oxford: Clarendon Press, 1911.
  • McCready, William D. "Isidore, the Antipodeans, and the Shape of the Earth" Isis, 1996, 87:108-127.
  • Samsó, Julio "Astronómica Isidoriana" Faventia, 1979, 1: 167-174.
  • Samsó, Julio "Nota sobre la biografía de Sisebuto en un texto árabe anónimo". Serta gratulatoria in honorem Juan Régulo. Vol. I Filología. La Laguna, 1985, pags. 639-642.
  • Samsó, Julio "Las ciencias de los antiguos en al-Andalus". Edit. Mapfre. Madrid, 1992.
  • Stevens, Wesley M. "The figure of the Earth in Isidore's 'De natura rerum'" Isis, 1980, 71: 268-277 (273-274 habla de la carta de Sisebuto) así como Mc Cready, 1996 pag. 124-125 nota 59 y 60.
Alfonso López Borgoñoz

SCIENCE AT THE VISIGOTHIC COURT. KING SISEBUTE AND HIS LITTLE TREATISE ABOUT ECLIPSES

Alfonso López Borgoñoz
(To read in Antwerp, Belgium, in the Eclipse Conference, 15 october 2000)
 
Saint Isidore of Seville (Cartagene, 560-Seville, 636), except for his theological and philosophical studies, was also keen on writing about nature and its phenomenons, protected his knowledge emanating from the Greek Latin tradition, and thus he wrote a treatise in prose titled De rerum natura (About Nature), in Latin, at the beginning of the VII century, on request of King Sisebute, who reigned in the visigothic Hispania between the years 612 and 621. This book was soon known all over Europe, reaching a large distribution, also named Liber Rotarum (Book of the Wheels), because of the different illustrations that accompanied the text, and which had this shape when treating, normally, astronomic phenomenons. In this writing he tried to give a clear and synthetic vision about the state of the question of the scientific knowledge in that time.

Of course Sisebute did not have to insist too much to the Sevillian bishop in order to write this treatise, as Isidore never turned up his nose at the study of some scientific questions, moreover, in some of his former books he had already mentioned some notions that indicated his knowledge about the natural world. As is normal, and different from the classics such as Lucrece (of whom he copied the title from his most famous work), the work of Isidore is full of Christian references, and is adapted to the theological conception of the author.
 
But what we are interested in today is not so much the study of the astronomical concepts of Isidore, but the epistle/treatise (Epistula metrica ad Isidorum de libro rotarum o Epistula Sisebuti) that, in verse and also in latin, the very king Sisebute answered to Saint Isidore, after he received the book of which he had asked the editing. In this letter the monarch tried to give a rational and precise explanation, without giving in to superstition or to histories of witches, of lunar eclipses, in the first place, and of solar eclipses. Since then, the book of Isidore and the letter of Sisebute were known as a whole.
 
From the historical facts that we know and from those that are mentioned in the text -as well as from some events that are not mentioned in it-, it could be supposed that the exact date of editing was the year 612, this means, in the same year as the start of the mandate of Sisebute. Probably, at the end of August or in September of that year. But under which circumstances were both these treatises written ?
 
Sisebute and his time
The Gothic king Sisebute got the above-mentioned function after the short, but intensive mandate of two years of the king Gundemare. His reign signified a certain consolidation of the power of the Visigothic monarchy and of the Romanized culture, as well as a protection of the Catholic religion (that included persecution of heretics - especially arians - and of rebellious nobles, taking furthermore a series of tough measures during his mandate to control the Jewish population). He enlarged the possessions of his crown in the peninsula, to the detriment of the Byzantines, and tried to calm down a revolt of Basques and Cantabrians.
 
Though as a monarch he was a man of his time, in a stirring period, we have indisputable facts about his notable predilection for science and his knowledge of the celestial mechanism, according to the then overpowering model. It is very possible that his taste for the astronomical science emanates from his learning and education period in the monastery of Agali, near Toledo, where the study of the celestial bodies had a great authority among a certain number of monks of that time, who knew to cultivate this science saving the knowledge of the “old”. His work has been studied and debated by numerous specialists in history of science such as the Spaniard Julio Samsó, the Frenchman Jacques Fontaine or the North American Stevens, among many others.
 
Origin of De rerum natura and of la Epistula Sisebuti
Although it is difficult to determine which are the direct causes that motivate the realization of a scientific work, according to Fontaine, the motive of the request, and of the interest of the monarch in the astronomy in this time, is due to a series of astronomical events which took place in the course of one and a half year on the soil of the Iberian Peninsula, and which were visible for the whole population.
 
Thus, in the year 611 a partial lunar eclipse took place and one total (on 4th Mars and 29th August, respectively). The first of them passed in the afternoon, and it was not possible to see its partiality as the end of it coincided with the rise of our satellite, situated in Leo, in the east, at 18h 15m. It was penumbral, so that we doubt that almost nobody could observe it. Undoubtedly the second, total, was more seen, although the hours do not seem very indicated, as the beginning of partiality was around 3h 15 m, and totality did not begin until 4h 20m (the moon set at 5h 45m, when it was still eclipsed in its totality). The Moon was then located in Aquarius, very close by Saturn.
 
In the year 612, there were moreover two other partial eclipses of the Moon visible in Hispania. The first took place on 22nd February, with our satellite in Leo, near Regulus, and was covering the shadow of the Earth, at the moment of the maximum of the eclipse, at about 6h 35m, 59% of the Moon (which set around 7 h, with half of the satellite still eclipsed), and the other on 17th August, with the Moon in Aquarius, of which the maximum of 40% was seen in Toledo at about 5h 35m, little time before our satellite was occulted.
 
To all this we have to add that at noon on 2nd August of the year 612, there was, furthermore, a partial eclipse of the Sun, in which 87% of the surface of the celestial body Rey was occulted when it passed over Toledo at 16h 15m. The central line went from the zone of Moscow, passed the south of Italy and Tunis to the Sahara. As is obvious, it was partial in the whole of the peninsula.
 
All these facts, in a period full of superstition (you only have to look at the inexhaustible fight of the Christian bishops and prelates in the beginning of the early middle ages against the heretics and still profane practices which were being held in the different states that then composed Western Europe), produced a certain alarm and a certain nervousness in the Hispanic population of that time, as the accumulation of astronomical events in such a short time, associated with the arrival of a new king, could not be left to be seen as something alarming, especially by the hostile nobles or by the communities of followers of practices which were considered to be heresy. Moreover, certain authors gathered from the lecture of the book of the Apocalypse the possibility of a near end of the world, which many expected already, and which would be preceded by big signals in the sky, according to what the same Gregore the Great had written in a letter to the English king Edilberte in the year 601.
 
For Fontaine, Sisebute undoubtedly understood that maybe the mentioned social alarm could cost him his head. In those times it was easy to change kings in the most violent way, and every excuse was good for it (remind that it was supposed that the same Sisebute died poisoned -according to Saint Isidore-, and his successor, his young son, Recarede II reigned only for two days). For this reason was decided to ask the man most respected and erudite of his court, like Isidore of Seville, to write a text with an explication as rational as possible of this series of phenomenons. The book, consequently, could have been written against the fears of the superstitious, proud from certain nobility, and tried, searching in classical texts, to give an explanation of what had been seen.
 
Another alternative explanation
Although this is a beautiful story, it does not seem excessively credible. We have to think that since the year 601 till 610 numerous partial eclipses of the Sun and of the Moon could be seen from Toledo. Thus, a total of six partial eclipses of the Sun could be witnessed in the capital of the Visigothic reign between those years (almost one per year). Although that of 26th October 607 was semi-imperceptible and only covered 3% of the surface of the Sun, that of 12th August of the year 603 occulted 97% of the same, passing the central line near Barcelone and the north of the Iberian Peninsula. Another very striking one must have been the partial of 26th December 604, which got to cover 77% of the Sun, and which was an annular eclipse only visible from the north of Africa. Also, as is normal, some thirteen lunar eclipses more could be seen from Toledo, between the years 601 and 610 (a half more than one per year), all penumbral or partial, such like those of the years 611 and 612. And there had even been a total one on 16th July of the year 604, around 21h. We don't think, consequently, that there was something special in the astronomical events of the years 611 and 612 that motivated the editing of those works about natural science. As we have seen, the occurrence of the phenomenons was not superior to the normal.
 
We think that the reason of the editing of these two treatises was only the liking of a period in which there was a certain revival of the knowledge of the Greek Latin tradition, and a king and a court rather erudite, who liked the reading of these works in their not too many hours of peace, such as the same Sisebute indicates in the beginning of his poem, where no latent fears can be observed. Maybe in their time there was some alarm, it would not surprise us, but we doubt that the alarmed got to read the treatise of Isidore or that of Sisebute, or that which was expressed in it was understandable for a population mostly analphabetic
 
The explanation of the eclipses of the Moon and the Sun by Sisebute
His explanation is based on the aristotelic conception of the cosmos. The universe of Sisebute is geocentric with an immobile Earth around which turn the Moon, the Sun and the other celestial bodies. Our satellite would be the most close corpse, and served as a border between two different parts of the cosmos, the sublunar (which would go from our planet to the Moon), where all should be perishable, and the supralunar, where there would be a non-perishable and eternal sky. All movements would be uniform and in perfect circles.
 
After a short introduction, Sisebute enters the matter and begins to explain why at occasions the Moon loses its brilliant countenance of snow. Obviously, he declares, it is not because of superstitious reasons like a lot of people think. According to him, the Moon, which has no proper light (which enables him to explain the eclipses of our satellite and also those of the Sun) evolves in its orbit, through the sky, but there is a specific moment in which the Earth deprives it of the rays of the Sun - which is situated in its apogee - its enormous mass being located in the middle. When the rays of sunlight, which are freely expanded all over the universe, meet our planet, a pyramid is formed (he uses the term pyramid and not cone) of shadow at the part diametrically opposed to where the celestial body Rey is situated.

When the Moon enters there at full moon, the light that it reflects fades and extinguishes, which lasts until it leaves the mentioned shadow pyramid (the other celestial bodies -stars and planets- if they have light of their own and moreover never are afflicted by the shadow pyramid of the Earth, as a result of what they do not fade nor eclipse). As according to this explanation each full moon would coincide with an eclipse of the Moon, Sisebute reminds us that the orbit of the Moon is oblique, and that only in occasions its full moon is interrupted by the orbit of the Earth. In order to produce the eclipses the position of the Sun is equal, not importing if it is situated on the vertical of our planet or from an oblique axis.



On the solar eclipses he hardly dedicates some lines to indicate that the coincidence between the course of the Sun and the oblique course of the Moon, makes that the second covers the first, extinguishing its light. A problem arises in his explanation. If the orbits are circular, all the eclipses would be annular and never total, given the fact that the size of the Moon could never cover the solar disc (if the Moon can be covered by the shadow pyramid of the Earth, its size could never cover the Sun if the orbits were perfectly circular).
 
Various things can be deduced from the text. On the one hand, the conviction, the same as of Isidore, of a bigger size of the Sun than the Earth (up to 18 times), as well as of a smaller size of the Moon. Also it reminds us of the enormousness of the distance which separates us from the celestial body Rey, which is necessary for the terrestrial shadow pyramid to get so long that it reaches the Moon. He does not speak of the planets as a separate thing from the stars. These would not be eclipsed, as they never fall in the shadow of the Earth.

Did Sisebute think that the Earth was round? Although the idea of a spherical Earth was common thought among the scientists of the classic antiquity, it received less approval in the patristic Christian period at the end of that age. It is possible that the same Isidore - it is subject of debate - believed in an Earth in the shape of a flat disc. Although there are also discussions, in the case of Sisebute his belief in a spherical Earth seems to emanate from reading his text, as he talks about umbra rotae (rounded shadow) and about globus. The process of an eclipse in its whole (a Sun which turning always causes a round shape equal in the shadow that is cut by the Moon) also implies an Earth in the shape of a sphere. And all this in spite of his indicating that the shadow of the Earth has the shape of a pyramid and not of a cone (let's think that the shadow of our planet had the shape of a pyramid, this implied a square or cube earth, but the fact that the eclipses can occur as well when the Sun is directly on the vertical of the Earth as when they are obliques, implies that the Earth must be spherical, as the shape of the shadow of a square or of a cube varies according to the angle of incidence of the sun rays on the mentioned corpse). The best explanation about why he uses the term pyramid and not cone is due to the not very correct use of that term in his age, such as the imprecise definition that Isidore gives in his Etymologies.

In spite of his admiration for the sevillian scientist, Sisebute did not follow his theories literally, and so his belief in the proper luminosity of the stars and planets contradicts San Isidore, who thought that these did not have own light and were lit up by the Sun, as is the Moon.

(text translated to the english by Geert Poitevin)(many, many thanks Geert!)

17 febrero, 2007

ECLIPSES DE LUNA EN TIEMPOS DE GODOS

Este 3 de marzo de 2007 hay un eclipse total de Luna, que será muy seguido.

Sin embargo, poca gente sabe que un rey visigodo, Sisebuto, que reinó entre el 612 y el 621, escribió una obra notable sobre estos fenómenos. Dicho monarca, que vivió tiempos convulsos (de guerras continuas, con duras persecuciones de judíos), gustó de la astronomía. Su afición procedía, tal vez, de su período de formación en el monasterio de Agali (Toledo), donde el estudio del cielo gozó del aprecio de sus monjes, amantes del saber de los "antiguos". No sólo eso, también impulsó a Isidoro de Sevilla (560-636) a que escribiera De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), obra que alcanzó una gran difusión en Europa. En ella se divulgaba lo mejor del conocimiento de su tiempo sobre lo que ahora conocemos como ciencias naturales.

Sisebuto, tras recibir dicha obra, contestó al obispo sevillano hacia el 612 (seguramente en septiembre) con una carta-tratado, en verso y en latín, titulada Epistula metrica ad Isidorum de libro rotarum (o Epistula Sisebuti), en la que explicaba de forma racional y precisa, sin supersticiones, los eclipses de Luna y de Sol. A partir de entonces, el libro de Isidoro y el de Sisebuto fueron conocidos de forma conjunta.

¿Por qué lo escribió? La razón debió estar en el mismo mes de agosto del 612. El 2 tenía lugar un eclipse parcial de Sol por la tarde (visible como total en el extremo suroeste de la península Ibérica). Quince días más tarde, el 17, se pudo contemplar un eclipse parcial de Luna. Esa coincidencia (y el recuerdo de los otros seis eclipses parciales de Sol y los quince de Luna —más o menos visibles— observados entre el 601 y el 611) debió impresionar tanto a Sisebuto que escribió su obra durante una guerra contra los astures, mandándosela después a Isidoro.

Para el historiador francés Jacques Fontaine, esos acontecimientos, en una época plena de supercherías, produjeron alarma en la población. Sisebuto se acababa de coronar en febrero de ese año. Quizás le preocupó ver nervios entre los que le rodeaban. Eran tiempos fáciles para el cambio de reyes por la vía rápida. La lista de los monarcas godos no contempla muchos reinados largos...

¿Fue ese estado de ánimo el que hizo escribir un texto que acallara los temores? Quizás sí, pero personalmente creo que la verdadera razón fue sólo la de explicar los eclipses, en sí mismos. Fue aquella una época de un cierto renacimiento de la ciencia grecolatina, con un rey y una corte medianamente ilustrados, que gustaban de la lectura de estas obras en sus, no demasiadas, horas de paz. De ello habla el mismo Sisebuto al inicio de su poema, donde no se observan miedos latentes a revueltas sociales.

Aún en el caso de que hubiera habido cierta inquietud, dudamos que los asustados llegaran nunca a leer ni el tratado de Isidoro ni el de Sisebuto, ni que lo que en ellos se expresa fuera comprensible para una población generalmente analfabeta. ¿Cuántos posibles alarmados se pudieron calmar entonces con unos textos como los que mencionamos? ¿Cuántos se calmarán o pondrán nerviosos ahora con los libros sobre el cambio climático?

Alfonso López Borgoñoz

(publicado en la sección "Pretérito imperfecto" de la revista mensual Tecnociencia 11, marzo 2007, basado en un texto anterior del mismo autor sobre la misma obra)