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05 enero, 2011
26 marzo, 2007
ACORDES Y DESACUERDOS
Algo más de una década después del apagón (tras casi dos de funcionamiento) del maravilloso observatorio espacial ultravioleta International Ultraviolet Explorer (IUE), los gobiernos español y ruso han acordado el desarrollo de un nuevo explorador espacial en la misma banda del ultravioleta, el Observatorio Espacial Mundial —WSO, por sus siglas en inglés—, que debería ser puesto en órbita en el año 2012.
Según el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial, su coste será de unos 300 millones de euros y la contribución española rondará el 15% más lo que implique el desarrollo futuro de los instrumentos específicos de este nuevo observatorio en nuestros centros de investigación. En un reciente artículo Xavier Barcons señalaba que “la astronomía española significa el 5% de la mundial y el 10% de la europea”. Seguramente, la reciente apuesta por el ESO, la próxima puesta en funcionamiento del GRANTECAN y la futura de este observatorio deberá permitir la mejora de estas cifras en la próxima década, lo que sin duda es una gran noticia.
Sin embargo, no todo es música celestial en la industria aeroespacial. Lo que parecía un genial paso, en un sonoro acorde de las autoridades europeas en defensa del desarrollo del proyecto Galileo, un ambicioso sistema de navegación por satélite llamado a ser una brillante alternativa al GPS estadounidense, tal vez finalice en un horrísono desacuerdo por la cansina especulación digna de reino de taifas de los gobiernos de los estados que lo apoyaron.
Antes de este 10 de mayo, le correspondería dar al consorcio que lo impulsa una serie de pasos mínimos sino no desea que el proyecto quede empantanado. Así, debe tener lista ya en dicha fecha la regulación de su situación jurídica y de explotación con el acuerdo de todos sus integrantes (evitando vetos), así como haber elegido un consejero delegado. Pero la cosa no está fácil y el acuerdo no será sencillo.
Vale la pena recordar que no son sólo grandes intereses económicos los que hay en juego, sino también el desarrollo de unas tecnologías que servirán de motor para mejorar la capacidad de la industria europea y la financiación de la propia investigación científica en muchas áreas conexas —en una Europa ya casi sin fronteras, cuyos investigadores están acostumbrados a una movilidad que quizás sea imprescindible—.
Proyectos cuya envergadura les haría merecedores de seguir una lógica comunitaria —más países asociados—, siguen estando en manos de lógicas estatales más estrechas. El desarrollo de nuestro continente no puede llegar desde la óptica de políticos nacionales, con intereses nacionales a corto plazo, sino de la mano de políticos europeos, con intereses más amplios y la vista puesta en un mayor plazo de tiempo.
Según el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial, su coste será de unos 300 millones de euros y la contribución española rondará el 15% más lo que implique el desarrollo futuro de los instrumentos específicos de este nuevo observatorio en nuestros centros de investigación. En un reciente artículo Xavier Barcons señalaba que “la astronomía española significa el 5% de la mundial y el 10% de la europea”. Seguramente, la reciente apuesta por el ESO, la próxima puesta en funcionamiento del GRANTECAN y la futura de este observatorio deberá permitir la mejora de estas cifras en la próxima década, lo que sin duda es una gran noticia.
Sin embargo, no todo es música celestial en la industria aeroespacial. Lo que parecía un genial paso, en un sonoro acorde de las autoridades europeas en defensa del desarrollo del proyecto Galileo, un ambicioso sistema de navegación por satélite llamado a ser una brillante alternativa al GPS estadounidense, tal vez finalice en un horrísono desacuerdo por la cansina especulación digna de reino de taifas de los gobiernos de los estados que lo apoyaron.
Antes de este 10 de mayo, le correspondería dar al consorcio que lo impulsa una serie de pasos mínimos sino no desea que el proyecto quede empantanado. Así, debe tener lista ya en dicha fecha la regulación de su situación jurídica y de explotación con el acuerdo de todos sus integrantes (evitando vetos), así como haber elegido un consejero delegado. Pero la cosa no está fácil y el acuerdo no será sencillo.
Vale la pena recordar que no son sólo grandes intereses económicos los que hay en juego, sino también el desarrollo de unas tecnologías que servirán de motor para mejorar la capacidad de la industria europea y la financiación de la propia investigación científica en muchas áreas conexas —en una Europa ya casi sin fronteras, cuyos investigadores están acostumbrados a una movilidad que quizás sea imprescindible—.
Proyectos cuya envergadura les haría merecedores de seguir una lógica comunitaria —más países asociados—, siguen estando en manos de lógicas estatales más estrechas. El desarrollo de nuestro continente no puede llegar desde la óptica de políticos nacionales, con intereses nacionales a corto plazo, sino de la mano de políticos europeos, con intereses más amplios y la vista puesta en un mayor plazo de tiempo.
17 febrero, 2007
ECLIPSES DE LUNA EN TIEMPOS DE GODOS
Este 3 de marzo de 2007 hay un eclipse total de Luna, que será muy seguido.
Sin embargo, poca gente sabe que un rey visigodo, Sisebuto, que reinó entre el 612 y el 621, escribió una obra notable sobre estos fenómenos. Dicho monarca, que vivió tiempos convulsos (de guerras continuas, con duras persecuciones de judíos), gustó de la astronomía. Su afición procedía, tal vez, de su período de formación en el monasterio de Agali (Toledo), donde el estudio del cielo gozó del aprecio de sus monjes, amantes del saber de los "antiguos". No sólo eso, también impulsó a Isidoro de Sevilla (560-636) a que escribiera De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), obra que alcanzó una gran difusión en Europa. En ella se divulgaba lo mejor del conocimiento de su tiempo sobre lo que ahora conocemos como ciencias naturales.
Sisebuto, tras recibir dicha obra, contestó al obispo sevillano hacia el 612 (seguramente en septiembre) con una carta-tratado, en verso y en latín, titulada Epistula metrica ad Isidorum de libro rotarum (o Epistula Sisebuti), en la que explicaba de forma racional y precisa, sin supersticiones, los eclipses de Luna y de Sol. A partir de entonces, el libro de Isidoro y el de Sisebuto fueron conocidos de forma conjunta.
¿Por qué lo escribió? La razón debió estar en el mismo mes de agosto del 612. El 2 tenía lugar un eclipse parcial de Sol por la tarde (visible como total en el extremo suroeste de la península Ibérica). Quince días más tarde, el 17, se pudo contemplar un eclipse parcial de Luna. Esa coincidencia (y el recuerdo de los otros seis eclipses parciales de Sol y los quince de Luna —más o menos visibles— observados entre el 601 y el 611) debió impresionar tanto a Sisebuto que escribió su obra durante una guerra contra los astures, mandándosela después a Isidoro.
Para el historiador francés Jacques Fontaine, esos acontecimientos, en una época plena de supercherías, produjeron alarma en la población. Sisebuto se acababa de coronar en febrero de ese año. Quizás le preocupó ver nervios entre los que le rodeaban. Eran tiempos fáciles para el cambio de reyes por la vía rápida. La lista de los monarcas godos no contempla muchos reinados largos...
¿Fue ese estado de ánimo el que hizo escribir un texto que acallara los temores? Quizás sí, pero personalmente creo que la verdadera razón fue sólo la de explicar los eclipses, en sí mismos. Fue aquella una época de un cierto renacimiento de la ciencia grecolatina, con un rey y una corte medianamente ilustrados, que gustaban de la lectura de estas obras en sus, no demasiadas, horas de paz. De ello habla el mismo Sisebuto al inicio de su poema, donde no se observan miedos latentes a revueltas sociales.
Aún en el caso de que hubiera habido cierta inquietud, dudamos que los asustados llegaran nunca a leer ni el tratado de Isidoro ni el de Sisebuto, ni que lo que en ellos se expresa fuera comprensible para una población generalmente analfabeta. ¿Cuántos posibles alarmados se pudieron calmar entonces con unos textos como los que mencionamos? ¿Cuántos se calmarán o pondrán nerviosos ahora con los libros sobre el cambio climático?
Alfonso López Borgoñoz
(publicado en la sección "Pretérito imperfecto" de la revista mensual Tecnociencia 11, marzo 2007, basado en un texto anterior del mismo autor sobre la misma obra)
Sin embargo, poca gente sabe que un rey visigodo, Sisebuto, que reinó entre el 612 y el 621, escribió una obra notable sobre estos fenómenos. Dicho monarca, que vivió tiempos convulsos (de guerras continuas, con duras persecuciones de judíos), gustó de la astronomía. Su afición procedía, tal vez, de su período de formación en el monasterio de Agali (Toledo), donde el estudio del cielo gozó del aprecio de sus monjes, amantes del saber de los "antiguos". No sólo eso, también impulsó a Isidoro de Sevilla (560-636) a que escribiera De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), obra que alcanzó una gran difusión en Europa. En ella se divulgaba lo mejor del conocimiento de su tiempo sobre lo que ahora conocemos como ciencias naturales.
Sisebuto, tras recibir dicha obra, contestó al obispo sevillano hacia el 612 (seguramente en septiembre) con una carta-tratado, en verso y en latín, titulada Epistula metrica ad Isidorum de libro rotarum (o Epistula Sisebuti), en la que explicaba de forma racional y precisa, sin supersticiones, los eclipses de Luna y de Sol. A partir de entonces, el libro de Isidoro y el de Sisebuto fueron conocidos de forma conjunta.
¿Por qué lo escribió? La razón debió estar en el mismo mes de agosto del 612. El 2 tenía lugar un eclipse parcial de Sol por la tarde (visible como total en el extremo suroeste de la península Ibérica). Quince días más tarde, el 17, se pudo contemplar un eclipse parcial de Luna. Esa coincidencia (y el recuerdo de los otros seis eclipses parciales de Sol y los quince de Luna —más o menos visibles— observados entre el 601 y el 611) debió impresionar tanto a Sisebuto que escribió su obra durante una guerra contra los astures, mandándosela después a Isidoro.
Para el historiador francés Jacques Fontaine, esos acontecimientos, en una época plena de supercherías, produjeron alarma en la población. Sisebuto se acababa de coronar en febrero de ese año. Quizás le preocupó ver nervios entre los que le rodeaban. Eran tiempos fáciles para el cambio de reyes por la vía rápida. La lista de los monarcas godos no contempla muchos reinados largos...
¿Fue ese estado de ánimo el que hizo escribir un texto que acallara los temores? Quizás sí, pero personalmente creo que la verdadera razón fue sólo la de explicar los eclipses, en sí mismos. Fue aquella una época de un cierto renacimiento de la ciencia grecolatina, con un rey y una corte medianamente ilustrados, que gustaban de la lectura de estas obras en sus, no demasiadas, horas de paz. De ello habla el mismo Sisebuto al inicio de su poema, donde no se observan miedos latentes a revueltas sociales.
Aún en el caso de que hubiera habido cierta inquietud, dudamos que los asustados llegaran nunca a leer ni el tratado de Isidoro ni el de Sisebuto, ni que lo que en ellos se expresa fuera comprensible para una población generalmente analfabeta. ¿Cuántos posibles alarmados se pudieron calmar entonces con unos textos como los que mencionamos? ¿Cuántos se calmarán o pondrán nerviosos ahora con los libros sobre el cambio climático?
Alfonso López Borgoñoz
(publicado en la sección "Pretérito imperfecto" de la revista mensual Tecnociencia 11, marzo 2007, basado en un texto anterior del mismo autor sobre la misma obra)
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