17 mayo, 2009
18 marzo, 2009
SOBRE NÚMEROS Y EL UNIVERSO. Comparando el Cosmos observable con la vida cotidiana
Esto no es raro. Y no únicamente porque vivimos en una sociedad en la que el mundo de las cifras parece cobrar sólo sentido cuando se habla de economía, sino porque incluso los que nos dedicamos a la divulgación (también, supongo que los astrónomos más renombrados) somos muchas veces incapaces de imaginarnos exactamente qué implica en cuanto a tamaños lo que decimos.
Vivimos en una sociedad que, pese a los avances que se han realizado en el conocimiento y en la tecnología, sigue siendo normalmente anumérica, con un escaso sentido crítico ante las cifras y con un cierto nivel de ignorancia sobre ellas.
¿REALMENTE NOS MOVEMOS?
La primera sorpresa suele surgir cuando se mide la velocidad a la que nos movemos por el Universo. Hay un primer cálculo sencillo, que es el de la velocidad de la rotación terrestre por el ecuador. Ésta es fácil de calcular ya que, en principio, surge de dividir 40.000 km (que es aproximadamente lo que mide el círculo máximo de nuestro planeta) entre 24 horas, que es el tiempo en que tarda en dar una vuelta completa.
Esta sencilla operación nos dice que el movimiento de rotación es de unos 1.669 km/hora o, lo que es igual, unos 464 m/seg. Cada segundo (y, obviamente, todos los días a todas horas), un habitante de la zona media del planeta gira hacia el este cerca de medio kilómetro. Cuando se sienta a descansar cinco minutos en un banco un habitante de Colombia, por ejemplo, se mueve, en realidad, casi 140 km.
La cosa mengua al ir hacia el norte o hacia el sur. Cada paralelo, a medida que nos vamos acercando a los polos, va midiendo menos, por lo que allí la velocidad de giro también es menor.
Si esta velocidad parece elevada, la cosa aún aumenta si calculamos la velocidad a la que la Tierra gira en torno al Sol en su movimiento de traslación. Para hacer el cálculo más sencillo, supondremos que nuestra órbita es redonda y que la distancia media al Sol es de 149,5 millones de kilómetros, lo cual es básicamente correcto.
Después, por la sencilla fórmula 2pr, calcularemos la longitud de dicha órbita, que es una especie de circunferencia. En este caso multiplicaríamos estos 149,5 millones de kilómetros por 6,28, lo que nos da una longitud, aproximada, de 939 millones de kilómetros. Esa distancia es la que nuestro planeta recorre anualmente. Dado que la duración media de un año es de 365,24 días (lo que hace que cada cuatro años debamos añadir un día a los bisiestos para que nos cuadren las cuentas), pasado a horas nos da 8.766 horas. Si dividimos la longitud de la órbita entre dichas horas, nos resulta una velocidad de traslación de 107.118 km/h o, lo que es igual, 29,8 km/seg (también cada segundo del año, todos los años).
Pero éstas, aunque sorprendentes para la mayoría, no son las únicas velocidades que nos afectan, ni las más rápidas. Para acabar podemos señalar la velocidad de giro de nuestro Sistema Solar alrededor del centro galáctico, que es de unos 245 km/seg. ¡Si están sentados, agárrense bien a la silla!
Es decir, vivimos en una especie de centrifugadora que se desplaza a toda velocidad por el espacio. Y hay más movimientos, dado que nuestra galaxia, evidentemente, no está quieta y se dirige hacia un misterioso “gran atractor”, conjuntamente con todo el llamado Grupo Local (nota 1).
¿Y LA LUNA DE LOS POETAS?
La Luna, la tranquila Luna, gira en torno a la Tierra a 1 km/seg y su rotación es de 4,626 m/seg. La relación gravitatoria con nuestro planeta ha conducido a ambas velocidades, las cuales son la causa (o el efecto) de que siempre veamos la misma cara de nuestro satélite.
Viendo esta rapidez, uno intuye que, si no fuera por la inercia, la dificultad de llegar a la Luna estribaría, en primer lugar, en cazarla en vuelo y, dada la velocidad de la Tierra, en volver después a nuestro mundo.
Pero se pueden hacer más consideraciones al respecto. ¿A qué distancia está la Luna? La media es de 380.000 km (lo que implica que a veces está más lejos y a veces más cerca). Pero eso, a algunos, nos dice poco, si no podemos evaluar el dato con algo que esté más en nuestro pequeño mundo diario.
Es como el precio de algunos pisos o la estupidez de algunos colegas, sabemos que es enorme pero es difícil hacerse una idea con precisión si sólo tenemos una cifra. Vale la pena el efectuar alguna comparación.
Para ello, usaremos una esfera, que simulará la Tierra, de un metro de eje (diámetro). En este caso concreto, y de una forma intuitiva, ¿a qué distancia se situaría la Luna? (pensemos, además, que nuestro satélite en este caso tendría un eje de sólo unos 27 cm).
Por lo general la gente la suele ponerla a un par de metros de distancia, lo sumo a tres. Sin embargo, si tenemos en cuenta que el eje de la Tierra mide unos 12.000 km, ello implica que la distancia media entre la Luna y nosotros es de 31,67 veces el eje terrestre, por lo que en realidad, si multiplicamos dicho eje de un metro por 31,67 deberemos situar a la Luna a 31,67 metros de distancia. Y eso es mucho, si nos molestamos en comprobarlo, especialmente si vemos nuestra pequeñita esfera lunar y la algo mayor terrestre (un balón playero muy hinchado).
¿Y el Sol? Bueno, el Sol sería en este caso una enorme circunferencia, que mediría 3,66 veces la distancia media entre la Luna y la Tierra (es decir, 1.390.000 km en el mundo real y 115,9 m en este ejemplo), y estaría situado a cuatrocientas veces la distancia que nos separa de nuestro satélite, lo cual equivale en este caso a situar a nuestro Astro Rey a 12,7 km. Mucho, pues.
Cifras enormes, pero que podemos hacer pequeñas de golpe si nos fijamos en nuestra leve atmósfera, cuya envoltura respirable tiene sólo unos 10 km de altura (no llega, pero la que indico es una distancia fácil de recordar), lo cual es sólo 0,00083333 veces el eje terrestre. Muy poco. Una distancia que es fácil hacerla en un paseo largo.
En nuestro ejemplo anterior, si el eje de la Tierra mide un metro, su atmósfera mediría sólo 0,83 mm. Si la Tierra sólo fuera una enorme naranja de un metro de eje, su piel sería más fina que la de una manzana. Y su superficie igual de lisa (o más).
FACTORES DE ESCALA, TAMAÑOS Y EXPONENTES
John Allen Paulos menciona que un hombre es a un virus como la distancia que hay entre Alfa Centaurus y el propio hombre. Los tamaños son importantes en las cosas (especialmente en ciertos momentos) y, no obstante, muchas veces carecemos de la capacidad de sorprendernos ante las enormidades del Universo.
Un ejemplo claro lo tenemos en los exponentes, para mucha gente, hablar de un 10 exp. 20, 10 exp. 21 o 10 exp. 22, es prácticamente lo mismo. Parece como si la diferencia entre dichas cifras fuera pequeña. Y, sin embargo, no lo es. La diferencia es enorme.
La primera de ellas es sólo la décima parte de la segunda y ésta, a su vez, es sólo la décima parte de la tercera, por lo que se puede deducir, sin dificultad, que la primera es sólo la centésima parte de la tercera o, lo que es lo mismo, se necesitan cien veces un objeto del tamaño de la primera cifra para ocupar el espacio señalado por la tercera. Para muchos esto es obvio matemáticamente, pero es posible que nunca hayan reflexionado en exceso sobre lo que implica en cuanto a proporciones.
Si nos da por medir en metros el Cosmos, vemos que el Sistema Solar (que imaginaremos meramente como la distancia entre el Sol y Plutón (sin contar ni al cinturón de Kuiper ni a la más lejana Nube de Oort) mide unas cuarenta unidades astronómicas, lo que es igual a casi 6 x 10 exp. 12 m (es decir unos 5.982.955.240.000 m).
¿Y cuán grandes suelen ser las galaxias? Ello es más difícil de definir. Si vemos las cifras que se nos dan, vemos que una galaxia como la nuestra mide de diámetro 30 kiloparsecs (kp), lo que es igual a 10 exp. 21 m; la de Andromeda (M 31) mediría 50 kp, o sea 1,5 x 1021 m y la del Triángulo (M 33), algo más pequeña, sólo 2,1 x 10 exp. 20 m. Podemos suponer que las galaxias típicas miden, entonces, de diámetro, entre 10 exp. 20 y algo más de 10 exp. 21 m. Podemos pensar que las diferencias entre unas y otras son pequeñas y, en cambio, lo que en realidad nos indican es que hay galaxias que son la décima parte, o menos, que otras. Es decir que en el interior de las que miden 10 exp. 21 m, cabrían diez de las que miden 10 exp. 20 m.
Una pregunta a los lectores podría ser cuántos sistemas solares como el nuestro cabrían, en línea, en una galaxia del tamaño de 10 exp. 20 m y en una que mida 10 exp. 21 m. En el primer caso, la respuesta sería unos 17 millones y en el segundo, ¡unos 170 millones!. Y, no obstante, cuando volvemos a comparar el radio de 6 x 10 exp. 12 m del Sistema Solar y el diámetro galáctico de 10 exp. 21 m nos siguen sin parecer que sean tan diferentes...
Pero podemos seguir subiendo de tamaño, ampliando la escala. ¿Cuántos metros de diámetro mide el llamado Grupo Local? Se calcula que, aproximadamente, unos 3 millones de años luz, lo cual viene a ser 3 x 10 exp. 23. No es tanto, podemos pensar, si lo comparamos con el tamaño de una galaxia de las grandes, 10 exp. 21 m, y en cambio ¡es una enormidad! Es, sólo en línea recta, unas veinte veces el diámetro de la de Andromeda, unas treinta el de la nuestra y unas trescientas el de la del Triángulo. Y no sólo eso, al ser un volumen, el espacio interior cubierto sería muchísimo más elevado (ver apartado siguiente sobre volúmenes).
Ampliando algo la vista, pasemos a ver el diámetro del Universo observable. Las cifras, claro está, son aún mayores. Pero el cálculo es difícil, los últimos descubrimientos del telescopio espacial han ampliado notablemente nuestro horizonte de visión y parece ser que lo observable debe estar algo por encima de 10 exp. 26, que es más o menos diez mil millones de años luz (hay alguna galaxia que se supone está a unos 13 mil millones de años luz, pero ello no altera significativamente nuestras cifras). La siguiente potencia, 10 exp. 27, nos hablaría de una distancia de más de cien mil millones de años luz. Como se ve, sólo una potencia más (que sigue sin parecer tanto), y ya es una medida completamente imposible según nuestra actual concepción de cómo es el Universo. Cabrían, en línea recta, 1.000.000 de galaxias de las de 10 exp. 20 m.
Un último dato, un núcleo atómico mide 10 exp. -14 m y un átomo entero, unas diez mil veces más 10 exp. -10 m. Esa diferencia no está mal. Si comparamos ahora la primera de dichas medidas, con las del Universo observable, 10 exp. 26, vemos que hay una gran diferencia en la potencia pero, sin embargo, no parece que estemos hablando de dos cosas con unos tamaños tan absolutamente alejados.
VOLÚMENES
Pese a que el volumen también cuenta en todos los niveles, los datos que estamos señalando son lineales normalmente, en base a los diámetros de los objetos.
Como es obvio, si tenemos en cuenta los volúmenes, las cifras se disparan aún más, pero no creemos que valga la pena señalarlos aquí cuando hablamos del Sistema Solar o de galaxias, pero, sin duda, sí hemos de mencionarlos al hablar del Grupo Local o del Universo observable.
Si suponemos a ambos una forma esférica, el Grupo Local tendría un volumen de 2,7 x 10 exp. 68 m3 y el Universo observable de 7,8 x 10 exp. 78 m3 (en el primer caso, la cifra sería de un 1 con 68 ceros detrás y en el segundo caso, serían 78 los ceros que seguirían al 1). Ello implica que en el Universo caben 10.000.000.000 de asociaciones galácticas del tamaño de nuestro Grupo Local. Casi nada.
EL TIEMPO
Las consideraciones en torno al tiempo suelen ser también complicadas. Así, por la experiencia, nos cuesta pensar en un espacio que se dilata y expande (dado que ello no ocurre en el mundo que nos rodea) y, sin embargo, no nos parece causar mayor asombro que el tiempo pase sólo en un sentido, que las causas tengan efecto “algo después”, etc. Parece como si el tiempo se expandiera, si bien, aunque es fácil el que uno pueda desandar sus pasos en el espacio, ello no es posible en el tiempo.
Pero esos pensamientos no son el objeto de este artículo, lo que nos interesa es tratar de comprender qué implican las grandes cantidades de tiempo que han pasado desde el Big Bang, así como lo que aún queda por suceder. A la mayoría, cifras como diez mil millones de años, mil millones de años e incluso cien millones de años, le suenan básicamente igual, a mucho tiempo transcurrido, pero, como veremos hay grandes diferencias a tener muy en cuenta...
Vamos a tratar de ir hacia atrás pensando en algo que nos pueda dar una idea de cambio producido y que, al mismo tiempo, nos sea vagamente familiar. Pese a que el tiempo que nos separa de la construcción de las pirámides es sugerente (algo más de cuatro mil años), hemos de pensar que no es mucho, por lo que no nos sirve. La aparición del hombre actual se produjo en África hace unos treinta mil años. También se nos antoja poco. Sumergiéndonos algo más podemos llegar hasta el surgimiento de los neandertales, esa especie emparentada con la nuestra que, parece ser, se expandió por Europa hace cien mil años. Pero también son excesivamente contemporáneos. ¿Los homínidos de la Sima de los Huesos, en Atapuerca (Burgos)? Sus restos son de hace 300.000 años, pero no estoy seguro de que dentro de algunos millones de años los futuros paleontólogos sepan diferenciar con claridad sus restos en los museos de los de los conservadores actuales que los guardan.
Quizás el homo antecessor, también hallado en Atapuerca, y con una antigüedad superior a los 800.000, podría ser un buen dato. Probable antepasado de los neandertales y, quizás, de los humanos actuales, entre ellos y nosotros ya parece haber un salto evolutivo importante, pero sigue sin ser excesivo (¡y ello que entre dicho homo y los restos alojados en la Sima de los Huesos hay un mayor lapso temporal que entre estos últimos y nosotros!).
Vayamos más para atrás y lleguemos hasta el momento de la extinción de los dinosaurios, hace unos sesenta millones de años, con unos minúsculos mamíferos esperando su momento, medio agazapados.
Desde entonces, las cosas han cambiado mucho y nada es lo que era, ni las especies animales, ni el clima y ni tan sólo los mapas de la superficie de nuestro planeta (debido al movimiento de las placas tectónicas). Como es lógico, podemos esperar que las mismas variaciones se han de producir en los próximos sesenta millones de años.
Cuando llegue ese momento, y sin contar con la acción humana (nota 2), podríamos volver a tener dinosaurios dominando la Tierra. ¿Qué especies poblarán nuestro planeta en esa época tan lejana? Es inimaginable.
¿Y cómo serán nuestros descendientes? Si seguimos sin contar con nuestra posibilidad de alteración genética, y teniendo en cuenta el ritmo al que han ido surgiendo las especies de antropoides y homínidos en los últimos millones de años, quizás nos separen como mínimo de los seres ¿humanos? que procedan de nosotros unas ciento veinte especies intermedias, unos ciento veinte pasos evolutivos, cada uno con su inteligencia, que creen sus civilizaciones y que den paso a otras especies. Y si controlamos la genética de forma eficiente, ¿a qué nuevas especies humanas no darán paso las mutaciones de ingeniería que nosotros seamos capaces de establecer? Tal vez más de ciento veinte, también. El resultado de todo ello serán unos seres cuya “humanidad” difícilmente seamos capaces de reconocer.
Sesenta millones dan para mucho. Cuando lleguen, no les será fácil hallar nuestros restos, ni diferenciarlos de los que nos han precedido ni de los que nos seguirán. No creo probable que nadie lea ya el Quijote (quizás ni tenga capacidad para entender las sensaciones que emanan de dicho texto), ni sea capaz de emocionarse con la despedida de Héctor en La Ilíada, que a nosotros nos parece tan próxima (pese a narrarnos una historia de hace cerca de tres mil años). Serán más diferentes de nosotros que nosotros lo somos de los chimpancés, de los gibones o de las musarañas. Mucho más.
Sin embargo, cuando llegue ese tiempo futuro, sus científicos, al referirse al fin del mundo, cuando un enorme Sol, creciendo como gigante roja se engulla nuestro planeta, dentro de cinco mil millones de años, también dirán que aún quedan por pasar cinco mil millones de años y, así mismo, dirán que la Tierra nació hace unos 4.500 millones de años, como nosotros.
Es decir, desde la perspectiva de la naturaleza, desde la perspectiva del nacimiento del Universo, del Sistema Solar, de la Tierra o del final de estos cuerpos, esos sesenta millones de años, o el doble, son indiferentes.
Y eso es el tiempo, algo que se desliza rápido, aunque no sepamos bien qué es, y que nos separa del pasado por el telón más inamovible que se pueda jamás llegar a crear.
El tiempo y la vida
Pensemos que el surgimiento de la vida pluricelular en la Tierra aconteció hace sólo unos quinientos o seiscientos millones de años. Sólo. La vida unicelular, que surgió hace unos 3.750 millones de años, vivió tranquila durante más de 3.000 millones de años, hasta que ese subproducto suyo, la vida pluricelular, empezó a desarrollarse. Pero, la verdad, es que ese residuo evolutivo, tan absurdamente complejo, apenas inquieta a las bacterias dado que, pase lo que pase, ellas son, muy posiblemente, las reinas ciegas de la creación.
Nuestro mundo se formó hace unos 4.500 millones de años, lo cual implica que hasta que surgió la vida tal vez pasaron “sólo” ochocientos millones de años. No parece mucho cuando nos movemos en estas cifras, pero, claro, cabe más de trece veces el tiempo que nos separa de los dinosaurios y unas mil veces el que nos separa del homo antecessor.
Tiempo mayúsculo y minúsculo
Los inicios del tiempo y del espacio, con la Gran Explosión, tuvieron lugar en un lapso de tiempo no bien establecido, que está sobre los 12.000 millones de años (aunque pudiera haber sido mucho más o mucho menos, según el criterio de datación que se escoja, variando entre unos diez mil millones y unos quince mil millones, nada menos).
Entonces tuvieron lugar una serie de sucesos muy rápidos, que tampoco describiremos, pero que implican una teoría que empieza sus explicaciones a partir del llamado tiempo de Planck, que es igual a 10 exp. -43 segundos, es decir 0,0000000000000000000000000000000000000000001 segundos. Una fracción de tiempo igual que la que necesitamos para... no se me ocurre ningún ejemplo, por breve que sea, ya que todos son mucho más largos.
LAS MEDIDAS DEL SISTEMA SOLAR
Un ejercicio que siempre resulta divertido es el tratar de hacerse una idea sobre las distancias reales que separan entre sí a los planetas de nuestro Sistema Solar, en base a modelos a escala.
Como todos sabemos, en los mapas se suelen sacrificar siempre las escalas de distancia, con el ánimo de que en ellos quepan todos los planetas. El problema es que esto suele conllevar la creencia en un Sistema Solar mucho más pequeño de lo que en realidad es.
Así, hemos elaborado una serie de tablas que esperamos permita a los lectores el poder establecer, de forma razonable, comparaciones entre los distintos cuerpos mayores que pueblan nuestro sistema.
En la tabla I, lo que hemos hecho ha sido dar el valor de la unidad a la distancia al Sol, diámetro y masa de la Tierra y, sobre esa base, calcular, por comparación, cuáles son las distancias, diámetros y masas del resto de los cuerpos de nuestro sistema.
TABLA I: Distancia, diámetro y masa de diferentes cuerpos del Sistema Solar, contando la distancia Tierra-Sol como 1, así como el diámetro y la masa de la Tierra como 1 también (haga click sobre la tabla para ampliarla).
En la siguiente tabla lo hemos querido complicar un poco más. Y así, hemos tratado de establecer todas las medidas en base a la comparación con el diámetro terrestre. Para ello hemos dividido todos los diámetros y distancias del Sistema Solar por dicha cifra.
TABLA II: En base a la hipótesis de un planeta Tierra de sólo 1 m de diámetro, cálculos de las distancias relativas medias al Sol, diámetros y perímetros de los planetas del Sistema Solar, así como de otros objetos de interés, como el Sol y Ceres. Todos los datos "relativos" son los que sirven para facilitar las comparaciones (haga click sobre la tabla para ampliarla).
Diámetro relativo: diámetro del planeta/diámetro terrestre; Distancia (Dist.) al Sol relativa: distancia al Sol/diámetro terrestre y Longitud ecuador (Long. ecuad.) relativo: long. ecuador/diámetro terrestre.
Complicándolo un poco más, si cabe, podemos calcular lo mismo para los satélites más conocidos del Sistema Solar y así nos surgen los datos que presentamos en la tabla III:
TABLA III: En base a la hipótesis de un planeta Tierra de sólo 1 m de diámetro, cálculos de las distancias relativas medias al planeta al que orbitan, diámetros y longitud de su ecuador de los satélites principales del Sistema Solar. Todos los datos, una vez divididos por el diámetro terrestre, se pueden transformar en metros, para mayor claridad (haga click sobre la tabla para ampliarla).
Diámetro (Diám.) relativo: diámetro del planeta/diámetro terrestre; Distancia al planeta (Dist. plan.) relativa: distancia al planeta/diámetro terrestre y Longitud ecuador (Long. ecuad.) relativo: long. ecuador/diámetro terrestre.
* Los datos sobre Caronte son aún dudosos.
UN DIDÁCTICO SISTEMA SOLAR EN MINIATURA
Para hacer más comprensibles las medidas de las tablas, vale la pena el situarnos con un mapa de nuestro pueblo o ciudad (mejor, de la comarca) y empezar a señalar las distancias en él. No elegiremos ninguna ciudad en concreto, dejando a la imaginación del lector ubicar los diferentes puntos donde corresponda en relación a su medio geográfico cercano.
Así, situaremos mentalmente un monumento esférico que tenga el tamaño del Sol en el centro de alguna plaza mayor. Si el tamaño del diámetro de la Tierra fuera de 1 m (como un especialmente gigantesco balón playero), nuestra estrella sería entonces una enorme esfera de casi 109 m de diámetro (un edificio de más de 35 pisos de altura y la anchura de un campo de fútbol, o mucho más del doble del tamaño de la cúpula de la catedral de San Pedro, en el Vaticano). El ecuador de dicha esfera mediría unos 342 m.
En este caso, Mercurio estaría situado a una distancia de unos 4,54 km y Venus a unos 8,48 km. Sus diámetros serían de 38 y de 95 cm y la longitud de sus ecuadores de 1,20 y de 2,98 m.
La Tierra mediría el metro de diámetro que hemos comentado y se situaría a casi 12 km. Su ecuador, que en condiciones normales mide cerca de 40.000 km, se vería reducido a sólo 3,14 m. La Luna, que en la realidad está a 384.000 km, ahora la tendríamos a poco más de 30 m, con un diámetro de 27 cm y con un ecuador lunar de 0,86 m. Probablemente, a muchos, si miden lo que digo, les sorprenderá el dato de lo pequeño y enormemente lejano que está nuestro satélite. Vale la pena comprobarlo. Para hacernos una idea, sería tener una esfera de 1 m en la calle (nuestro planeta) y encima de una terraza, diez pisos por encima, un balón de fútbol, que sería nuestra Luna.
Marte ya empezaría a alejarse más. Con un diámetro de sólo 0,5 m, la mitad que la Tierra, su ecuador mediría 1,67 m y estaría situado a casi 18 km. Sus minúsculos satélites Fobos y Deimos, con unos diámetros de 2,1 y 0,4 cm, y con unos ecuadores que medirían, respectivamente, sólo 0,07 y 0,025 m, estarían muy próximos al planeta, a 0,74 y 1,84 m, aproximadamente.
El minúsculo asteroide Ceres, que sin embargo es el mayor de su tipo, estaría a 32,4 km, con un diámetro de 7 cm y un ecuador de un cuarto de metro.
Después vendrían los dos planetas gigantes de nuestro sistema, los únicos que se pueden comparar algo (lejanamente) al Sol, Júpiter y Saturno. Estarían separados de nuestra estrella por casi 61 km el primero y por casi 112 el segundo, sus diámetros serían de 11,21 y de 9,45 m y sus ecuadores medirían 35,21 y 29,69 m cada uno.
Los satélites conocidos como “galileanos”, Io, Europa, Ganimedes y Calisto, tendrían en los dos primeros casos un tamaño semejante al de la Luna, siendo algo más grandes los otros dos, cuyo ecuador mediría algo menos de metro y medio (superiores al de Mercurio y Plutón en el caso de Ganimedes). Sus distancias orbitales de Júpiter, respectivamente, serían de 33,05, 52,59, 83,88 y 147,62 m. Sin embargo, la fuerza gravitatoria de este planeta es tal, que su acción se nota en, por ejemplo, su satélite Sinope (que no figura en la tabla), al que con sólo un diámetro de 0,3 cm lo mantendría en una órbita muy elíptica a una distancia media de casi 2 km.
Los cuatros satélites de Saturno que hemos elegido para la comparación son más pequeños que los de Júpiter, excepto en el caso de Titán, el segundo satélite por tamaño del Sistema Solar, que también es mayor que Mercurio o Plutón, y que se hallaría a casi 91 m de Saturno. Los otros, Mimas, Encélado y Rea, están a más 14, 18 y 95 m de Saturno, con unos tamaños que nunca pasarían del cuarto de metro. Febe, a un kilómetro, sería otro pequeño satélite muy alejado del gigante anillado.
Urano y Neptuno son los dos últimos planetas de tipo gaseoso. Su lejanía del Sol ya sería considerable, ya que en el primer caso estaría a 225 km y en el segundo a 352 km. Sus tamaños serían inferiores a los de los dos cuerpos citados antes, ya que quedarían reducidos a 4 y 3,88 m de diámetro y sus ecuadores respectivos medirían 12,59 y 12,20 m.
Tritón, el satélite de Neptuno, sería el único algo grande de entre los satélites de Urano y Neptuno, con un tamaño menor que el de la Luna, y se hallaría situado a casi 28 m de Neptuno, según este modelo. Los pequeños satélites de Urano que hemos seleccionado son Miranda, Titania y Oberón, situados a 10, 34 y 45 m del planeta al que orbitan, y con un diámetro que iría desde 0,04 m, en el primer caso, a 0,12 m en los otros dos.
El último planeta de nuestro sistema, el aún casi desconocido Plutón, estaría ya muy lejos, mucho, a más de 463 km, con un diámetro de tan sólo 18 cm, lo cual nos da un ecuador de algo más de 0,5 m. Su también minúsculo satélite tendría un diámetro de 0,09 m y una longitud en su ecuador poco más de un cuarto de metro. Su pequeña distancia de Plutón, que no ha permitido hasta hace poco el fotografiarlos separados, sería de más de metro y medio.
A partir de aquí la atracción gravitatoria del Sol sólo se ejercería sobre los “nidos” de cometas, es decir, el llamado Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort. El primero estaría a 500 km de media y el segundo a una distancia media de ¡más de 2.000.000 km! (seis veces la distancia que separa en la realidad a la Luna de la Tierra).
Por último, la estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, está a unas 270.491 unidades astronómicas de distancia (unos 4,3 años luz) y, sin embargo, en nuestro modelo a escala, estaría a unos 3.010.808 km de este Sol de casi 109 m de diámetro. ¡Serían como dos campos de fútbol, situados a una distancia similar a la que nos separa de Venus!
A MODO DE EPÍLOGO
Es posible que el lector haya experimentado un cierto vértigo al ver las cifras. Quizás, incluso, haya notado esa rara sensación en su interior que muchos sentimos al contemplar las primeras imágenes sobre cielo profundo que tomó el Telescopio Espacial.
La maravilla de las matemáticas, incluso en un nivel tan sencillo como el que aquí hemos visto, es que nos permiten, si se usan adecuadamente, establecer modelos lógicos (adaptados a la escala del cerebro humano) sobre el Cosmos que nos rodea. Gracias a dichos modelos podemos adentrarnos más fácilmente en el conocimiento de las cosas y, al hacerlo así, apreciarlas de forma más profunda.
Creo que fue Leonardo da Vinci quien escribió que sólo se podía amar de verdad aquello que se conocía. Es por eso que, seguramente, los mejores textos que el hombre pueda llegar a escribir surgirán a medida que vayamos adentrándonos en la lectura racional del libro del Universo.
Alfonso López Borgoñoz
(Versión ampliada del texto publicado en la revista Universo, en el mes de mayo del año 1999)
NOTAS
1. El Grupo Local lo compone una treintena de galaxias, la mayor parte de las cuales se halla alrededor de la nuestra, de la del Triángulo (M 33) y de la de Andromeda (M 31).
01 diciembre, 2008
BUENAS NOCHES Y BUENOS CIELOS
Es tiempo de ceder con cariño este espacio a un nuevo autor, con nuevas ideas que puedan encender más y mejor, desde esta primera página, el interés por la astronomía y la astronáutica de los y las que la leen. Especialmente en este 2009, cuando tenemos por delante muchas actividades en conmemoración de nuestra ciencia y cuando estamos a punto de celebrar, en julio, la llegada del hombre a la Luna hace cuarenta años.
Los gravísimos problemas motivados por los bajos presupuestos dedicados por los gobiernos -central o autonómicos-, así como por las empresas, a la educación y a la investigación ya han sido discutidos y es seguro que nos van a lastrar en el futuro. En tiempos de crisis, más que nunca, hay que pensar en que la relación entre conocimiento (científico) y desarrollo está más que demostrada. Y más si queremos que éste último sea sostenible y justo para toda la humanidad.
El avance de las ciencias del espacio continúa dependiendo en exceso del trabajo en aplicaciones concretas más que de nuestros deseos de aprender. Vamos sabiendo cada vez más, es cierto, pero menos de lo que podríamos con otro tipo de planteamientos por parte de los responsables últimos de la industria espacial. Eso sí, tenemos una gran esperanza en lo que vamos a poder contemplar pronto desde ventanas casi mágicas como la que en breve será plenamente operativa en La Palma.
Decíamos en enero de 2001 que creíamos en la belleza e importancia de la exploración del Cosmos, aunque no fuera estrictamente útil, y rememorábamos a Kavafis ‘Si vas a emprender el viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento (...) Ten siempre a Ítaca en la memoria (...). Más no apresures el viaje (...) . Aunque [al llegar] pobre la encuentres, no te engañará Ítaca. Rico en saber y vida, como has vuelto, comprendes ya que significan las Ítacas’.
Marchamos paso a paso. El que algunos gobiernos oculten ya su inversión en investigación espacial para la guerra implica que, al menos, les da vergüenza llamarla por su nombre. Quizás, con el tiempo, les dé vergüenza el gasto en sí. Seamos optimistas, aunque la jactancia con la que algunos publicitan estas inversiones no invite a la alegría.
Recordando a Walt Whitman, he pensado siempre que valía la pena gozar todo lo que pudiera del Universo, mirando todo lo lejos que fuera capaz, tratando de captar el espacio ilimitado que nos rodea. Pese a mis muchos errores y descuidos, me voy contento con el trabajo realizado y con la revista, así como con una enorme confianza en el futuro que le aguarda a la misma y a nuestra afición.
Alfonso López Borgoñoz
(Publicado en la revista Astronomía -Tribuna de Astronomía y Universo- en enero de 2005. Mi último editorial en ella)
30 noviembre, 2008
MÁS LEJOS...
He vuelto a releer su carta, y otras, el día antes de enviar este texto, cuando ya el tiempo me apremiaba y debía escribir para este primer número de la revista del año, del siglo y del milenio, momento en que parece que la voz se ha de tornar especialmente grave y pausada, y la mirada lánguida, escrutando un futuro que, como siempre, es demasiado esquivo para poder ser contemplado.
En realidad, volviendo al mítico film, no sé si la película no hablaba ya de un futuro de aplicaciones más que de exploración. Recordemos que el hallazgo del segundo monolito se produce durante una serie de trabajos más o menos rutinarios sobre nuestro satélite y que el último viaje (bueno, el penúltimo) tiene lugar como consecuencia de ese descubrimiento.
Creo que las aplicaciones son necesarias, y que el conseguirlas buenas quizás es más complicado que la exploración en sí misma. Los ingenieros, como me dijo una vez Josep Amat –profesor de la UPC-, no sólo tienen que hacer ciencia de la mejor, sino que además deben hacer que funcione. Obtener cosas realmente útiles tiene tanto de exploración, sin duda, como el conseguir las inútiles.
El problema es que creo que García-Castañer no hablaba tanto de las aplicaciones entendidas como ampliación del conocimiento tecnológico, sino como una rutina mediocre abotargada que todo lo inunda (lo seguro antes que probar suerte con lo desconocido).
Particularmente, sigo viendo la belleza del conocimiento y de la exploración aunque no sean estrictamente útiles. Sin duda, nunca se ha de perder de vista que las cosas tienen un coste y que deben tener un retorno socialmente válido para todos, pero no puedo dejar de recordar ahora los versos de Kavafis en los que dice “Si vas a emprender el viaje a Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento (...) Ten siempre a Ítaca en la memoria. Llegar allí es tu meta. Más no apresures el viaje. (...) Ítaca te regaló un hermoso viaje. Sin ella el camino no hubieras emprendido. Mas ninguna otra cosa puede darte. Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca. Rico en saber y vida, como has vuelto, comprendes ya que significan las Ítacas”.
La isla a la que se debe llegar siempre es a la de la aplicación final -desde una perspectiva social-, pero lo hermoso –a escala individual- está en el mismo viaje. Tal vez el emprender esos trayectos inciertos debiera ser nuestro destino, al menos es lo que algunos quisiéramos. Y no es tiempo perdido, ya que sin viajes e ilusiones individuales, quizás no hayan retornos sociales.
Muy posiblemente, la mejor manera que tenga de saludar a este 2001, que tímidamente y sin ruido ya ha llegado, es, como decía en uno de sus discos Lluís Llach, al rememorar él también a Kavafis, el de tratar de ir más lejos, siempre mucho más lejos.
Alfonso López Borgoñoz
(Editorial Tribuna de la Astronomía y Universo, enero 2001, primer número de todo un milenio)
04 noviembre, 2008
SOÑANDO MUNDOS
En diciembre de 2009 se cumplirán cuatrocientos años justos desde que Galileo descubría cuatro nuevos mundos orbitando otro planeta (los satélites de Júpiter) y cuarenta años ya en julio desde que Neil Armstrong pisara el suelo lunar.
Nuevos mundos, nuevas posibilidades. El ansia de conocer otras realidades ha sido constante en el ser humano. La curiosidad, en ocasiones, no fue todo lo positiva que debiera haber sido, pero probablemente también era irrefrenable.
En esa línea, muchos vamos siguiendo, casi nerviosos, los resultados que, cada poco, nos van llegando de las investigaciones sobre otros sistemas solares. ¡Hace sólo poco más de diez años que atisbábamos esos planetas y ya nos parece que los descubrimientos van demasiado poco a poco!
Los avances, que parecen tímidos y reiterativos en ocasiones (otro mundo, otro cinturón de asteroides, otro eclipse lejano –muy lejano-...) son en realidad pasos muy importantes en la consolidación del conocimiento que tenemos sobre los llamados exoplanetas. Minúsculos datos que surgen a veces, de improviso, sirven para afianzar o hace caer pequeñas hipótesis sobre dichos cuerpos, que a veces, obligan a reajustar marcos conceptuales más amplios.
Y todo ello a la espera del siguiente paso, cada vez más cercano, que será el de captar otras tierras y sus atmósferas.
¿Habrá otros mundos como el nuestro? ¿Será la vida necesaria? Los resultados de la búsqueda de la misma en nuestro propio Sistema Solar, sin ir más lejos, son desalentadores. No creo que sea fácil que surja, pero probablemente tampoco que se mantenga a largo plazo. Un planeta cuyas condiciones varíen mucho con el paso del tiempo, una gravedad diferente, una mayor o menor lejanía del Sol (que afecta a la existencia de agua líquida), la falta o exceso de presión atmosférica, la falta –incluso- de ozono y de otros gases que evitan la llegada de radiaciones no deseables desde el espacio (como la ultravioleta), marcan algunas de las limitaciones (hay más) que nos hacen ver que algo tan intrascendente como meramente esperar este próximo fin de año sea casi un milagro y tal vez una rareza cósmica mucho menos frecuente de lo que nos pensamos. La inteligencia debe ser aún menos frecuente. Y la inteligencia bien aprovechada, aún mucho menos.
Como Galileo, hace cuatro siglos, estamos empezando a descubrir nuevos mundos. Tal vez nunca pongamos el pie en ellos, pero, no lo olvidemos, nadie nos podrá quitar el placer de tratar de llegar a conocer su existencia y de haber soñado el pasear por ellos, aprendiendo muchas cosas al desvelar sus secretos.
Alfonso López Borgoñoz
(publicado en la revista Astronomía, en diciembre de 2008)
07 octubre, 2008
SEMANA DE LA CIENCIA 2008
Y, sin duda, deben volver las actividades a ella asociadas porque, para qué negarlo, la gente (con cargo público o sin) vive mayoritariamente de espaldas a las mismas, aunque ambas estén con nosotros todos los días, desde el teléfono móvil ó los satélites, hasta las medicinas, las nuevas energías o los nuevos materiales, o nuestros propios vehículos.
Casi parece absurdo celebrar algo que está tan presente. ¿Se imagina alguien una semana del coche o de la televisión? No parece que tengan sentido, pese a la crisis, dada su presencia pública constante. Sin embargo, pese a que la investigación goza, junto a sus resultados, de un lugar a nuestro alrededor mucho más continuo e importante, ello no se suele ver ni valorar. Por ello debemos recurrir a apoyarla, festejándola un poco, para recordar su existencia y facilitar la comunicación de sus avances, así como para estimular su recuerdo y preservación, como igual sucede con algunas especies en peligro de extinción o con algunas grandes cuestiones humanitarias. Curioso.
También vale la pena que comentemos los presupuestos públicos del estado para el 2009. La verdad es que, por una vez, alegra el que, pese a la crisis, se vaya a seguir apostando económicamente por la investigación, aunque en menor cuantía de lo que merece (si hubiera más inversión privada, quizás no sería tan completamente imprescindible el aumento sostenido del gasto público en esta materia en España). Por lo que creemos, no se van a recortar los presupuestos dedicados a ella y, así, los fondos para la investigación, desarrollo e innovación civil crecerán un 6,7% con 8.191 millones de euros (cantidad sensiblemente menor al aumento que experimentó en el 2008, en el que se llegó al 17,4%) La crisis finalizará, como todas, y sin duda, será el conocimiento (y nunca su ausencia) el que nos saque, antes o después, de ella.
Por cierto, ¿qué mejor inicio para esta Semana de la Ciencia y para el Año de la Astronomía, que recordar que los principios del telescopio que usó Galileo tal vez fueran un hallazgo de un gerundense llamado Joan Roget a fines del siglo XVI y no de artesanos holandeses? En esta revista veremos como la posibilidad de que el ingenio óptico que revolucionó la astronomía surgiera nuestro país es algo más que una hipótesis incierta al haber datos que la hacen muy probable.
Alfonso López Borgoñoz
(Publicado en la revista Astronomía, página 5, en su editorial de noviembre de 2008)
26 agosto, 2008
EL ESPACIO SIGUE LLAMANDO...
Sueldo bajo. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad.
Peligro constante. No se asegura el retorno con vida.
Honor y reconocimiento si se tiene éxito”
(Texto de Shackleton, buscando tripulación para su expedición a la Antártida)
No es fácil atraer al público al mundo del conocimiento. Sin embargo Shackleton, pese a su desolador anuncio publicado en la prensa británica de hace un siglo, consiguió llenar sin problemas su barco hacia el Polo Austral con un montón de voluntarios.
Escribo este comentario ante la noticia de los miles de inscritos en toda Europa para acceder a una de las cuatro plazas de astronauta que la Agencia Espacial Europea ha sacado a concurso este año. De momento, la primera criba ya la han superado cerca de mil personas. Muchas aún para las vacantes que se ofrecen... Las pruebas, pues, deberán continuar sin bajar el listón.
¡Qué afición tenemos los humanos por enfrentarnos a nuevos retos, aunque en ello nos vaya la vida! La arqueología y la historia nos han legado las proezas de muchos valerosos marinos fenicios, griegos, chinos, portugueses, españoles, franceses e ingleses (y de otros muchos países) que conocían los detalles de su salida pero poca cosa más... Aunque en muchos casos había ansia de oro, no hay duda que los expedicionarios tenían otros medios en su época para conseguir dinero. Partir por mar hacia la nada nunca fue para ninguno de ellos la opción más sencilla...
Cuesta alejarse de la pasión por el Cosmos, aunque se vaya reduciendo el presupuesto que se destina a su exploración. Algo más de cincuenta años después del Sputnik, para muchos el Universo sigue siendo el mismo lugar fascinante al que saben que, pese a todas las dificultades, hay que seguir yendo.
Es por eso que los nuevos intentos, imaginativos y participativos, que nos siguen acercando a la aventura de la conquista del espacio son siempre bienvenidos.
Destaca en ese afán el intento el próximo jueves día 9 de octubre de lanzar un millar de microcohetes por miles de escolares de toda Europa (España incluida, claro), tras haber preparado ellos mismos los pequeños ingenios voladores. La actividad se hace en conmemoración del décimo aniversario de la Comunidad de Ciudades Ariane, una asociación sin ánimo de lucro -que preside el español Juan de Dalmau-, cuyo objetivo consiste en ayudar al desarrollo de las ciudades, como Barcelona o Madrid, que contribuyen a las actividades relacionadas con el cohete Ariane.
No sé si es necesario ni si vale la pena volver a la Luna o ir a Marte, como no sé si vale la pena saltar más alto en las Olimpíadas. Pero sé que, al igual que seguirán cayendo los récords en atletismo, estaremos en ambos mundos vecinos en este siglo, a poco que se pueda...
Alfonso López Borgoñoz
(Publicado en Astronomía el 1 de octubre de 2008, como Editorial)
07 julio, 2008
NO HAY PASO PEQUEÑO, SI ES CONSTANTE
La caída en el número de personas que tratan de estudiar estas materias ha motivado, además, una reducción en la nota que se precisa para acceder a las mismas. Sin duda, ello no implica por fuerza una pérdida de calidad (si el mantener un flujo en los y las que aprueban no obliga al profesorado a bajar el horizonte de conocimientos que se debe requerir al considerar la aptitud de nadie para un título), pero tampoco ayuda a mejorar el nivel.
Así, no parece fácil que la confianza, débil, de la mayor parte de empresas e instituciones públicas en la importancia de invertir en ciencia y tecnología para el desarrollo y la innovación vaya hacia arriba. Si la gente no elige estudiar estos temas, es fácil entender que a la hora de presupuestar inversiones en ello los entes que deciden sean reticentes. La ciencia y la tecnología, su interés, puede que cada vez se vaya viendo más lejano para la mayor parte de los habitantes de España, en todos los ámbitos, pese a vivir en un mundo extraordinariamente tecnificado y científico.
El problema es que ya no va a bastar con el que inventen ellos (o ellas, claro). Cada vez hay menos ellos en todo el mundo, salvo en los llamados países emergentes. El mismo problema de falta de ‘vocaciones’ científicas y tecnológicas en la juventud se da en todos los países desarrollados, incluso en Japón. De entrada, es más fácil, rápido, con menor esfuerzo y menos incierto el ganar más dinero en otros ámbitos.
Por eso, como indicamos en el título de este escrito, no hay paso pequeño, si es constante. Y de ahí que a partir de este mes empecemos en nuestra revista a poner en su portada el logotipo del Año Internacional de la Astronomía 2009, de cuya organización somos miembros de su Nodo Nacional y en la que colaboramos activamente.
Es casi un deber celebrar la ciencia, sus logros, en cada ámbito, así como recordar, mes a mes, cómo hace cuatrocientos años, en momentos mucho más complejos, Galileo, Kepler y muchos otros supieron estar a la altura de las circunstancias, aceptando que lo que podían comprobar era lo que debían defender. No sólo es ciencia, es también política. Y de la buena.
Alfonso López Borgoñoz
(publicado en la revista Astronomía, como editorial, en Septiembre de 2008)
07 junio, 2008
AMNISTÍA INTERNACIONAL. EL PAPEL DE LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS
"Sin el trabajo de organizaciones como Amnistía Internacional, el mundo sería un lugar mucho peor"
Francisco Reardon, defensor de los derechos de los presos en Brasil.
"Amnistía Internacional está presente cuando muy poca gente está dispuesta a continuar estando“.
Ray Chioto, periodista de Zimbabwe detenido y torturado.
“Soy consciente de la cantidad de veces que me habéis salvado la vida y habéis hecho posible nuestro trabajo”
Wangari Maathai, Premio Nóbel de la Paz 2004, dirigiéndose a todos los miembros de Amnistía Internacional.
DEMASIADO IMPORTANTE...
En una escena de la película Teléfono rojo, ¿volamos hacia Moscú?[1], uno de sus personajes, el general estadounidense Ripper, explicaba a un capitán, lo que pensaba sobre el arte de la guerra:
“Mandrake, recuerde lo que dijo Clemenceau sobre que la guerra era demasiado importante para dejarla en manos de los generales. Cuando dijo esto, hace cincuenta años, seguramente tenía razón. Pero hoy en día la guerra también es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos. No tienen ni el tiempo, ni los conocimientos ni la inclinación para dedicarse a la estrategia”.No sé si la frase sobre la guerra es de Clemenceau. De hecho, creo que no. Pero tengo la impresión de que algunas cosas que se enuncian en la frase de Ripper puede que sean ciertas, aunque por motivos diferentes a los suyos y con unas conclusiones que apuntan en un sentido completa y totalmente opuesto.
Sin duda, la guerra es algo demasiado importante para dejarla sólo en manos de los altos mandos del ejército, y también en la de sus mandos bajos. También es demasiado importante para delegarla en manos sólo de arqueólogos, botánicas, bomberos o catadoras de vinos. Y como es evidente, también es lo suficientemente importante como para no dejarla en manos solamente de los políticos y de las políticas.
La guerra es cosa de todos, ya que la acabamos pagando todos, y muy cara.
Pero también la paz (y las condiciones de la misma) es demasiado importante como para dejarla sólo en las manos de ningún colectivo concreto. Es cosa de todos y todas.
Así mismo, también tiene suma importancia el trabajo por la mejora de la base sobre la que se asienta el difícil y complejo entramado jurídico que nos relaciona con los estados y con los gobiernos que los rigen (cualquiera de ellos).
Nos afecta a todos y todas. Son la base de nuestra relación personal con el mundo. Todas esas reglas y cuestiones (y las decisiones sobre ellas) son algo demasiado importante para que decidan sobre las mismas sólo gobiernos, militares o ciclistas, sean del color, religión o tipo que sean.
Y es lógico que nos preocupemos. Los y las que gobiernan, sea cual sea su origen, y desde siempre, no han parecido muchas veces tener —tal como decía Ripper en la frase mencionada— ni el tiempo suficiente, ni los conocimientos adecuados ni la inclinación necesaria para resolver bien todos los problemas que la defensa de unos mínimos derechos básicos implican, ni para sus compatriotas ni, mucho menos, para los habitantes de otros países...
La suma de sus preocupaciones (muy variadas y complicadas) y su sistema de priorización, no siempre ha guardado una relación directa con la defensa de los intereses concretos de una gran mayoría de las personas de todo el mundo, aunque quizás sí en casos concretos de su propio estado.
NO NACEMOS EN UNA COMPLETA DESNUDEZ… (DEL TODO)
Antes de la Declaración Universal de Derechos Humanos los seres humanos nacíamos en total desnudez, sólo con nuestras manos. Básicamente, en la mayor parte de países del mundo, sólo éramos una mera mano de obra para los y las que controlaban el poder. Cada estado regulaba las vidas de sus habitantes según creía pertinente y según la relación de fuerzas que sustentaba al grupo dominante.
Ahora la cosa ha cambiado algo. Aunque de momento levemente, hasta que no funcione de verdad el Tribunal Penal Internacional y sus sanciones se apliquen.
Seguimos naciendo sin ropa, sí, pero cargamos en el momento de la palmadita en la espalda ya con una mochila invisible, tal vez el regalo más grande que las anteriores generaciones nos hayan legado (nunca ha sido más cierta esa frase que se atribuye a Newton acerca de que si vemos más lejos, es porque estamos subidos a hombros de gigantes), ya que nazcamos donde nazcamos, desde el más puro inicio, tenemos una serie de derechos inalienables.
Si alguna vez vienen algunos de esos marcianos malvados de serie B con pinta de escarabajo, ¿qué enseñarles para demostrarles que teníamos algo por lo que ser salvados? ¿la muralla china? ¿las pirámides? ¿nuestros conocimientos sobre mecánica cuántica o sobre la relatividad de Einstein? ¿la teoría darwinista de la evolución? Quizás lo mejor sería la Declaración universal de Derechos Humanos y algunos de los múltiples tratados conexos, con todas sus regulaciones, y que pese a sus múltiples defectos (que se deben pulir) nos tratan de mostrar con una gran parte de nuestra dignidad y cuyo respeto posibilitaría que todos nos pudiéramos sentir seres humanos.
Porque, quizás, eso es lo que nos hace personas en el ámbito social, nuestros derechos.
Como vemos, la correcta mejora de la regulación de estos derechos por todos y todas es algo demasiado importante. El contenido de esa mochila, nos afecta a nosotros y a vosotras, y a nuestros descendientes, ya para siempre.
Si me preguntan que libro me llevaría a una isla desierta, siempre contesto que El Quijote, aunque no se si un manual sobre cómo construir barcos sería más adecuado. Pero si hubiera dudas sobre si realmente estaba habitada o no, llevaría sin duda la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que sus principios, muy probablemente, serían la mejor manera de asentar las bases sobre las que entablar una relación.
UNA VELA EN LA OSCURIDAD
Tal vez fuera por todo ello (y más cosas) que Peter Benenson, fundador de Amnistía Internacional (que lamentablemente falleció hace ahora poco más de un año, el pasado 25 de febrero de 2005), y una larga serie de gente que colaboró con él desde el principio, empezaron a trabajar hace 45 años (en 1961). En realidad, su trabajo había empezado antes, pero en ese año se asentaron las bases de la que creo fue una gran idea.
Vieron, como hemos dicho al principio, que no sólo la guerra, sino también la paz y todos los derechos más básicos y fundamentales contenidos en la carta de los Derechos Humanos, que se había aprobado en las Naciones Unidas hacía sólo 13 años, eran una competencia de todos y cada uno de nosotros, y que esa preocupación era indelegable.
No sólo cuando se ejercía en favor de la propia causa, sino, especialmente, cuando con nuestra débil luz tratábamos de iluminar la vida de nuestros semejantes.
Pero no sólo vieron eso, se apercibieron de que o nos mojábamos todos y todas, o nadie se iba a preocupar mucho porque todo pasara del papel jurídico a nuestras vidas y a las del resto de los seres humanos.
Había que presionar a los gobiernos y a todos y todas los y las que podían violar los enunciados del derecho humanitario de forma constante, e investigar para saber qué estaba pasando. Se precisaba gente que empujara y unos investigadores y unas investigadoras independientes que pudieran llegar hasta la información y transmitirla.
DERECHOS EN LA ENCRUCIJADA
Cabe recordar ahora algo obvio, y es que, como sé que todos sabemos, la lucha por la regulación del poder, contra los antojos de la fuerza, ha sido constante desde los inicios de la humanidad. Lo es incluso en el colegio... La búsqueda de la mayor seguridad jurídica, que es lo que viene determinado por un mundo en el cual el derecho prevalece, ha sido siempre un ideal, que ha guiado a cientos de generaciones.
Así, un antiguo código como el de Hamurabi, o el conocido precepto bíblico del ‘ojo por ojo, diente por diente’, tal vez fueran un avance en su momento, ya que suponían un control de la venganza del poder. Por cada diente, sólo un diente. Por cada ojo, sólo un ojo. No era bueno, pero tal vez fuera mejor que nada (es decir que el o la que más poder tenía, decidiera en cada caso cuantos dientes u ojos).
Aunque ahora no parece ser el tiempo de reivindicarlo, con una guerra indefinida contra un terror indefinido en marcha, el derecho —mejor o peor—, cuando es respetado, es desde hace miles de años la única fuente de seguridad para todos los seres humanos que tratan de huir de la arbitrariedad[2], tal como se recoge en numerosos tratados, como en el artículo 7[3].1 del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales “Nadie podrá ser condenado por una acción o una omisión que, en el momento en que haya sido cometida, no constituya una infracción según el derecho nacional o internacional. Igualmente no podrá ser impuesta una pena más grave que la aplicable en el momento en que la infracción haya sido cometida”[4].
También es preciso indicar como los diferentes derechos se han ido arrancando al poder en una dura pugna a lo largo de muchos siglos por gentes de todo el mundo, en la búsqueda de un mínimo de seguridad y dignidad. El paso del concepto de vasallo al de ciudadano, fue muy importante en este contexto, y la luces de la Ilustración ya alumbraron los primeros principios de derechos inalienables de los seres humanos frente a sus estados, a fines del XVIII.
Por último, señalar en este apartado que los derechos humanos son fruto de una lenta elaboración y de una definición más o menos concreta, para la que se precisaba de un consenso amplio entre los y las que los redactaron y los y las que los defendían, y de una aceptación posterior por muchas estados para poder ser utilizables como tales (consensus omniun gentium).
Pensemos que los derechos humanos son Derecho, con mayúsculas, y no principios éticos personales de quien o quienes los sustentan, y por ello discutibles. Tampoco son principios religiosos concretos. Y tienden a tratar de buscar la universalidad, el consenso intercultural, como única manera de extenderlos entre todos los humanos.
Resulta lógico que fuera necesario, para poder luchar por esos derechos, el tratar de definirlos de la forma más certera y más universal. El problema dejó de ser filosófico o religioso, para pasar a ser jurídico.
Un paso muy importante en este avance fue, precisamente, el de los principios enunciados en la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), dado que la misma supuso un importante cambio en la perspectiva internacional del trabajo sobre derechos humanos. Cierto que después cada uno de sus artículos precisaba un ulterior desarrollo normativo posterior, como pasó, por ejemplo, con la tortura. Pero era un primer paso firme a partir del cual seguir avanzando.
Según esa declaración, los seres humanos no solo tenían derecho frente a sus propios estados, sino que los tenían frente a todo simplemente por ser seres humanos, independientemente de donde vivieran o de las circunstancias geográficas o culturales en las que hubieran nacido[5]. Sus derechos fundamentales eran inalienables y eternos.
Tal como señala Michael Ignatieff[6], esta declaración forma parte de una amplia reorganización del orden normativo internacional tras los horrores que se vivieron durante la segunda guerra mundial:
“Antes de la segunda guerra mundial, sólo los Estados eran sujetos del derecho internacional. Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, se otorgó a los derechos de los individuos un reconocimiento jurídico internacional. Por primera vez, a los individuos —fuera cual fuese su raza, religión, género, edad o cualquier otra característica— se les garantizó unos derechos que podían oponer a las leyes estatales injustas o a las costumbres opresivas”Nuestros derechos, a partir de ese momento, nos eran comunes a todos, y, seguramente, debíamos defenderlos entre todos. No sólo dentro de las fronteras de cada estado, sino también fuera.
La declaración era, sin embargo un pacto entre estados, ¿podrían los estados avanzar en la defensa de estos principios ellos solos?
LOS INICIOS DE AMNISTÍA INTERNACIONAL.
DERECHOS HUMANOS, DERECHOS DE TODOS, EXIGIBLES POR TODOS
Tras aprobarse la Declaración Universal de Derechos Humanos, los avances fueron más o menos rápidos en algunas partes y en algunos temas, y muy lentos en otros. Para mucha gente en los años cincuenta, hacía falta un mecanismo, más allá de los estatales o paraestatales, que permitiera ejercer una presión para que su implantación en todo el mundo se fuera dando a un ritmo aceptable
Y tal vez valga la pena hacer aquí ya un poco de historia, muy breve, sobre los inicios de Amnistía Internacional para entender un poco mejor como esta organización es lo que ha llegado a ser hoy y avanzar un tanto más en entender el porqué del importante papel de las organizaciones no gubernamentales en la defensa de los derechos humanos.
Todo, de hecho, empezó con una campaña a la que se le dio el nombre de “Llamamiento por la Amnistía, 1961” (Appeal for Amnesty, 1961), que fue iniciada por Peter Benenson conjuntamente con Eric Baker y el abogado Louis Blom-Cooper, teóricamente de un año de duración, que se lanzó el 28 de mayo de 1961 mediante un artículo firmado por Benenson titulado The Forgotten Prisoners (Los Presos Olvidados[7]), publicado inicialmente en el periódico británico The Observer[8], que empezaba así:
“Abra el periódico —cualquier día de la semana— y encontrará una noticia sobre cualquier lugar del mundo en el que alguien está encarcelado, está siendo torturado o va a ser ejecutado porque sus opiniones o su religión son inaceptables para su gobierno. Hay varios millones de tales personas en prisión (...). El lector siente una desagradable sensación de impotencia. Pero si estos sentimientos de rechazo que experimentan personas de todo el mundo pudieran unirse en una acción común podría hacerse algo eficaz.”Después, recordaba los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos en los que se habla de libertad de pensamiento, conciencia y religión, así como a la libertad de opinión y expresión. Señalaba que el problema no era que ese derecho estuviera recogido en una Constitución, sino que se impidiera su ejercicio. Era necesaria la actuación de personas independientes, muchas, todas las posibles, para lograr un real avance en la posibilidad de disfrutar en todo el mundo de esos derechos.
Se definía por primera vez a los llamados prisioneros y prisioneras de conciencia, la base del trabajo de la nueva entidad en aquel momento, como cualquier persona sobre la que se ejerciera un control físico (por encarcelamiento o por otras maneras) por haber expresado (en cualquier forma de palabras o símbolos) cualquier opinión que él honradamente mantuviera y que no abogara o justificara la violencia personal.
Finalmente, el texto acaba con la siguiente frase:
“El éxito de la campaña de amnistía de 1961 depende de cuan rápida y poderosamente sea posible conseguir el apoyo de la opinión pública. También depende de la amplitud de su composición, de que sea internacional en su carácter y políticamente imparcial en su dirección (...). Cuánto se puede conseguir cuando los hombres y mujeres de buena voluntad se unen se pudo ver durante el año mundial de los refugiados. Inevitablemente, la mayor parte de la acción (...) puede ser llevada a cabo sólo por los gobiernos. Pero la experiencia nos enseña que en materias tales como las presentes, los gobiernos están preparados sólo para seguirlas en el caso de que la opinión pública lidere el proceso. La presión de la opinión desde hace cientos de años consiguió la emancipación de los esclavos. Es ahora el momento para que los seres humanos insistamos en pedir la misma libertad para nuestras mentes que para nuestros cuerpos”[9].El motivo concreto que llevo a Benenson a ello fue su indignación al leer un artículo en el mes de noviembre de 1960[10] por la condena a siete años de prisión —bajo la dictadura de Salazar— de dos estudiantes en Portugal... sólo por haber brindado en favor de la libertad en un café de Lisboa.
“Me empujó a actuar la lectura de un artículo sobre dos estudiantes portugueses que habían sido detenidos y condenados a prisión por brindar por la libertad en un restaurante de Lisboa. El hecho me enfureció tanto en ese momento que subí las escaleras de la iglesia de St Martins-In-The-Fields, tras salir del metro, y entré para ver que se podía hacer para movilizar a la opinión mundial.Como consecuencia de ello, y conjuntamente con Baker y Blom-Cooper, pensó que era necesario bombardear con cartas de protesta a la dictadura de Salazar, en las que se mostrara la posición completamente contraria a estos abusos por parte de gentes de todo el mundo, de personas individuales, sin nombres conocidos a escala internacional, independientes...
Me di cuenta de que los abogados por sí mismos no tenían suficiente poder para influir en el curso de la justicia en los países no democráticos. Era necesario pensar en un grupo más numeroso de personas que aprovechara el entusiasmo de la gente de todo el mundo que estaba deseosa de que existiera un mayor respeto por los derechos humanos.
Hubo un tiempo en que los campos de concentración y los lugares infernales del mundo estaban en la oscuridad. Ahora están iluminados por la luz de la vela de Amnistía Internacional, la vela rodeada de alambre de espino. La primera vez que encendí la vela de Amnistía Internacional, tenía en mente el viejo proverbio chino: «Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad»“[11].
La pregunta —que se contestó afirmativamente al poco tiempo— era ¿podrían ser los presos de conciencia liberados sólo gracias al poder de cartas sencillas, enviadas de forma masiva? ¿podía una organización no gubernamental, independiente, que defendiera los mismos derechos en todas partes tener una influencia real en las condiciones de vida de gentes de todo el mundo?
Los objetivos que se proponían en su primer momento los tres impulsores del llamamiento por la amnistía eran relativamente sencillos, trabajar imparcialmente por la liberación de las personas encarceladas por sus opiniones, procurarles un juicio justo y público con las debidas garantías, ampliar el derecho de asilo, ayudar a los refugiados políticos a encontrar trabajo e instar la creación de mecanismos internacionales efectivos para garantizar la libertad de opinión.
Pronto, muy pronto, se obtuvieron más de mil muestras de apoyo a la idea de organizar campañas internacionales de protección de los derechos humanos. En sólo doce meses, la incipiente organización ya había enviado delegaciones a cuatro países para vigilar los derechos de los prisioneros y de las prisioneras, se había preocupado de doscientos diez casos y ya había organizado ramas nacionales en siete países diferentes. Diferentes grupos adoptaban presos y presas de conciencia concretos y presionaban por su liberación a los gobiernos.
¿Era ésa, como ya hemos visto al principio, una tarea sólo para los sindicatos, para los partidos políticos, para los gobiernos o las organizaciones gubernamentales? ¿Quién debía asumir la defensa de los presos y presas de conciencia, especialmente de los más olvidados, sin distinciones, en un mundo fuertemente dividido? ¿todos y todas?
Y no se trataba de suplir ni a los poderes civiles ni a los militares, sino sólo la de presionar, de forma conjunta.
Visto lo que se veía, y lo que se ve, en todo el mundo, y tal como venimos defendiendo, estaba claro que los derechos humanos era una materia demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos y las políticos que ejercían sus labores en los gobiernos o en la oposición.
Eran y son demasiado importantes para dejarlos en manos de las mayorías y de las minorías, o de los ejércitos regulares o de los grupos armados. Eran y son demasiado importantes para dejarlos en manos de cualquiera, de otros.
Para Irene Khan, actual secretaria de Amnistía Internacional, Peter Beneson “creía en la capacidad del ciudadano de a pie para generar un cambio extraordinario y con la fundación de Amnistía Internacional nos dio a cada uno de nosotros la oportunidad de hacer que las cosas cambien”. Según ella “en 1961, gracias a la visión de Peter Benenson, nació el activismo en defensa de los derechos humanos. En 2005, nos ha dejado como herencia un movimiento de derechos humanos de alcance mundial que no se extinguirá nunca”.
Esta acción se convertiría, tras una larga historia, en un movimiento de defensa de los derechos humanos de ámbito mundial y, en medio de todo, en una organización de alcance internacional —Amnistía Internacional—, en continua expansión y discusión sobre las bases de su trabajo, que se ha ocupado de varios miles de casos de víctimas de violaciones de derechos humanos y ha servido de estímulo a millones de personas en todo el mundo para defender los derechos humanos.
A MODO DE CONCLUSIÓN (aunque sólo de este texto, no de la lucha...)
Amnistía Internacional tiene el convencimiento que sólo fundamentando actitudes y conductos basadas en el respeto y la solidaridad, mediante la educación, es posible construir un mundo en el cual los derechos humanos sean más respetados.
Tal vez existen derechos indelegables, por más que muchos crean que no sólo se podían, sino que se debían delegar.
En la ceremonia conmemorativa del vigésimo quinto aniversario de Amnistía Internacional, Benenson encendió lo que se ha convertido en el símbolo de la organización, una vela rodeada de alambre de espino, y pronunció estas palabras:
“La vela no arde por nosotros, sino por todos aquellos que no conseguimos sacar de prisión, que fueron abatidos camino de la prisión, que fueron torturados, que fueron secuestrados o víctimas de ‘desaparición’. Para eso es la vela.”Tal vez una de las mejores cosas que nos ha legado el siglo XX sea ver como la lucha de los no implicados y de las no implicadas ha servido de forma efectiva para mejorar las condiciones de vida de las víctimas de las violaciones de derechos humanos en todo el mundo.
Nosotros debemos impulsar la creación de normas de salvaguarda. Tal vez no ocuparnos del redactado, que debe ser de expertos, pero sí el impulso de aquello que la legislación internacional deba asumir y el control de lo que se escriba.
Siempre ha sido así, el derecho pone límites al poder sin límites, y a los que principalmente nos deben preocupar encauzar esos límites es a las personas normales
Tal vez los derechos humanos no deban ser idolatrados, ya que como todo derecho está y debe estar sujeto a revisión por ciudadanos de todo el mundo en cada momento. Según Isaiah Berlin, sólo puede recabarse un apoyo universal para ellos si su función se limita a proteger y mejorar la capacidad de los individuos para llevar las vidas que desean.
Para acabar volveré de nuevo a la frase de Ripper. Hoy en día la guerra continúa siendo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y de las políticas. Por lo que vemos en la llamada “guerra contra el terror”, sin duda, cada vez es más necesario que se alcen las voces independientes en defensa de los derechos humanos de las personas que, en todo el mundo y en nombre de dicha guerra, se ven privadas de sus derechos más básicos en la búsqueda de una seguridad que muchos millones de personas han perdido del todo por culpa de esa guerra.
Mientras se celebran cumbres sobre terrorismo y se es incapaz de definir lo que es ello, pero se está de acuerdo en emplear toda la fuerza para acabar con no se sabe qué, es preciso cada vez más la unión de todos en la defensa de los principios que emanan e la Declaración Universal de 1948 que aún sigue vigente y de muchos de los principios que en 1961 vieron nacer a Amnistía Internacional.
Según Jonathan Power “Quizá Amnistía Internacional no haya cambiado el mundo todavía, pero tampoco lo ha dejado tal como lo encontró”[12].
Alfonso López Borgoñoz,
Presidente de Amnistia Internacional Catalunya
(Texto de la conferencia pronunciada el 10 de marzo de 2006 en la Universidad de Barcelona en los cursos sobre Derechos Humanos del Institut de Drets Humans de Catalunya)
NOTAS
[1] Extraña traducción del título original del film Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the bomb, dirigida en el año 1964 por Stanley Kubrick,
[2] Ahí está una de las bases del razonamiento crítico de Amnistía Internacional a muchas de las actuales normas que se impulsan en algunos de los países occidentales, rompiendo con una larga tradición, ya que muchas de las nuevas prácticas pueden suponer el acabar con el Estado de derecho y la separación de poderes al asignar determinadas atribuciones fundamentales al ejecutivo. El miedo al terror puede acabar con el derecho. La organización ha expresado su profunda inquietud ante el hecho de que los ejecutivos traten de sortear la función de la policía, las autoridades fiscales y los jueces sin que haya un sistema eficaz de control y equilibrio. “Si no se acusa a las personas de un delito reconocible y se les garantiza íntegramente el derecho a ser juzgadas por un tribunal independiente e imparcial, el acceso sin trabas a todas las pruebas en su contra y el derecho a preparar una defensa completa y eficaz, no se podrá remediar la profunda injusticia y afrenta para los derechos humanos y el Estado de derecho que va a significar la promulgación de la Ley de Prevención del Terrorismo” ha manifestado Amnistía Internacional, en el caso de un proyecto de ley que se iba a aprobar en el Reino Unido.
[3] Cuyo enunciado es ‘No hay pena sin ley’.
[4] Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, de 4 de Noviembre de 1950, revisado en conformidad con el Protocolo n° 11 (Fecha de entrada en vigor 1 de noviembre 1998).
[5] Nada cae de un árbol, y se crea de golpe. Ni siquiera pasó eso con la célebre manzana de Newton y la ley de gravitación universal. De hecho, la existencia de unos valores y derechos mínimos universales se habían predicado desde siempre por diferentes religiones. El problema es que en tanto religiones, en tanto materia de fe, no eran propiamente universales. Tal vez lo primeros pasos en la búsqueda de unos derechos laicos, aceptables por todos (o no), pero sujetos a discusión, los tenemos en todo un movimiento que surge tras la conquista de América, que estudia los derechos de los nativos de las tierras recién descubiertas, que sigue con la Ilustración y las revoluciones burguesas, que continúa con los movimientos abolicionistas de la esclavitud y con los movimientos internacionalistas de trabajadores. En este caso, el paso dado es que es una Declaración Universal, aceptable en principio por todos, sin exclusiones, aunque puesta en práctica por nadie.
[6] M. Ignatieff “Los derechos humanos como política” pág. 31, incluido en M. Ignatieff “Los derechos humanos como política e idolatría”. Traducción de F. Beltrán Adell. Editorial Paidós. Barcelona, 2001.
[7] Los presos olvidados eran ocho, Agostino Neto (que después sería presidente de Angola), el rumano Constantin Noica, el estadounidense Ashton Jones, el sudafricano Patrick Duncan, el griego Tony Abiaticlos, el húngaro Mindszenty, el checoeslovaco Josef Beran, y el español Antonio Amat, un abogado encarcelado por tratar de formar una coalición de partidos democráticos en la España franquista. También se hablaba del caso de Tierno Galván.
[8] Pero no sólo se publicó en este diario. El diario francés Le Monde lo publicó de forma simultánea, y al día siguiente otros diarios lo reprodujeron, como The New York Herald Tribune (EEUU), Die Welt (RFA), Le Journal de Genève (Suiza), Politiken (Dinamarca) y Dagblatt (Suecia), así como posteriormente otros diarios de Holanda, Italia, Sudáfrica, Bélgica, Irlanda y la India. “Incluso en Barcelona, un periódico, asumiendo un riesgo con el régimen de Franco, mencionó su publicación” (pág. 163 de J. Power “Como agua en la piedra. La historia de Amnistía Internacional”. Trad. de F. Chueca. Editorial Debate. Madrid, 2001).
[9] En este artículo fundacional del 28 de mayo de 1961 se citaba el caso de un abogado español, Antonio Amat, que trató de crear una coalición de grupos democráticos y ha estado en prisión sin juicio, desde noviembre de 1958 y se mencionaba el proceso a Tierno Galván, entonces profesor de universidad y posteriormente, en la década de los setenta y principios de los ochenta, Alcalde de Madrid.
[10] J. Power op. cit. pág. 162
[11] Palabras pronunciadas por Peter Benenson en 1994, tomadas del vídeo: Peter Benenson appreciation [En agradecimiento a Peter Benenson]. Amnistía Internacional, 1994.
[12] Entrevista a Jonathan Power publicada en la sección ‘La Contra’, en la contraportada del diario La vanguardia, de 19 de enero de 2002.