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04 octubre, 2007

LAIKA

Este noviembre volvemos a tener una conmemoración relacionada con la astronáutica. El ir acordándonos del medio siglo que nos va a ir separando de los muchos éxitos y algunos fracasos de la conquista del espacio será usual en los próximos años.

El día 3 de este mes, así, recordamos especialmente (como seguro muchos de nuestros lectores de una cierta edad) a una perrita, Laika, que en dicha fecha fue puesta en órbita. No era el primer ser vivo en asomarse al espacio exterior. Según parece, diversos tipos de insectos, como moscas de la fruta, ya habían sido lanzadas antes por los estadounidenses a bordo de cohetes tipo V-2 a inicios de los años cincuenta, así como por los soviéticos.

Pero Laika fue el primer animal doméstico que se puso en órbita, el primero además con nombre propio, y ello se hizo sólo un mes después de lanzarse el Sputnik I y dos meses y medio antes del primer satélite yanqui.

Su viaje sin retorno causó también en su momento una gran conmoción en todo el mundo, similar a la del Sputnik I. De unos 6 kg de peso, la perrita viajó a bordo de la estrecha cápsula de la Sputnik 2. En esa época no existía la tecnología para recuperarla tras el vuelo, y Laika murió de estrés y sobrecalentamiento muy poco después de llegar al espacio, dato que fue ocultado entonces. En los sesenta, con menos de diez años, yo creía que se había perdido flotando por el Universo. Su muerte, sólo aclarada recientemente, nos hizo a muchos soñar intranquilos con la posibilidad de vagar por la noche eterna del Cosmos, sin rumbo, solos. Otras perritas más tarde tuvieron algo más de suerte, como Belka y Strelka en 1960, que orbitaron la Tierra y regresaron vivas.

El programa estadounidense con seres vivos empezó algo más tarde y experimentó con monos de diversos tipos. Incluso importó chimpancés de África, enviando algunos, como Ham, al espacio antes de lanzar a su primer astronauta humano. En junio de 1997, las Fuerzas Aéreas de los EEUU anunciaron que se desharían de sus últimos chimpancés, transfiriéndolos a un laboratorio de investigación. Sólo dos meses después, una fundación iniciaba un pleito para liberarlos. Y lo ganaron, lo que obligó a soltar a los simios cautivos en una zona protegida del sur de Florida en 1999.

En una época en que surgen noticias como las del intento de rapto de una mujer por una astronauta, o la posibilidad de que algunos viajeros al espacio hayan sido lanzados ebrios (lo cual ha sido desmentido por la NASA), vale la pena recordar a los perros y chimpancés que fueron, a su pesar en muchos casos, los auténticos pioneros de los vuelos espaciales.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Astronomía, página 5, noviembre 2007)

25 enero, 2007

¿UNA GUERRA DE LAS GALAXIAS ORIENTAL?

A finales de enero nos sorprendía la desagradable noticia de que China había lanzado el 11 de enero, en el más absoluto y preocupante de los secretos, un misil balístico para destruir un satélite meteorológico de casi una tonelada de peso, no se sabe aún bien porqué. Bueno, seguramente el porqué era el comprobar la capacidad de destrucción en el espacio del nuevo armamento chino y, subsidiariamente, algún problema que se dirá que se encontró en el satélite. Sea cual sea la causa en este caso concreto, lo evidente es el desarrollo previo de toda una compleja capacidad bélica de dudosa utilidad ‘científica’.

Según parece, el misil alcanzó su objetivo, destruyendo el objeto impactado y llenando el espacio de microchatarra que, en el mejor de los casos, tardará décadas en desaparecer. La operación, por los pocos datos que tenemos, fue un éxito, aunque ello sólo lo habrá sido, claro está, en la estrecha mente de los actuales mandatarios de esa gran nación asiática.

Debo reconocer, sin embargo, que esa valoración positiva de los responsables chinos sólo la supongo dado que, de momento, éstos guardan silencio sobre el lanzamiento. Sólo un portavoz oficial, hablando en general de la carrera espacial, ha dicho que China no desea emprender ninguna carrera armamentística más allá de nuestra atmósfera, en una muestra de cinismo sólo comparable al anuncio de ETA de que, pese al miserable atentado y a los dos asesinados en Barajas, no habían roto el alto el fuego...


El descubrimiento de este hecho gracias al espionaje estadounidense ha provocado una alarma más que justificada. Que China se una a Rusia y a los EE.UU. en el grupo de países con esa capacidad de llevar la guerra al espacio no tranquiliza, sino todo lo contrario. Quizás alguien se alegre porque otro país rompa con la hegemonía estadounidense, pero a nosotros nos gustaría que eso se hiciera de otra manera y por otros gobiernos con una mayor tradición democrática. Con tantas cosas que se pueden hacer en el espacio, centrarse en su militarización es una idiotez que nos acabará por afectar a todos.

Los riesgos de este tipo de acciones ya fueron expuestos en los años ochenta, cuando se desarrollaba en los EE.UU. el proyecto conocido como ‘guerra de las galaxias’, el cual fue frenado gracias a la presión de una parte importante de la ciudadanía de dicho país y del resto del mundo. Por desgracia, en China, la gente puede hacer poca presión, sólo asistir a unas Olimpiadas que, seguramente, estarán dedicadas a la paz mundial y en las que se soltarán palomas en su inauguración...


Pero tan peligroso como el hecho en sí, puede que sea la reacción de sus vecinos (India, Pakistán, Japón, Rusia o EE.UU. —algo más lejos, al otro lado del Pacífico—,...) a los que la preocupación por la capacidad china haga que se vean tentados en invertir en un armamento similar o incluso ‘mejor’, quitando recursos de finalidades sociales o de investigación más necesarias.

A cincuenta años vista del Sputnik, conviene recordar cómo, por desgracia, han ido indisolublemente unidos los avances en el uso pacífico del espacio con el de su uso militar, excepto en el caso de la agencia espacial japonesa o en el de la Agencia Espacial Europea (aunque no en la de algunos de los países que la integran, como Francia o el Reino Unido, por ejemplo).
Sin duda, se hace imprescindible un nuevo tratado internacional que acote aún más el uso de armamento en el espacio, con más y mejores controles internacionales.

Alfonso López Borgoñoz

(versión larga del editorial un poco más breve publicado en la revista Astronomía en marzo de 2007)