08 octubre, 2010

PENA DE MUERTE, UN FALSO REMEDIO SIMPLE A UN PROBLEMA COMPLEJO

En Canadá quitaron la pena de muerte de su Código Penal en 1976, y en 1998 incluso en tiempo de guerra: "Contrariamente a las predicciones de los partidarios de la pena de muerte, la tasa de homicidios en Canadá no aumentó después de la abolición en 1976. De hecho, la tasa de homicidios de Canadá disminuyó ligeramente el año siguiente (de 2,8 a 2,7 por 100.000 habitantes). Durante los siguientes veinte años la tasa de homicidios osciló entre 2,2 y 2,8 por 100.000 habitantes, pero la tendencia general era claramente a la baja". En 1998 bajó a 1,9 homicidios por cada 100.000 habitantes, la tasa más baja desde 1960.

En los últimos diez años, la tasa bajó aún más, en un momento dado, hasta poco más de 1,7, pero después ha vuelto a subir hasta unos 2,4 (guardo el dato en la memoria, espero encontrar la fuente).


Sin embargo, sí subieron las condenas por asesinato, quizás porque los jurados estaban más dispuestos a condenar a gente a largas condenas por ser culpables de homicidios, que directamente a muerte. El temor al error debía pesar (desde la abolición, al menos seis prisioneros canadienses a los que se había declarado culpables de asesinato en primer grado han sido puestos en libertad tras demostrarse su inocencia, habiendo estado encarcelados dos de ellos durante más de diez años hasta que que pudo establecerse su inocencia).

Tal vez fue más útil socialmente el nuevo sistema, al ser los jurados más libres.

NO HAY RELACIÓN...

Sería bobo decir que la abolición de la pena de muerte ha implicado directamente la disminución de la tasa de otros homicidios. No tiene sentido. Es más complejo el tema (en todo acto hay muchos factores cuyo peso en las decisiones de las personas es muy dificilmente cuantificable).



Por eso debo reconocer que tampoco tiene sentido argumentar que el que hubiera más homicidios, incluida la propia pena de muerte, cuando ésta era legal, implica que la pena de muerte fomenta los homicidios. Es más complejo, sin duda. Debemos tenerlo claro.



El hecho de que haya pena de muerte (o no) no influye realmente en la tasa de homicidios (ni de otros delitos que castigan con dicha pena a las personas a las que se culpabiliza de haberlos cometido).



No hay relación. Pero tampoco cuando algunos sí creen que la hay cuando las cifras se dan en sentido opuesto.



Mal que les pese a los amantes de la pena máxima, de lo anterior también se deduce lo contrario, es decir que si hay pena de muerte y bajan los homicidios (no es lo que suele ocurrir) tampoco hay relación directa. Y tampoco la hay si hay una abolición de la pena de muerte y éstos suben.



La pena de muerte, en realidad, es inútil para atajar el mal que se quiere atajar. No guarda relación directa. No sirve.



Quizás lo mismo se pueda decir de otras muchas penas, es cierto, pero las mismas son menos extremas, crueles, inhumanas y degradantes, y permiten compensar, aunque sea poco, el mal causado en caso de error.



DE APLICACIÓN SENCILLA, PERO SÚMAMENTE INCORRECTA E INÚTIL
La pena de muerte, es una solución sencilla (para satisfacer a una supuesta galería, mayoritaria o no) a un mal muy (pero que muy) complejo.



Su aplicación puede llegar a ser muy cara (en EEUU), pero en la mayor parte de los países su uso es muy barato.



Es más fácil matar a una persona a la que se culpa de un delito, que tratar de intervenir en la sociedad para frenar las causas que dieron lugar a la comisión de dicho delito. Para algunos gobiernos, es más fácil matar a supuestos corruptos que luchar contra la corrupción. Es más fácil matar que tratar de defender a las víctimas de los homicidios. En el caso de la violencia contra las mujeres, lo estamos viendo. En Arabia Saudí, hay gente condenda a muerte por hacer futurología en una televisión, se la acusa de brujería...



Seguramente esto que digo, los gobiernos lo saben. Algunos asesores deben tener que puedan hacer estadísticas o que puedan y sepan leer informes.



Quizás lo que les gusta es que la gente sienta un miedo extremo a lo que el estado les puede hacer. Que sepan que su vida depende de sus gobernantes, que se la pueden arrebatar en determinados casos (o en todos en caso de error).



Se trata de explotar el miedo.



Pero probalmente también sigue siendo una mala hipótesis. Es verdad que parece serlo en los países que más la practican, como China, Irán, Arabia Saudita, Irak o EEUU (las prácticas de meter miedo a la población por sus autoriaddes políticas ha llevado a crear guantánamos en Cuba y prisiones secretas en muchas partes del mundo), pero hay muchos países similares que no lo hacen.



Lo de 'fabricar miedo' a la población seguro que es otra respuesta simple al mismo problema complejo.

Pero quizás esté más cerca de la mentalidad de algunos dirigentes de lo que muchos creemos. Quizás ellos no son complejos. Sólo brutales y directos.

04 septiembre, 2010

BUNGE Y LAS PSEUDOCIENCIAS. UN ACERCAMIENTO PERSONAL

“El Universo existe por sí mismo, puede ser explorado
y la mejor manera de hacerlo es científicamente”
Bunge, 2007[1]


Hace años, quizás veinte, conocí a André ‘Gunder’ Frank, el conocido científico social de origen alemán ya fallecido. Yo en aquella época estaba notablemente influido por la obra de diversos autores ‘relativistas’ procedentes tanto de la arqueología o de la antropología como de la propia filosofía de la ciencia.

Durante una cena, le empecé a expresar a André la dificultad de trabajar con los restos de culturas antiguas, dado que, al ser adaptaciones socioculturales (es decir, no biológicas) a diferentes contextos naturales, sociales e históricos, era muy difícil conocer realmente nada de ellas, salvo nuestras propias construcciones del pasado. Le comenté que sólo sabíamos de ‘apariencias’, no de ‘realidades’. Y lo mismo creía que pasaba al estudiar desde una perspectiva antropológica ciertas poblaciones de otras partes del globo terrestre. Nunca hablábamos de ellas, sólo de nosotros. Conocer la realidad era imposible, en el caso de que existiera... E incluso eso pasaba en ciencias como la biología o la física. El concepto ‘cerdo’ o ‘gravitación universal’ eran conceptos o constructos nuestros, frutos de nuestra manera de entender la naturaleza en un momento dado.

André no estaba de acuerdo, pero tampoco parecía que estuviera especialmente atento a lo que yo decía. Hasta que, en un momento dado, le dije que iba al lavabo. Levantó entonces su vista y, más o menos, me dijo “La puerta está cerrada ¿podrás entrar a través de ese constructo o la abrirás antes de pasar?” Sonrió y acabó su frase “Si tienes prisa, te recomiendo la segunda opción, dado que la primera te provocaría un chichón que tendría muy poco de constructo ideal y mucho de objetivo”.

Nuestro entorno es conocible y mejorable
Quizás sí exista un mundo real de chichones evitables por mi, por los yanomamos o por los antiguos romanos si uno adopta decisiones racionales en su manera de actuar y de entrar en los lavabos o moverse por un bosque, aunque sea posible que hayan siempre algunos chichones inevitables (llevo muchos, de hecho).

Y sí, también es posible decir cosas sobre los ‘otros’ del pasado o de otras culturas. De hecho, hay hipótesis o conjeturas sobre ellos que pueden ser discutibles y mejorables, pero que sin duda tienen más elementos de certeza que otras que casi ni siquiera son discutibles casi dado lo que sabemos o se puede comprobar (como la de la influencia de los marcianos en la construcción de las pirámides de Egipto). Sólo el especular sin base sobre lo que no se sabe, sin tener en cuenta lo que sí se conoce, permite seguir justificando ciertos extravíos de la mente muy poco productivos a nivel científico o tecnológico, y por lo tanto social.

Entonces... ¿no nos podemos permitir hacer conjeturas? ¡Claro que sí! No podemos evitar el hacerlas. Pero como Bunge señala, mientras que en las artes o en la ficción todo vale, en la ciencia sólo son admisibles las conjeturas razonables, que son aquellas que se pueden controlar de forma tanto conceptual (compatibilidad con el grueso del conocimiento) como empírica[2].

Y eso es verdad en física y en el estudio de la historia o de otros pueblos. Todo el mundo en todas las épocas se ha reproducido según su sexo del mismo modo (más o menos divertido, eso sí es tristemente cultural), han debido ingerir alimentos (y, antes de ello, han debido proveerse de los mismos), y han dormido, nacido, crecido, enfermado, envejecido, muerto... de forma más o menos igual en lo físico, aunque con variaciones culturales.

Aunque variado en lo cultural, en lo básico iguales... pero siempre con la posibilidad de establecer hipótesis sobre el funcionamiento de cada cultura de forma razonable.

Hasta los relativistas (incluso los profesores de filosofía dedicados a ello) prefieren volar antes en aviones que con capas de Supermán. Y su tasa de curación con terapias de eficacia comprobada es más elevado que cuando usan otras basadas en supersticiones no validadas de ninguna manera, que algunos de ellos defienden como posibilidad filosófica. Desgraciadamente, el SIDA existe y negarlo es un insulto grave para sus víctimas, ya que no ayuda en nada a aumentar el bienestar de los afectados, cosa que la buena ciencia sí consigue.

El universo (la realidad) existe de forma independiente a la humanidad y es comprensible, aunque el conocimiento del mismo pueda mejorar (o empeorar según a la Universidad a la que uno vaya). Bunge escribe que “el conocimiento objetivo apoyado en pruebas firmes y teoría válida es muy superior a las corazonadas subjetivas”, aunque hemos de tener en cuenta que “la ciencia no demuestra el realismo, ni podría hacerlo, porque toda proposición científica, sea esta dato o hipótesis, se refiere sólo a hechos de un tipo particular. La ciencia hace más por el realismo que confirmarlo, lo da por supuesto”[3].

Pero vivir bajo ese supuesto no lo hacen sólo los científicos o los tecnólogos, sino todo el mundo en su vida diaria, incluso los filósofos más relativistas. Y eso es lo deseable, no sólo como amantes de la filosofía o de la ciencia, sino de la vida o la ética en general.

Como hemos comprobado, como estamos comprobando, las actuaciones no basadas en la ciencia, asentadas no sobre la realidad o principios comprobables sino en filosofías políticas concretas con objetivos concretos no siempre explicitados, pueden llevar a desastres internacionales, como el de confundir una política económica ideológica con la economía, como le pasaba a Marx y le ha sucedido a la economía ‘global’ en los últimos años.

Existe un mundo social y natural que es cognoscible y claramente mejorable, y en el que podemos actuar de forma racional tratando de equivocarnos lo menos posible en nuestras decisiones a través de la experiencia y consiguiendo avances significativos en el campo de la física, de la biología, de la economía, de la arqueología, de la ética o del derecho si conseguimos que lo que afirmamos esté planteado de la manera más razonable y comprobable posible.

Tal vez tuviera razón Einstein, al hablar de los axiomas morales, cuando escribía “Los axiomas éticos son fundados y puestos a prueba de manera no muy diferente a los axiomas de la ciencia. La verdad es lo que resiste la prueba de la experiencia” [4].

Esceptismo metodológico
Como fruto de estos intereses comencé a colaborar activamente en el debate contra las falsedades o errores con apariencia de verdad (o “imposturas intelectuales”, como más tarde llamaron Alan Sokal y Jean Bricmont en su libro de ese mismo título a ciertas posiciones defendidas desde el postmodernismo y el relativismo).

Al principio, mi entrada fue ligera, preocupado meramente por las llamadas pseudociencias más livianas y triviales, en la tesitura de tratar de desmontar, por ejemplo, hipótesis sobre astronautas en el mundo maya basadas en datos no comprobables.

Cuando me introduje más, empecé a preocuparme en otros campos, al tratar de documentarme e informar sobre el peligro real que supone la profunda inexactitud de las ‘teorías’ acerca de la validez y utilidad de muchas de las medicinas falsamente alternativas[5] o del creacionismo, en cualquiera de sus formas y mutaciones para adaptarse a cada medio (casi de forma darwinista, lo que no deja de ser paradójico).

Me embarqué en el llamado movimiento escéptico, que en realidad nada tenía que ver con el escepticismo clásico de Pirrón o Sexto Empírico que yo valoraba antes en mucho (y cuya lectura en su vertiente clásica aún me encanta), ni con sus variantes de la época moderna, que negaban la posibilidad de todo conocimiento.

El mío era un escepticismo metodológico o científico, de duda metódica pero no sistemática. Como perfectamente lo define Bunge en un texto incluido en este libro “es una posición tanto metodológica como práctica y moral. En efecto, quienes lo adoptan creen que es tonto, imprudente y moralmente erróneo afirmar, practicar o predicar ideas importantes que no hayan sido puestas a prueba o, peor aún, que hayan mostrado de manera concluyente ser totalmente falsas, ineficientes o perjudiciales”[6].

Este tipo de escépticos, continúa Bunge, “creen todo aquello que haya sido probado o que haya mostrado tener un fuerte respaldo empírico. Descreen de todo aquello que choque con la lógica o con el grueso del conocimiento científico y sus hipótesis filosóficas subyacentes. El suyo es un escepticismo matizado, no indiscriminado. Los escépticos metodológicos sostienen numerosos principios y, sobre todo, confían en que los humanos progresarán aún más el conocimiento de la realidad. Su fe es crítica, no ciega; se trata de la fe del explorador, no de la del creyente. En ausencia de las pruebas pertinentes no creen en nada, pero están dispuestos a explorar las ideas nuevas y audaces si encuentran razones para sospechar que estas tienen alguna posibilidad (...). Son personas de mente abierta, no de mente en blanco; y son rápidas en el filtrado de la basura intelectual (…)” y “Quienes ponemos en tela de juicio las creencias sobre los fantasmas, la reencarnación, la telepatía, la clarividencia, la telequinesia, la rabdomancia, las influencias de los astros, la magia, la brujería, las «abducciones» por OVNI, la grafología, la cirugía psíquica, la homeopatía, el psicoanálisis y otras por el estilo, nos llamamos a nosotros mismos, «escépticos». Pero al hacerlo, deseamos indicar que adoptamos la famosa duda metódica de Descartes. Se trata de una desconfianza inicial respecto de las percepciones, pensamientos e informaciones que resultan extraordinarias. No quiere decir que los escépticos cierren sus mentes a los acontecimientos extraños, sino que, antes de admitir que tales sucesos son reales, desean que se los controle por medio de nuevas experiencias o razonamientos. Los escépticos no aceptan ingenuamente la primera cosa que perciben o piensan. No son crédulos, pero tampoco son neofóbicos. Solo son críticos. Antes de creer, quieren ver las pruebas”[7].

Mi duda, nuestra ‘duda’, no es sobre la posibilidad de conocer, sino sobre las afirmaciones acerca de las cosas que no son comprobables. Sobre las pseudociencias, vamos.

Y para la lucha conceptual contra las mismas la obra de Bunge es maravillosa por su claridad, por su amenidad, rigor, coherencia y facilidad de lectura. Y por atreverse su autor a exponerla con generosidad y sin cortapisas ante cualquier público.

Víctima yo aún de autores encumbrados y oscuros, los escritos de Mario me han aportado siempre valiosas herramientas conceptuales con las que acercarme a los objetos de mi interés, señalando la importancia de establecer una nítida separación entre ciencia y pseudociencia.

Para él, negar la necesidad de definir bien lo que es ciencia no es correcto. Como escribió hace años “ante la ausencia de una caracterización explícita y adecuada de la ciencia (y de su opuesto, lo que no es ciencia) ciertas teorías y prácticas fraudulentas se pueden colar por las puertas de la ciudadela de la ciencia. Piénsese en la cosmología creacionista, el ‘creacionismo científico’, el determinismo genérico, el psicoanálisis o la utilización de las manchas de tinta para el diagnóstico de la personalidad y de la hipnosis para la recuperación de la memoria”[8].

A muchos no parece preocuparles grandemente el mundo de las pseudociencias. En las universidades y en los medios académicos creen que es una forma de pensar inofensiva, y propia del vulgo, de la plebe, pues “están demasiado ocupados con sus propias investigaciones como para molestarse por tales sinsentidos. Esta actitud, sin embargo, es de lo más desafortunada”[9].

Como el mismo Bunge señala, este tipo de falso conocimiento es más dañino de lo que parece, al fin y al cabo el método científico constituye la mejor estrategia para conseguir las verdades más objetivas, más precisas y profundas acerca de hechos de toda clase, naturales o sociales. No sólo hablamos de las cosas, sino también de la gente y de sus relaciones.

Pero no sólo es ciencia ‘de las cosas’, no sólo se trata de diferenciar de la forma más correcta posible los conceptos físicos o químicos. Tras la búsqueda del conocimiento sobre nuestro entorno, en Bunge hay una seria reflexión ética, acerca de la relación de los seres humanos con la naturaleza y con otras personas. Su realismo científico filosófico integral es “la filosofía que casi todo el mundo practica cuando intenta resolver sus problemas de todos los días. Únicamente los filósofos pueden profesar el antirrealismo y esto sólo cuando escriben o enseñan”[10]. El falso conocimiento no sirve. No ayuda.

La defensa no es porque sí, sino porque cree importante “La posibilidad de construir una filosofía práctica científica. Ésta sería un código moral y una filosofía política diseñadas para personas reales en sociedades reales, no para ángeles en utopías. O sea, ese código estaría diseñado para individuos que se enfrentan a dilemas morales reales en sistemas sociales reales; personas con necesidades y aspiraciones, así como con derechos y deberes”[11]. Es más “La filosofía política no es un lujo, sino una necesidad, ya que se la necesita para entender la actualidad política y, sobre todo, para pensar un futuro mejor. Pero para que preste semejante servicio la filosofía política deberá formar parte de un sistema coherente al que también pertenezcan una teoría realista del conocimiento, una ética humanista y una visión del mundo acorde con la ciencia y la técnica contemporáneas”[12].

Mario Bunge, es un referente en filosofía de la ciencia a nivel mundial, al que no sólo le gusta hablar en las universidades y ser leído sólo catedráticos, en una torre de cristal, sino que le preocupan los riesgos de la mera palabrería. Y esa preocupación la tiene tanto en círculos académicos, como en revistas de divulgación, en la prensa, en congresos, etc.

No es sólo filosofía
Como antes he indicado, André ‘Gunder’ Frank nació en Alemania. Sus padres huyeron de la Alemania nazi ya en 1934, cuando él sólo tenía cinco años. Como le sucedió a Sophia Scholl y a muchos otros alemanes, André me señaló que no hacía falta ser judío ni víctima directa de los peores crímenes del régimen hitleriano para darse cuenta de que realmente, de forma objetiva, aquello no podía ser bueno. Que no era relativo.

No todo es igual y hay que defender el mejor conocimiento crítico posible. Y eso es un poco lo que creo que defiende Bunge, y así lo muestra de forma insistente en sus obras.

SOBRE ESTE LIBRO
Este libro surge del interés del editor, Serafín Senosiain, y del mío propio en reunir en castellano los artículos más significativos publicados por Mario Bunge dedicados, en general, a clarificar el principio de demarcación entre ciencia y pseudociencia, así como otros trabajos suyos que creemos relacionados.

En la selección de textos, originalmente publicados en inglés en su mayoría, nos ayudó el propio Mario Bunge, que nos sugirió algunos textos que él consideró que merecían estar incluidos. La facilidad de trabajar y colaborar con Mario en todo momento, desde hace ya tiempo, con respuestas rápidas, claras y acertadas, han sido un motivo de satisfacción.

De todas las obras seleccionadas en un primer momento, finalmente descartamos, por recomendación de Rafael González del Solar, el texto “The Scientist’s Skepticism”[13], el cual es sólo un extracto del texto “Creencias y dudas de un escéptico” que sí se incluye en el presente volumen. El orden de los artículos, por otra de las muchas sugerencias acertadas de Rafael González del Solar, se basa en su organización temática, y no en la cronológica.

Para acompañar los textos de Mario Bunge, hemos creído adecuado solicitar otros dos prólogos al propio Rafael González del Solar, y a la profesora Cristina Corredor, que ayudarán al lector, espero que tanto como a nosotros, a acercarse a la figura y obra del filósofo argentino.

NOTAS
* Texto publicado como prólogo en Mario Bunge La Pseudociencia. Ed. de Alfonso López Borgoñoz. Colección 'Vaya Timo'. Editorial Laetoli. Pamplona, 2010.
[1] Mario Bunge “A la caza de la Realidad. La controversia sobre el realismo”. Trad. de Rafael González del Solar. Gedisa, Barcelona, 2007 pág. 27 (tit. orig. “Chasing Reality: Strife over Realism”).
[2] “Conjeturas: razonables y descabelladas”, Cap. 5 de este libro*.
[3] Mario Bunge “A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo”. Trad. de Rafael González del Solar. Gedisa, Barcelona, 2007 pág. 345, 348, 349, 350,359, 361 tit. Orig. “Chasing Reality: Strife over Realism”.
[4] Albert Einstein “The Laws of Science and the Laws of Ethics” Prefacio a P. Frank Relativity: a Richer Truth Beacon Press. Boston, 1950 pág. viii, citado en Mario Bunge “A la caza de la Realidad. La controversia sobre el realismo”. Trad. de Rafael González del Solar. Gedisa, Barcelona, 2007 pág. 375 (tit. Orig. “Chasing Reality: Strife over Realism. Y Bunge continua “En los casos de las normas morales y los principios éticos, los datos empíricos pertinentes están relacionados con el bienestar humano. Por esta razón, los indicadores biológicos y sociales, como por ejemplo la esperanza de vida, la tasa de mortalidad infantil, el número de años de escuela y el ingreso mediano disponible, son más pertinentes respecto de las normas morales y los principios éticos que las discusiones académicas acerca de miniproblemas o seudoproblemas morales, tales como los constituidos por los insultos, la masturbación, la homosexualidad, el aborto, la fertilización in vitro, el cambio de sexo, el casamiento gay, la clonación o el suicidio. Todos ellos empalidecen al ser comparados con la guerra, la miseria o la tiranía
[5] Falsamente en la medida en que toda medicina que no se ajuste a lo que dice el DRAE “Ciencia y arte de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano”, es decir, que no demuestre de modo comprobable su eficacia, no es medicina y, por lo tanto ni es alternativa ni es nada. Algo alternativo sería una manera de curar eficaz basada en supuestos diferentes a los de otras medicinas, pero eso no es lo que ofrecen la mayoría de las pseudomedicinas.
[6] “Creencias y dudas de un escéptico” Cap. 5 de este libro*, pág. 103.
[7] “Creencias y dudas de un escéptico” Cap. 7 de este libro*, págs. 127-128 y 101.
[8] “El concepto de pseudociencia, prescindible en la práctica profesional, es necesario para la evaluación de proyectos de investigación: respuesta a Richard J. McNally” Cap. 2 de este libro*, pág. 62.
[9] “¿Qué es la pseudociencia?”, Cap. 3 de este libro*, pág. 83.
[10] Mario Bunge “A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo”. Trad. de Rafael González del Solar. Gedisa, Barcelona, 2007 pág. 382 (tit. Orig. “Chasing Reality: Strife over Realism”.
[11] Mario Bunge. “A la caza de la Realidad. La controversia sobre el realismo” Trad. de Rafael González del Solar. Gedisa, Barcelona, 2007 pág. 383 (tit. Orig. “Chasing Reality: Strife over Realism”).
[12] “La filosofía política no es un lujo”, La Nación 29 de junio de 2009.
[13] Skeptical Inquirer, vol. 16 nº 4 pág. 377-380, 1992.
* Texto publicado como prólogo en Mario Bunge La Pseudociencia. Ed. de Alfonso López Borgoñoz. Colección 'Vaya Timo'. Editorial Laetoli. Pamplona, 2010.


Alfonso López Borgoñoz












































31 mayo, 2010

PRESENTACIÓN INFORME ANUAL 2010 DE AMNISTÍA INTERNACIONAL

Como recuerdo de unos intensos días en Madrid, como memoria de que no debemos olvidar que la jurisdición universal es aún una deuda pendiente con millones de víctimas de violaciones de derechos humanos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, en todo el mundo...

20 mayo, 2010

JUGANDO A REMEDIAR

Jugando a remediar, eso es lo que cantaba Cecilia hace treinta años, cuando hablaba en su canción 'Dama, dama' de una mujer ociosa de la alta sociedad de la época. 
¿Tiene sentido actuar sin el ánimo de transformar el mundo sin el uso de la violencia?
¿Tiene sentido no tratar de cambiar las leyes, para que a todos y todas les lleguen sus derechos fundamentales-?
¿Tiene sentido defender normas económicas irracionales, completamente subjetivas, que sumen a la mayor parte del mundo en la pobreza y en la discriminación? 
Si todo eso tiene sentido ¿es posible remediar, sin que en el fondo todo sea parte de un juego cómplice con el poder?
Es mejor curar las enfermedades que sólo poner vendas. 
(aunque es evidente que si sólo podemos poner vendas, mejor eso que no hacer nada para los afectados y las afectadas por la violaciones de sus derechos humanos)

19 mayo, 2010

UN LARGO ECLIPSE SOBRE LA ISLA DE PASCUA

El próximo 11 de julio de 2010, hacia las 20,11 h (tiempo universal coordinado —UTC—, las 14,11 h en la hora oficial), será posible ver durante cuatro minutos y cuarenta y un segundos un Eclipse Total de Sol desde Hanga Roa, la capital de la isla de Pascua.

Sus tres mil ochocientos habitantes —aproximadamente— esperan ser visitados por muchísima gente, más de la que habitualmente ya se acerca por ella.

 
Vista desde satélite de la Isla de Pascua (ISS/NASA)


La fase parcial del eclipse empezará a las 18,41 h y acabará a las 21,34 h (UTC) —6 horas menos es la hora oficial—.

El perfil astronómico de la mayoría de los asistentes, supongo que hará que contemplen la isla como lo que es, una maravilla, y no se empecinen en el error que el extravío en la interpretación de sus monumentos ha conducido a muchos escritores desde hace medio siglo.


Otro largo eclipse, en forma de desconocimiento, sigue nublando la visión sobre la historia de este remoto paraje, por culpa de la influencia de autores como von Däniken y su conocida obra Recuerdos del futuro (1), en la que señalaba, entre otras cosas que no eran ciertas, que los antiguos habitantes de esa isla del Pacífico había sido imposible que levantaran ellos solos esas enormes estatuas por todos conocidas, los llamados moais, visibles muchas de ellas ya desde alta mar.

Realmente en la Isla de Pascua hay uchas, muchas estatuas. (Wikipedia)


Y es curioso porque, la isla de Pascua es un buen ejemplo de que a pesar de la ciencia va avanzando resolviendo cosas que desconocemos sobre el pasado, con nuevas miradas y descubrimientos (se vuelven a repasar los datos e hipótesis, se usan nuevas tecnologías y teorías para enfrentarse a los tiempos pretéritos, etc.), los pseudocientíficos siempre se quedan en la primera duda y en la fe ciega en su primera impresión/revelación obtenida sin pruebas racionales, no encontrando nunca nuevos datos que les permita descartar o afianzar sus propias hipótesis.

Los pseudocientíficos siempre se quedan en la primera duda y en la fe ciega en su primera impresión/revelación sin pruebas racionales, nunca buscan nuevos datos que les permita descartar o afianzar sus propias hipótesis. Seis de los quince moais en el Ahu de Tongariki (Wikipedia)


Las mismas preguntas se repiten hasta la saciedad, sin importar en absoluto que las respuestas hayan llovido desde mil campos del saber diferentes. Y es que la lluvia nunca cala si la fe en lo sobrenatural o en lo extraterrestre (no la razón, claro) nos han hecho impermeables. Y eso es una de las cuestiones que más diferencian a los científicos de los que no lo son.



La isla de Pascua, de sólo 163,6 km2, goza de una ubicación especialmente solitaria en la mitad sur del Océano Pacífico (a 27° 9’ de latitud sur y 109° 26’ de longitud oeste). Está situada a unos 1.800 km de la tierra más cercana, la conocida isla de Pitcairn (a la que fueron a parar los famosos amotinados de la Bounty) —que es la distancia que separa Madrid de Ámsterdam, por ejemplo—, a 4.100 km de Tahití y a 3.700 km de la costa continental chilena. Sin duda, tenía todos los números para entrar en el mundo de los aficionados a la creación de misterios insondables...




Tal como señalaba José Luis Calvo Buey, en El Escéptico (2), en su trabajo sobre esta isla publicado en 2003, “cuando los primeros europeos llegaron a la isla de Pascua, vieron que estaba repleta de unas grandes esculturas, los moai. Para aumentar el misterio, la pequeña población, su desconocimiento de los metales, la ausencia de animales de carga y la falta de madera hacían inexplicable la talla y erección de esas estatuas”.



Sergio Sánchez, un escéptico chileno, escribe en una web (3) que “En esa isla de hieráticos gigantes de piedra, de tolomiros, de petroglifos, de leyendas de aku-aku y orejas largas, de tablillas parlantes, en esa isla, digo, es difícil no sentirse tentado por las explicaciones fantásticas... Los moai. ¿Cómo pudieron los nativos pulir la roca con esa maestría? ¿Cómo pudieron transportarlas a los lugares de destino? ¿Cómo, en fin, lograron erguirlas, dejándolas ahí, tan paradas, con sus semi-sonrisas irónicas ante los esfuerzos de los arqueólogos?”



Eso, sin duda, ha estimulado a los amantes de los misterios de todas las épocas. Aunque, en realidad, para ellos de misterio, poco.



Para von Däniken, su construcción se debió sin duda a la presencia de alienígenas. Y ahí se han quedado los para-arqueólogos, sin ver ni leer nada más, anclados en los autores que escribieron hace ya más de cuarenta años. Y eso que ha llovido mucho desde entonces...



¿MIL MOAIS?
Lo primero para empezar es señalar que realmente, en la isla de Rapa Nui hay muchas estatuas, muchas. Según se revela en los datos ofrecidos por el pascuense Museo Antropológico Padre Sebastián Englert (4) el número total sería de 887 (aunque según un trabajo de Liller de 1993, los datos acumulados sugieren que se construyeron más de mil).



De ese total de 887, 288 fueron transportadas a la costa y en un 90% erigidas sobre un ahu, plataformas ceremoniales de piedras pequeñas revestidas por sillares, localizadas en las costas de la isla —lo cual debió ocurrir al final incluso en tiempos históricos, cuando ya se habían dado los primeros contactos con poblaciones europeas aunque éstos no eran continuados—, 397 (la mayoría, un 45%) se quedaron sin acabar en la cantera del Rano Raraku y 92 han aparecido con daños o parecen abandonadas en el camino de transporte hacia un ahu.



De acuerdo a las investigaciones realizadas por Jo Anne Van Tilburg (5), un moai promedio mediría 4,05 m de alto, pesaría 12,5 toneladas y su volumen total sería de 5,96 m3. No obstante esa cifra media, hay verdaderos monstruos, como el llamado El Gigante, que se halla aún en la propia cantera del volcán Rano Raraku y que nunca se levantó. Su altura máxima hubiera sido de unos 21,60 metros y su peso hubiera estado entre las 160 y las 182 toneladas, aproximadamente. El más grande erigido es algo más pequeño, y es el conocido como Paro. Se encuentra en el ahu Te Pito Kura, mide 9,80 m de altura y pesa unas 74,39 toneladas más o menos. Pero los hay mucho más pequeños, como el menor de todos, que se encuentra en Poike y mide unos 1,13 m de altura.



La gran mayoría de las figuras (un 96%) fueron esculpidas en el suelo volcánico que rodea al volcán Rano Raraku, situado en el sudeste de Pascua. Sin embargo, también es posible encontrar un pequeño número de estatuas hechas con otros materiales, como el basalto.



Como vemos por las cifras, menos de un tercio de todos los moai tallados lograron llegar hasta sus respectivas plataformas... en el caso de que éstas fueran el destino final de todos ellos, lo cual ahora es puesto en duda, como ya indicaré.



Y todo eso hace que los estudiosos, serios o menos serios, se hayan hecho muchas preguntas y se las continúen haciendo ¿Porqué se quedaron en las canteras la mayor parte? ¿Por las dificultades del transporte? ¿Por tener fallos? ¿Por falta de tiempo para llevarlos? ¿Por algún otro problema? ¿Serían tallados para quedarse allí directamente por alguna finalidad religiosa desconocida? ¿Quizás agotaron los habitantes de Rapa Nui los recursos necesarios para acabar este enorme trabajo? ¿Cómo las transportaron hasta el lugar en el que fueron halladas? ¿Cómo se les puso encima el llamado pukao (cilindro de escoria rojiza ubicado cual sombrero sobre algunas de las cabezas) y que en algún caso pesa hasta 10 toneladas?



Vale la pena entretenerse algo en las primeras crónicas para tener las primeras respuestas. Así, pese a alguna descripción visual previa imprecisa de marinos españoles de fines del siglo XVII, que la denominaron como isla de David, el primer marino originario del llamado viejo mundo que se ha podido documentar que realmente llego a ella fue el almirante holandés Jacob Roggeveen, que la descubrió oficialmente el domingo 5 de abril de 1722. Fue él quien la bautizó con el nombre de isla de Pascua debido a que en ese día se celebraba la festividad de domingo de Pascua de Resurrección. Para los isleños, la misma se conocía como Te Pito o Te Henúa. Para Roggeveen, según dejó escrito, las estatuas eran representaciones de dioses en un culto solar del que no obtuvo muchos datos. En su opinión, la cual es la primera hipótesis registrada por extranjeros sobre el proceso de fabricación de las mismas, las estatuas se hicieron in situ, moldeando arcilla o algún tipo de barro que lo permitiera.



En 1770, el catalán Manuel de Amat y Junyent, virrey del Perú, temiendo el establecimiento de franceses o ingleses en la isla, envió a reconocerla y tomar posesión de ella al capitán de navío Felipe González de Ahedo y al capitán de fragata Antonio Domonte y Ortiz de Zúñiga.



Otro viajero, como el conocido capitán inglés Cook, en el año 1774 indicó —tras señalar la dificultad de entender la lengua que se hablaba en la isla pese a llevar un traductor polinesio— que “Se podía difícilmente concebir cómo estos isleños, que desconocían completamente cualquier fuerza mecánica, podían haber levantado estas figuras tan grandiosas" (6), así como que eran representaciones funerarias de gente notable.



Según José Luis Calvo Buey ello parece tener su lógica si tenemos en cuenta los restos funerarios hallados en los ahus (o plataformas de piedras pequeñas revestidas por sillares) sobre las que se alzaban la mayor parte de estas estatuas situadas en la zona costera y en el hecho de que a algunas (7) nunca se les pintaron ojos, ni siquiera a las completamente construidas. Según el Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, los moai representaban a “los ancestros importantes de cada linaje. Con el paso de los años, su forma se fue estilizando al mismo tiempo que aumentaban progresivamente de tamaño.”

Vista del moai situado en Ahu Tahai, restaurado con ojos de coral por el arqueólogo estadounidense William Mullo. (Bjarte Sorensen, Wikipedia)



Para los estudiosos actuales, los moai acompañaron a los isleños durante cerca de 800 años. Para los estudiosos, se pueden trazar tres fases prehistóricas. La primera sería la del primer poblamiento, entre el 400 y 800 d.C. (poco más de mil años antes de la llegada de los primeros europeos), y cubre desde la llegada de los primeros pobladores polinesios hasta el inicio del desarrollo de su cultura megalítica. Después vendría la fase conocida como Ahu May (entre el 800 d.C. y el año 1680, más o menos), que es la clásica, donde la cultura propia de la isla alcanzó su máximo esplendor al construir los enormes centros ceremoniales y levantar las grandes estatuas, para acabar con la etapa Huri May, de fuerte conflicto social entre linajes, con una ecología en la isla muy degradada por la tala intensiva, en la que surgió el culto al Tangata Manu u hombre-pájaro, y que finalizó con la llegada de los misioneros católicos en 1864.


El derribo de los moai en esta etapa por los propios habitantes de la isla no es del todo seguro, aunque se estima como lo más probable. Lo que sí se sabe es que, por desgracia, las estatuas se cayeron al poco tiempo de su erección en su mayor parte, no habiendo pruebas claras acerca de si fueron derribadas en medio de una revuelta de origen social de un grupo de isleños o si cayeron por causas naturales tales como terremotos.


El problema ecológico indicado antes casi a vuelapluma es muy importante. Desde la antigüedad se ha podido determinar la, por lo general, alterante incidencia del ser humano en el medio, como ha sucedido en la Grecia clásica o en los mismos bosques mediterráneos, en los que el pino ha proliferado debido a que los árboles más aptos para dar madera para barcos fueron talados desde siempre y no siempre se regeneraron los bosques como se debía.


El avance del conocimiento ha permitido saber, mediante el uso de los métodos de trabajo de la palinología (que es una disciplina que estudia el polen, las esporas, etc., que se encuentra en excavaciones arqueológicas), han podido determinar de forma inequívoca la existencia de numerosos árboles en la isla de Pascua en la antigüedad, cuya deforestación (irreversible por la pérdida de tierras que ha supuesto) fue causada posiblemente por el hombre en la misma época de construcción de la mayoría de los moai y que permiten, mientras no salgan nuevas pruebas en sentido contrario, indicar que, posiblemente, el más que probable fin de los árboles en la isla con motivo del transporte y erección de las estatuas.


¿No hay muchos árboles en la isla Pascua? Cierto, no los hay ahora.


LA FABRICACIÓN DE LAS GRANDES ESTATUAS Y SU DESPLAZAMIENTO
El cómo se hicieron los moai, su proceso de fabricación, las técnicas que se usaron, cómo se desplazaron... todo se ha podido ir documentando gracias a los hallazgos arqueológicos por toda la isla, especialmente en las propias canteras situadas en las laderas volcánicas, con muchas estatuas total o parcialmente talladas y, en ellas, las herramientas básicas necesarias para poder tallar los moai.


El afamado aventurero noruego, Thor Heyerdhal, en 1956, hizo una serie de experimentos in situ (y no ninguno de esos extravagantes cálculos mentales de los astroarqueólogos, sin ninguna prueba empírica, donde multiplican millones de personas y decenas de años para las labores más sencillas) y publicó que en un año y con un grupo sólo de seis hombres se podía tallar enterito, de arriba abajo, un moai, lo cual no es mucha gente ni tiempo.


Las rutas de transporte de las estatuas desde sus canteras en el Rano Raraku hasta el sitio donde se hallaron, distantes en algunos casos unos 18 km, tampoco permite hablar de grandes misterios en la actualidad. No parece ser que la levitación o gigantescos ovnis-grúa fueran necesarios, aunque sí el trabajo de mucha gente (aunque no tanta como se ha dicho en algún momento) durante algún tiempo.


Sobre las rutas, que antiguamente se creía limitadas a unas pocas, en un reciente trabajo, publicado en al año 2005 por Carl P. Lipo y Terry L. Hunt en la revista inglesa Antiquity (8), se comprueba —gracias al uso de imágenes en alta resolución obtenidas mediante satélite— la amplitud de la red viaria a lo largo y ancho de la isla de Pascua, mucho más rica de lo imaginado, con un modelo radial de carreteras, que sugieren (tras reconocerse las mismas sobre el terreno) que el traslado de las estatuas se llevó a cabo por grupos independientes, que competían entre ellos, a través de toda la isla, mejor que mediante un sistema de trabajo controlado por un poder centralizado. Estas carreteras, además, no parecieron unir de forma significativa centros habitados sino que, básicamente, parece ser que sirvieron para el transporte de estatuas. Se han hallado siete carreteras principales, cada una de las cuales tal vez sirvió a los intereses de un grupo en concreto, que también las usaba para marcar límites con otros grupos.


Este estudio ha permitido, además, saber las probables carreteras que se usaron en cada caso, así como determinar mejor las distancias recorridas. Estos autores comprobaron (en la zona de las carreteras al sur de Pascua) cómo el tamaño y la variabilidad en el tamaño de las estatuas era menor a medida que aumentaba la distancia entre el lugar dónde se hallan ahora y la cantera donde fueron hechas. Esta distribución, estadísticamente significativa, sugiere (aunque no implica de forma determinante) que su transporte requería una inversión de energía tal que la población (y sus circunstancias) no siempre podían dedicar su esfuerzo a ello, fracasándose más a menudo en los desplazamientos con las mayores estatuas. Mientras que estatuas de un tamaño máximo de 10 metros se pueden hallar a menos de 3 km de distancia, a 5 km la mayor es ya de sólo 9 m, a 7 km la mayor es de 7 m, a 12 km la mayor es de 6 m y a 14 km la mayor es de sólo 5 m (tamaño no despreciable, pero menor que los anteriores).


Con el tamaño, a mayor distancia también mengua la cantidad de las encontradas. A una distancia de 6 km de las canteras se encuentra la mayoría, siendo más limitada la cantidad que se encuentra a una mayor distancia.


Pese a los debates, es cierto que aún no se ha podido determinar con exactitud, dada la pobreza del registro arqueológico en este sentido, así como de las mismas tradiciones orales recordadas por los isleños, el sistema exacto por el que se movieron los moai. Entre otros, hay cinco sistemas que suelen ser los más citados:


a) Thor Heyerdahl (ver nota 2) colocó una de estas estatuas de espaldas sobre un trineo de madera y la arrastró sobre el mismo. El esfuerzo no pareció serle muy gravoso, pese a las 15 toneladas que pesaba la estatua elegida, aunque debe reconocerse que el terreno que recorrió no era especialmente complicado ni la distancia excesivamente larga. Según sus cálculos, para desplazar los moai así bastaban un par de centenares de isleños y algo más de un par de semanas. Esta hipótesis, además, estaba algo respaldada por la tradición isleña.


b) Para el antropólogo estadounidense William Mulloy (9), un autor clásico sobre la isla, según indicó en sus obras de finales de los años sesenta, tal vez el sistema se basaba en la utilización de dos grandes postes unidos en forma de V, atados al cuello del moai, y un trineo curvo en forma de Y para proteger el vientre de la estatua, que yacería boca abajo. Al ir moviéndose los postes hacia adelante y al tirar de las cuerdas, los moai debían poder ser arrastrados aprovechando el balanceo producido por la curvatura del trineo.


c) El ingeniero checo Pavel Pavel (1995) (10) se inspiró en una tradición oral que narra cómo los moai caminaban hasta su lugar de destino. En base a la misma, y como un moai de pie es relativamente estable (dado que su centro de gravedad es bajo dada su amplia base y a tener una cabeza relativamente pequeña), los hizo “caminar” al ir inclinando una de las estatuas pascuenses hacia un costado y luego balancearla hacia delante.


d) Charles Love (1990) (11), un arqueólogo estadounidense, publicó que tras un intento fallido con otro sistema, finalmente colocó el moai sobre un trineo de troncos al que se hizo avanzar subido sobre troncos de madera usadas como ruedas para facilitar su desplazamiento, de tal manera que logró mover un moai a unos 500 metros de distancia en sólo dos minutos.


e) Jo Anne Van Tilburg (1996) (12), la antropóloga estadounidense antes citada de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ha estudiado la isla desde hace mucho tiempo. Ella también cree haber hallado un posible sistema que combina en parte las ideas propuestas por Heyerdahl y Love, y que usa un trineo de troncos sobre el que se recuesta el moai, boca arriba o boca abajo, y se lo hace avanzar sobre troncos de madera como ruedas.



Ladera del Rano Raraku, en la isla de Pascua.
Obviamente, no era necesario para los isleños tener que recurrir a marcianos para mover nada. (Wikipedia)



Tantas técnicas racionales y fácilmente ejecutables por los isleños hace cuatro o diez siglos muestran que, aunque ninguna de ellas hubiera sido jamás realmente usada, no era necesario ni obligatorio para los isleños tener que recurrir a marcianos para mover nada. En la película estadounidense Rapa Nui se puede observar una buena recreación histórica de cómo pudo ser el proceso en su tramo final, de una manera muy bien explicada.



Otra prueba de la humanidad de los artífices fue el hecho del hallazgo de estatuas que posiblemente sufrieron importantes daños durante el transporte a su ubicación definitiva y que fueron dejadas en un lado de los senderos donde se accidentaron. Para chapuzas, los humanos somos únicos.



Tras el transporte, y llegados al ahu, posiblemente el moai se iba levantando poco a poco, muy poco a poco, acumulando progresivamente piedras en su parte frontal para controlar su peso, calzarlo y que no cayera, hasta conseguirse que la estatua quedara en su posición erguida. Esto lo pudo comprobar Thor Heyerdahl en la zona de Anakena, donde levantó uno de unas 30 toneladas con sólo 12 indígenas en 18 días, gracias a esta técnica



La forma de poner el pukao o tocado de cabeza, tampoco está clara, tal vez, se aprovechara la rampa de piedras usada para erguir la estatua. De hecho, hay algunas leyendas que describen tal método, lo cual pone en entredicho las afirmaciones sobre la imposibilidad de ubicar pukao sobre moai que señalan los aficionados a ver extraterrestres por todas partes.



De acuerdo a las tradiciones y a las pruebas disponibles, la talla de los ojos era hecha una vez el moai estaba cerca o en el ahu. De hecho, los hallados aún en la cantera de Rano Raraku y en los senderos no tienen las cavidades que permiten su instalación, mientras que aquellos que estuvieron en un ahu sí las poseen. De esta manera, el tallado de las cavidades debió llevarse a cabo en el moai cuando éste estaba próximo a su ahu, o bien directamente cuando ya estaba de pié.



AÚN HAY QUE SEGUIR TRABAJANDO Y MUCHO
De todos modos, en el caso de la isla de Pascua ciertamente continúan existiendo muchas incógnitas sobre los moai, su significado y el porqué exacto de su ubicación, aunque nada apunta en la dirección de misterios insondables para la mente humana ni de la presencia de alienígenas ni seres de civilizaciones avanzadísimas prehistóricas extinguidas....



Así, el significado concreto de las estatuas no está claro, como es lógico. Los indicios escritos son nulos o casi, y lo que se sabe se deduce de criterios estilísticos básicamente, basados en las observaciones y en los datos recogidos de los indígenas por los antropólogos que han trabajado en la isla, los cuales han producido diferentes interpretaciones, entre las que destacan las que tratan de entenderlos desde una perspectiva simbólica y cosmológica, pese a que estudios llevados a cabo en las dos últimas décadas han llamado la atención sobre las formas fálicas de las estatuas y sobre que quizás también estén asociadas a conceptos míticos de fertilidad o relacionando el mundo de la tierra con el cielo, el mundo material con el espiritual, ...



De todos modos, en el caso de la isla de Pascua continúan existiendo muchas incógnitas sobre los moai, su significado y el porqué exacto de su ubicación. (Wikipedia)



Peroo sin duda hubo una multiplicidad de motivos, como pasa siempre y como menciona Aveni en un trabajo suyo sobre Nazca (13). Seguro que hubo factores que influyeron en la construcción de cada estatua en cada momento en cada situación y por cada grupo. Para otros autores, también se usó como sistema de prestigio entre los diferentes grupos familiares que poblaban la isla, tratando cada nueva estatua en cada período de superar a las hechas por los otros grupos.



En mi opinión, los habitantes de la isla de Pascua como todos los seres de toda la historia actuaban por diferentes motivos, y pese a que la tradición era importante, el cómo la misma era sentida en cada momento y cómo era interpretada en sociedades ágrafas en cada circunstancia por los grupos que tomaban las decisiones de su construcción, en competencia con otros, sin duda influyó de un modo muy, pero que muy difícil de establecer en cada una de ellas.



¿FRONTERAS?
Sin embargo, el análisis espacial ha permitido revalorizar las estatuas conocidas como aisladas, intermedias o ‘en fase de transporte” que son aquellas situadas fuera de la cantera y de la costa y ha servido para poder relacionar de forma significativa estas últimas (aunque no a todas las estatuas de la isla) como indicativas de fronteras.



Hasta hace poco, el interés de los investigadores, centrado en el análisis cosmológico y religioso de las estatuas, no las había tenido en cuenta por lo general, debido a la dificultad en la mayoría de casos de saber si estaban ubicadas en el lugar deseado por los que las realizaron o bien su situación actual responde sólo al sitio donde fueron dejadas mientras las llevaban a otro lugar.



Estudios recientes y por separado, en los últimos años, de autores como Stenvenson o Shepardson, basados en técnicas de análisis espacial han sugerido, en el primer caso, el papel potencial de los mismos ahu en delimitar fronteras territoriales.



Las divisiones territoriales de Stenvenson (2002) (14) se derivan del análisis estadístico de la variación formal en el diseño de los ahu y en nociones preconcebidas sobre división territorial en las islas de Polinesia.



Por su parte, el análisis de Shepardson (2005 y 2006) (15) identifica unas fuertes correlaciones entre un subgrupo de estatuas estudiadas en el interior y las fronteras territoriales ya establecidas históricamente por etnólogas como Katherine Routledge en 191916. Según ello, para este autor, los ejemplos del interior de la isla de Pascua, pese a las imprecisiones en las fronteras, permiten señalar que no es que tuvieran problemas para ser transportadas a la costa sino que sirvieron para delimitar antiguos territorios.



Como vemos, como todos, un tema complejo, que requerirá aún mucho trabajo.



En todo ello, sin duda, no se echa en falta a ningún ser verde con trompetas en vez de orejas para que la cuestión siga siendo apasionante.



Como siempre, sí lo es la búsqueda de la verdad mediante la razón y el trabajo con las mejores pruebas disponibles, sin tener que ir inventándose piezas.



NOTAS
1. Erich von Däniken (1972) Recuerdos del futuro, Plaza y Janés, Barcelona.
2. José Luis Calvo Buey (2002-2003) “La vuelta al mundo en cinco megalitos (IV). Los gigantes ciegos” El Escéptico nº 16, Págs. 62-65. Invierno-Primavera.
3. Sergio Sánchez (2000) “Isla de Pascua: ¿Antiguo aeropuerto extraterrestre?” La nave de los locos (Chile) (visto en la web http://www.lanavedeloslocos.cl/nave2/pascua.html el 10 de mayo de 2010).
4. Museo Antropológico Padre Sebastián Englert, web en: http://www.museorapanui.cl/.
5. Sobre Jo Anne Van Tilburg y el “Easter Island Statue Project” vale la pena seguir la web http://www.eisp.org/, donde el 10 de mayo de 2010 figuraban enlaces a textos de la autora y del proyecto en sí.
6. Paul Trachtman “The Secrets of Easter Island” Smithsonian magazine, March 2002 (leíso en la web http://www.smithsonianmag.com/arts-culture/Mysterious-Island.html?c=y&page=1#ixzz0cY7yOXVE el 10 de mayo de 2010)
7. Pero sólo a algunas, a otras el mismo Calvo Buey indica que ‘les pintaban los ojos de blanco (con coral) y rojo (con escoria de Puna Pau)” [cráter de escoria roja del que se obtenían también los Pukao o tocados que coronaban los moais]. También, parace ser que en algunos sitios se han encontrado ojos de huesos de tiburón que posiblemente representaron el blanco de los ojos e incluso ‘niñas’ de los ojos hechas de obsidiana.
8. Carl P. Lipo1 y Terry L. Hunt (2005) “Mapping prehistoric statue roads on Easter Island” Antiquity, Vol. 79 Nº 303 Pág. 158–168.
9. William Thomas Mulloy (1970) “Preliminary Report of the Restoration of Ahu Vai Uri Easter Island” Bulletin of the International Fund for Monuments, Nº 2.
10. Pavel Pavel (1995) “Reconstruction of the transportation of the may statues and pukao hats” Rapa Nui Journal, vol. 9, págs. 69-72.
11. Charles Love (1990) “How to make and move an Easter Island statue” en H. M. Esen-Bauer (ed.). State and perspectives of scientific research in Easter Island culture págs. 139-40. Courier Forschungsinstitut Senckenburg. Frankfurt.
12. Jo Anne Van Tilburg (1996) “Mechanics, logistics and economics of transporting Easter Island (Rapa Nui) statues” Rapa Nui Journal, vol. 10 (4), pág. 110-115. Ver también de la misma autora (1999) “Experimental Archaeology on Easter Island: Transporting a Replica Monolithic Sculpture” Looking at Labor: New Archaeological Perspectives.” 64th Annual Meeting of the Society for American Archaeology, 23. Chicago.
13. Anthony F. Aveni (2000) Nasca: Eighth Wonder of the World? British Museum Press.
14. Christopher M. Stevenson (2002) “Territorial divisions on Easter Island in the sixteenth century: evidence from the distribution of ceremonial architecture” Pacific Landscapes: Archaeological Approaches, editado por T. N. Ladefoged y M. W. Graves, págs. 213-230. Easter Island Foundation, Los Osos. Referencias amplias a su trabajo en las obras citadas en nota 15.
15. Britton Leif Shepardson (2005) “The role of Rapa Nui (Easter Island) statuary as territorial boundary markers” Antiquity Vol. 79 Nº 303 Pág. 169–178 y (2006) “Explaining spatial and temporal patterns of energy investment in the prehistoric statuary of Rapa Nui (Easter Island)” Tesis Doctoral Universidad de Hawai (accesible en la web http://www.terevaka.net/dc/Shepardson_2006.pdf el 10 de mayo de 2010).
16. Katherine Routledge (1919) The mystery of Easter Island. Adventures Unlimited Press. Illinois.



Alfonso López Borgoñoz

06 marzo, 2010

PROGRESO CIENTÍFICO Y TERREMOTOS

Dos de mis máximos intereses son el avance del pensamiento científico (y su extensión crítica por el planeta, con el respeto de la gente que no lo quiera) y los derechos humanos. Me alegré mucho al descubrir que había un artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el 27, que se hacía eco del derecho de todas las personas de este mundo a gozar del progreso científico*.

Estos días no dejo de pensar en ello, y como el terremoto de Puerto Príncipe de 2010 -Haití- (7,0 en la escala de Richter) y el más potente de Chile (8,8 en la misma escala), han causado en un caso más de ¿cien mil? muertos directos (y a saber los indirectos), y en el otro caso a día de hoy parece ser que no se llegará a los quinientos... en Japón, terremotos similares, no causan fallecimientos apenas.

¿Casualidad? No, sencillamente injusticia y falta de derechos humanos.

Alfonso López Borgoñoz

* Sobre las características de este derecho, que incluye el tecnológico, hablaré otro día, ya que es el único derecho de la declaración que no es completo, que no es un derecho humano en realidad, ya que se ve cercenado por el derecho a las patentes -que es prioritario ¿frente a la vida?-. Ya lo veremos...

19 febrero, 2010

¿QUIÉN DEFIENDE A LOS CIVILES AFGANOS DE SUS DEFENSORES?

En julio de 1209 las tropas cruzadas que luchaban contra la "herejía" cátara atacaron Béziers (Francia) mandados por Simón de Montfort. Éste permitió el exterminio de los habitantes de la ciudad sin importarle si eran cátaros o no. Según un cronista, el legado papal e inquisidor Arnaldo Amalrico les había dado el día antes instrucciones claras "¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!"

Ante la noticia de que no fue un error la muerte de 12 civiles afganos el pasado domingo en Helmand, a manos de la OTAN, y que las víctimas fueron sólo "daños colaterales" (¿crimen de guerra?), y ante la noticia del uso por los talibanes de escudos humanos (lo niegan ellos), mientras vemos en la portada de 'El País' soldados de la OTAN rodeados de civiles (que suponemos que no son escudos humanos -lo niega la OTAN-).

¿Se pedirá algún tipo de responsabilidad a alguien por todo ello? ¿Se juzgará a los que matan inocentes, a sabiendas?

El resultado futuro de la guerra armada es incierto, la guerra por los derechos humanos ¿sólo la empataremos en Afganistán?

09 febrero, 2010

PAELLA


No sólo vivo de lecturas apresuradas... también ejecuto pequeñas obras maestras... 
(¡gracias por la foto, Quim!)
Posted by Picasa