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01 enero, 2012

17 agosto, 2009

CUARENTA AÑOS EN LA LUNA…

Tras la conmemoración el 4 de octubre de 2007 del 50 aniversario del lanzamiento en 1957 del primer satélite artificial, el Sputnik I, estos meses de julio y agosto toca recordar el 40 aniversario de la llegada del hombre a la Luna.

Enviado el primer Sputnik al espacio casi en secreto, su bip-bip fue pronto detectado en todo el mundo. La sorpresa fue enorme. Los EEUU, sorprendidos e irritados, lanzaron el Explorer I, su primer satélite, de forma apresurada, sólo cuatro meses después el 31 de enero de 1958.

El retraso fue percibido como una derrota, que tendría como resultado espolear una carrera que haría del ruso Gagarin el primer cosmonauta en 1961, seguido menos de un mes después por el estadounidense Shepard, y que llevaría en 1969 a Armstrong y Aldrin a la Luna. Todo en menos de 12 años.

HACIA LA LUNA
La llegada a la Luna estuvo en la mente de rusos y estadounidenses desde el inicio. El 4 de enero de 1959 se lanzaba la sonda soviética Luna 1, la primera en acercarse a nuestro satélite.

Tras los primeros éxitos soviéticos, el presidente Kennedy y el vicepresidente Johnson buscaron un proyecto que atrajera el interés de los estadounidenses, lo que se consiguió con el programa Apolo, cuyo objetivo era alcanzar la superficie selenita antes del fin de la década de los sesenta.

Después de los vuelos previos preparatorios de las diferentes misiones de dicho programa, el módulo lunar Eagle del Apolo 11 se posaba en la Luna a las 20,17 h del 20 de julio de 1969. Horas más tarde, a las 2,56 h, del 21 de julio, Neil Armstrong (n. en 1930) se convertía en la primera persona en poner el pie sobre la superficie lunar, diciendo las célebres palabras: “Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”. Edwin E. Aldrin (n. en 1930) caminaba con él poco después sobre nuestro satélite, y ambos tenían la ayuda desde el módulo orbital de Michael Collins (n. en 1930). El evento fue presenciado, según se dice, por unas 500 millones de personas de todo el mundo.

Esta hazaña fue posible gracias al Saturno V, un gigantesco cohete de 110 metros, como un rascacielos de casi cuarenta pisos de altura, cuya construcción fue dirigida por el ingeniero alemán (nacionalizado estadounidense) Von Braun..

A su vuelta, los astronautas fueron aclamados en muchas partes del mundo.

LA COLABORACIÓN ESPAÑOLA
Una de las antenas de 24 m de la Base de Estación de Fresnedillas de la Oliva (Madrid), hoy clausurada (y a la que se le apodaba por su tamaño La Dino), fue empleada en el año 1969 para el seguimiento del Apolo XI en su viaje a la Luna, junto con otras dos situadas en Australia y California.

La base era entonces dirigida por Luis Ruiz de Gopegui (nacido en Madrid en 1929), que luego dirigió también la de Robledo de Chavela, y que ha estado en Castelldefels en diversas ocasiones.

¿POR QUÉ NO LLEGARON LOS RUSOS?
La mejor prueba que tenemos de que los estadounidenses llegaron a la Luna no sólo son las imágenes de la televisión -captadas desde diversas estaciones de seguimiento de todo el mundo-, ni las rocas lunares traídas (muchas de ellas repartidas al poco tiempo en centros de investigación y en diversos regalos a países amigos, como España –¡que las ha perdido!-), sino el hecho que tras doce años de intensa pugna por llegar a nuestro satélite y tras grandes inversiones, los rusos, que siguieron el vuelo, aceptaron que los yanquis se les habían adelantado.

El líder soviético, Leonid Brézhnev (al mando desde 1964), tuvo que lidiar con el problema de no gastar el presupuesto elevadísimo que implicaba ir a la Luna (muchísimo más que todo lo gastado hasta entonces) sin parecer que era derrotado por los estadounidenses.

Tras 1964, en la URSS hubo varios proyectos para ir a la Luna, pero la muerte del gran ingeniero espacial ucraniano Korolyov en 1966, y el fracaso del primer vuelo de la Soyuz en 1967, deshizo la coordinación del programa. Pese a todo, los soviéticos construyeron un módulo de alunizaje y seleccionaron cosmonautas para la misión, pero los sucesivos fracasos de lanzamiento del cohete pensado para ello en 1969 (entre otras causas), obligaron a cancelar el proyecto.

EL ESPACIO DESDE ENTONCES
Medio siglo después, hemos pasado del frenesí de los sesenta a la etapa actual, en la que dependemos cada día más del funcionamiento de los satélites de comunicaciones, meteorológicos, de ubicación geográfica y de investigación (entre otros) en muchos más aspectos de los que pensamos. Sondas espaciales de investigación se han enviado ya a todos los planetas (y a algunos en varias ocasiones). Incluso Plutón será alcanzado pronto... y algunas naves no tripuladas, como las Pioneer y Voyager, están saliendo del Sistema Solar.


Conviene recordar como esos satélites se estudian e investigan de forma puntera en varias escuelas y centros del Parque Mediterráneo de la Tecnología y el campus de la UPC de Castelldefels.

En cualquier caso, esto no ha hecho más que empezar. Abramos bien los ojos, lo mejor está aún por llegar...

Alfonso López Borgoñoz
Presidente de la Agrupación Astronómica de Castelldefels

PD1: Publicado en "Lo m+s. Baix Llobregat". Revista mensual gratuita nº 32. 27/07/2009.

PD2: Más información en http://1957sputnik2007.googlepages.com/luna y desde http://1957sputnik2007.googlepages.com –si se hace click sobre las imágenes se accede a una vista ampliada de las mismas. Sobre la carrera espacial ver las páginas especiales de la Agrupación Astronómica de Castelldefels (http://www.astrofels.org/ o http://1957sputnik2007.googlepages.com/)

03 junio, 2008

OBJETIVO: LA LUNA

El pasado 4 de octubre celebrábamos el quincuagésimo aniversario del lanzamiento del Sputnik. Un mes después, recordábamos a la perrita Laika y su breve experiencia espacial. En enero, le llegaba el turno al primer satélite estadounidense. Ya entonces comentábamos que valía la pena estar atentos, dado que muy a menudo, a partir de entonces, íbamos a poder recordar cada poco un acontecimiento asociado al nacimiento de la carrera espacial, dado lo rápido de su desarrollo en su primera década larga de historia.

Y mientras seguimos de vez en cuando, aunque ciertamente con menor énfasis, los diferentes eventos astronáuticos vividos hace medio siglo en la URSS o en los EEUU, una nueva conmemoración empieza a otearse en el horizonte, y es que estamos sólo a un año del cuadragésimo aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Sí, hace de ello cuarenta años, ya.


Se inicia este verano una larga cuenta atrás que, en su momento, se vivió con una enorme intensidad por todos los aficionados al espacio, mientras se iban viendo cada poco los progresos estadounidenses y se pensaba en una hipotética reacción sorpresa procedente de la enigmática URSS.

Ha pasado mucho tiempo (más del que quisiéramos algunos, tal vez) y, sin embargo, muchos continuamos recordando con afecto algunos aspectos de aquella época (no todos, evidentemente), y seguimos viendo con admiración el programa Apolo, que entre el mes de abril de 1968 y el primer paso de Armstrong sobre la Luna el 20 de julio de 1969, pudo enviar al espacio seis misiones históricas como fueron las del Apolo VI (4/IV/1968, sin tripulación, para probar el cohete Saturno V), la del Apolo VII (20/X/1968), la del Apolo VIII (21/XII/1968), la del Apolo IX (3/III/1969), la del Apolo X (18/V/1969) y la del mismo Apolo XI (16/VII/1969). Todo a una velocidad de vértigo, con un hito del programa Apolo cada dos meses y medio, de media.

Como también sabemos, tras algunas pocas misiones más, no se ha vuelto a nuestro satélite. Cada cierto tiempo alguien (en EEUU, Europa o ahora en China) dice que dentro de una década -más o menos- volverá allí. Seguramente algún día eso será cierto.

Ahora tenemos más cercano en nuestro imaginario, quizás, a Marte. Por allí andan en estos momentos la reciente Phoenix Mars Lander y los robots exploradores Spirit y Opportunity. Dichas naves están sobre el planeta rojo para conocerlo mejor, pero también, de alguna manera, para preparar el siguiente paso que es el enviar seres humanos a pisar su superficie.

Quizás ese viaje sea innecesario, peligroso y, como mínimo, incómodo (un viaje muy muy largo, con frío y con carencia de oxígeno, gravedad y presión...). Sin embargo, aunque sé que muchos tal vez no estarán de acuerdo, a la larga, sin duda, deberemos ir allí, aunque parezca estúpido. E incluso espero que eso sea pronto. No es lo mismo ver fotos de una playa que estar en ella…

Alfonso López Borgoñoz


(Editorial Revista Astronomía, julio y agosto 2008)