16 abril, 2006

NUEVOS MAPAS DE LOS SATÉLITES DE SATURNO

Las delicadas sombras de sus anillos y las lunas heladas hacen del sistema de Saturno un lugar de una gran belleza.
(NASA/JPL/Space Science Institute)


La misión Cassini-Huygens, nacida de una feliz iniciativa de cooperación entre la NASA, la ESA y la Agencia Espacial Italiana, nos sigue aportando unos resultados brillantes, que nos permiten aproximarnos un poco más al complejo mundo de la geología e historia de las fascinantes lunas de Saturno, situado a una distancia media de nuestra estrella de 1.429.400.000 km.

Las imágenes que nos envía la sonda Cassini nos proporcionan solamente un atisbo leve de lo que debe ser la experiencia real de estar allí, cerca de Saturno. Tetis (a la derecha, de 1.071 kilómetros de diámetro) y Mimas (cerca del centro, de 397 kilómetros de diámetro máximo) se captan aquí contra la atmósfera turbulenta del planeta. (NASA/JPL/Space Science Institute)

Precisamente, entre otros muchos, uno de los logros conseguidos entre diciembre del 2005 y enero de este año por el equipo científico estadounidense que dirige la misión ha sido la de haber obtenido una serie de mapas globales digitales de algunos de sus satélites más grandes y conocidos, como son Titán, Jápeto, Dione, Encélado, Mimas, Febe, Tetis y Rea, tras haber trabajado durante meses con las imágenes enviadas por los diferentes instrumentos de la sonda Cassini-Huygens (con el refuerzo en las zonas poco claras de las imágenes obtenidas hace veinte años por la Voyager).

Para poder conseguir mapas en dos dimensiones de mundos más o menos esféricos (como son los satélites mayores del segundo planeta por tamaño del Sistema Solar, tras Júpiter), se ha tratado de conseguir que todos fueran proyecciones equidistantes, hechos obviamente a diferentes escalas. Las distancias en los polos resultan deformadas en este tipo de proyección.

Excepto en el caso de Titán, se indican los radios medios de los satélites usados para la proyección de los mapas, ya que la escasa esfericidad de alguno de ellos, tal como se ve en la tabla adjunta, hace que sea necesario hacer explícito este dato para mejor entender la imagen. Así mismo, los diámetros que se indican son máximos, y no siempre coinciden exactamente con el doble de los radios medios usados.


Entre los mapas llevados a cabo y difundidos hasta ahora sólo faltaría el de Hiperión para tener los de todos los satélites descubiertos antes de que las primeras sondas espaciales rusas y estadounidenses se lanzaran al espacio. Seguramente, la poca claridad de las imágenes conseguidas de muchas de las partes de esta luna lo han impedido.

El descubrimiento de Hiperión, de 280 km de diámetro máximo, tuvo lugar en el año 1848, habiendo sido atribuido a los estadounidenses W. y G. Bond, sí como al inglés W. Lassell. Es el único de los satélites de Saturno que se conocían antes del inicio de la investigación espacial que no tiene un mapa de su superficie similar a los que aquí mostramos. El resto de lunas que se conocían antes de 1959 son Mimas, Encélado, Tetis, Dione, Rea, Titán, Jápeto y Febe. Desde entonces, se han descubierto 41 satélites más orbitando al quinto planeta del Sistema Solar. (NASA/JPL/Space Science Institute)


Las operaciones necesarias para llevar a cabo la captación de las imágenes que están en la base de este trabajo se llevaron a cabo desde el Instituto de Ciencia Espacial (
Space Science Institute), ubicado en la ciudad estadounidense de Boulder (Colorado), mientras que la gestión de la misión ha correspondido al Jet Propulsion Laboratory (JPL, Laboratorio de Propulsión a Chorro), ubicado en Pasadena, que lo hace por encargo del equipo científico de la sonda de la NASA. El módulo orbital de Cassini, así como las dos cámaras que lleva a bordo, también fueron diseñadas, desarrolladas y ensambladas en el JPL.

Es posible obtener una versión a mejor resolución de todas las imágenes haciendo
click sobre ellas.


TITÁN

(NASA/JPL/University of Arizona)


Mapa global infrarrojo de Titán, conseguido mediante el tratamiento de las imágenes obtenidas en sus dos últimos sobrevuelos del 26 de diciembre de 2005 y del 15 de enero de 2006 por el espectrómetro visual e infrarrojo de la sonda Cassini-Huygens. Éste fue el primero de los satélites de Saturno en ser descubierto, acontecimiento que sucedió el 25 de marzo de 1555 de la mano del astrónomo holandés Christiaan Huygens, a cuya memoria se dedicó la pequeña sonda que impactó contra su superficie el 14 de enero de 2005. Es, sin duda, el satélite más grande de Saturno —con 5.150 km de diámetro—, y el segundo mayor del Sistema Solar tras Ganimedes (Júpiter). Su diámetro es superior al de planetas como Mercurio y Plutón. Tiene una atmósfera extraordinariamente densa, que impide casi por completo ver nada de su superficie, por lo que es necesario el tratar de visualizar su suelo mediante cámaras infrarrojas. Esta atmósfera fue descubierta hace un siglo ya por el español Comas Solà, aunque muchos atribuyan el hallazgo a otro astrónomo holandés también muy conocido, Gerard P. Kuiper.

Cambios en la superficie de Titán. (NASA/JPL/University of Arizona)


JÁPETO

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Jápeto fue descubierto por Giovanni Cassini el 25 de octubre de 1671, desde el Observatorio de París (Francia), del que era director. Más de tres siglos después, los datos obtenidos mediante los sobrevuelos de una sonda que lleva el nombre del astrónomo originario de Italia, ha permitido crear este mapa (con la ayuda de imágenes guardadas desde el sobrevuelo de la Voyager, veinte años antes). Tras Titán y Rea, es la tercera luna por su tamaño del sistema saturniano, y mide unos 1.468 km de diámetro. El mapa está hecho a una escala de 641 metros por píxel. Algunas de las zonas que se ven en el mapa, fueron captadas por la Cassini gracias a la luz reflejada desde Saturno. El radio medio de Jápeto usado para la proyección de este mapa es de 735 kilómetros y su resolución es de 20 píxeles por grado.

Jápeto, visto por la Cassini. (NASA/JPL/Space Science Institute)


DIONE

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Descubierto también por Cassini, este hallazgo tuvo lugar el 21 de marzo de 1684. Dione tiene dos satélites troyanos llamados Helena y Pollux —o Polideuces— (descubierto recientemente por la misión Cassini/Huygens) que orbitan a la misma distancia orbital de Saturno que Dione, pero 60º delante o detrás (Helena esta en el Punto de Lagrange 4 —L4— y Polideuces en el L5). El mapa está hecho a una escala de 977 metros por píxel. El radio medio de Dione usado es de 560 kilómetros y la resolución del mapa es de 10 píxeles por grado. Este mapa fue creado utilizando datos de sobrevuelos de las sondas Cassini, así como también de la Voyager.

Ubicación de los cinco puntos de Lagrange del sistema formado por Saturno y Dione, con sus dos satélites troyanos —Helena y Polideuces—, situados a 60 grados por delante y por detrás de Dione, acompañándolo en su misma órbita. (Modificado por autor, sobre original NASA)


Dione y Saturno. (NASA/JPL/Space Science Institute)


ENCÉLADO

(NASA/JPL/Space Science Institute)

Descubierto por el astrónomo inglés, de origen alemán, William Herschel —descubridor así mismo de Urano— el 17 de septiembre de 1789. Su tamaño no es muy grande, con un diámetro de sólo 498,8 km. Este mapa también se ha creado gracias a los datos de las sondas Cassini y Voyager, y está hecho a una escala de 110 metros por píxel. El radio medio de Encélado usado para la proyección de este mapa fue de 252 kilómetros y su resolución fue de 40 píxeles por grado.


Encélado. (NASA/JPL/Space Science Institute)



MIMAS

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Mapa de Mimas, satélite de Saturno de 397 km de diámetro. Fue descubierto por William Herschel también el 17 de septiembre de 1789, conjuntamente con Encélado. El plano digital se ha obtenido gracias a los datos de Cassini y Voyager, y está hecho a una escala de 434 metros por píxel. El radio medio de Mimas usado para la proyección de este mapa es de 199 kilómetros y su resolución es de 8 píxeles por grado.

Mimas. (NASA/JPL/Space Science Institute)


FEBE

(NASA/JPL/Space Science Institute)


Febe fue descubierta por el astrónomo estadounidense William Pickeringhace en 1898. Este mapa digital global de Febe se creó usando datos obtenidos durante el paso muy cercano de la sonda Cassini sobre la pequeña luna en el mes de junio del 2004. Es el más grande y conocido entre los llamados satélites irregulares, que a su vez constituye el grupo más numeroso entre las lunas que orbitan al planeta anillado —el resto consiste en cuerpos más pequeños (de pocos kilómetros de diámetro) que orbitan a grandes distancias de Saturno—. A su vez, este grupo se puede dividir aún más, y así se pueden constituir familias tales como el grupo Inuit, el Norse y el Gallic. El presente mapa está hecho a una escala de 233 metros por píxel. El radio medio de Febe usado para la proyección de este mapa es de 107 kilómetros, y su resolución es de 8 píxeles por grado.

Febe, captada por la sonda Cassini en el mes de junio de 2004, muestra en la imagen los nombres asignados provisionalmente a sus 24 cráteres por la Unión Astronómica Internacional. (NASA/JPL/Space Science Institute)



TETIS

(NASA/JPL/Space Science Institute)

Giovanni Cassini descubrió también esta pequeña luna, y ello sucedió el 21 de marzo de 1684. Este mapa de Tetis, con un diámetro de 1.071 km, se creó también, como la mayor parte de los anteriores, usando datos obtenidos durante los sobrevuelos de las sondas Cassini y Voyager. Tetis tiene también —como Dione— dos satélites troyanos llamados Telesto y Calipso (Telesto ocupa el lugar L4 y Calipso el L5, ambos a 60º asimismo por delante y por detrás de Tetis). El mapa que presentamos es también una proyección equidistante y está hecho a una escala de 293 metros por píxel. El radio medio de Tetis usado para la proyección de este mapa es de 536 kilómetros y su resolución es de 32 píxeles por grado.

Tetis, visto por la Cassini. (NASA/JPL/Space Science Institute)


Características superficiales y variaciones de color de Telesto (de sólo 24 km de ancho), el satélite troyano de Tetis. La superficie lisa de esta luna sugiere que está cubierta con una capa de polvo fino y materiales congelados. (NASA/JPL/Space Science Institute)


REA

(NASA/JPL/Space Science Institute)

Descubierta por Cassini el 23 de diciembre de 1672, es el segundo satélite en tamaño de Saturno (con 1.528 km de diámetro), tras el gigantesco Titán. Este mapa digital global de Rea se creó usando datos obtenidos durante un sobrevuelo de la sonda Cassini, con un refuerzo de los captados también por la sonda Voyager en su histórico periplo hacia los confines de nuestro Sistema Solar. El mapa está hecho a una escala de 667 metros por píxel. El radio medio de Rea usado para la proyección de este mapa es de 764 kilómetros y su resolución es de 20 píxeles por grado.

Rea. (NASA/JPL/Space Science Institute)

(publicado en la revistas española 'Astronomía', en el mes de noviembre del año 2006)

15 abril, 2006

¿ESPECIE? ¿QUÉ ESPECIE?

La definición exacta de especie ha sido siempre un problema al hablar sobre el proceso de hominización. Ante las dificultades para encontrar una propuesta válida, que abarque al resto de seres vivientes (especialmente los extintos), tal vez continúe siendo útil lo que escribía Darwin sobre que ‘cada naturalista sabe más o menos lo que quiere decir cuando habla de especie’...

Ernest Mayr describía a las especies como ‘grupos de poblaciones naturales que se entrecruzan y se encuentran aislados reproductivamente de otros grupos parecidos’. Su concepto se basaría en la posibilidad de intercambio genético entre seres vivos. Serían de la misma especie los que se comprobara que se pueden reproducir y tener descendencia viable. Sin embargo, pese a ser la definición más usada, no es muy útil para el estudio de fósiles, dada la imposibilidad de comprobar sus posibilidades reales de entrecruzarse.

Sin duda, es fundamental contar con un concepto preciso que goce de una aceptación amplia cuando se habla de especies —y de sus características— para poder entender en su justa medida las discusiones sobre la posición de cada resto de homínido hallado en el árbol de la evolución humana.

No hay una solución fácil, dados los restos fragmentarios y únicos que nos proporcionan las excavaciones y lo escaso aún de nuestro saber. Cuando se dice que dos fósiles pertenecen a especies diferentes se quiere significar que seguramente sus poblaciones no se podían reproducir entre ellas, lo cual indica un salto evolutivo de cierta importancia. Pero eso siempre es una suposición (más o menos fundamentada).

Pese a los intentos de superar problemas, éstos continúan existiendo y así es notoria la influencia de factores no estrictamente científicos en la identificación de restos y en su valoración, pese a tratar de objetivizarse cada descripción, como bien señala José Mª Bermúdez de Castro en Atapuerca, perdidos en la colina.

Así, coexisten especialistas que parecen tener un deseo ‘obsesivo’ por encontrar al homínido más viejo y los que parecen aspirar sólo a simplificar y clarificar nuestro linaje fósil, aunque ello les haga reconocer que ‘su’ hueso no pertenece a una especie especial, sino que quizás sólo sea una variedad de otra ya definida antes. Dadas las escasas ayudas públicas y cómo se valora el ‘éxito’, a la caza fortuita de un resto único se le suele dar más importancia que a la correcta documentación de un hallazgo.

¿Se podían cruzar los neandertales con nuestros primeros antepasados? ¿Hasta qué punto eran —o no— una especie diferente? Las investigaciones sobre su ADN les separa mucho de nosotros, pero no de forma absolutamente concluyente, aunque ya se descarta que haya restos de Homo neanderthalensis en nuestra estructura genética fruto de un cruce. Recordemos que no hace mucho se hablaba del hallazgo de restos que parecían resultado de la mezcla de neandertales con humanos modernos. Tampoco se conoce bien la relación de los neandertales con los heidelbergensis que les precedieron, ni los restos de éstos últimos con los del Homo antecesor. En definitiva, ¿cuáles de todas tal vez fueron sólo variedades locales de la misma especie? Como siempre en ciencia, continuará...

Alfonso López Borgoñoz

(A publicar en Tecnociencia nº 3, mayo 2006, en la sección 'Pretérito Imperfecto')

20 AÑOS QUIZÁS NO SEA NADA, PERO 60 SON MUCHOS

Ejercicio sencillo de estadística depresiva. Para matemáticos aficionados. Mi esperanza de vida es de unos ochenta años. Ello implica que moriré hacia el 2040. Mi hija, nacida en el 2001, tal vez tenga una esperanza de vida cuando le llegue el momento de unos 100 años (tal vez no). Eso implica que estaré unos 60 años sin verla, sin acariciarla, sin consolarla.

La eternidad no me parece mucho, dado que estaremos muertos.

Pero esos 60 años perdidos se me hacen muy cuesta arriba, aunque no los vea.

04 abril, 2006

TEXTO DE INTRODUCCIÓN A LA XII ASAMBLEA DE AMNISTÍA INTERNACIONAL CATALUNYA, CELEBRADA EL 1 DE ABRIL DE 2006 EN SABADELL
-en castellano al final-

(VERSIÓN EN CATALÁN)

En un recent treball sobre els menors soldats en els conflictes armats anomenats de baixa intensitat (que són els que més morts i danys causen a l’actualitat), fet per la ‘Coalición Española para Acabar con la Utilización de Niños Soldados’, de la qual forma part Amnistia Internacional, es diu que una de les causes del seu freqüent ús per milícies de tota mena, és que són individualment prescindibles. Individualment prescindibles.

Després del seu reclutament, a partir dels vuit anys d'edat a vegades, poden servir per diferents finalitats, com detectar mines al caminar per terrenys dubtosos, com a mitjà de càrrega, com objectes sexuals pels seus companys de més edat... encara que també per a la guerra, evidentment.

Curiosament, la seva importància està en el fet que manquen d'ella. Importen perquè no importen. Són necessaris perquè no ho son. La seva extremada vulnerabilitat sorgeix de que sembla que ningú creu que tinguin cap dret. La seva mort física o moral no sembla rellevant per als seus superiors o pels governs on actuen.

Però, i per a la resta del món?

Al final de la pel·lícula ‘El Hundimiento’, i en un fragment extret d’un documental gravat al 2002, Traudl Junge, secretària d'Adolf Hitler en els últims anys del seu mandat, deia que en la seva joventut no s'havia assabentat del que estava passant al seu país i que per això durant molt temps no s'havia sentit responsable de la seva col·laboració amb el dictador alemany.

Un dia, no obstant això, a Munic, va veure la tomba d'una noia de la seva edat, Sophie Scholl, afusellada en el 1943 —als 22 anys d’edat— pels nazis (juntament amb altres joves) després d'haver estat detinguda per pertànyer a un grup d’activistes anomenats ‘La Rosa Blanca’ i per repartir fulletons de denúncia contra el règim nacionalsocialista a la Universitat de Munic, completament pressa per les milícies del brutal règim imperant a l’Alemanya d’inicis dels anys quaranta del passat segle.

Junge llavors es va adonar, segons ella mateixa reconeixia, que segur que sí que va tenir alguna oportunitat de saber el que passava... i que no era tan difícil tenir el coratge per a sentir la veu de la seva consciència i reconèixer que s’havia equivocat.

Sens dubte, és possible i normal que no sapiguem moltes coses.

Molta gent no sap encara (i no ho fan per negacionisme) que va passar amb molts dels detinguts a la guerra civil espanyola, ni saben que passa a Ciudad Juàrez (Mèxic), ni a Guatemala, ni a moltes parts del món i ni tan sols saben de la violència que es pateix a casa de la seva veïna.

A vegades, és difícil arribar a adonar-se de gairebé res...

Però, no obstant això, no és honrat defensar que no puguem arribar a saber, si realment volem saber.

Ni tampoc que no puguem intentar actuar, de cap manera, contra la injustícia. Ni amb una carta. Una sola.

Els homes i dones que formem part d'Amnistia Internacional sí que sabem, sens dubte, que aquestes nenes i aquests nens soldat són especialment imprescindibles, com els defensors de drets humans —com la Sophie Scholl i tants d’altres—, com totes les víctimes de la violència, de la tortura, de les detencions per delictes d'opinió, com la vida dels comdemnats a mort a qualsevol lloc del món.

Com imprescindibles sabem que són els drets humans sobre els quals s'assenta la nostra labor i com també coneixem fins a quin punt és imprescindible el nostre esforç continu en la seva defensa.

I no ho fem perquè sigui fàcil, ni còmode, sinó perquè és el correcte.

A aquesta dotzena Assemblea General d’Amnistia Internacional de Catalunya d’avui, a Sabadell, tractarem de parlar, un any més, de la tasca que hem realitzat entre tots i totes al llarg del 2005 -ja sigui amb la nostra ajuda econòmica, amb el nostre activisme o amb l'esforç professional-.

  • En una lluita per la dignitat, no només de les víctimes, sinó també essencialment de la nostra pròpia.
  • En una treball per conèixer i trencar el vel de la foscor que tracta d’amagar en la impunitat les violacions de drets humans en tot el món,
  • I en un esforç per la divulgació del que hem conegut —solidaris, contents i actius—, tractant d’evitar sempre que el millor de nosaltres es perdi inútilment en la ignorància, entre el dolor i la desesperança.
Alfonso López Borgoñoz
President
Amnistia Internacional Catalunya

(VERSIÓN EN CASTELLANO)

En un reciente trabajo sobre los menores soldados en los conflictos armados llamados de baja intensidad (que son los que más muertos y daños causan en la actualidad), hecho por la ‘Coalición Española para Acabar con la Utilización de Niños Soldados', de la cual forma parte Amnistía Internacional, se díce que una de las causas de su frecuente uso por milicias de todo tipo es que son individualmente prescindibles. Individualmente prescindibles.
Después de su reclutamiento, a partir de los ocho años de edad a veces, ellos y ellas pueden servir para diferentes finalidades, como detectar minas al caminar por terrenos dudosos, como medio de carga, como objetos sexuales para sus compañeros de más edad... aunque también para la guerra, evidentemente.
Curiosamente, su importancia radica en que carecen de ella. Importan porque no importan. Son necesarios porque no lo son. Su extremada vulnerabilidad surge de que parece ser que nadie cree en serio que tengan ningún derecho. Su muerte física o moral no parece relevante para sus superiores o para los gobiernos donde actúan.
Pero, ¿y para el resto del mundo?
Al final de la película ‘El Hundimiento', y en un fragmento extraído de un documental grabado en el año 2002, Traudl Junge, secretaria de Adolf Hitler en los últimos años de su mandato, decía que en su juventud no se había enterado de lo que estaba pasando a su país y que por ello durante mucho tiempo no se había sentido responsable de su colaboración con el dictador alemán.
Un día, sin embargo, en Múnich, vio la tumba de una chica de su edad, Sophie Scholl, fusilada en el año 1943 —a los 22 años de edad— por los nazis (junto con otros jóvenes) después de haber sido detenida por pertenecer a un grupo de activistas llamados ‘La Rosa Blanca' y por repartir folletos de denuncia contra el régimen nacionalsocialista en la Universidad de la capital bávara, completamente tomada por las milicias del brutal régimen imperante en la Alemania de inicios de los años cuarenta del pasado siglo.
Junge entonces se dio cuenta, según ella misma reconocía, de que seguro que sí tuvo alguna oportunidad de saber lo que pasaba... y que no era tan difícil tener el coraje para sentir la voz de su conciencia y reconocer que se había equivocado.
Sin duda, es posible y normal que no sepamos muchas cosas.
Mucha gente no sabe aún (y no lo hacen por negacionismo) que pasó con muchos de los detenidos en la guerra civil española, ni saben que pasa en Ciudad Juàrez (México), ni en Guatemala, ni en muchas partes del mundo y ni tan solo saben de la violencia que sufre su propia vecina en su casa.
A veces, es difícil llegar a darse cuenta de casi nada...
Pero, sin embargo, no es honrado defender que no podamos llegar a saber, si realmente queremos saber.
Ni tampoco que no podamos intentar actuar, de ninguna manera, contra la injusticia. Ni con una carta. Una sola.
Los hombres y mujeres que formamos parte de Amnistía Internacional sí que sabemos, sin duda, que estas niñas y estos niños soldado son especialmente imprescindibles, como lo son los defensores de derechos humanos —como Sophie Scholl y tantos otros—, como todas las víctimas de la violencia, de la tortura, de las detenciones por delitos de opinión, como la vida de los condenados a muerte en cualquier lugar del mundo.
Como imprescindibles sabemos que son los derechos humanos sobre los cuales se asienta nuestra labor y como también conocemos hasta qué punto es imprescindible nuestro esfuerzo continuo en su defensa.
Y no lo hacemos porque sea fácil, ni cómodo, sino porque es lo correcto.
En esta duodécima Asamblea General de Amnistía Internacional de Catalunya de hoy, en Sabadell, trataremos de hablar, un año más, de la tarea que hemos realizado entre todos y todas a lo largo del 2005 -ya sea con nuestra ayuda económica, con nuestro activismo o con el esfuerzo profesional-.
  • En una lucha por la dignidad, no sólo de las víctimas, sino también esencialmente de nuestra propia.
  • En una trabajo para conocer y romper el velo de oscuridad que trata de ocultar en la impunidad las violaciones de derechos humanos en todo el mundo.
  • Y en un esfuerzo por la divulgación de lo que hemos conocido —solidarios, contentos y activos—, tratando de evitar siempre que lo mejor de nosotros y lo mejor de vosotras se pierda inútilmente en la ignorancia, entre el dolor y la desesperanza.
Alfonso López Borgoñoz
Presidente
Amnistía Internacional Catalunya

NO ES CIERTO

Es verdad que no sabemos muchas cosas de las que pasan, pero no es cierto que no podamos llegar a saber ninguna. Es verdad que no podemos actuar siempre, pero no es cierto que no podamos actuar nunca.

LA DIFICULTAD DE ESTAR A LA ÚLTIMA

No fue hace tanto. Al menos, eso es lo que quiero pensar. Recuerdo mi primer libro con muchas fotografías interiores en color. Fue uno de ciencias naturales, a principios de los setenta. Había una foto de algo ocurrido dos o tres años antes. Armstrong, sobre la Luna. También recuerdo mi primer libro serio de astronomía, regalado a fines de los sesenta. Las fotos eran en blanco y negro (y ni siquiera las había de todos los planetas…).

Pese a que la velocidad del cambio en ciencia ya era enorme, ello no llegaba de forma rápida a las aulas ni había una clara percepción de ello por los alumnos. Yo no la tenía, al menos. Tenía una impresión de algo que iba cambiando de forma paulatina. Nada que ver con esa sensación de vértigo que noto cuando colaboro ahora en la preparación de cada nueva revista.

La verdad es que pocas veces me paro a pensar en la complejidad que tiene en la actualidad el trasladar nuestras incertezas (que son tantas) y aquello que sabemos (que es tan poco) a los estudiantes, de forma que los abismos, en vez de asustarles, les motiven, como nos pasa a nosotros.

El ritmo rápido al que se suceden los descubrimientos en el mundo de la ciencia en general —y en el de la astronomía en particular— parece no facilitar su enseñanza. Si uno no es un especialista, puede no tener claro cuál son las mejores hipótesis, las más validadas, cuando se tratan ciertas materias. Incluso puede dar nociones que luego sus alumnos vean en esta misma revista que no son correctas del todo. Y no hablo de conocimientos acerca de temas muy de detalle, sino de básicos. ¿Qué es un planeta? ¿Lo es Plutón? ¿Cuántos tiene el Sistema Solar? ¿Qué lo compone? ¿Cuántos satélites tienen los planetas? ¿Qué es un asteroide o un cometa? ¿Materia oscura? ¿Energía oscura?... si se trata de poner luz, tanta oscuridad puede ser disuasoria.

Si aproximar a los estudiantes aquello que surge de los centros de investigación nunca ha sido sencillo, en momentos de cambio acelerado —como el actual— en toda la ciencia, ello debe ser más complicado... (y lo malo es que por suerte todo será más rápido en un próximo futuro). Yo sólo tuve que aprender el nombre de nueve planetas, ¿cuándo será un buen momento para que se empiecen a conocer los de los planetas extrasolares?

Pero, seamos sinceros, todo ello, bien gestionado y con algo de medios, es más una oportunidad que un problema. La excitación por la renovación constante debe ser siempre un acicate. Que se vea que la fuerza no está en la autoridad ni en la antigüedad de una teoría, sino en lo demostrable, es ciencia pura. Y que se sepa que lo único seguro es que hay que trabajar mucho para dar pasos cortos, tal vez sea lo mejor que nos puede pasar.

Alfonso López Borgoñoz


(publicado en Tribuna de Astronomía y Universo, mayo 2005, como Editorial)

04 marzo, 2006

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EL LUGAR NATURAL

No es que me haya vuelto aristotélico, pero cuando me enteré de la firma del protocolo de incorporación de España al Observatorio Europeo Austral (ESO) el pasado 13 de febrero, fecha que ya quedará algo lejana cuando se publiquen esta líneas, no pude menos que pensar en el viejo sabio de Estágira y como, según él escribía, todos los objetos del Universo tendían a ir hacia su lugar natural, y así los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) padecían una tendencia intrínseca a volverse a unir. Es cierto que Newton dio a todo ello una formulación más adecuada con su conocida ley de la gravedad. Pero para mí, en aquel lunes 13, lo natural era pensar que debíamos haber estado hace muchos años ya en el ESO y lo grave era no haberlo estado antes.

¿Era posible seguir trabajando por la consolidación de un marco europeo para la gestión más eficaz de la investigación, desarrollo e innovación -I+D+I- en nuestro continente desde hace veinte años sin ser miembros activos del ESO? ¿Era posible colaborar con otros consorcios como ESA o el CERN y no hacerlo con el Observatorio Europeo Austral? Sin duda, era una cuestión de tiempo (eso sí, creo que de mucho menos tiempo) el pasar a ser uno más de los países miembros de dicha institución internacional, el decimosegundo en este caso. Era mera naturalidad, de ir a donde debíamos, hacia donde nuestro propio movimiento nos guiaba, si nosotros u otros no hacíamos esfuerzos en contra.

Y no sólo eso, lo que también era natural era que el ESO volviera sus ojos hacia el norte. El problema en la Europa de inicios de los sesenta no era tanto la observación desde el hemisferio norte, donde estaban radicados la mayor parte de los observatorios nacionales de los estados parte del consorcio primigenio, como el disponer de forma conjunta de buenas plataformas observacionales para rastrear el cielo desde el sur. Pero la mejora del instrumental, sus costes y las necesidades en cuanto a la calidad de los cielos ha ido obligando a un replanteamiento de la cuestión y a estudiar una mejor base conjunta para investigar los fenómenos celestes también desde nuestro hemisferio, en la región europea que tuviera las mejores condiciones. Y para eso, sin duda, las Canarias son un marco privilegiado, conjuntamente con el sur de la península ibérica.

Sin duda, el que algo quiere algo le cuesta, pero confío que el coste de la aportación española al ESO se financie con un aumento presupuestario en consonancia con los retornos científicos y tecnológicos de la inversión, y no se detraiga de otros gastos en investigación, cuyas fuentes presupuestarias se vayan a ver mermadas, como ha sucedido frecuentemente en el pasado. El crecimiento en ciencia, debe ser global, para serlo realmente.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en la revista Astronomía, como 'Editorial', en Abril de 2006, pag. 3)

22 febrero, 2006

A LOS DIOSES ROGANDO Y CON EL SÍLEX DANDO...

Los chimpancés están muy cerca evolutivamente de los humanos. En el 2005 se comprobó que compartimos con ellos algo más de un 96% de nuestro ADN y, según parece, nuestras líneas se separaron hace sólo unos siete millones de años. Muy cerca, más de lo que muchos creíamos, de lo que el mismo Darwin imaginaba o de lo que los creacionistas temen.

Así, son capaces de usar palos alargados para comer hormigas o termitas. Es decir, emplean elementos de su entorno (tras seleccionarlos) para mejorar sus posibilidades naturales de actuación. Incluso modifican manualmente estos elementos para hacerlos más precisos, más útiles. Fabrican herramientas.


Chimpancés comiendo hormigas mediante un palito en el Zoo de Barcelona. (A. López)

No somos, pues, la única especie dotada para desarrollar esa habilidad. Dicha capacidad, de hecho, ha sido constante en los homínidos, desde siempre. Pese a que la industria lítica más antigua —hallada en la región de los Afar, en Etiopía— no parece ir mas allá de los 2,8 millones de años de antigüedad, ya se ve en ella signos inequívocos de que los que la crearon ya conocían los rudimentos de las técnicas de talla. Antes debieron haber utensilios perecederos de madera o hueso.

Probablemente, una de las diferencias de los homínidos con respecto a sus antecesores fuera la de ser capaces de ir fabricando mejores herramientas con la ayuda de otros útiles, con el fin predeterminado —y cultural— de optimizar sus prestaciones. Ello les facilitaba luchar contra sus limitaciones naturales. ¿Cuándo fueron capaces de elaborar una teoría al respecto? ¿Cuándo se dio el salto a la creación de la tecnología, entendida como el conjunto de teorías y de técnicas que permiten un mejor aprovechamiento práctico del conocimiento sobre nuestro entorno?

Quizás adquirieron dicha capacidad en algún momento de hace algo más de un millón y medio de años, pero ello no implica que la misma encontrara un marco adecuado e inmediato para su expresión. ¿De que eran capaces las poblaciones de homínidos que surgieron de África en esa época y se extendieron por el mundo? No es una respuesta fácil. Los Homo sapiens, tras muchas decenas de miles años sobre la Tierra, sólo ha sido capaz de alcanzar la Luna hace poco. De habernos extinguido antes, no habrían quedado pruebas físicas de que podíamos hacerlo.

¿Tenían esa capacidad también las poblaciones neolíticas? Sin duda, pero les faltaba el contexto adecuado en el que desarrollarla. ¿Y los neandertales?...

Un caso sorprendente de distancia entre la capacidad que se supone a ciertos homínidos y los restos líticos que encontramos en sus yacimientos es el de las poblaciones que vivieron en Europa hasta hace unos 600.000 años. En esa época aún hallamos restos de una industria sencilla llamada Modo I (o Olduvayense, cuya fabricación no parece que estuviera estandarizada), cuando en África ya usaban el Modo II (o Achelense, con una elaboración más compleja, por fases), que había surgido todo un millón de años antes, con la aparición de los Homo ergaster.

Bifaz achelense, procede de un yacimiento superficial de la provincia de Valladolid, en el valle del Duero. (Comuna de Wikipedia)

No sabemos cuando se desarrolló la capacidad de averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas —lo que el diccionario entiende como conocimiento—, pero ese es un paso necesario para la creación de la verdadera tecnología, como creación cultural humana, capaz de pensar en modelos. Y de esa verdadera tecnología, creo que tenemos la primera prueba pura con el Modo II, aunque el Modo I se acercara. Fueron seguramente estas herramientas las culpables del gran desarrollo de las poblaciones que las usaron en el Paleolítico inferior en África y en el medio en Europa, según Desmond Clark o Eudald Carbonell.

Con el llamado Modo III (o industria Musteriense), de época de los neandertales, se elaboraron ya instrumentos mucho más especializados —y con una cierta complejidad— según cada necesidad. Nada servía para cualquier cosa. Sin duda, eso ya era una auténtica tecnología, en el camino de la actual.

Alfonso López Borgoñoz

(Sección 'Pretérito imperfecto', revista mensual Tecnociencia nº 2, abril 2006)

01 febrero, 2006

YA SE ACERCA...

Un paso más. Nos vamos acercando poco a poco a la respuesta a una vieja pregunta de muchos de los que pertenecemos a nuestra especie, quizás —incluso— la cuestión ya se hubiera planteado anteriormente y se remonte a los tiempos en que las noches estrelladas africanas empezaron a fascinar a los primeros homínidos capaces de emocionarse con ellas. ¿Habrán seres como nosotros viviendo allí fuera?

Desde dioses hasta marcianos malignos, los seres humanos han asociado el más allá de la bóveda celeste, desde siempre, con la solución (o el agravamiento) de todos nuestros problemas, esperanzados y aterrorizados por la magnificencia de la visión del cielo. O, simplemente, curiosos por saber si hay seres semejantes, con otras historias, en otros mundos —o seres diferentes, con historias parecidas—.

Algo más de diez años después del hallazgo del primer planeta extrasolar en 1995, ya somos capaces de detectar planetas unas cinco veces mayores que el nuestro. E incluso somos capaces de detectar cometas en torno a otras estrellas, tal como se publica este mismo mes en las noticias. El siguiente paso será la localización de un planeta tres veces mayor, después dos veces, después uno...

Rafael Rebolo ya nos comentaba recientemente en Astronomía los métodos para encontrar exoplanetas y la importancia de su estudio. Tras leerlo, si era de noche, uno sentía la tentación de salir a la ventana y observar la bóveda celeste, con una mirada interrogativa.

Todo va muy rápido. Parecía que no era sino a mediados de la próxima década que sería posible el ver mundos de tamaños tan ‘minúsculos’ como el del nuestro, pero nos vamos aproximando. ¿Será en este 2006? No creo. Quizás en el 2007 o, mejor, en el 2008. Pero está al caer...

Ya se han encontrado unos 160 planetas en otros sistemas estelares, más bien extraños en su mayoría. Pero algunos de ellos son muy similares a nuestros Júpiter y Saturno. Seguramente, las primeras ‘tierras’ extrasolares serán cuerpos que nos planteen muchas dudas, pero a medida que los descubrimientos avancen, iremos encontrando mellizos cada vez más parecidos. El telón de la respuesta a si la vida es necesaria cuando las condiciones son adecuadas o fruto de un azar que se da pocas veces, y si la inteligencia (cualquiera) es sólo una cuestión de tiempo y mutaciones o una rareza en todo un Universo, está a punto de alzarse. Posiblemente, las primeras respuestas —provisionales, como siempre en ciencia, pero basadas en datos comprobables—, ya las empezaremos a tener a finales del primer cuarto de este siglo. Que viaje. Es de noche. Debo salir a ver el cielo de nuevo.

Y, para acabar el mes, el miércoles 29 de marzo, un nuevo eclipse de Sol, esta vez parcial en la península Ibérica. No será el anular del pasado octubre, pero la mitad de nuestra estrella será tapada por la Luna. Una buena ocasión, de nuevo, para maravillarnos con la naturaleza que nos rodea, más allá de los cada vez más estrechos límites de nuestra atmósfera.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado, algo reducido por espacio, en Astronomía, editorial, pág. 3 Marzo de 2006)

18 enero, 2006

DE VUELTA AL COLE...
EL FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO QUIERE VOLVER A LAS AULAS

‘¿Estoy seguro de que no hay una intención detrás de nuestra existencia y de que no existe un misterio en ninguna parte del Universo? Pienso que lo estoy. ¡Qué gozo, qué descanso sería si pudiésemos declararlo así completamente convencidos! Si así fuera, yo podría desear vivir eternamente. ¡Qué aterrador y glorioso el papel del hombre si, en verdad, sin guía y sin consuelo hubiese de crear, sacándolo de sus propias entrañas, el sentido para su existencia y escribir las reglas por las cuales vive!’ [“VIII. Diario-Carta de César a Lucio Mamilio Turrino”, en Los Idus de Marzo de Thornton Wilder (trad. de María Lejárraga)]

1925. El 21 de marzo se aprobaba en Tennessee (EEUU) una normativa, conocida como Tennessee Evolution Statutes, por la que se prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución en todas las universidades y escuelas financiadas total o parcialmente con fondos públicos de aquel estado. Su primera sección indicaba claramente que era ilegal “enseñar cualquier teoría que negara la historia de la creación divina del hombre, tal como se enseña en la Biblia, así como enseñar que el hombre procedía de un orden inferior de animales’1. Esta ley nacía por la alarma causada por el avance de la enseñanza del darwinismo en algunos centros educativos.

Sobre la base de dicha norma, en Dayton (Tennessee), en el verano —especialmente caluroso— de 1925, se celebró un juicio que tuvo una gran repercusión pública2, y que fue conocido como el juicio del mono, en el que se acusaba a John Thomas Scopes, un profesor de biología de Instituto de sólo 24 años de edad, de la práctica ilegal de la enseñanza de la evolución según la teoría de Darwin.

Su abogado fue Clarence Darrow, muy conocido, el cual señaló en un momento dado: “La Biblia no es un libro, sino que está compuesto por sesenta y seis, que fueron escritos en un período de cerca de mil años, algunos de ellos muy pronto y otros comparativamente mucho más tarde. Es un libro principalmente sobre religión y moral. No es un libro de ciencia. Allí no hay nada prescrito que te diga cómo construir una vía de tren o un bote a vapor o cómo hacer nada que haga avanzar a la civilización”. El abogado particular de la acusación fue William Jennings Bryan, un político demócrata muy populista, al tiempo que profundamente fundamentalista.

Tras oír a las partes, el jurado tomó su decisión en contra de Scopes, considerándolo culpable según la ley. El juez lo condenó por ello a una multa mínima de cien dólares (¿hay penas leves por el incumplimiento de normas injustas?), de cuyo pago al final se libró el joven profesor de biología, ya que se recurrió la sentencia por un tecnicismo y el Tribunal Supremo de Tennessee la revocó, estimando, al mismo tiempo, que la ley sobre la que se había basado era inconstitucional, en base a la primera enmienda de la Constitución de los EEUU3.

Preguntado por el juez, tras leerse la sentencia, si tenía algo que decir, Scopes acabó su intervención con las siguientes palabras: “Su señoría, siento que me han condenado por la violación de un estatuto injusto. Continuaré en el futuro, como he hecho en el pasado, oponiéndome a esta ley de cualquier forma que pueda. Cualquier otra acción podría ser una violación de mi ideal sobre la libertad académica; esto es, la de enseñar la verdad tal como se garantiza en nuestra Constitución sobre la libertad personal y religiosa. Pienso que la multa es injusta”1.

WASHINGTON, TENEMOS UN PROBLEMA...

Pese a la revocación final de la sentencia por el Tribunal Supremo de Tennessee, no quedaba aún clara hasta dónde llegaba la muralla entre el estado y la religión que pretendieron levantar con la primera enmienda los constitucionalistas estadounidenses en 1791.

Esa enmienda, curiosamente, no nació en su momento para impedir la libertad religiosa sino para promoverla, al evitar que algunos estados se hicieran confesionales y amenazaran la libre práctica religiosa de sus ciudadanos, al tratar de imponerles credos distintos al suyo propio (en las escuelas o fuera de ellas).

Tras los hechos de los años veinte, en los que —como hemos visto— se había tratado de impulsar por ley la enseñanza de conceptos bíblicos, privilegiándose desde el estado a una religión (en este caso, primordialmente la cristiana) por encima de las demás, y la posterior declaración de inconstitucionalidad de dicha norma, pareció verse, aunque no por todos, que no se podían dar clases basadas en teorías religiosas en las escuelas.

Pero ¿se podía evitar que algunos consejos escolares de algunos estados prohibieran la enseñanza de la evolución o de otras teorías sólo porque contradijeran sus creencias religiosas?

Hasta el año 1968 (un año antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna), y mediante la sentencia del Tribunal Supremo por el caso Epperson vs. Arkansas4, no empezó a aclararse que tales prohibiciones de enseñar los principios darwinistas basadas en cuestiones religiosas contravenían directamente también dicha primera enmienda, al ser los prejuicios bíblicos de los que habían dictado la norma —por sus creencias sobre el origen de la vida— la base de la negativa a que se enseñara la evolución. Para los jueces, era una interferencia clara de unos valores religiosos en los centros educativos. La sentencia, además, acababa definitivamente con la absurda prohibición de enseñar la evolución en Arkansas, aprobada gracias a una votación entre los habitantes del estado y que estaba vigente desde 1928 (tres años después de Dayton y durante los cuarenta años anteriores a este nuevo juicio). El argumento de los que defendían la normativa sobre que esa ley expresaba la voluntad popular no pudo ser tenido en cuenta.

En 1987, el mismo alto Tribunal estadounidense hizo uso de nuevo del mismo principio en el caso Edwards vs Aguillard, al rechazar una ley de Luisiana que obligaba a enseñar la ‘ciencia creacionista’ en las escuelas a los profesores de biología5,6. ¿Tema solucionado? No.

VOLVER A EMPEZAR...

2004. El 18 de octubre se aprobaba por 6 votos a 3 en el School Board of Directors (Consejo Escolar) de la ciudad de Dover (en Pensilvania, EEUU), de apenas 20.000 habitantes, la siguiente resolución:

“A los estudiantes se les hará notar los problemas y vacíos existentes en la teoría de Darwin y otras teorías sobre la evolución, incluyendo el diseño inteligente, pero no únicamente las relacionadas con ésta última. Nota: No se enseña el origen de la vida.”

El mismo Consejo Escolar, el 19 de noviembre siguiente, anunció mediante un comunicado de prensa que, a partir de enero de 2005, los maestros del instituto de la ciudad deberían leer la siguiente declaración en la clase de biología de noveno curso (equivalente a un 3º de ESO en España):

“El estándar académico de Pensilvania requiere que los estudiantes aprendan la teoría de la evolución de Darwin y realicen un examen en el que se incluya la evolución.

Dado que la teoría de Darwin es una teoría, continúa siendo examinada cada vez que se descubre una nueva prueba. La teoría no es un hecho. Existen huecos en ella para los que no se ha encontrado ninguna prueba. Una teoría se define como una explicación suficientemente probada que unifica una amplia gama de observaciones.

El diseño inteligente es una explicación sobre el origen de la vida que difiere del punto de vista establecido por Darwin. El libro de referencia, Sobre Pandas y personas, está disponible para los estudiantes que pudieran estar interesados en profundizar en la comprensión de lo que realmente implica el diseño inteligente.

Con respecto a cualquier teoría, se anima a los estudiantes a que mantengan una mente abierta. La escuela deja la discusión de los orígenes de la vida a los estudiantes y a sus familias. Como distrito regido por estándares, la instrucción escolar debe enfocarse a preparar a los estudiantes para dotarlos de habilidades y competencias basadas en una evaluación estándar”.

Como se ve, no trataban de prohibir la enseñanza de la evolución (no podían por las decisiones judiciales comentadas), pero sí se mencionan los supuestos problemas y vacíos (tan caros a los creacionistas en general) de la teoría de la evolución y que (según ellos y como máximo) parecen igualarla como sistema de explicación a la del diseño inteligente.

También se recomendaba la lectura del libro Of Pandas and People: The Central Question of Biological Origins [Sobre Pandas y Personas: la cuestión central del origen biológico]7, que vendría a ser una especie de manual del diseño inteligente.

Pero, como parece dejar claro el escrito original, no debía tratarse de enseñar cuál era el origen de la vida en el Instituto, en ningún caso, dado que consideran que ésa no es una materia que deba darse en un centro educativo. Eso sí, se recomendaba que fuera discutida en el contexto familiar(?).

Es decir, un aspecto básico de la educación ya no quedaba sometido a los resultados de las mejores investigaciones disponibles basadas en el método científico, sino a la discrecionalidad de los padres, según fueran sus creencias particulares y su fe.

Como vemos, para los autores de la resolución y de la declaración, la educación pública en Dover (laica, como en todos los EEUU) no debía definirse entre ambas maneras de entender el origen de la vida (la de los evolucionistas y la del diseño inteligente) debido a los problemas de ambas. Se podía deducir de ello que, dado que no podían decir cual era mejor, las dos eran igual de satisfactorias (o insatisfactorias).

RECUADRO

EDUCACIÓN Y DECISIÓN ENTRE HIPÓTESIS

Las dificultades en el mundo de la enseñanza para decidirse entre dos hipótesis en un momento dado no son nuevas. Al fin y al cabo, es normal la situación de una cierta colisión en el mundo de la ciencia entre dos explicaciones de un mismo fenómeno.

En esos casos —y a la espera de nuevos avances—, puede ser válido presentar como explicaciones igualmente razonables aquéllas que concuerden más o menos de forma satisfactoria (sean o no excluyentes entre ellas) con la mayor parte de los datos disponibles. El ojo crítico es básico en la ciencia y en su enseñanza, y mostrar dudas no es malo, sino al contrario. Pero, lógicamente, todas las explicaciones deberán estar basadas en el uso del método científico y en que exista un cierto consenso en los medios académicos sobre su validez, lo que evitará la discrecionalidad del maestro o Consejo Escolar, y el que se introduzcan aspectos no científicos en el tratamiento de los temas.

Así, si se hubiera pedido hace quince años a los profesores de ciencias naturales que se pronunciaran sobre si la extinción de los dinosaurios fue motivada de forma preferente por la caída de un meteorito o por una gran actividad volcánica a fines del cretácico (o por las dos cosas juntas), no hay duda que la cuestión no hubiera quedado al alcance de la mayoría de los educadores (ni científicos altamente especializados) y éstos, por tanto, podían presentar ambas hipótesis, con sus pruebas, como iguales, dejando que cada alumno decidiera cuál veía como más probable, tras, tal vez, dar el profesor su opinión personal.

Pero está claro que en el caso de la extinción de los dinosaurios hablamos de un debate entre hipótesis científicas, creadas de forma similar, y no entre hipótesis científicas y religiosas.

La religión se basa en la fe, en el salto al abismo que defendía Kierkegaard, y es una opción personal que como creencia particular es completamente respetable, pero que está netamente diferenciada en su formación y en sus métodos explicativos de los de la ciencia. Y eso jamás debe ocultarse cuando se transmite la información sobre la base de la explicación de un hecho natural.

La ciencia tiene su ámbito de trabajo en el estudio de nuestro entorno, mediante la aplicación del método científico; la religión, no, ya que se basa en conceptos como supuestas verdades reveladas por sus creadores. No sólo eso, esas verdades reveladas sobre el origen del hombre, del Universo, etcétera, interpretadas desde el ámbito de una creencia, pueden ser muy diferentes a los conceptos científicos que se explican en las clases de ciencias naturales, así como muy diferentes de las que defienden otros profesores de religión en el mismo centro, lo que puede inducir a confusión.

Puesto en la situación... ¿a quién hará caso el niño? ¿al profesor que le habla de evolución por mutación no predeterminada o al que le habla de creación por un dios según diversas hipótesis basadas en la fe? Si ambas materias se dan en el mismo centro, puede creer que ambas autoridades son iguales y que se basan en lo mismo, decidiendo según su contexto familiar. Como es lógico, ello no pasa en las clases de arte, donde las teorías religiosas (sobre una inspiración divina mayor o menor de los autores) no caben (ni el magisterio de un profesor de religión es requerido para que de una información diferente y alternativa a la del profesor de arte sobre el origen del Barroco).

Por ello, es básico limitar al máximo la imposición de las creencias de los gobernantes (especialmente en las materias susceptibles de la aplicación del método científico), no favoreciendo explicaciones de religiones en concreto, debido a que cada una defiende unos modelos de creación —total o parcialmente— diferenciados y contrapuestos. Lo recomendable es que la enseñanza de la educación religiosa se haga en los centros religiosos, fuera del currículum escolar público exigible. Es el modelo de muchos países8, que evita que sus escuelas se conviertan en foros de debate entre diferentes tipos de fe, en entornos religiosos y socioculturales complejos.

Ante tal situación, los partidarios de una enseñanza de ciertas materias sobre la base de la religión, tratan como pueden de introducirse en las escuelas y en la educación pública en secundaria y en la Universidad6,9.

Precisamenete, una de esas maneras está siendo mediante la teoría del diseño inteligente, que dice no ser religiosa —aunque sus defensores no ocultan que lo son (y mucho)— y que para sus defensores es capaz de competir con las hipótesis y teorías científicas de igual a igual, por estar asentadas ambas en los mismos principios de trabajo laicos.

Pero eso no es cierto, como veremos.

FIN RECUADRO

¿NO ES RELIGIOSO EL DISEÑO INTELIGENTE?

El concepto básico del diseño inteligente se basa en la creencia de que los organismos de hoy no son un producto normal de los procesos de selección natural sino de algún diseñador inteligente que va guiando el proceso y sobre cuyo origen ellos no se pronuncian6,10. Es decir, no dicen que haya un dios (de ahí que defiendan que su tesis no es religiosa), sino sólo que hay un agente que sabe lo que hace en el timón. Pese a la antigüedad del concepto, tal como expone Eustoquio Molina en otro artículo de este mismo dossier, su desarrollo y conceptualización —tal como ahora conocemos— es relativamente reciente, con menos de diez años de antigüedad.

Su base de pensamiento, en teoría, no es estrictamente creacionista (cosa que cree mucha gente), ni está fundamentalmente opuesto a la teoría de la evolución, si ésta sólo implica cambios en las especies con el tiempo10.

Pero eso sólo es la apariencia, ya que su principal argumento es uno completamente esencial, que va directamente en contra de la evolución basada en Darwin. No creen en la selección natural ni en las mutaciones fruto del azar (dentro de lo que son las leyes de la evolución por selección natural), sino en un proceso dirigido por un ente indefinido.

Y ello es lógico, dichas mutaciones no finalistas ni predeterminadas por nadie, mezcladas además en los nuevos sujetos como fruto de la unión sexual —que combina los genes de modo completamente imprevisible—, menguan las competencias que ellos imaginan de un dios omnipotente.

Como vemos, el proceso dice que es teledirigido, pero nunca definen al diseñador, sólo aducen que los datos, tal como ellos los leen, apuntan a que todo no puede ser a ciegas, sino controlado. Y su fuerza radica precisamente en ello, en esa imprecisión sobre el supuesto diseñador supuestamente inteligente. No se habla de dios, ni mucho menos de un dios determinado, sino sólo de que del estudio ‘científico’ de la naturaleza lo que se infiere es que alguien guía sus procesos, lo cual parece ser aceptable como punto de encuentro mínimo por muchos adeptos a diferentes religiones, que ven en el diseño inteligente una manera de hacer fuerza conjunta en contra de la evolución y de preservar una parte fundamental de las enseñanzas religiosas en la educación escolar de sus hijos.

¿Estará relacionado el auge actual entre los fundamentalistas del diseño inteligente con las decisiones del Tribunal Supremo de los EEUU de 1968 y 1987 —citadas al principio de este trabajo—, acerca de la imposibilidad de dar enseñanzas basadas en creencias religiosas en las escuelas públicas y de atacar la teoría de la evolución por motivos religiosos, según manda la primera enmienda de su Constitución? Tal vez, tras la última sentencia, hacía falta para muchos un nuevo enfoque de la cuestión que permitiera saltarse la primera enmienda, tratando de no hacer tan patente la base religiosa...

Pero pese a los disfraces, la presencia del contenido bíblico en sus postulados es evidente, y ese agente director desconocido, lo llamen como lo llamen, desde siempre se ha conocido en todas las religiones como dios, por lo que no hay duda de que se la debe considerar como una teoría religiosa, buena tal vez como teología, pero no como ciencia (como se defendía a fines de abril pasado en el resumen del editor de Nature9).

LOS FUNDAMENTALISTAS PIERDEN EL JUICIO

Pero volvamos de nuevo a Dover. Tras conocer la decisión del Consejo Escolar de su ciudad y ver lo que la misma implicaba para a educación de sus hijos, lo cual no era complicado, once padres y madres demandaron a dicho Consejo el 14 de diciembre de 2004, alegando (como en los casos anteriores) que su decisión había violado la primera enmienda a la Constitución de los EEUU, que separa la iglesia y el estado. No se pedía al Tribunal que dijera si el diseño inteligente era ciencia o no, lo que éste no hubiera podido hacer, sino sólo si se atenía a las reglas del juego educativo legal vigente por estar basado en supuestos de origen religioso o no.

Pues bien, el caso ahora conocido como Kitzmiller11 v. Dover Area School District, pudo ser visto un año después casi en la ciudad de Harrisburg, cerca de Dover. Tras varias semanas escuchando el nutrido desfile de académicos de diversos tipos —teólogos, filósofos y científicos— que los demandantes hicieron pasar ante el Tribunal para demostrar que el diseño inteligente era realmente sólo una forma de creencia religiosa disfrazada, el pasado 20 de diciembre de 2005 el Juez Federal John E. Jones III hacía públicas sus conclusiones, en 139 páginas accesibles por Internet12, difundiendo un mordaz comunicado en el que tildaba los esfuerzos del Consejo Escolar de Dover para difundir la teoría del diseño inteligente como una solemne tontería (casi literal, pero en inglés).


RECUADRO

EL JUEZ JOHN E. JONES III

De 50 años, republicano y luterano practicante, fue elegido para el cargo de Juez Federal del Tribunal del Distrito Medio de Pensilvania en febrero del año 2002 por el mismo presidente George W. Gush, y fue confirmado unánimemente por el senado estadounidense el 30 de julio del mismo año, lo que lo hace poco sospechoso de ser especialmente progresista.

Como juez tenía cierta fama de polémico por algunas de sus decisiones en el pasado, ya que, por ejemplo, consideró contrarias al buen gusto —prohibiéndolas— las etiquetas de una determinada marca de cerveza en la que una rana cazaba a una mosca13.

FIN RECUADRO

Al igual que en otras sentencias previas, su conclusión final fue que “la teoría del diseño inteligente es inconstitucional conforme a la cláusula establecida en la primera enmienda de la Constitución de los EEUU y a los artículos 1 y 3 de la Constitución de Pensilvania”12.

Pero no sólo desechó la lectura de la declaración en las aulas debido a la motivación religiosa que tenían los miembros del Consejo Escolar que votaron a favor de la misma (lo que ya era motivo suficiente, dado que no se puede defender ninguna teoría —sea o no religiosa— por motivos religiosos), sino que fue más allá y concluyó también que el diseño inteligente en sí estaba fundado claramente en la religión y que, por ello, indudablemente no podía ser considerado como una parte de la ciencia laica. Textualmente, escribió que “la naturaleza religiosa de la teoría del diseño inteligente es evidente y claramente visible a cualquier observador objetivo, sea un adulto o un niño”12. Como señala Eusebio Val, el juez incluso ironizó acerca de que “personas tan dispuestas a defender en público sus convicciones religiosas, las escondieran a la hora de intentar ganar un pleito judicial”15.

En su escrito, el juez Jones repasa la historia de la teoría del diseño inteligente, declarando que “las abrumadoras pruebas presentadas durante el juicio habían dejado claro que el diseño inteligente es una visión religiosa, un mero re-etiquetado del creacionismo, y no una teoría científica”12.

La decisión, sin embargo, no sentará una base legal jurisprudencial para casos similares en otros distritos de los EEUU pero, debido a su carácter minucioso, puede servir como referencia clave en casos de la misma índole.


¿EL FIN DEL DISEÑO INTELIGENTE?

En principio, sólo ha sido un juicio, ante un alto Tribunal, para estimar el ajuste a la ley de una resolución determinada de un Consejo Escolar, y la única competencia del Tribunal era concluir algo al respecto. Tras el estudio del tema y oír a las partes, lo que dice el juez básicamente es que no se ajusta a la Constitución.

Pero eso en sí mismo ya es altamente significativo, ya que esa conclusión surge de haberse comprobado que la fe religiosa que anida en el diseño inteligente es notoria y está en la base de la hipótesis. Aunque no lo parezca, eso era lo fundamental y no tratar de acabar con el diseño inteligente como una supuesta forma de hacer ciencia (como veremos más tarde que alguno ha defendido), cuestión para la que la Corte no era competente (no eran filósofos de la ciencia, sólo expertos en derecho).

Con la sentencia se ha hecho aún más claramente visible para todo el mundo algo que sus divulgadores trataban de disfrazar con todo su esmero y sofismas, y es que se usaba para quebrar los principios constitucionales estadounidenses con respecto a la separación iglesia y estado en la educación pública y para poder ganar credibilidad y capacidad de expansión al entrar en los centros educativos y en el discurso académico como una alternativa de base científica (y no creyente) a la selección natural en la evolución. El que el juez haya iluminado en su sentencia la parte tímidamente sumergida del iceberg del diseño inteligente, sí puede ser un problema para el desarrollo próximo futuro de esta teoría religiosa en los colegios o universidades estadounidenses —o europeos—. Es fe, no ciencia.

Pero, la realidad es la que es, lo cierto es que la decisión, de momento, sólo prohíbe la lectura de la declaración de Dover en su instituto y en todo su distrito. Y contra ella caben recursos y nuevos juicios.

Pero confiemos en que las alas de esta mariposa provoquen el huracán suficiente en los tribunales estadounidenses para que no se produzcan decisiones que contradigan a la del juez Jones en casos similares, aunque, lamentablemente, falta un diseñador inteligente en el gobierno de los EEUU que pueda guiar cabalmente el proceso.

PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA, NO DE LA GUERRA

Tras la sentencia, y pese a las navidades, hubo rápidamente muchas reacciones de todo tipo. Todas las instituciones públicas estadounidenses relacionadas con la ciencia apoyaron la decisión. Ello sería superfluo si no fuera por la intensa campaña que en todas las universidades y centros de poder están llevando a cabo grupos fundamentalistas cristianos6,9, apoyados directamente por el presidente estadounidense George W. Bush que defendía el pasado 1 de agosto de 2005 la enseñanza del “diseño inteligente y la evolución, de modo que la gente pudiera entender de qué va el debate”.

Por su parte, el Consejo Escolar que promovió la política a favor del diseño inteligente en Dover ha tenido unas elecciones de renovación de cargos que dieron como resultado que el pasado 8 de noviembre, poco antes del juicio, ya no fueran elegidos la mayoría de miembros partidarios de las teorías del diseño inteligente. De momento, por lo que parece, no es probable que los nuevos representantes recurran la sentencia. Aunque nunca se sabe...

Según Emma Marris, en Nature15, Eric Rothschild, el abogado principal que representó a los demandantes, tildó la sentencia de “completa victoria” y los biólogos, paleontólogos y científicos que fueron llamados como testigos en el caso estaban aún más eufóricos, llegando a afirmar que “como ciencia, el diseño inteligente está definitivamente muerto”, lo que es más un deseo que una realidad para muchos norteamericanos. Como sigue Marris, no todo el mundo está conforme con esas opiniones y, así, para Casey Luskin, asesor de asuntos jurídicos en el Discovery Institute (conocido centro en los EEUU que promueve los postulados del diseño inteligente desde Seattle), el juez malinterpretó la teoría: “simplemente no hizo caso de la evidencia de que la teoría del diseño inteligente no se basa en un creador sobrenatural,” dice Luskin. Él predice que la sentencia aún espoleará más el interés de los estudiantes y del público en general hacia la teoría del diseño inteligente: “Cuando se prohíbe el estudio de alguna materia, los estudiantes incrementan su deseo de conocerla”15.

Melle Matzke, del Centro Nacional para la Educación Científica, una organización sin ánimo de lucro de California que batalla por mantener la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas, tampoco ve un futuro libre de obstáculos y considera que la teoría del diseño inteligente, bajo cualquier nombre, es difícil de silenciar: “La historia del creacionismo es cíclica. No se extingue… sino que simplemente evoluciona”15.

Así, no podemos olvidar que mientras el juicio daba sus primeros pasos, a principios de noviembre de 2005, el Consejo Escolar de Kansas aprobaba por seis votos a cuatro una resolución para que se enseñara en los institutos los postulados del diseño inteligente16. ¿Qué pasará con ella tras la sentencia? ¿Y con los esfuerzos por incluirla en los programas escolares de cinco estados más, que incluyen Misisipi y Arkansas5?


UNAS ENCUESTAS PREOCUPANTES

Y todo ello en un contexto poco alentador. Según Geoff Brumfiel6, los resultados de una encuesta Gallup sobre la opinión de los adolescentes estadounidenses, con edades entre los trece y los diecisiete años, sobre la teoría de la evolución de Darwin, no eran especialmente positivos para la ciencia. Para el 37% de estos jóvenes, era una teoría científica que se apoyaba bien en las pruebas; para el 30%, sólo era una entre muchas teorías y no estaba bien apoyada por las pruebas, mientras que el 33% no sabían o no contestaban. Es decir, poco más de un tercio la apoyaba de forma decidida.

A la pregunta sobre cuál de las siguientes afirmaciones estaba más cercana de sus puntos de vista sobre el origen y desarrollo de los seres humanos, el 43% decía que los seres humanos se habían desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas menos evolucionadas de vida, pero que alguna forma de divinidad había guiado el proceso; para el 38%, algún tipo de dios había creado a los seres humanos más o menos en su actual forma hace unos 10.000 años o así, y sólo el 18% suscribía que los seres humanos se habían desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas menos evolucionadas de vida, sin que ninguna forma de dios hubiera guiado el proceso.

Por fortuna, la misma encuesta señalaba cómo el apoyo a Darwin se incrementaba a medida que se aumentaba el nivel de educación; así, el porcentaje de alumnos que creían que la evolución era una teoría científica bien apoyada por las pruebas era de un 65% en la educación universitaria de postgrado y de un 52% en los universitarios, descendiendo hasta un 20% entre los que tenían sólo un nivel de instituto o inferior.

Hemos escrito por fortuna, pero aunque la pregunta no era del todo correcta, pensamos que el hecho de que casi el 50% de los universitarios crean que la evolución no está bien apoyada en pruebas, no deja de ser algo más que preocupante, así como que ocho de cada diez personas que sólo tengan el bachillerato superior como mucho, no confíen en ella como la explicación más probable.

Otras encuestas a cuyos resultados hemos podido acceder ofrecen un espectáculo similar, con dos tercios de la población estadounidense siendo partidaria de la enseñanza conjunta de la evolución junto con la que surge de las concepciones bíblicas.

Sin duda, una cierta brecha se está abriendo entre la población estadounidense. Desde hace unos veinte años, las posiciones fundamentalistas están alcanzando allí cada vez unas mayores cuotas de poder en contra de los sectores más liberales y progresistas, que por lo general defienden el evolucionismo, y cuya lucha es muy importante que cuente con el apoyo explícito de los europeos que defendemos como ellos a la ciencia.

Esa separación se agudiza cuando la comparamos con la que se está produciendo entre la mayoría conservadora americana y la europea en general (excepto la más derechista). Y lo peligroso es que tal cosa tiene sus consecuencias en la forma de atacar conjuntamente las situaciones conflictivas en el ámbito internacional, con unas apreciaciones mesiánicas en ocasiones al noroeste del Atlántico que no tienen tanto que ver con las pruebas como en la fe en que un dios las guía.

Según Hermann Tersch, “Cuenta Der Spiegel que mientras en Alemania sólo un 16% cree que dios hizo al hombre tal como se describe en la Biblia, en EEUU es un 53% el que no cree nada a Darwin. Y si en América sólo el 12% rechaza toda intervención de un ser divino en la existencia del mundo y la evolución del ser humano, en Alemania es el 46%. Lo cierto es que en la sociedad americana existe una actitud de negación a la ciencia, a Darwin, que causaría estragos al país y a sus intereses, si no conviviera con unas élites cuya visión del mundo es idéntica a la mayoritaria en Europa y cuyas decisiones se imponen desde la II Guerra Mundial en la investigación y la política internacional. Esperemos que siga siendo así”16. No estamos de acuerdo con Tersch en que esas decisiones de esas supuestas élites se impongan en lo político desde hace unos años. Y mucho nos tememos que en breve es posible que también afecten a su extraordinaria capacidad de investigación.

Sin duda, EEUU es un país complejo (como todos), y no siempre es fácil de entender desde Europa (ni lo que ellos llaman la América profunda, desde sus propias costas del Pacífico o del Atlántico). Vale la pena recordar lo que escribía Manuel Perucho, director del Departamento de Oncogenes y Genes Supresores de Tumores del Instituto Burnham de La Jolla (EEUU), sobre el revuelo que tuvo hace unos años la noticia de la secuencia del genoma humano, la cual fue utilizada para muchos fines diversos: “El mismo presidente Clinton dice que se ha descifrado el idioma con el que dios creó la vida. ¡Cuando la secuencia del genoma humano es precisamente la prueba más convincente de lo innecesario del creacionismo!”17. Como se ve, hasta un presidente demócrata (de Arkansas, eso sí), aunque sea de forma indirecta, cree en una especie de dirección inteligente del proceso de la vida.

Cada vez más, los que defendemos el método científico tenemos que estar atentos y captar las estrategias que van empleando los grupos fundamentalistas de cualquier tipo (en cualquier parte del mundo) para entrar en las escuelas, mientras tratan de hacer aparecer como verdades manifiestas sus concepciones del mundo basadas en su fe en una doctrina revelada concreta (sea la que sea) que —por lo general— excluye a las demás doctrinas y a la ciencia en aquello que contradice claramente a su revelación, pese a las pruebas en contra.

Desde el editorial de Nature9, en abril pasado, se alertaba de los peligros de no estar preparados (o ser displicentes) en el mundo académico europeo y estadounidense ante la escalada de la defensa de la introducción en la educación de todos los niveles (de una forma u otra) de los principios creacionistas o del diseño inteligente. “La mayor parte de los investigadores contemporáneos creen que es mejor mantener la ciencia y la religión firmemente separadas. La mayor parte de los teólogos están de acuerdo: el diseño inteligente no forma parte de la doctrina de la iglesia Católica, por ejemplo”.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Hemos repasado en este artículo una larga historia de combates judiciales en los EEUU, desde hace casi un siglo, ganados (de momento) gracias a un principio constitucional nacido hace dos siglos para salvaguardar la libertad de religión y la no imposición de la fe religiosa de los gobernantes.

Se ha visto la lucha fundamentalista religiosa por impedir la enseñanza de la evolución desde diversas ópticas y con diferentes tácticas, que han incluido últimamente el no citar a dios como fuente del origen de la vida.

También hemos visto el esfuerzo de los defensores de los conceptos evolucionistas —muchas veces veintiañeros— por sacarlos a la luz pese a la oposición directa y, a veces, violenta, de una parte de la sociedad que los rodeaba.

Sin embargo, no hay nada definitivo, ya que habrá nuevos intentos de devolver a las aulas explicaciones no científicas. Si no ha habido un mayor retroceso de la teoría de la evolución en EEUU ha sido debido a la tenaz defensa de la misma que hacen unos colectivos amplios que merecen todo mi aplauso.

Si, finalmente, las teorías basadas en la fe entran como si fueran científicas en los colegios, la culpa no será del azar, sino de que estemos dormidos ante el diseño fundamentalista de una nueva estrategia que vaya captando voluntades (en escuelas, universidades y centros de trabajo), con el fin de, finalmente, volver a la situación que se vivía en Dayton a principios de siglo. Es cosa de todos evitar que ocurra.

NOTAS:

1. Ver detalles sobre el juicio en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/scopes.htm y la sentencia en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/day8.htm.

2. Muy conocido en todo el mundo por haberse llevado al cine en 1960 por Stanley Kramer con el título de La herencia del VientoInherit the Wind —.

3. Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos (1791): “El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios” (ver usinfo.state.gov/usa/infousa/facts/funddocs/billes.htm).

4. Ver en www.talkorigins.org/faqs/epperson-v-arkansas.html.

5. The Evolution Controversy, ver en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/conlaw/evolution.htm.

6. En “Intelligent design: Who has designs on your students' minds?” de Geoff Brumfiel, Nature 434, 1062-1065 (28 April 2005) —ver en www.nature.com/nature/journal/v434/n7037/full/4341062a.html—.

7. Escrito por Percival Davis y Dean H. Kenyon, fue publicado originalmente en el año 1989 en Richardson, Texas (EEUU) por la Foundation for Thought and Etics [Fundación para el Pensamiento y la Ética].

8. España es un estado aconfesional según la Constitución y no estrictamente laico. La diferencia es importante, ya que no es lo mismo no estar a favor de ninguna confesión que definirse directamente como no religioso.

9. “Editorial” de Nature, 434, 1053, del pasado 28 de abril de 2005, accesible en Internet en www.nature.com/nature/journal/v434/n7037/full/4341053a.html.

10. Sobre el diseño inteligente y sus características, ver las introducciones rápidas: (a) Visión a favor en Top Questions and Answers About Intelligent Design Theory, por el equipo del Discovery Institute (defensor del diseño inteligente), publicado en Internet el 8 de septiembre de 2005 en www.discovery.org/scripts/viewDB/index.php?command=view&id=2348, y (b) visión crítica en el excelente artículo de la Wikipedia, 31 de diciembre de 2005, accesible en es.wikipedia.org/wiki/Dise%C3%B1o_inteligente.

11. Por Tammy Kitzmiller, que era el nombre de la primera madre demandante.

12. Sentencia accesible en www.pamd.uscourts.gov/kitzmiller/decision.htm.

13. Wikipedia, 31 de diciembre de 2005, visible en en.wikipedia.org/wiki/John_E._Jones_III.

14. En “Contundente derrota judicial en EEUU para los apóstoles del 'diseño inteligente'“, publicado en el diario español La Vanguardia, de 21 de diciembre de 2005.

15. En “Evolution wins Pennsylvania trial” por Emma Marris (News Nature, publicado en Internet el 21/12/2005, News 051219-8, en www.nature.com/news/2005/051219/full/051219-8.html).

16. No es la primera vez que ello ocurre en Kansas. Ya en 1999, su Consejo Escolar aprobó una resolución en contra de la enseñanza en secundaria de las tesis evolucionistas. Afortunadamente, un año después, los electores ponían orden votando a favor de unos nuevos miembros favorables a la enseñanza de la evolución. Sin embargo, una nueva mayoría conservadora volvió a ganar en 2004, la cual ha vuelto sobre el tema de una forma algo más sutil (solo algo), al retomar el tema por la vía de que se discuta en clase las nociones básicas del diseño inteligente (The Evolution Controversy, en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/conlaw/evolution.htm).

17. En “Mozart y Darwin”, publicado en el diario español El País el pasado 27 de diciembre de 2005.

18. En “El impacto mediático en la secuencia del genoma humano”, publicado en Biomedia (www.biomeds.net/biomedia/R15/destacado01.htm), el 5 de julio de 2000.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en la revista cuatrimestral El Escéptico núm. 21 Enero-mayo de 2006)