04 marzo, 2006

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EL LUGAR NATURAL

No es que me haya vuelto aristotélico, pero cuando me enteré de la firma del protocolo de incorporación de España al Observatorio Europeo Austral (ESO) el pasado 13 de febrero, fecha que ya quedará algo lejana cuando se publiquen esta líneas, no pude menos que pensar en el viejo sabio de Estágira y como, según él escribía, todos los objetos del Universo tendían a ir hacia su lugar natural, y así los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire) padecían una tendencia intrínseca a volverse a unir. Es cierto que Newton dio a todo ello una formulación más adecuada con su conocida ley de la gravedad. Pero para mí, en aquel lunes 13, lo natural era pensar que debíamos haber estado hace muchos años ya en el ESO y lo grave era no haberlo estado antes.

¿Era posible seguir trabajando por la consolidación de un marco europeo para la gestión más eficaz de la investigación, desarrollo e innovación -I+D+I- en nuestro continente desde hace veinte años sin ser miembros activos del ESO? ¿Era posible colaborar con otros consorcios como ESA o el CERN y no hacerlo con el Observatorio Europeo Austral? Sin duda, era una cuestión de tiempo (eso sí, creo que de mucho menos tiempo) el pasar a ser uno más de los países miembros de dicha institución internacional, el decimosegundo en este caso. Era mera naturalidad, de ir a donde debíamos, hacia donde nuestro propio movimiento nos guiaba, si nosotros u otros no hacíamos esfuerzos en contra.

Y no sólo eso, lo que también era natural era que el ESO volviera sus ojos hacia el norte. El problema en la Europa de inicios de los sesenta no era tanto la observación desde el hemisferio norte, donde estaban radicados la mayor parte de los observatorios nacionales de los estados parte del consorcio primigenio, como el disponer de forma conjunta de buenas plataformas observacionales para rastrear el cielo desde el sur. Pero la mejora del instrumental, sus costes y las necesidades en cuanto a la calidad de los cielos ha ido obligando a un replanteamiento de la cuestión y a estudiar una mejor base conjunta para investigar los fenómenos celestes también desde nuestro hemisferio, en la región europea que tuviera las mejores condiciones. Y para eso, sin duda, las Canarias son un marco privilegiado, conjuntamente con el sur de la península ibérica.

Sin duda, el que algo quiere algo le cuesta, pero confío que el coste de la aportación española al ESO se financie con un aumento presupuestario en consonancia con los retornos científicos y tecnológicos de la inversión, y no se detraiga de otros gastos en investigación, cuyas fuentes presupuestarias se vayan a ver mermadas, como ha sucedido frecuentemente en el pasado. El crecimiento en ciencia, debe ser global, para serlo realmente.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en la revista Astronomía, como 'Editorial', en Abril de 2006, pag. 3)

22 febrero, 2006

A LOS DIOSES ROGANDO Y CON EL SÍLEX DANDO...

Los chimpancés están muy cerca evolutivamente de los humanos. En el 2005 se comprobó que compartimos con ellos algo más de un 96% de nuestro ADN y, según parece, nuestras líneas se separaron hace sólo unos siete millones de años. Muy cerca, más de lo que muchos creíamos, de lo que el mismo Darwin imaginaba o de lo que los creacionistas temen.

Así, son capaces de usar palos alargados para comer hormigas o termitas. Es decir, emplean elementos de su entorno (tras seleccionarlos) para mejorar sus posibilidades naturales de actuación. Incluso modifican manualmente estos elementos para hacerlos más precisos, más útiles. Fabrican herramientas.


Chimpancés comiendo hormigas mediante un palito en el Zoo de Barcelona. (A. López)

No somos, pues, la única especie dotada para desarrollar esa habilidad. Dicha capacidad, de hecho, ha sido constante en los homínidos, desde siempre. Pese a que la industria lítica más antigua —hallada en la región de los Afar, en Etiopía— no parece ir mas allá de los 2,8 millones de años de antigüedad, ya se ve en ella signos inequívocos de que los que la crearon ya conocían los rudimentos de las técnicas de talla. Antes debieron haber utensilios perecederos de madera o hueso.

Probablemente, una de las diferencias de los homínidos con respecto a sus antecesores fuera la de ser capaces de ir fabricando mejores herramientas con la ayuda de otros útiles, con el fin predeterminado —y cultural— de optimizar sus prestaciones. Ello les facilitaba luchar contra sus limitaciones naturales. ¿Cuándo fueron capaces de elaborar una teoría al respecto? ¿Cuándo se dio el salto a la creación de la tecnología, entendida como el conjunto de teorías y de técnicas que permiten un mejor aprovechamiento práctico del conocimiento sobre nuestro entorno?

Quizás adquirieron dicha capacidad en algún momento de hace algo más de un millón y medio de años, pero ello no implica que la misma encontrara un marco adecuado e inmediato para su expresión. ¿De que eran capaces las poblaciones de homínidos que surgieron de África en esa época y se extendieron por el mundo? No es una respuesta fácil. Los Homo sapiens, tras muchas decenas de miles años sobre la Tierra, sólo ha sido capaz de alcanzar la Luna hace poco. De habernos extinguido antes, no habrían quedado pruebas físicas de que podíamos hacerlo.

¿Tenían esa capacidad también las poblaciones neolíticas? Sin duda, pero les faltaba el contexto adecuado en el que desarrollarla. ¿Y los neandertales?...

Un caso sorprendente de distancia entre la capacidad que se supone a ciertos homínidos y los restos líticos que encontramos en sus yacimientos es el de las poblaciones que vivieron en Europa hasta hace unos 600.000 años. En esa época aún hallamos restos de una industria sencilla llamada Modo I (o Olduvayense, cuya fabricación no parece que estuviera estandarizada), cuando en África ya usaban el Modo II (o Achelense, con una elaboración más compleja, por fases), que había surgido todo un millón de años antes, con la aparición de los Homo ergaster.

Bifaz achelense, procede de un yacimiento superficial de la provincia de Valladolid, en el valle del Duero. (Comuna de Wikipedia)

No sabemos cuando se desarrolló la capacidad de averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas —lo que el diccionario entiende como conocimiento—, pero ese es un paso necesario para la creación de la verdadera tecnología, como creación cultural humana, capaz de pensar en modelos. Y de esa verdadera tecnología, creo que tenemos la primera prueba pura con el Modo II, aunque el Modo I se acercara. Fueron seguramente estas herramientas las culpables del gran desarrollo de las poblaciones que las usaron en el Paleolítico inferior en África y en el medio en Europa, según Desmond Clark o Eudald Carbonell.

Con el llamado Modo III (o industria Musteriense), de época de los neandertales, se elaboraron ya instrumentos mucho más especializados —y con una cierta complejidad— según cada necesidad. Nada servía para cualquier cosa. Sin duda, eso ya era una auténtica tecnología, en el camino de la actual.

Alfonso López Borgoñoz

(Sección 'Pretérito imperfecto', revista mensual Tecnociencia nº 2, abril 2006)

01 febrero, 2006

YA SE ACERCA...

Un paso más. Nos vamos acercando poco a poco a la respuesta a una vieja pregunta de muchos de los que pertenecemos a nuestra especie, quizás —incluso— la cuestión ya se hubiera planteado anteriormente y se remonte a los tiempos en que las noches estrelladas africanas empezaron a fascinar a los primeros homínidos capaces de emocionarse con ellas. ¿Habrán seres como nosotros viviendo allí fuera?

Desde dioses hasta marcianos malignos, los seres humanos han asociado el más allá de la bóveda celeste, desde siempre, con la solución (o el agravamiento) de todos nuestros problemas, esperanzados y aterrorizados por la magnificencia de la visión del cielo. O, simplemente, curiosos por saber si hay seres semejantes, con otras historias, en otros mundos —o seres diferentes, con historias parecidas—.

Algo más de diez años después del hallazgo del primer planeta extrasolar en 1995, ya somos capaces de detectar planetas unas cinco veces mayores que el nuestro. E incluso somos capaces de detectar cometas en torno a otras estrellas, tal como se publica este mismo mes en las noticias. El siguiente paso será la localización de un planeta tres veces mayor, después dos veces, después uno...

Rafael Rebolo ya nos comentaba recientemente en Astronomía los métodos para encontrar exoplanetas y la importancia de su estudio. Tras leerlo, si era de noche, uno sentía la tentación de salir a la ventana y observar la bóveda celeste, con una mirada interrogativa.

Todo va muy rápido. Parecía que no era sino a mediados de la próxima década que sería posible el ver mundos de tamaños tan ‘minúsculos’ como el del nuestro, pero nos vamos aproximando. ¿Será en este 2006? No creo. Quizás en el 2007 o, mejor, en el 2008. Pero está al caer...

Ya se han encontrado unos 160 planetas en otros sistemas estelares, más bien extraños en su mayoría. Pero algunos de ellos son muy similares a nuestros Júpiter y Saturno. Seguramente, las primeras ‘tierras’ extrasolares serán cuerpos que nos planteen muchas dudas, pero a medida que los descubrimientos avancen, iremos encontrando mellizos cada vez más parecidos. El telón de la respuesta a si la vida es necesaria cuando las condiciones son adecuadas o fruto de un azar que se da pocas veces, y si la inteligencia (cualquiera) es sólo una cuestión de tiempo y mutaciones o una rareza en todo un Universo, está a punto de alzarse. Posiblemente, las primeras respuestas —provisionales, como siempre en ciencia, pero basadas en datos comprobables—, ya las empezaremos a tener a finales del primer cuarto de este siglo. Que viaje. Es de noche. Debo salir a ver el cielo de nuevo.

Y, para acabar el mes, el miércoles 29 de marzo, un nuevo eclipse de Sol, esta vez parcial en la península Ibérica. No será el anular del pasado octubre, pero la mitad de nuestra estrella será tapada por la Luna. Una buena ocasión, de nuevo, para maravillarnos con la naturaleza que nos rodea, más allá de los cada vez más estrechos límites de nuestra atmósfera.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado, algo reducido por espacio, en Astronomía, editorial, pág. 3 Marzo de 2006)

18 enero, 2006

DE VUELTA AL COLE...
EL FUNDAMENTALISMO RELIGIOSO QUIERE VOLVER A LAS AULAS

‘¿Estoy seguro de que no hay una intención detrás de nuestra existencia y de que no existe un misterio en ninguna parte del Universo? Pienso que lo estoy. ¡Qué gozo, qué descanso sería si pudiésemos declararlo así completamente convencidos! Si así fuera, yo podría desear vivir eternamente. ¡Qué aterrador y glorioso el papel del hombre si, en verdad, sin guía y sin consuelo hubiese de crear, sacándolo de sus propias entrañas, el sentido para su existencia y escribir las reglas por las cuales vive!’ [“VIII. Diario-Carta de César a Lucio Mamilio Turrino”, en Los Idus de Marzo de Thornton Wilder (trad. de María Lejárraga)]

1925. El 21 de marzo se aprobaba en Tennessee (EEUU) una normativa, conocida como Tennessee Evolution Statutes, por la que se prohibía la enseñanza de la teoría de la evolución en todas las universidades y escuelas financiadas total o parcialmente con fondos públicos de aquel estado. Su primera sección indicaba claramente que era ilegal “enseñar cualquier teoría que negara la historia de la creación divina del hombre, tal como se enseña en la Biblia, así como enseñar que el hombre procedía de un orden inferior de animales’1. Esta ley nacía por la alarma causada por el avance de la enseñanza del darwinismo en algunos centros educativos.

Sobre la base de dicha norma, en Dayton (Tennessee), en el verano —especialmente caluroso— de 1925, se celebró un juicio que tuvo una gran repercusión pública2, y que fue conocido como el juicio del mono, en el que se acusaba a John Thomas Scopes, un profesor de biología de Instituto de sólo 24 años de edad, de la práctica ilegal de la enseñanza de la evolución según la teoría de Darwin.

Su abogado fue Clarence Darrow, muy conocido, el cual señaló en un momento dado: “La Biblia no es un libro, sino que está compuesto por sesenta y seis, que fueron escritos en un período de cerca de mil años, algunos de ellos muy pronto y otros comparativamente mucho más tarde. Es un libro principalmente sobre religión y moral. No es un libro de ciencia. Allí no hay nada prescrito que te diga cómo construir una vía de tren o un bote a vapor o cómo hacer nada que haga avanzar a la civilización”. El abogado particular de la acusación fue William Jennings Bryan, un político demócrata muy populista, al tiempo que profundamente fundamentalista.

Tras oír a las partes, el jurado tomó su decisión en contra de Scopes, considerándolo culpable según la ley. El juez lo condenó por ello a una multa mínima de cien dólares (¿hay penas leves por el incumplimiento de normas injustas?), de cuyo pago al final se libró el joven profesor de biología, ya que se recurrió la sentencia por un tecnicismo y el Tribunal Supremo de Tennessee la revocó, estimando, al mismo tiempo, que la ley sobre la que se había basado era inconstitucional, en base a la primera enmienda de la Constitución de los EEUU3.

Preguntado por el juez, tras leerse la sentencia, si tenía algo que decir, Scopes acabó su intervención con las siguientes palabras: “Su señoría, siento que me han condenado por la violación de un estatuto injusto. Continuaré en el futuro, como he hecho en el pasado, oponiéndome a esta ley de cualquier forma que pueda. Cualquier otra acción podría ser una violación de mi ideal sobre la libertad académica; esto es, la de enseñar la verdad tal como se garantiza en nuestra Constitución sobre la libertad personal y religiosa. Pienso que la multa es injusta”1.

WASHINGTON, TENEMOS UN PROBLEMA...

Pese a la revocación final de la sentencia por el Tribunal Supremo de Tennessee, no quedaba aún clara hasta dónde llegaba la muralla entre el estado y la religión que pretendieron levantar con la primera enmienda los constitucionalistas estadounidenses en 1791.

Esa enmienda, curiosamente, no nació en su momento para impedir la libertad religiosa sino para promoverla, al evitar que algunos estados se hicieran confesionales y amenazaran la libre práctica religiosa de sus ciudadanos, al tratar de imponerles credos distintos al suyo propio (en las escuelas o fuera de ellas).

Tras los hechos de los años veinte, en los que —como hemos visto— se había tratado de impulsar por ley la enseñanza de conceptos bíblicos, privilegiándose desde el estado a una religión (en este caso, primordialmente la cristiana) por encima de las demás, y la posterior declaración de inconstitucionalidad de dicha norma, pareció verse, aunque no por todos, que no se podían dar clases basadas en teorías religiosas en las escuelas.

Pero ¿se podía evitar que algunos consejos escolares de algunos estados prohibieran la enseñanza de la evolución o de otras teorías sólo porque contradijeran sus creencias religiosas?

Hasta el año 1968 (un año antes de que los estadounidenses llegaran a la Luna), y mediante la sentencia del Tribunal Supremo por el caso Epperson vs. Arkansas4, no empezó a aclararse que tales prohibiciones de enseñar los principios darwinistas basadas en cuestiones religiosas contravenían directamente también dicha primera enmienda, al ser los prejuicios bíblicos de los que habían dictado la norma —por sus creencias sobre el origen de la vida— la base de la negativa a que se enseñara la evolución. Para los jueces, era una interferencia clara de unos valores religiosos en los centros educativos. La sentencia, además, acababa definitivamente con la absurda prohibición de enseñar la evolución en Arkansas, aprobada gracias a una votación entre los habitantes del estado y que estaba vigente desde 1928 (tres años después de Dayton y durante los cuarenta años anteriores a este nuevo juicio). El argumento de los que defendían la normativa sobre que esa ley expresaba la voluntad popular no pudo ser tenido en cuenta.

En 1987, el mismo alto Tribunal estadounidense hizo uso de nuevo del mismo principio en el caso Edwards vs Aguillard, al rechazar una ley de Luisiana que obligaba a enseñar la ‘ciencia creacionista’ en las escuelas a los profesores de biología5,6. ¿Tema solucionado? No.

VOLVER A EMPEZAR...

2004. El 18 de octubre se aprobaba por 6 votos a 3 en el School Board of Directors (Consejo Escolar) de la ciudad de Dover (en Pensilvania, EEUU), de apenas 20.000 habitantes, la siguiente resolución:

“A los estudiantes se les hará notar los problemas y vacíos existentes en la teoría de Darwin y otras teorías sobre la evolución, incluyendo el diseño inteligente, pero no únicamente las relacionadas con ésta última. Nota: No se enseña el origen de la vida.”

El mismo Consejo Escolar, el 19 de noviembre siguiente, anunció mediante un comunicado de prensa que, a partir de enero de 2005, los maestros del instituto de la ciudad deberían leer la siguiente declaración en la clase de biología de noveno curso (equivalente a un 3º de ESO en España):

“El estándar académico de Pensilvania requiere que los estudiantes aprendan la teoría de la evolución de Darwin y realicen un examen en el que se incluya la evolución.

Dado que la teoría de Darwin es una teoría, continúa siendo examinada cada vez que se descubre una nueva prueba. La teoría no es un hecho. Existen huecos en ella para los que no se ha encontrado ninguna prueba. Una teoría se define como una explicación suficientemente probada que unifica una amplia gama de observaciones.

El diseño inteligente es una explicación sobre el origen de la vida que difiere del punto de vista establecido por Darwin. El libro de referencia, Sobre Pandas y personas, está disponible para los estudiantes que pudieran estar interesados en profundizar en la comprensión de lo que realmente implica el diseño inteligente.

Con respecto a cualquier teoría, se anima a los estudiantes a que mantengan una mente abierta. La escuela deja la discusión de los orígenes de la vida a los estudiantes y a sus familias. Como distrito regido por estándares, la instrucción escolar debe enfocarse a preparar a los estudiantes para dotarlos de habilidades y competencias basadas en una evaluación estándar”.

Como se ve, no trataban de prohibir la enseñanza de la evolución (no podían por las decisiones judiciales comentadas), pero sí se mencionan los supuestos problemas y vacíos (tan caros a los creacionistas en general) de la teoría de la evolución y que (según ellos y como máximo) parecen igualarla como sistema de explicación a la del diseño inteligente.

También se recomendaba la lectura del libro Of Pandas and People: The Central Question of Biological Origins [Sobre Pandas y Personas: la cuestión central del origen biológico]7, que vendría a ser una especie de manual del diseño inteligente.

Pero, como parece dejar claro el escrito original, no debía tratarse de enseñar cuál era el origen de la vida en el Instituto, en ningún caso, dado que consideran que ésa no es una materia que deba darse en un centro educativo. Eso sí, se recomendaba que fuera discutida en el contexto familiar(?).

Es decir, un aspecto básico de la educación ya no quedaba sometido a los resultados de las mejores investigaciones disponibles basadas en el método científico, sino a la discrecionalidad de los padres, según fueran sus creencias particulares y su fe.

Como vemos, para los autores de la resolución y de la declaración, la educación pública en Dover (laica, como en todos los EEUU) no debía definirse entre ambas maneras de entender el origen de la vida (la de los evolucionistas y la del diseño inteligente) debido a los problemas de ambas. Se podía deducir de ello que, dado que no podían decir cual era mejor, las dos eran igual de satisfactorias (o insatisfactorias).

RECUADRO

EDUCACIÓN Y DECISIÓN ENTRE HIPÓTESIS

Las dificultades en el mundo de la enseñanza para decidirse entre dos hipótesis en un momento dado no son nuevas. Al fin y al cabo, es normal la situación de una cierta colisión en el mundo de la ciencia entre dos explicaciones de un mismo fenómeno.

En esos casos —y a la espera de nuevos avances—, puede ser válido presentar como explicaciones igualmente razonables aquéllas que concuerden más o menos de forma satisfactoria (sean o no excluyentes entre ellas) con la mayor parte de los datos disponibles. El ojo crítico es básico en la ciencia y en su enseñanza, y mostrar dudas no es malo, sino al contrario. Pero, lógicamente, todas las explicaciones deberán estar basadas en el uso del método científico y en que exista un cierto consenso en los medios académicos sobre su validez, lo que evitará la discrecionalidad del maestro o Consejo Escolar, y el que se introduzcan aspectos no científicos en el tratamiento de los temas.

Así, si se hubiera pedido hace quince años a los profesores de ciencias naturales que se pronunciaran sobre si la extinción de los dinosaurios fue motivada de forma preferente por la caída de un meteorito o por una gran actividad volcánica a fines del cretácico (o por las dos cosas juntas), no hay duda que la cuestión no hubiera quedado al alcance de la mayoría de los educadores (ni científicos altamente especializados) y éstos, por tanto, podían presentar ambas hipótesis, con sus pruebas, como iguales, dejando que cada alumno decidiera cuál veía como más probable, tras, tal vez, dar el profesor su opinión personal.

Pero está claro que en el caso de la extinción de los dinosaurios hablamos de un debate entre hipótesis científicas, creadas de forma similar, y no entre hipótesis científicas y religiosas.

La religión se basa en la fe, en el salto al abismo que defendía Kierkegaard, y es una opción personal que como creencia particular es completamente respetable, pero que está netamente diferenciada en su formación y en sus métodos explicativos de los de la ciencia. Y eso jamás debe ocultarse cuando se transmite la información sobre la base de la explicación de un hecho natural.

La ciencia tiene su ámbito de trabajo en el estudio de nuestro entorno, mediante la aplicación del método científico; la religión, no, ya que se basa en conceptos como supuestas verdades reveladas por sus creadores. No sólo eso, esas verdades reveladas sobre el origen del hombre, del Universo, etcétera, interpretadas desde el ámbito de una creencia, pueden ser muy diferentes a los conceptos científicos que se explican en las clases de ciencias naturales, así como muy diferentes de las que defienden otros profesores de religión en el mismo centro, lo que puede inducir a confusión.

Puesto en la situación... ¿a quién hará caso el niño? ¿al profesor que le habla de evolución por mutación no predeterminada o al que le habla de creación por un dios según diversas hipótesis basadas en la fe? Si ambas materias se dan en el mismo centro, puede creer que ambas autoridades son iguales y que se basan en lo mismo, decidiendo según su contexto familiar. Como es lógico, ello no pasa en las clases de arte, donde las teorías religiosas (sobre una inspiración divina mayor o menor de los autores) no caben (ni el magisterio de un profesor de religión es requerido para que de una información diferente y alternativa a la del profesor de arte sobre el origen del Barroco).

Por ello, es básico limitar al máximo la imposición de las creencias de los gobernantes (especialmente en las materias susceptibles de la aplicación del método científico), no favoreciendo explicaciones de religiones en concreto, debido a que cada una defiende unos modelos de creación —total o parcialmente— diferenciados y contrapuestos. Lo recomendable es que la enseñanza de la educación religiosa se haga en los centros religiosos, fuera del currículum escolar público exigible. Es el modelo de muchos países8, que evita que sus escuelas se conviertan en foros de debate entre diferentes tipos de fe, en entornos religiosos y socioculturales complejos.

Ante tal situación, los partidarios de una enseñanza de ciertas materias sobre la base de la religión, tratan como pueden de introducirse en las escuelas y en la educación pública en secundaria y en la Universidad6,9.

Precisamenete, una de esas maneras está siendo mediante la teoría del diseño inteligente, que dice no ser religiosa —aunque sus defensores no ocultan que lo son (y mucho)— y que para sus defensores es capaz de competir con las hipótesis y teorías científicas de igual a igual, por estar asentadas ambas en los mismos principios de trabajo laicos.

Pero eso no es cierto, como veremos.

FIN RECUADRO

¿NO ES RELIGIOSO EL DISEÑO INTELIGENTE?

El concepto básico del diseño inteligente se basa en la creencia de que los organismos de hoy no son un producto normal de los procesos de selección natural sino de algún diseñador inteligente que va guiando el proceso y sobre cuyo origen ellos no se pronuncian6,10. Es decir, no dicen que haya un dios (de ahí que defiendan que su tesis no es religiosa), sino sólo que hay un agente que sabe lo que hace en el timón. Pese a la antigüedad del concepto, tal como expone Eustoquio Molina en otro artículo de este mismo dossier, su desarrollo y conceptualización —tal como ahora conocemos— es relativamente reciente, con menos de diez años de antigüedad.

Su base de pensamiento, en teoría, no es estrictamente creacionista (cosa que cree mucha gente), ni está fundamentalmente opuesto a la teoría de la evolución, si ésta sólo implica cambios en las especies con el tiempo10.

Pero eso sólo es la apariencia, ya que su principal argumento es uno completamente esencial, que va directamente en contra de la evolución basada en Darwin. No creen en la selección natural ni en las mutaciones fruto del azar (dentro de lo que son las leyes de la evolución por selección natural), sino en un proceso dirigido por un ente indefinido.

Y ello es lógico, dichas mutaciones no finalistas ni predeterminadas por nadie, mezcladas además en los nuevos sujetos como fruto de la unión sexual —que combina los genes de modo completamente imprevisible—, menguan las competencias que ellos imaginan de un dios omnipotente.

Como vemos, el proceso dice que es teledirigido, pero nunca definen al diseñador, sólo aducen que los datos, tal como ellos los leen, apuntan a que todo no puede ser a ciegas, sino controlado. Y su fuerza radica precisamente en ello, en esa imprecisión sobre el supuesto diseñador supuestamente inteligente. No se habla de dios, ni mucho menos de un dios determinado, sino sólo de que del estudio ‘científico’ de la naturaleza lo que se infiere es que alguien guía sus procesos, lo cual parece ser aceptable como punto de encuentro mínimo por muchos adeptos a diferentes religiones, que ven en el diseño inteligente una manera de hacer fuerza conjunta en contra de la evolución y de preservar una parte fundamental de las enseñanzas religiosas en la educación escolar de sus hijos.

¿Estará relacionado el auge actual entre los fundamentalistas del diseño inteligente con las decisiones del Tribunal Supremo de los EEUU de 1968 y 1987 —citadas al principio de este trabajo—, acerca de la imposibilidad de dar enseñanzas basadas en creencias religiosas en las escuelas públicas y de atacar la teoría de la evolución por motivos religiosos, según manda la primera enmienda de su Constitución? Tal vez, tras la última sentencia, hacía falta para muchos un nuevo enfoque de la cuestión que permitiera saltarse la primera enmienda, tratando de no hacer tan patente la base religiosa...

Pero pese a los disfraces, la presencia del contenido bíblico en sus postulados es evidente, y ese agente director desconocido, lo llamen como lo llamen, desde siempre se ha conocido en todas las religiones como dios, por lo que no hay duda de que se la debe considerar como una teoría religiosa, buena tal vez como teología, pero no como ciencia (como se defendía a fines de abril pasado en el resumen del editor de Nature9).

LOS FUNDAMENTALISTAS PIERDEN EL JUICIO

Pero volvamos de nuevo a Dover. Tras conocer la decisión del Consejo Escolar de su ciudad y ver lo que la misma implicaba para a educación de sus hijos, lo cual no era complicado, once padres y madres demandaron a dicho Consejo el 14 de diciembre de 2004, alegando (como en los casos anteriores) que su decisión había violado la primera enmienda a la Constitución de los EEUU, que separa la iglesia y el estado. No se pedía al Tribunal que dijera si el diseño inteligente era ciencia o no, lo que éste no hubiera podido hacer, sino sólo si se atenía a las reglas del juego educativo legal vigente por estar basado en supuestos de origen religioso o no.

Pues bien, el caso ahora conocido como Kitzmiller11 v. Dover Area School District, pudo ser visto un año después casi en la ciudad de Harrisburg, cerca de Dover. Tras varias semanas escuchando el nutrido desfile de académicos de diversos tipos —teólogos, filósofos y científicos— que los demandantes hicieron pasar ante el Tribunal para demostrar que el diseño inteligente era realmente sólo una forma de creencia religiosa disfrazada, el pasado 20 de diciembre de 2005 el Juez Federal John E. Jones III hacía públicas sus conclusiones, en 139 páginas accesibles por Internet12, difundiendo un mordaz comunicado en el que tildaba los esfuerzos del Consejo Escolar de Dover para difundir la teoría del diseño inteligente como una solemne tontería (casi literal, pero en inglés).


RECUADRO

EL JUEZ JOHN E. JONES III

De 50 años, republicano y luterano practicante, fue elegido para el cargo de Juez Federal del Tribunal del Distrito Medio de Pensilvania en febrero del año 2002 por el mismo presidente George W. Gush, y fue confirmado unánimemente por el senado estadounidense el 30 de julio del mismo año, lo que lo hace poco sospechoso de ser especialmente progresista.

Como juez tenía cierta fama de polémico por algunas de sus decisiones en el pasado, ya que, por ejemplo, consideró contrarias al buen gusto —prohibiéndolas— las etiquetas de una determinada marca de cerveza en la que una rana cazaba a una mosca13.

FIN RECUADRO

Al igual que en otras sentencias previas, su conclusión final fue que “la teoría del diseño inteligente es inconstitucional conforme a la cláusula establecida en la primera enmienda de la Constitución de los EEUU y a los artículos 1 y 3 de la Constitución de Pensilvania”12.

Pero no sólo desechó la lectura de la declaración en las aulas debido a la motivación religiosa que tenían los miembros del Consejo Escolar que votaron a favor de la misma (lo que ya era motivo suficiente, dado que no se puede defender ninguna teoría —sea o no religiosa— por motivos religiosos), sino que fue más allá y concluyó también que el diseño inteligente en sí estaba fundado claramente en la religión y que, por ello, indudablemente no podía ser considerado como una parte de la ciencia laica. Textualmente, escribió que “la naturaleza religiosa de la teoría del diseño inteligente es evidente y claramente visible a cualquier observador objetivo, sea un adulto o un niño”12. Como señala Eusebio Val, el juez incluso ironizó acerca de que “personas tan dispuestas a defender en público sus convicciones religiosas, las escondieran a la hora de intentar ganar un pleito judicial”15.

En su escrito, el juez Jones repasa la historia de la teoría del diseño inteligente, declarando que “las abrumadoras pruebas presentadas durante el juicio habían dejado claro que el diseño inteligente es una visión religiosa, un mero re-etiquetado del creacionismo, y no una teoría científica”12.

La decisión, sin embargo, no sentará una base legal jurisprudencial para casos similares en otros distritos de los EEUU pero, debido a su carácter minucioso, puede servir como referencia clave en casos de la misma índole.


¿EL FIN DEL DISEÑO INTELIGENTE?

En principio, sólo ha sido un juicio, ante un alto Tribunal, para estimar el ajuste a la ley de una resolución determinada de un Consejo Escolar, y la única competencia del Tribunal era concluir algo al respecto. Tras el estudio del tema y oír a las partes, lo que dice el juez básicamente es que no se ajusta a la Constitución.

Pero eso en sí mismo ya es altamente significativo, ya que esa conclusión surge de haberse comprobado que la fe religiosa que anida en el diseño inteligente es notoria y está en la base de la hipótesis. Aunque no lo parezca, eso era lo fundamental y no tratar de acabar con el diseño inteligente como una supuesta forma de hacer ciencia (como veremos más tarde que alguno ha defendido), cuestión para la que la Corte no era competente (no eran filósofos de la ciencia, sólo expertos en derecho).

Con la sentencia se ha hecho aún más claramente visible para todo el mundo algo que sus divulgadores trataban de disfrazar con todo su esmero y sofismas, y es que se usaba para quebrar los principios constitucionales estadounidenses con respecto a la separación iglesia y estado en la educación pública y para poder ganar credibilidad y capacidad de expansión al entrar en los centros educativos y en el discurso académico como una alternativa de base científica (y no creyente) a la selección natural en la evolución. El que el juez haya iluminado en su sentencia la parte tímidamente sumergida del iceberg del diseño inteligente, sí puede ser un problema para el desarrollo próximo futuro de esta teoría religiosa en los colegios o universidades estadounidenses —o europeos—. Es fe, no ciencia.

Pero, la realidad es la que es, lo cierto es que la decisión, de momento, sólo prohíbe la lectura de la declaración de Dover en su instituto y en todo su distrito. Y contra ella caben recursos y nuevos juicios.

Pero confiemos en que las alas de esta mariposa provoquen el huracán suficiente en los tribunales estadounidenses para que no se produzcan decisiones que contradigan a la del juez Jones en casos similares, aunque, lamentablemente, falta un diseñador inteligente en el gobierno de los EEUU que pueda guiar cabalmente el proceso.

PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA, NO DE LA GUERRA

Tras la sentencia, y pese a las navidades, hubo rápidamente muchas reacciones de todo tipo. Todas las instituciones públicas estadounidenses relacionadas con la ciencia apoyaron la decisión. Ello sería superfluo si no fuera por la intensa campaña que en todas las universidades y centros de poder están llevando a cabo grupos fundamentalistas cristianos6,9, apoyados directamente por el presidente estadounidense George W. Bush que defendía el pasado 1 de agosto de 2005 la enseñanza del “diseño inteligente y la evolución, de modo que la gente pudiera entender de qué va el debate”.

Por su parte, el Consejo Escolar que promovió la política a favor del diseño inteligente en Dover ha tenido unas elecciones de renovación de cargos que dieron como resultado que el pasado 8 de noviembre, poco antes del juicio, ya no fueran elegidos la mayoría de miembros partidarios de las teorías del diseño inteligente. De momento, por lo que parece, no es probable que los nuevos representantes recurran la sentencia. Aunque nunca se sabe...

Según Emma Marris, en Nature15, Eric Rothschild, el abogado principal que representó a los demandantes, tildó la sentencia de “completa victoria” y los biólogos, paleontólogos y científicos que fueron llamados como testigos en el caso estaban aún más eufóricos, llegando a afirmar que “como ciencia, el diseño inteligente está definitivamente muerto”, lo que es más un deseo que una realidad para muchos norteamericanos. Como sigue Marris, no todo el mundo está conforme con esas opiniones y, así, para Casey Luskin, asesor de asuntos jurídicos en el Discovery Institute (conocido centro en los EEUU que promueve los postulados del diseño inteligente desde Seattle), el juez malinterpretó la teoría: “simplemente no hizo caso de la evidencia de que la teoría del diseño inteligente no se basa en un creador sobrenatural,” dice Luskin. Él predice que la sentencia aún espoleará más el interés de los estudiantes y del público en general hacia la teoría del diseño inteligente: “Cuando se prohíbe el estudio de alguna materia, los estudiantes incrementan su deseo de conocerla”15.

Melle Matzke, del Centro Nacional para la Educación Científica, una organización sin ánimo de lucro de California que batalla por mantener la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas, tampoco ve un futuro libre de obstáculos y considera que la teoría del diseño inteligente, bajo cualquier nombre, es difícil de silenciar: “La historia del creacionismo es cíclica. No se extingue… sino que simplemente evoluciona”15.

Así, no podemos olvidar que mientras el juicio daba sus primeros pasos, a principios de noviembre de 2005, el Consejo Escolar de Kansas aprobaba por seis votos a cuatro una resolución para que se enseñara en los institutos los postulados del diseño inteligente16. ¿Qué pasará con ella tras la sentencia? ¿Y con los esfuerzos por incluirla en los programas escolares de cinco estados más, que incluyen Misisipi y Arkansas5?


UNAS ENCUESTAS PREOCUPANTES

Y todo ello en un contexto poco alentador. Según Geoff Brumfiel6, los resultados de una encuesta Gallup sobre la opinión de los adolescentes estadounidenses, con edades entre los trece y los diecisiete años, sobre la teoría de la evolución de Darwin, no eran especialmente positivos para la ciencia. Para el 37% de estos jóvenes, era una teoría científica que se apoyaba bien en las pruebas; para el 30%, sólo era una entre muchas teorías y no estaba bien apoyada por las pruebas, mientras que el 33% no sabían o no contestaban. Es decir, poco más de un tercio la apoyaba de forma decidida.

A la pregunta sobre cuál de las siguientes afirmaciones estaba más cercana de sus puntos de vista sobre el origen y desarrollo de los seres humanos, el 43% decía que los seres humanos se habían desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas menos evolucionadas de vida, pero que alguna forma de divinidad había guiado el proceso; para el 38%, algún tipo de dios había creado a los seres humanos más o menos en su actual forma hace unos 10.000 años o así, y sólo el 18% suscribía que los seres humanos se habían desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas menos evolucionadas de vida, sin que ninguna forma de dios hubiera guiado el proceso.

Por fortuna, la misma encuesta señalaba cómo el apoyo a Darwin se incrementaba a medida que se aumentaba el nivel de educación; así, el porcentaje de alumnos que creían que la evolución era una teoría científica bien apoyada por las pruebas era de un 65% en la educación universitaria de postgrado y de un 52% en los universitarios, descendiendo hasta un 20% entre los que tenían sólo un nivel de instituto o inferior.

Hemos escrito por fortuna, pero aunque la pregunta no era del todo correcta, pensamos que el hecho de que casi el 50% de los universitarios crean que la evolución no está bien apoyada en pruebas, no deja de ser algo más que preocupante, así como que ocho de cada diez personas que sólo tengan el bachillerato superior como mucho, no confíen en ella como la explicación más probable.

Otras encuestas a cuyos resultados hemos podido acceder ofrecen un espectáculo similar, con dos tercios de la población estadounidense siendo partidaria de la enseñanza conjunta de la evolución junto con la que surge de las concepciones bíblicas.

Sin duda, una cierta brecha se está abriendo entre la población estadounidense. Desde hace unos veinte años, las posiciones fundamentalistas están alcanzando allí cada vez unas mayores cuotas de poder en contra de los sectores más liberales y progresistas, que por lo general defienden el evolucionismo, y cuya lucha es muy importante que cuente con el apoyo explícito de los europeos que defendemos como ellos a la ciencia.

Esa separación se agudiza cuando la comparamos con la que se está produciendo entre la mayoría conservadora americana y la europea en general (excepto la más derechista). Y lo peligroso es que tal cosa tiene sus consecuencias en la forma de atacar conjuntamente las situaciones conflictivas en el ámbito internacional, con unas apreciaciones mesiánicas en ocasiones al noroeste del Atlántico que no tienen tanto que ver con las pruebas como en la fe en que un dios las guía.

Según Hermann Tersch, “Cuenta Der Spiegel que mientras en Alemania sólo un 16% cree que dios hizo al hombre tal como se describe en la Biblia, en EEUU es un 53% el que no cree nada a Darwin. Y si en América sólo el 12% rechaza toda intervención de un ser divino en la existencia del mundo y la evolución del ser humano, en Alemania es el 46%. Lo cierto es que en la sociedad americana existe una actitud de negación a la ciencia, a Darwin, que causaría estragos al país y a sus intereses, si no conviviera con unas élites cuya visión del mundo es idéntica a la mayoritaria en Europa y cuyas decisiones se imponen desde la II Guerra Mundial en la investigación y la política internacional. Esperemos que siga siendo así”16. No estamos de acuerdo con Tersch en que esas decisiones de esas supuestas élites se impongan en lo político desde hace unos años. Y mucho nos tememos que en breve es posible que también afecten a su extraordinaria capacidad de investigación.

Sin duda, EEUU es un país complejo (como todos), y no siempre es fácil de entender desde Europa (ni lo que ellos llaman la América profunda, desde sus propias costas del Pacífico o del Atlántico). Vale la pena recordar lo que escribía Manuel Perucho, director del Departamento de Oncogenes y Genes Supresores de Tumores del Instituto Burnham de La Jolla (EEUU), sobre el revuelo que tuvo hace unos años la noticia de la secuencia del genoma humano, la cual fue utilizada para muchos fines diversos: “El mismo presidente Clinton dice que se ha descifrado el idioma con el que dios creó la vida. ¡Cuando la secuencia del genoma humano es precisamente la prueba más convincente de lo innecesario del creacionismo!”17. Como se ve, hasta un presidente demócrata (de Arkansas, eso sí), aunque sea de forma indirecta, cree en una especie de dirección inteligente del proceso de la vida.

Cada vez más, los que defendemos el método científico tenemos que estar atentos y captar las estrategias que van empleando los grupos fundamentalistas de cualquier tipo (en cualquier parte del mundo) para entrar en las escuelas, mientras tratan de hacer aparecer como verdades manifiestas sus concepciones del mundo basadas en su fe en una doctrina revelada concreta (sea la que sea) que —por lo general— excluye a las demás doctrinas y a la ciencia en aquello que contradice claramente a su revelación, pese a las pruebas en contra.

Desde el editorial de Nature9, en abril pasado, se alertaba de los peligros de no estar preparados (o ser displicentes) en el mundo académico europeo y estadounidense ante la escalada de la defensa de la introducción en la educación de todos los niveles (de una forma u otra) de los principios creacionistas o del diseño inteligente. “La mayor parte de los investigadores contemporáneos creen que es mejor mantener la ciencia y la religión firmemente separadas. La mayor parte de los teólogos están de acuerdo: el diseño inteligente no forma parte de la doctrina de la iglesia Católica, por ejemplo”.

A MODO DE CONCLUSIÓN

Hemos repasado en este artículo una larga historia de combates judiciales en los EEUU, desde hace casi un siglo, ganados (de momento) gracias a un principio constitucional nacido hace dos siglos para salvaguardar la libertad de religión y la no imposición de la fe religiosa de los gobernantes.

Se ha visto la lucha fundamentalista religiosa por impedir la enseñanza de la evolución desde diversas ópticas y con diferentes tácticas, que han incluido últimamente el no citar a dios como fuente del origen de la vida.

También hemos visto el esfuerzo de los defensores de los conceptos evolucionistas —muchas veces veintiañeros— por sacarlos a la luz pese a la oposición directa y, a veces, violenta, de una parte de la sociedad que los rodeaba.

Sin embargo, no hay nada definitivo, ya que habrá nuevos intentos de devolver a las aulas explicaciones no científicas. Si no ha habido un mayor retroceso de la teoría de la evolución en EEUU ha sido debido a la tenaz defensa de la misma que hacen unos colectivos amplios que merecen todo mi aplauso.

Si, finalmente, las teorías basadas en la fe entran como si fueran científicas en los colegios, la culpa no será del azar, sino de que estemos dormidos ante el diseño fundamentalista de una nueva estrategia que vaya captando voluntades (en escuelas, universidades y centros de trabajo), con el fin de, finalmente, volver a la situación que se vivía en Dayton a principios de siglo. Es cosa de todos evitar que ocurra.

NOTAS:

1. Ver detalles sobre el juicio en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/scopes.htm y la sentencia en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/scopes/day8.htm.

2. Muy conocido en todo el mundo por haberse llevado al cine en 1960 por Stanley Kramer con el título de La herencia del VientoInherit the Wind —.

3. Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos (1791): “El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios” (ver usinfo.state.gov/usa/infousa/facts/funddocs/billes.htm).

4. Ver en www.talkorigins.org/faqs/epperson-v-arkansas.html.

5. The Evolution Controversy, ver en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/conlaw/evolution.htm.

6. En “Intelligent design: Who has designs on your students' minds?” de Geoff Brumfiel, Nature 434, 1062-1065 (28 April 2005) —ver en www.nature.com/nature/journal/v434/n7037/full/4341062a.html—.

7. Escrito por Percival Davis y Dean H. Kenyon, fue publicado originalmente en el año 1989 en Richardson, Texas (EEUU) por la Foundation for Thought and Etics [Fundación para el Pensamiento y la Ética].

8. España es un estado aconfesional según la Constitución y no estrictamente laico. La diferencia es importante, ya que no es lo mismo no estar a favor de ninguna confesión que definirse directamente como no religioso.

9. “Editorial” de Nature, 434, 1053, del pasado 28 de abril de 2005, accesible en Internet en www.nature.com/nature/journal/v434/n7037/full/4341053a.html.

10. Sobre el diseño inteligente y sus características, ver las introducciones rápidas: (a) Visión a favor en Top Questions and Answers About Intelligent Design Theory, por el equipo del Discovery Institute (defensor del diseño inteligente), publicado en Internet el 8 de septiembre de 2005 en www.discovery.org/scripts/viewDB/index.php?command=view&id=2348, y (b) visión crítica en el excelente artículo de la Wikipedia, 31 de diciembre de 2005, accesible en es.wikipedia.org/wiki/Dise%C3%B1o_inteligente.

11. Por Tammy Kitzmiller, que era el nombre de la primera madre demandante.

12. Sentencia accesible en www.pamd.uscourts.gov/kitzmiller/decision.htm.

13. Wikipedia, 31 de diciembre de 2005, visible en en.wikipedia.org/wiki/John_E._Jones_III.

14. En “Contundente derrota judicial en EEUU para los apóstoles del 'diseño inteligente'“, publicado en el diario español La Vanguardia, de 21 de diciembre de 2005.

15. En “Evolution wins Pennsylvania trial” por Emma Marris (News Nature, publicado en Internet el 21/12/2005, News 051219-8, en www.nature.com/news/2005/051219/full/051219-8.html).

16. No es la primera vez que ello ocurre en Kansas. Ya en 1999, su Consejo Escolar aprobó una resolución en contra de la enseñanza en secundaria de las tesis evolucionistas. Afortunadamente, un año después, los electores ponían orden votando a favor de unos nuevos miembros favorables a la enseñanza de la evolución. Sin embargo, una nueva mayoría conservadora volvió a ganar en 2004, la cual ha vuelto sobre el tema de una forma algo más sutil (solo algo), al retomar el tema por la vía de que se discuta en clase las nociones básicas del diseño inteligente (The Evolution Controversy, en www.law.umkc.edu/faculty/projects/ftrials/conlaw/evolution.htm).

17. En “Mozart y Darwin”, publicado en el diario español El País el pasado 27 de diciembre de 2005.

18. En “El impacto mediático en la secuencia del genoma humano”, publicado en Biomedia (www.biomeds.net/biomedia/R15/destacado01.htm), el 5 de julio de 2000.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en la revista cuatrimestral El Escéptico núm. 21 Enero-mayo de 2006)

16 enero, 2006

DISEÑO, EVOLUCIÓN E INTELIGENCIA

Mutaciones. Somos un producto más de una serie de errores por malas copias. Y de sexo, mucho sexo. Creer que el ser humano evolucionó sin un plan preconcebido —como el resto de los animales— y que el surgimiento de las diferentes especies fue un proceso lento, aunque inteligible racionalmente y no predeterminado, tal vez no sea fácil de asimilar, pero con algo de esfuerzo se puede llegar a entender (dadas las pruebas abrumadoras) excepto —sin duda— por algunos, para los que parece ser un trabajo excesivo. ¿Sólo malas copias y sexo? ¿Sólo?

Un buen ejemplo de esa dificultad podemos hallarla en el actual presidente de los EEUU, George W. Bush, que ha defendido el interés de fomentar la enseñanza de la teoría del diseño inteligente en las escuelas de su país (al igual que mucha otros líderes políticos ultraconservadores, cuya fuerza se basa en su apoyo a los grupos religiosos más fundamentalistas y más nacionalistas). Y, en el fondo, ello es lógico, para él nunca la presencia o ausencia de una prueba racional le ha merecido el más mínimo crédito ni le ha supuesto el menor problema a la hora de tomar una decisión, por drástica que ésta fuera. La fe en la creencia es más fuerte que cualquier prueba en contra. Cambiar el nombre a las cosas, para que parezcan cosas diferentes, tampoco le es un obstáculo.

A Osama Bin Laden le pasa igual, él también debe creer en teorías como las creacionistas o (ya puestos) como las del diseño inteligente (más que en la de la evolución, seguro).

Y eso que sus actos —y sus consecuencias—, son una buena prueba de que el diseño ese, muy probablemente, no puede ser demasiado avispado...

Afortunadamente, la reacción del mundo de la ciencia y de los juzgados, como se puede ver en el informe especial que se incluye en el número 21 de la revista El Escéptico (enero-mayo 2006) ha puesto un pequeño freno a la expansión de esta hipótesis en las escuelas estadounidenses por un tiempo. Pero el trabajo continúa y ni en Europa —España incluida obviamente— estamos a salvo, como se ve en el artículo de E. Molina.

El reto parece estar para ellos, ahora, en infiltrarse en la educación, como algunos de sus teóricos defienden. No creen que deban perder las escuelas, ya que es la base para que la noche perdure y, como un virus, van a ir mutando en la forma de presentar sus teorías hasta que acaben por encontrar un hueco por el que colarse.

No olvidemos que el sueño de la razón produce monstruos, y que es un deber de todos estar atentos a la filtración de las teorías religiosas en los centros educativos, especialmente si se hacen pasar como científicas y tratan de ocultar que, en realidad (y desde hace miles de años) todas sus respuestas están en un libro, en uno solo, interpretado por un exegeta o por algunos pocos (muy elegidos) entre los innumerables que lo interpretan (no que lo critican). Para ellos, si todo está en un libro ¿quién precisa dos?

Como siempre ha sido, no dependerá de un juez ni de un legislador que gane o pierda la ciencia esta guerra que dura siglos, sino de la acción constante y clara de unos ciudadanos preocupados honradamente por la correcta evolución del pensamiento y de la educación de sus hijos. Y en esa partida, debemos jugar todos, en todo momento.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en El Escéptico nº 21, como Editorial, enero-mayo 2006)

05 enero, 2006

BUEN EPITAFIO

Quizás a oscuras
Nunca a ciegas

EL QUIJOTE Y LA FÍSICA, UN AÑO DESPUÉS

Una vez acabado el año de El Quijote y de la Física ¿qué nos ha quedado a los aficionados a ambos?

Sobre el primero de los eventos citados, muchos nos habremos acercado años después —de nuevo— a la popular novela cervantina, ya sin prevenciones ante el divertido clásico, recordando una feliz estancia anterior entre sus páginas. Otros habrán llegado por primera vez, bajo diversas formas, leyendo el libro original o comentarios sobre la obra, viendo algunas de las exposiciones, comprando el DVD especial de Los Lunnis... Tal vez, cosa que ignoro, la genial obra haya vuelto a ser muy vendida. Afortunadamente, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha supo implicarse fuertemente en el tema, así como otras muchas organizaciones e instituciones públicas.

¿Lo del año de la Física ha sido similar? ¿Lo hemos vivido parecido? ¿Se han vendido bien las reediciones de las traducciones de las obras de Einstein o Newton? Mejor dicho, ¿cuántos saben si ha habido reediciones? ¿Y se ha hablado del tema por las autoridades de su comunidad autónoma, más allá de una declaración verbal somera? ¿hay DVD especial de Los Lunnis?

Pese a que es cierto que ha habido un notable esfuerzo por parte de diversas entidades y fundaciones, algunas con un cierto nivel de presupuesto, seguramente no habrán podido luchar contra gigantes, aunque sean molinos.

La percepción que todos tenemos sobre cómo se han celebrado ambos eventos —y los medios dedicados— ha sido algo diferente. Seguramente los lectores de esta revista y los aficionados a la ciencia en general habrán vivido ambos centenarios de forma similar, pero no hay duda que el resto no. Y ello no es positivo, dado que vivimos en una época en que la ciencia está tan presente en nuestras vidas. Sin duda, se debe formar bien a la gente en el conocimiento de El Quijote, muchos de cuyos valores no deben dejarse perder, pero tampoco se deben dejar caer en olvido aquellos que sustentan un porcentaje amplio de nuestro día a día.

Y no se trata de hacer victimismo. Al fin y al cabo, es normal dada la especial dificultad que tiene la ciencia para los habitantes de la península Ibérica a la hora de invertir en ella, pese al enorme potencial de su conocimiento como fuente de progreso y de futuro.

Sin embargo, aunque hace tiempo que sabemos que la ciencia bien aprendida son codos, muchos, no los hay menos, creo, en una lectura bien aprovechada de El Quijote, dada la complejidad de la obra y su tiempo. Compruébenlo.

Por cierto, el pasado enero, se cumplía el segundo aniversario de la llegada de los rovers Spirit y Opportunity a Marte. Y un añito ya del aterrizaje de la sonda Huygens en Titán. ¿Qué mejor año de la física que pensar en ello?

(Publicado en Tribuna de ASTRONOMÍA y Universo, febrero del año 2006)

30 diciembre, 2005

DÍA DE FIESTA (1995)

Es día de fiesta. Unos pasos lentos, el de los últimos en acostarse, acompañan al Sol que se va alzando. Los tiovivos, los autos de choque y las demás atracciones, esperan en silencio su momento de volver a la vida.

Un camión, de grandes dimensiones, llega a la ciudad y busca una determinada plaza (nunca es fácil encontrarla cuando cada noche se cambia de pueblo). Allí deberá descargar su contenido para que se monten, siempre con prisas, los equipos de luces y sonido de la gran actuación de la siguiente noche. Los encargados de ello, en una furgoneta, recién llegados hace una hora, tratan de dormir en sus asientos, apurando su último sueño.

Por la plaza de la Iglesia pasa un camión de limpieza, recogiendo los restos de la fiesta del día anterior y, en algunos bares, cerrados no hace mucho, ya se ve como se levantan algunas de las persianas metálicas, aguardando la llegada de más refrescos, de más helados...

Los gigantes, en el ayuntamiento, duermen también con profundo sueño, esperando ser llevados de nuevo a presidir la fiesta. El dragón, de dos cabezas, parece excitado, anhelando la llegada de su instante de gloria.

Un miembro de la organización se incorpora ya de su cama, con nervios, y mira al cielo, donde teme encontrar las malditas nubes que a mediados de agosto siempre amenazan. Nada en el cielo, sólo el Sol que, cada vez con más fuerza, va iluminando la playa, la plaza, las calles, mientras la ciudad vuelve a recobrar su pulso para volver a disfrutar.

Se espera calor, mucho calor, y gente, mucha gente, como siempre. Sin ellos no hay nada, sin sus risas, sus carreras, su excitación, su alegría, sus comentarios, su vida. Nada debe fallar.

Es día de fiesta.

UN DÍA PERFECTO

Llegará un día en que sólo me quedarán veinticuatro horas justas de vida. Sólo veinticuatro, pero veinticuatro exactas. Ochenta y seis mil cuatrocientos segundos. Ni más ni menos.


Me quedará sólo un día, pero habrá un momento, un momento único, que nadie conocerá, que será el del inicio matemático de mi último día, donde ya todo pasará por última vez. Serán veinticuatro horas perfectas, rotundas, redondas que me separarán de mi último aliento sobre la tierra. Veinticuatro horas, sólo veinticuatro, pero veinticuatro desde cualquier ángulo, desde cualquier punto de vista. Veinticuatro horas indiscutibles. Más precisas de lo que ningún reloj en el mundo pudiera determinar.

Y después llegará el momento de mi última hora, de mi último minuto, de mi último segundo. Cumpliendo el dicho latino, mors certa est, hora incerta, todos esos últimos instantes de tiempo irán pasando de forma ordenada, paso a paso, sin detenerse, de forma rigurosa y sin atolondramientos por las prisas ni por la importancia del momento, aunque de forma completamente desconocida por todos.


Y lo malo es que no me daré cuenta, tal vez, de nada de ello, que no veré el valor de esa última puesta de Sol, de ese suave temblor en mi nariz por la última respiración, de ese último redoble de mi corazón, en mi exhausto pecho...


Tal vez recuerde, en ese postrer momento, como ahora recuerdo, aquella luz blanca que me entraba por el balcón, con su verja negra, de mi antigua casa en Valencia, donde nací, y a dónde ya no puedo volver pese a que recorra sus habitaciones una y mil veces, y trate de recordar los olores, las formas, los colores, las luces y los sonidos de aquellos momentos, como las campanas de aquella iglesia, que siempre estaban sonando, como otras están sonando cerca de aquí, y ya muy lejos de allí.

Antes de ese día perfecto, habré tenido mi último mes, mi último año, mi último lustro en mi última vida. ¿Cuándo será eso? No se sabe, ¿cuándo es el último café, la última copa, el último beso, el último sueño, el último dolor, la última alegría, la última tristeza? Todo se sucederá, con la precisión del movimiento de los planetas, y con su silencio, entre la ignorancia del cosmos y, quizás, una cierta tristeza en la gente que me quiera.

DESESPERANZA...

Pese ir al bosque, con mi mejor traje rojo, en diversas ocasiones, el lobo nunca estuvo allí.

26 diciembre, 2005

¿QUÉ HAY DE NUEVO, VIEJO?

Uno de los campos de las ciencias que estudian el pasado que más novedades nos suele presentar es, sin duda, el de los resultados de la investigación sobre la expansión de los primeros grupos de homínidos. Ello es también cierto en Europa, donde ha habido un importante debate desde inicios de los noventa entre los partidarios de unas cronologías muy largas para el primer poblamiento de nuestro continente y los de unas cortas, no muy superiores al medio millón de años. La discusión se va decantando, poco a poco, en favor de los primeros, ante los nuevos hallazgos que se van sucediendo desde hace diez años en la península Ibérica y en toda Europa.
Los restos de hace un millón y medio de años encontrados en yacimientos enclavados en la depresión de Guadix-Baza (Orce, Granada), los de hace más de 800.000 años de Atapuerca (Burgos) y, ahora, los de Tarrasa (Barcelona), donde se ha hallado industria lítica de hace un millón de años como mínimo, parecen proporcionar pruebas suficientes (por lo publicado) como para hablar de una península Ibérica que seguramente se pobló algo ampliamente —y no de forma esporádica— con homínidos (¿Homo ergaster o erectus? ¿o habilis?...), en una época anterior a la hasta hace poco supuesta por algunos autores y que estaría, tal vez, en su primer momento, en torno a los dos millones de años, como defienden diversos estudiosos desde fines de los ochenta.
Pero no sólo pasó aquí, el descubrimiento en 2005 de herramientas de sílex en una excavación cerca de Pakefield (sureste de Gran Bretaña) o en 1994 de un fragmento de la bóveda de un cráneo de homínido (su calvaria) en Ceprano (Italia), con unas dataciones cercanas a los 800.000 años, así como otros ejemplos en otros yacimientos, nos muestra que algo parecido debió suceder en toda Europa, y que es, quizás, sólo un cierto azar el que ha determinado no encontrar más útiles en algunas otras zonas.
Otro debate es el que afecta a su industria, ya que en Orce, Tarrasa o la Gran Dolina (Atapuerca), así como en el resto de Europa o Asia en la misma época, sólo hallamos el tipo conocido como Olduvayense (Modo I). ¿Por qué no usaban aún la tecnología Achelense (Modo II), utilizada en África varios cientos de miles de años antes? Una de las respuestas más probables para Arsuaga (que nos vuelve a llevar a las cronologías largas para el poblamiento europeo), es que los homínidos salieron de África hace mucho más de un millón y medio de años, como se ve en Dmanisi —Georgia— y otros yacimientos, aunque haya dudas con algunas dataciones.
Otra cuestión importante sería si se llegó a Europa desde África por el estrecho o, por tierra, desde el Próximo Oriente. En este caso, es la segunda hipótesis la más probable, pese a los hallazgos de restos humanos en el Magreb con dataciones cada vez más antiguas. No se ha podido demostrar que bandas de homínidos cruzaran el estrecho en unas fechas tan remotas y se asentaran en nuestra península poblando después el resto del continente. Además, no es sencillo creerlo dado lo que hoy conocemos de la industria del Modo I y de lo que suponemos sobre la capacidad de estos lejanos antepasados. Si en 2001, una odisea en el espacio al tirar un homínido al aire un hueso se convertía al caer (en una hábil metáfora) en un astronave, el salto del mismo a la canoa necesaria para cruzar esos 14 km entre África y Europa es también muy complejo. Pero nuevos datos confirmarán o negarán esta hipótesis. Es lo bueno de la ciencia...
Por último, si se llegara a confirmar que desde hace dos millones de años los homínidos han cruzado el estrecho con cierta facilidad, ¿alguien podrá impedir el salto ahora a seres humanos, si no es acumulando muertos en el camino? Y si no se confirmara, ¿se podrá impedir también?
Alfonso López Borgoñoz
(a publicar en TECNOCIENCIA núm. 1, sección "Pretérito Imperfecto", marzo 2006)

30 noviembre, 2005

OTRO ACERCAMIENTO AL ESPACIO ES TAMBIÉN POSIBLE...

En el profundo silencio del Cosmos, que casi fue acompañado por otro silencio –no tan profundo- de los medios de comunicación terrestre, el pasado 26 de noviembre se posaba una sonda japonesa, llamada Hayabusa, durante unos cortos segundos sobre la superficie del asteroide Itokawa, recogiendo muestras del polvo de ese cuerpo menor con la intención de traerlas hasta nuestro mundo en el 2007, lo que prueba el vigor actual de la Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa.

Un mes y medio antes, en octubre, China daba también un nuevo impulso a sus investigaciones con el lanzamiento de un nuevo cohete con otros dos astronautas, lo que acreditaba asimismo su capacidad cada vez mayor de enviar seres humanos más allá de nuestra atmósfera (y de devolverlos vivos).

Sin duda, estamos viendo como otros acercamientos al espacio son también posibles. El espacio exterior va despertando el interés de cada vez más países, ya sea para mejorar su conocimiento o su control. Se acredita así el que conocer nuestro entorno no es un problema de una determinada cultura o sistema económico, sino que anida desde siempre en muchos seres humanos de todas partes (como se observa por los registros astronómicos que hallamos desde la antigüedad en todo el mundo).

Sin embargo, no debemos olvidar que otras razones estratégicas y de toma de posición de los gobiernos que lideran esos trabajos influyen de forma notable en la selección de objetivos. Mientras que el uso pacífico del espacio hace que las misiones japonesas se centren en el envío de sondas exploradoras de alto nivel tecnológico, la preocupación del gobierno chino va más en la senda de un control más efectivo del espacio, lo que dado el tipo de políticas que suele llevar podría ser preocupante. No debemos olvidar que los únicos países que han creado cohetes para llevar seres humanos al espacio han sido potencias fuertemente armadas con misiles y con un presupuesto militar muy elevado. Evidentemente, ello no implica que no sepamos que muchos viajes de exploración científica —como también son sin duda los de la Antártida—, tienen una parte de interés estratégico para las naciones que los mantienen, las cuales intentan desarrollar una tecnología autónoma capaz de hacerles estar allí cuando ello sea preciso para los intereses de su estado.

Enero es el mes de los reyes magos... Ahora es momento de decir no sólo lo posible, sino también lo deseable, y ello sería la firma de un nuevo tratado mundial que ratificara el uso pacífico, con proyectos comunes, del espacio (al igual que se hizo en 1979 con el acuerdo firmado para regular las actividades sobre la Luna y otros cuerpos celestiales), asegurando que el mismo sigue siendo, para siempre y como siempre, patrimonio de toda la humanidad.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Astronomía, enero del 2006)

04 noviembre, 2005

MIRANDO EL CIELO EN DICIEMBRE

Llega diciembre, con sus largas noches y con su frío, que se acrecentará en enero y febrero, probablemente. Y también llega el momento, al anochecer a horas más tempranas, en que es más sencillo disponer de la oportunidad de observar el Cosmos, sencillamente por el gusto de admirar o tratar de vislumbrar nuevos detalles en mundos u objetos del cielo profundo contemplados mil veces. Tiempo gélido, de soledad (quizás como cada estación, eso es cierto, según nuestros recuerdos y vivencias) y de reencuentro con algunas estrellas (al menos, en aquellos lugares en los que éstas no nos han sido robadas aún por un exceso de iluminación).

Cada nuevo invierno, en sus inicios sobre todo, recuerdo la gloria de la observación en sí misma, a simple vista especialmente, aunque también mediante binoculares o con telescopios pequeños, dado que no siempre la época estival es propicia para ello, pese a su belleza, a su climatología no tan dura y a las vacaciones. Es verdad que ahora, en esta nueva estación, tan oscura, no apetece tanto de entrada dedicar tiempo a nuestra afición, pero siempre sacas unos réditos emocionales superiores al esfuerzo de coger el telescopio, plantarlo donde se pueda y buscar aunque sólo sea Orión, por ejemplo. O de mirar sólo hacia arriba, al salir del trabajo, de reuniones, de charlas o de copas con los amigos, ya de noche, y sentir (aunque no lo veamos bien) que es el cielo el que nos contempla, desde lo alto, acompañándonos en nuestros pasos, en nuestro autobús o en nuestro coche.

Tiempo de estrellas, de noches largas, de viajes infinitos con la imaginación, los cuales quizás son los mejores. ¿Quién no se anima a aprovechar y darse una vuelta? No hace falta dinero, no hace falta vehículo, no hace falta ni siquiera un exceso de movilidad por nuestra parte. Como es lógico, no importa la edad, no hace falta ser joven o viejo, sólo se precisa una ventana que nos permita ver el cielo (y unas autoridades sensibles con el derroche de luz) y ya podremos partir y recordar lo que sentimos cada fin de año (desde siempre, desde donde alcanza nuestra memoria más antigua) cuando alzamos nuestros ojos y contemplamos (o sólo sentimos) ese maravilloso, lejano y frío Universo en invierno.

Alfonso López Borgoñoz

(Publicado en Astronomía, diciembre de 2005)

06 octubre, 2005

SEMANA DE LA CIENCIA

En este noviembre nos vuelve a alcanzar otro potente viento, el de la edición 2005 de la Semana de la Ciencia, que este año parece contar con una mayor organización en toda España y con un número de actos más amplio.

Debe destacarse el esfuerzo que se realiza desde muchas asociaciones de aficionados tratando de estudiar el cielo y de acercarlo a la gente, haya o no eclipses, por el puro placer de divulgar. En eso, la astronomía tiene una suerte de la que carecen otras ciencias.

(Publicado en Astronomía, noviembre de 2005)

05 octubre, 2005

PRESUPUESTOS 2006 PARA LA CIENCIA, PERO ¿QUÉ CIENCIA?

Noviembre también es época de impetuosos vientos presupuestarios y de pensar en cómo ayudar a impulsar nuestra maltrecha investigación. Según la Fundación por la Paz, el gasto en el 2006 en investigación y desarrollo de programas militares, que desde hacía años era de unos 1.330 millones de euros, se aumentará en un 27%, hasta alcanzar los 1.684 millones de euros (unos 280.000 millones de pesetas). Es decir, el 26% del total del gasto en I+D se dedicará a lo militar, cuando lo normal —en los países sin armas atómicas— es que ronde entre el 10/15%.

Como siempre, nuestros gobernantes nos repiten que crecerá el presupuesto dedicado a la ciencia (que en una parte pequeña ha sido verdad), cuando lo cierto es que sólo lo hará de forma muy significativa en aspectos no relacionados con la investigación civil, que es la que se desea y que es la que nuestra economía precisa. Y, como antes, se continúa con la práctica de enmascarar unas cifras con otras.

Se debe reclamar unos porcentajes de inversión en lo civil y militar adecuados (lo que implica un mayor esfuerzo en lo civil), una ejecución efectiva de los presupuestos aprobados, una mayor claridad en las cuentas y una transparencia más grande en las motivaciones de los gastos, que permita a la gente hacerse cargo de qué es lo que se dice y qué es lo que se hace.

En tiempos de debate sobre la financiación de la sanidad, vale la pena saber que una sola empresa recibirá para el desarrollo de dos tipos de carros de combate más dinero que el total que se destina a investigación sanitaria.

(Publicado en Astronomía, noviembre 2005)

TRAS LA NOCHE, EL DÍA

El poeta griego Arquíloco de Paros, tras observar quizás el eclipse total de Sol del 647 a.C., escribía que “ninguna cosa está fuera de la esperanza ni se puede jurar imposible, ni es extraordinaria después que Zeus, padre de los [dioses] olímpicos, haya cambiado en noche el mediodía ocultando la luz del Sol resplandeciente. Un miedo que debilita el ánimo sobrevino a los humanos y desde entonces, todo es creíble y esperable...”

Pese a que, tras muchos siglos, la luz se va imponiendo lentamente a la superstición, es cierto que un ánimo extraño recorre, aún hoy, el cuerpo del que nota el frío viento negro de un eclipse rozando sus ojos. Muchos lo notamos el pasado día 3 de octubre de 2005.

(Publicado en Astronomía, Noviembre 2005)

03 septiembre, 2005

ECLIPSE ANULAR

Este lunes 3 de octubre de 2005, por la mañana, será visible desde España un Eclipse Anular de Sol a lo largo de una estrecha franja de sólo unos 200 km, cuyo punto medio irá desde Pontevedra hasta, aproximadamente, la frontera entre las provincias de Valencia y Alicante, pasando por Madrid, y siendo visible incluso en Ibiza, para dirigirse después hacia las tierras del norte de África.

Será la primera vez, desde fines del siglo XVIII, en que tal cosa sucederá en la Península Ibérica. Si pensamos en los eclipses totales, también hace tiempo que éstos ningunean a nuestra antigua piel de toro, ya que asimismo desde el último habrán pasado casi cien años. Las Canarias han tenido más suerte y han sido visitadas por eclipses anulares en el siglo XIX y por totales a mediados del XX, aunque esta vez quedarán muy alejadas de la centralidad y sólo les será posible ver el fenómeno parcialmente, como en tantos otros puntos de la península ibérica, aunque con un porcentaje menor de ocultación.

Un eclipse anular se produce cuando la Luna pasa por el cielo justo por delante del Sol y por, una rara casualidad de distancias, su tamaño aparente es levemente inferior al del Astro Rey, motivo por el cual no lo tapa por completo, sino que el círculo aparente que forma la sombra de nuestro satélite se sitúa justo en el centro de nuestra estrella, y es rodeada completamente por ésta, como si fuera un anillo de luz.

Aficionado a la observación de eclipses, es difícil para mí el expresar la magia que tienen esos breves minutos, tan eternos, en que el Sol se oscurece por el paso fugaz, en un verdadero silencio clamoroso, de una Luna más negra que nunca. Sin duda, mucha gente, mejor preparada, ha sido capaz de expresarlo con mejores palabras que las que mi capacidad me permite.

Sin embargo, si que vale la pena recordar como esta contemplación representa más cosas, como es el lento triunfo de la capacidad humana de captar el ritmo de la mecánica celeste de forma precisa, con leves imperfecciones que nuevos ajustes basados en la observación y en la mejora de las hipótesis deberán ir reduciendo. Cada vez que lo he visto, he pensado en el largo y glorioso camino de refinamiento de cálculos que va desde la antigüedad hasta nuestros días.

El próximo eclipse total no llegará hasta el 2026. Ojalá lo podamos disfrutar todos y comprobar como, de nuevo, la mecánica celeste, felizmente interpretada por el ser humano, es capaz de ser correctamente predicha.

Y, por si fuera a ser que no estuviéramos llamados a ver ese eclipse futuro, vale la pena desplazarse en éste al área de centralidad para tratar de gozar de ese tránsito lunar ante la faz solar. Eso sí, siempre con las debidas medidas de protección ocular.

Alfonso López Borgoñoz

(publicado en "Tribuna de Astronomía y Universo", octubre de 2005)